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dimarts, 24 de maig del 2022

Contra lo insoportable



Apartado del "La vida secreta de Miquel Izard", publicado en Boletín Americanista, número LX/2 (2010): 63-84.


CONTRA LO INSOPORTABLE
Manuel Delgado

No es extraño que las sociedades secretas conjuradas en la consecución de un cambio radical en el presente no puedan ser disociadas de tendencias escatológicas que suelen conocer sociedades en situación de crisis a lo largo de la historia y en todo tipo de contextos culturales. En el caso de la gran tradición revolucionaria europea esta sería una constante. El ejemplo de los anarquistas ha sido abundantemente citado, pero también los marxismos asumieron la vocación redentora propia de los movimientos apocalípticos, con su idea de tiempo teleológico y de rescate colectivo de las desgracias terrenales. Se olvida que lo que Mark Horkheimer denominaba “sueño de orden de vida verdadera y justo” no es otra cosa que una teonomía o manifestación terrenal del reino de Dios y la consecuencia de la superación escatológica de la historia que las religiones del Libro adoptaron del judaísmo.

El dispositivo de base es, pues, el mismo que aquel al que los teóricos del Colegio de Sociología, con Georges Bataille a la cabeza, atribuía a las sectas y cofradías secretas. El punto de partida era una noción tomada de Marcel Mauss: “sociedades de complot”, homologables a las sociedades secretas en general, formas de organización social universalmente encontrables, que son “secretas por su funcionamiento, pero no por su función”, en la medida que su actividad siempre es en un grado u otro pública. Arrancando en esta intuición maussiana, se reconocía la existencia de un tipo singular de asociación humana –la comunidad “electiva” o sociedad “secreta”–, caracterizada por la exclusividad, el misterio y el activismo frenético. Este presupuesto también lo hallamos en la reflexión ya aludida de Simmel sobre el secreto, cuando, al final, hace referencia a cómo los miembros de una sociedad secreta no dejan nunca de sentirse y saberse una aristocracia apartada y exenta.

Resulta significativa cómo las condiciones de la organización oculta de los grupos de oposición al franquismo, y en general los partidos comunistas clandestinos, se adecuan a ese dibujo que Simmel hacía de las sociedades secretas. Aparecen todos los elementos que el autor alemán encontraba consubstanciales a este tipo de organizaciones. Así, por ejemplo, la existencia de grupos depositarios parciales y relativos de los saberes secretos –los seminarios de preparación para la incorporación de simpatizantes y que dosifican la adquisición de los saberes especiales del grupo; la existencia de organizaciones mediadoras –las “organizaciones de masas”, como los sindicatos, los comités de estudiantes o las comisiones de barrio–, que cumplen la función no sólo de intermediarias, sino sobre todo de amortiguadoras de un contacto demasiado brusco entre los conocimientos singulares de la organización secreta y la gente ordinaria; la estructuración altamente jerarquizada basada en el que Simmel denomina “subordinación centralista” y que se corresponde con el centralismo democrático de la tradición comunista, y la existencia rectora de “superiores desconocidos”, es decir, las instancias de dirección invisibles e inasequibles de las que depende la actividad clandestina.

La actividad de los grupos revolucionarios se adecúa también a la tipificación que Weber y Troeltsch hicieron de las sectas como organizaciones religiosas basadas en la adscripción voluntaria de personas que se consideran o son consideradas por los otros adeptos como santos, distinguibles por lo tanto del resto de una humanidad condenada a priori por su ignorancia, herencia probable de la vieja distinción gnóstica entre aquellos que han visto la luz y aquellos que no.

Tales características son del todo indiferentes al contenido doctrinal del grupo. Sólo constatan la similitud entre buena parte de las formas de concebir la acción dentro y al mismo tiempo contra el presente vivido. Lo hace entendiendo que ciertas condiciones del mundo consideradas como insoportables hace previsible la aparición de minorías selectas, conformadas por lúcidos o en –un sentido nada irónico, ni crítico– iluminados, que han recibido algún tipo de revelación y que, como resultado de haber entendido la auténtica naturaleza de la realidad, actúan en consecuencia y se separan del resto, ignorante o resignado ante los males que sufre.

