La fotografía es de Tino Calabuig
Nota para los estudiantes de la asignatura Antropologia dels espais urbans del Màster d'Antropologia i Etnografia de la UB, en diciembre de 2025.
Sobre el concepto de sociabilidad
Manuel Delgado
Otro de los conceptos fundamentales para el desarrollo del ejercicio de curso es el de sociabilidad. Recordad que la definición de lo urbano que estoy siguiendo es la que lo establece como una forma de sociabilidad cuya característica es que sus elementos no cristalizan en estructuras sociales estables sino que reflejan un trabajo por así decirlo perdido de lo social sobre sí mismo, lo social manos a la obra, pero sin que su labor de como el resultado un producto finalizado. Estoy seguro de que todas las situaciones que escojáis para vuestro trabajo de microsociología serán de esa naturaleza.
El autor de referencia es aquí Georg Simmel, uno de los clásicos de la sociología alemana de principios del siglo XX. Os interesa leer “La sociabilidad”, uno de los textos que están en el campus virtual, en las lecturas previstas para interpretar la observación de campo que os pido.
Simmel es el primer gran teórico de la modernidad, es decir de lo que Baudelaire había reconocido como “lo efímero, lo contingente”, esto es aquello que estoy asociando con lo urbano. La idea central en Georg Simmel es que no es que es aceptable la cosificación de la sociedad. No es posible trabajar a partir de un concepto global de sociedad, y menos en un sentido casi místico como el que Durkheim proponía. Simmel nos hace análisis plenos de sensibilidad, sobre aspectos de la vida diaria aparentemente triviales o marginales.
Nadie ante había trabajado antes los momentos fugitivos. Sus descripciones corresponden a auténticas “viñetas sociales”, que es el tipo de realidad que debéis recortar. El problema que se plantea en primer término es el cómo capturar lo fugaz y lo fragmentario de la realidad, cada uno de los detalles de la realidad, la imagen instantánea de la interacción social, todo lo que Simmel denomina las “formas de sociación” y que la sociología formal no era capaz de captar ni analizar.
Simmel concibió la sociedad como una interacción de sus elementos moleculares mucho más que como una substancia. La sociedad existe “cuando ciertos individuos entran en interacción y forman una unidad temporal o permanente”. La interacción no es tanto una fuerza que actúa en un cierto sentido como atomismo complejo y altamente diferenciado, del cual resulta imposible inferir leyes generales.
Para Simmel, la sociología debía consistir en una descripción y un análisis de las relaciones formales de elementos complejos en una constelación funcional. La sociedad no era una cosa sino el resultado de una interacción constante. Por ello la sociología tiene como objeto lo que llamaba “las formas de la interacción”. Las formas sociales más complejas son extensión de interacciones más simples entre los individuos. Esto se traduce en una atención preferente o exclusiva por los “procesos moleculares microscópicos del material humano, que exhiben a la sociedad, por decirlo así, statu nascendi. Esos “delicados e invisibles lazos que se tejen entre una persona y otra son accesibles mediante la microscopía psicológica."
No se trataba de analizar las “estructuras de orden elevado y supraindividuales”, sino también los lazos sutiles, invisibles, que vinculan a los individuos entre sí, los “fragmentos fortuitos de la realidad social”, a partir de la “posibilidad de encontrar en cada uno de los detalles de la vida la totalidad del significado de ésta”.
Desde el principio de su trabajo Simmel detecta un “principio regulador del mundo de que todo interactúa de alguna manera con todo lo demás”. Las relaciones entre las cosas están sometidas a un fluir constante : “Entre todos los puntos y todas las fuerzas del mundo existen relaciones en movilidad constante”, como consecuencia de esa “tendencia general del pensamiento moderno, con su disolución de sustancias en funciones, de lo estático en permanente en el fluir de una incesante evolución”
La sociología de Simmel se funda en la idea de que la naturaleza de la existencia social está gobernada por la labor de los individuos en tanto que actores -protagonistas de la acción- y el papel o rol, y se revela no sólo por la imagen del otro sino también por el conocimiento del contexto estructural en que tiene lugar la acción social del individuo.
El marco general de la sociología de Simmel es el de una experiencia de lo urbano que hacía imposibles modalidades congruentes de vida social porque implicaba formas de convivencia crónicamente intranquilas y complejas, marcadas por la agitación y por las relaciones anónimas entre extraños. Eso era la vida urbana.
La sociabilidad se opone antinómicamente a individualidad. No se trata de que los individuos jueguen dentro de la sociedad sino que realmente juegan a la sociedad. La sociología de la sociabilidad de Simmel ilustra la búsqueda de formas elementales de asociación e interacción, formas que sólo pueden hallarse en interacciones sociales efímeras y en apariencia insignificantes.
Simmel concibió la sociedad como una interacción de sus elementos moleculares mucho más que como una substancia. La sociedad existe “cuando ciertos individuos entran en interacción y forman una unidad temporal o permanente”. La interacción no es tanto una fuerza que actua en un cierto sentido como atomismo complejo y altamente diferenciado, del cual resulta imposible inferir leyes generales.
Os copio un fragmento suyo: “La socialización entre los hombres se anuda constantemente y se anuda de nuevo, es un fluir y latir eterno que encadena a los individuos, también allí donde no se le eleva hasta organizaciones auténticas... Aquí residen las interacciones entre los elementos que portan toda la tenacidad y elasticidad, toda la policromía y unicidad de esta vida de la sociedad tan clara y tan enigmática. Todos aquellos grandes sistemas y organizaciones supraindividuales en las que se acostumbra a pensar con el concepto de sociedad, no son otra cosa que las solidificaciones inmediatas que discurren de hora en hora y de por vida aquí y allá entre individuo e individuo”. Eso implica que «la sociedad no es entonces, por así decirlo, ninguna substancia, no es nada concreto por sí, sino un acaecer
Desde el principio de su trabajo Simmel detecta un “principio regulador del mundo de que todo interactúa de alguna manera con todo lo demás”. Las relaciones entre las cosas están sometidas a un fluir constante : “Entre todos los puntos y todas las fuerzas del mundo existen relaciones en movilidad constante”, como consecuencia de esa “tendencia general del pensamiento moderno, con su disolución de sustancias en funciones, de lo estático en permanente en el fluir de una incesante evolución”.