Ahora bien, pertenecer a la sociedad de elegidos, de cuya acción va a depender el futuro del país y de la humanidad entera, tiene un precio. Esa incorporación se produce en una sociedad iniciática, como hemos visto, que debe someterse a la jerarquía y a la disciplina propias de quienes han asumido una responsabilidad trascendente, sea sobrenatural o mundana. Se es la vanguardia que prepara y anuncia la inminente redención de la sociedad, esa misma redención que debe empezar siempre por uno mismo. Al rigor que exige la tarea encomendada y asumida hay que añadir la agudización de la disciplina y la obediencia que imponen la clandestinidad, la consciencia de saberse acosado por una policía y unos colaboradores del régimen que con frecuencia son tan secretos como tú. Se forma parte de un núcleo incandescente, pero oculto, de la vida social y eso implica sacrificios en todos los campos. También en el privado. El Partido exige una conducta intachable, sin mácula, recta. No es sólo formar parte de una organización cuya estructura recuerda la de la Iglesia que Miquel Izard ha conocido bien, sino que la severidad moral de los comunistas es tan inapelable como la de su católica familia o la de los escolapios. Las relaciones de pareja están determinadas por la vigilancia del Partido sobre la vida privada. Miquel está al corriente de que camaradas suyos han sido expulsados por haberse separado de sus esposas y estar viviendo con otra mujer.

De aquí la fuente de prestigio y el plus de legitimación que supone haber sido represaliado. Los perseguidos acabarán recompensados, sobre todo aquéllos que sabrán rentabilizar su aventura clandestina en un futuro más o menos inmediato. Miquel Izard recibe con sorpresa la noticia de que los profesores no numerarios expedientados y expulsados de la Universidad de Barcelona como represalia por la Caputxinada serán reclamados, dos años después, todavía en pleno franquismo, para ocupar lugares docentes en la recién fundada Universidad Autónoma de Barcelona, entre ellos sus colegas y excamaradas Termes y Fontana. Él mismo aprovechará esa inopinada ventaja para regresar de Venezuela en 1970 y obtener un contrato como profesor de historia contemporánea en la UAB.

Ser miembro, haber sido introducido, conocer y ser parte del misterio de la organización, es lo que establece esta distribución desigual de informaciones estratégicas –lo que en otras sociedades supone el contacto con los sacra, la comunicación con los ancestros, la relación directa con entidades invisibles u ocultas– que caracteriza la diferencia entre iniciados y no iniciados. Esa es la justificación de la admiración reverencial que despierta Manuel Sacristán cuando “baja” a una reunión de célula. Pero el saber de los rangos superiores de la sociedad secreta –del Partido, en el caso de Miquel Izard- no tiene que ver con su valor como fuente de información objetiva, sino con esa relación directa con el núcleo más oscuro de la organización, que ni siquiera es visible, que no está aquí, sino en algo que se antoja no como otro país –Francia, Rumania, Unión Soviética, Alemania Oriental…-, sino como en otra dimensión, desde la que se desciende de vez en cuando para tomar contacto con los niveles más a ras de suelo del grupo. Ese conocimiento secreto no es divulgado; es más, es el que justifica y legitima la paradójica ignorancia o la tendencia a mentir que tienen los responsables superiores del PSUC y del PCE a la hora de referirse a hechos y circunstancias que los militantes del interior conocen bien.

De ahí que a los militantes de base no les parezca inaceptable, ni siquiera extraño, que las informaciones que los de arriba tienen y divulgan de lo que ocurre abajo suelan ser inexactas, exageradas o abiertamente falsas. A Miquel y a sus camaradas de lucha clandestina no les sorprende que las informaciones que divulga la Pirenaica –emisora dependiente del PCE que emite desde Bucarest- sean sistemáticamente falsas. En el colmo de las deformaciones, Miquel Izard evoca como lo que le cuenta Jordi Solé-Tura en París sobre la situación en Catalunya y en España no tenga que ver nada con la que sabe que realmente ha recibido de sus corresponsales en el interior. La inutilidad de la acciones de agitación y propaganda, el repetido fracaso de todas las convocatorias de movilización del Partido –al contrario de las que surgen espontáneamente, como las huelgas de tranvías del 51 y del 57 o la de la minería asturiana de 1962- se convierten en clamorosos éxitos según los medios de información clandestinos que emiten o se publican en el extranjero o en boca de los líderes del exterior. Pero todo se justifica con las condiciones especiales que se viven en una lucha llena de riesgos, para la que desfigurar o mentir pueden ser algo necesario, incluso indispensable, en orden a mantener elevada la moral de los revolucionarios y viva la agitación entre las masas.

Pero es difícil aceptar un vínculo tan exigente como el del combate clandestino contra Franco y en pos de la sociedad comunista cuando se está viendo el papel que en él juega el embuste y el autoritarismo –imposible cuestionar nada que proceda de los dirigentes- y cuando se sospecha que esos ingredientes no son fruto circunstancial a condiciones de excepción, sino crónicos y consustanciales a una determinada forma de organizarse y actuar. Si se ha llegado al Partido por la vía de una creciente iluminación, uno puede acabar apartándose de él por una no menos gradual toma de conciencia inversa, en este caso marcada por la desconfianza y la decepción crecientes. De regreso de Venezuela ya no volverá a militar en el PSUC y sólo volverá a movilizarse a título individual con motivo de las convocatorias a favor de la amnistía política de febrero de 1976.

Hasta aquí los datos más relevantes de los recuerdos que Miquel Izard nos confía de los años en que contribuyó a la larga lucha contra el fascismo en España. Difícil no hacerse preguntas acerca del valor de aquel sacrificio. ¿Quién le habría de decir a Miquel –y a tantos- que algunos de quienes habían sido sus camaradas de combate acabarían ocupando lugares de privilegio en la cultura, la academia, la economía o la política, al servicio de aquel mismo sistema social que se aborrecía y que no iba a cambiar nada, salvo en las formas, con el esperado cambio democràtico. Y, por supuesto, ¿quién le habría de decir que la mayoría de los responsables políticos, ideológicos, policiales y judiciales de la represión franquista iban no sólo a continuar en sus puestos, sino a merecer en muchos casos todo tipo de reconocimientos y recompensas?

Es entonces que damos con esa HS (Historia Sagrada) y con esa Lal (Leyenda apologética y legitimadora) a la que Miquel Izard se refiere en tantos de sus trabajos como americanista. La HS y Lal son, nos dirá Izard, ese conjunto de mitos y dogmas que presentan como incuestionable, justifican y exaltan un determinado estado de cosas basado en la desigualdad y la miseria, un discurso hecho con mentiras, fetichizaciones y distorsiones que sirve para mostrar a quienes detentan el poder como benefactores providenciales ante quienes no cabe sino mostrase admirados y agradecidos. Izard propone diferentes maneras de definir la HS y la Lal: “versión taumatúrgica del ayer”; puñado de “patrañas que sacralizan” ; estafa “consagrada a embaucar, falsificar o mentir”; montón de “embelecos, equívocos, manipulaciones, supercherías y yerros de vestales”; “falacia hiperbólica que sacraliza a los agresores y denigra a vencidos y resistentes” Pues bien, digamos claramente que no sólo América, sino también la España reciente tiene su HS y su Lal: la Gloriosa y Ejemplar Transición Política de 1977 y la Heroica Victoria de la Monarquía sobre el golpismo en febrero de 1981. Tras esas farsas lo que se esconde es la dolorosa realidad que el propio Izard ha descrito como el paso, levantado con engaños y traiciones, “del franquismo totalitario al franquismo parlamentario”.

Para algunos, la clandestinidad antifranquista constituyó un duro, pero fructífero, campo de entrenamiento para lo que acabaría siendo su profesionalización como dirigentes en cualquiera de las esferas estratégicas de la sociedad: la política, las instituciones culturales, los medios de comunicación, la economía... Para otros, los más, es difícil no pensar que toda aquella abnegación no sirvió para nada y que aquellos hombres y mujeres quemaron los mejores años de su vida en una causa estéril y fracasada. En todo caso, si sirvió de algo fue para brindar nuevas pruebas de que existe una dimensión ingobernable en el ser humano que le aboca, como un deber, a resistirse al agravio y el maltrato, a rebelarse contra lo que se vive como insoportable, puesto que lo es. Se dirá un día, ojalá que lejano, que Miquel Izard supo ser coherente consigo mismo. No será del todo exacto. Miquel Izard fue sobre todo coherente con los demás; con todos aquellos que confiamos en que nunca nos decepcionaría. Y nunca nos decepcionó: como él mismo describía, continuó rejuveneciendo en lugar de envejer y radicalizándose en lugar de fosilizarse. Deberemos decir entonces de él: ahí hubo un hombre digno, cuya dignidad no fue la suya, sino la nuestra.



diumenge, 17 d’octubre del 2021

Huelga de SEAT, otoño de1971. La clase obrera reconquista las calles


José Mansilla, compañero del OACU, nos manda una noticia conmemorando la entrada a sangre y fuego de la policía en la factoría SEAT en octubre de 1971. Escribo al grupo algunos añadidos a lo que cuenta el reportaje.

Huelga de SEAT, otoño de1971. La clase obrera reconquista las calles
Manuel Delgado

Me acuerdo. 18 de octubre de 1971. Yo tenía 15 años. De hecho mi paisaje cotidiano estaba presidido por los obreros de la SEAT. Trabajaba en una fábrica de yeso cerca de l’Escorxador y los veía montarse en aquellos autobuses azules que salían de Diputació/Tarragona cada mañana camino de la Zona Franca. Y me acuerdo de aquel día, de la entrada a saco pegando tiros de la policía. En aquello que montamos del Memorial Democràtic invitamos precisamente a mi camarada, Carles Vallejo, que sale en el reportaje, también de les Joventuts Comunistes. Era obrero de SEAT y a este hombre el año anterior lo habían tenido veinte días torturándolo en Via Laietana.

Lo que pasa es que en el artículo solo se habla de la entrada de los grises en la fábrica y no de lo que pasó después, el 9 de noviembre. Yo vivía en las Casas del Drapaire y me acuerdo como si fuera ahora de verlos pasar por delante de casa, por la Granvia antes de plaza Espanya. Era un espectáculo inaudito en aquel momento: miles de obreros en marcha ocupando la calzada de una gran avenida. Iban hacia plaza Catalunya. Era la clase obrera. Vosotros no la llegastéis a conocer. Buscar en wikipedia.

La lección de aquel día fue que sólo un cada vez más fortalecido movimiento obrero era capaz de contrariar frontalmente el control sobre el espacio público durante la dictadura y hacerlo además en el centro mismo de la ciudad. Seguros de sí mismos, temidos por la policía por su reputación de poco pusilánimes, 6.000 obreros de la SEAT ocuparon el mismo centro de la plaza de Catalunya para hacer una asamblea, en el marco de una huelga en el transcurso de la cual la empresa había declarado el lock-out, la policía había desalojado violentamente la factoría en la Zona Franca -el 18 de octubre- y un trabajador -Antonio Ruiz Villalba- había sido muerto a tiros por la policía.

La lucha de los obreros de SEAT y el asesinato de uno de ellos ya había motivado manifestaciones solidarias en las calles de Barcelona. Me acuerdo que el 29 de octubre se había declarado una jornada de lucha en que se registran manifestaciones en La Rambla, en la calle Balmes y el Paral·lel. Ese 9 de noviembre, aquella multitud de trabajadores, vestidos todos ellos con sus monos de trabajo, daban un aspecto impresionante a la plaza Catalunya. Los grises, que estaban concentrados al final de Via Laietana, se presentaron allí y rodearon a los reunidos y les ordenaron dispersarse. En vez de obedecer la orden, los huelguistas decidieron trasladarse a los alrededores de la plaza de toros Monumental, al lado de mi casa hoy, para continuar discutiendo el documento que debían aprobar.

Luego se dispersaron en grupos más pequeños que se pusieron a circular por paseo de gracia, Pelai, plaza Universitat, plaza Urquinaona ... Fue en estos puntos donde la policía se atrevió a cargar contra los trabajadores.

Nada, perdonad. Siempre acabo contandoos batallitas de abuelete.


diumenge, 20 de setembre del 2020

La CNT i la guerrilla comunista a Catalunya

Maquis a la Vall d'Aran, 1944

Comentari per la gent de l'Observatori d'Antropologia del Conflicte Urbà, enviat el juny de 2015

LA CNT I EL MAQUIS A CATALUNYA
Manuel Delgado

La presència anarquista en l'etapa immediatament posterior a la derrota del 1939 es va veure limitada a l'intent de rescatar militants empresonats i a petits cops de mà que no responien un esquema organitzatiu realment eficaç, llevat de partides aïllades. La veritat va ser que, a part d'una brutal repressió, els anarquistes no van ser capaços de desenvolupar un tipus d'organització que els permetés sobreviure ni a les destacaments militars i de la Guàrdia Civil contra el maquis, ni a l'aguait de la policia política franquista, cosa que sí que van poder aconseguir els comunistes, precisament pel tipus d'organització que s'havien dotat en la clandestinitat.

En efecte, totes les històries de la CNT sota el franquisme coincideixen que un dels principals problemes amb què es va trobar va ser la fugida constant i gairebé massiva de militants que entenien que la lluita antifranquista podia dur a terme eficaçment només si s'assumia un estil de combat com el que els comunistes proposaven. I això va passar sense que una bona part de llibertaris renunciessin al seu ideari. El 1944 milers d'anarquistes constitueixen el que es va denominar Agrupación de Cenetistas de la Unión Nacional, és a dir militants de la CNT que, després d'haver combatut contra els nazis a França, es van enquadrar en l'organització guerrillera que el PCE i el PSUC propiciaven i que va ser la que va protagonitzar l'intent d'invasió d'Espanya per la Vall d'Aran el 1944, quan un exèrcit guerriller, composat per uns 1.500 combatents ben armats van intentar establir a Vielha un govern provisional que encapçalés una revolta popular a l’interior del país. Tot i aconseguir ocupar diverses poblacions de la vall, l’intent d’invasió va fracassar com a conseqüència de la superioritat militar franquista –caçadors de muntanya, legionaris i regulars– i es va saldar amb 588 maquis morts. L'episodi és el tema central de la novel·la La alegría de Inés, d’Almudena Grandes.

El trasvassament massiu de cenetistes al maquis comunista està ben tractat per Ángel Herrerín López, tant en el seu llibre La CNT en el exilio (Segle XXI), com en articles com "La CNT en el exilio. De la reorganitzación a la escisión", Historia y Fuente oral,  53 (2005). Però el testimoni més interessant de com va ser que entorn de cinc mil anarquisites entressin en a bloc i com a tals al maquis comunista és José Manuel Molina en el seu llibre El movimiento clandestino en España, 1939-1949 (Editores Mexicanos Unidos). Molina va conèixer de prop el procés ja que va ser el primer secretari general de la CNT a l'exili francès i fins 1945. per si a algú li interessa, el llibre està disponible a la biblioteca del Campus Raval 

Al marge de la invasió de la Vall d'Aran, va haver altres incorporacions de militants cenetistes a la guerrilla comunista. Va ser el cas de l’Agrupación Guerrillera de Cataluña. La seva zona d’actuació a la muntanya era la serralada de Prades i diverses valls del Pirineu gironí, amb un centre clau a Manlleu. El 1946, el PSUC va fer un segon intent d’imposar la lluita armada a ciutat de Barcelona i va posar en funcionament la 1a Brigada Jaime Girabau i la 2a Brigada Guerrillera, al capdavant de la qual hi havia Jaume Valls Sardà i que incorporava també militants de la CNT.




dijous, 17 de setembre del 2020

Evocació i elogi de l'anarcoleninisme

Néstor Makhno

Nota als col·legues de l'OACU, enviada el 17 d'agost de 2011

EVOCACIÓ I ELOGI DE L'ANARCOLENINISME
Manuel Delgado

A tall d’opinió diré que crec que el meu país i la meva ciutat viuen irrevocablement determinats per la herència històrica de l’anarquisme. En aquest sentit, penso que les classes populars catalanes i barcelonines i l’esquerra en general tenen un fort component cultural anarquista, dient cultural en el sentit que els antropòlegs ho fem, és a dir com a sinònim d’inercial. També penso que l’herència sociològica i cultural –que no ideològica– de l’anarcosindicalisme –exterminada la CNT– va ser rebuda pel PSUC i l’esquerra comunista a la dècada dels 50, 60 i  70, que és on va quedar refugiat el nostre proletariat combatiu.

En aquest ordre de coses, haig de proclamar que em sento partícip d’aquesta mena de líquid amniòtic anarquista que hom troba sortint al carrer a Barcelona, però em mantinc fidel a l’estil de lluita dels rojos, basat en una estreta vinculació entre un entrenament teòric constant i una confiança en les virtuts de l’estructuració organitzativa sòlida i eficaç. 

Aquesta opció política -anarquistes amb disciplina de partit- va ser realment existent. Els anarcoleninistes van consituir-se a la segona meitat dels anys 1920 a l’exili rus a París en el que va ser la Plataforma Organitzacional dels Comunistes Llibertaris i la seva publicació, Dielo Truda, “La causa dels treballadors”. Els seus teòrics més importants foren Piotr Archinov i Néstor Makhno, el cèlebre comandant guerriller ucraïnès, independentista. En el seu document principal –que l’any passat es publicava en castellà– s'analitzaven les causes de la derrota del moviment anarquista rus pels bolxevics, que atribuïa a l'absència de principis i pràctiques organitzatives en el moviment anarquista, representat arreu per una sèrie d'organitzacions locals amb teories i pràctiques contradictòries, sense tenir perspectives de futur, ni una constància en el treball militant, i que sovint desapareixen, sense deixar cap empremta darrere seu. 

No és cosa d’estendre’s més aquí sobre la lucidesa d’aquells que buscaren una síntesi entre l’ideari llibertari –en especial pel que fa a la creativitat de les masses– i les avantatges del rigor i la sistematització teòrica i de l’estructures organitzatives sòlides pròpies de la tradició comunista. Hi ha abundant informació a la xarxa i teniu el llibre al que us feia abans referència: Plataforma para una Unión General Anaequista, Grupo Dielo Truda (Aldarull).  




dijous, 10 d’octubre del 2019

No poder oblidar


El Centre d’Estudis del Bages publicava l'any 2009, editades amb cura per en Jofre Padullés, les memòries de lluita de José Torralbo, militant del PSUC i de Comissions Obreres a la Manresa als anys 60 i 70. El llibre es diu Vides secretas. Memòries d’un militant clandestí. Us reprodueixo el pròleg que vaig escriure.

NO PODER OBLIDAR
Manuel Delgado

Seria cosa d’esbrinar a qui se li va acudir plantejar una iniciativa política o de qualsevol altra mena sota l’epígraf genèric de “memòria històrica”. Greu malentès aquest, que implica confondre una disciplina o un coneixement –la història– i una feina d’organització de determinats aspectes rememorats del passat als que se’ls ofereix l’oportunitat de ser rescatats, per així dir-ho, d’aquest passat i esdevenir actuals. Perquè això és el que vol dir “recordar”. Recordar vol dir “tenir present”, és a dir incorporar a l’ara aspectes de l’experiència acumulada que es consideren d’alguna forma pertinents o adients per a dotar-la d’un cert valor o significat. És a dir, no recordem qualsevol cosa, sinó un grapat extremadament restringit de coses –situacions, personatges, sentiments, visions...– que d’alguna manera complementen el present, en la mesura que demostren que, per bé o per mal, el que hi ha ja hi era i el que hi era encara és. El llibre del que aquestes consideracions és pòrtic és un exemple d’això. Les memòries d’en José Torralbo sobre la seva vida clandestina com a militant antifranquista a una època recent de la història de la comarca del Bages, són bàsicament això, és a dir memòria o, millor dir, memòries, perquè és ben cert que mai hi ha d’una sola.


No estem, doncs, davant un llibre d’història. Per molt que ens entestem en sostenir el contrari, la història no la fan els pobles, ni les persones ordinàries: la història la fan els historiadors. Són ells els que seleccionen un seguit de fets que es demostren realment esdevinguts i els enganxen uns als altres en forma de cadena de manera que el que surti sigui un relat congruent i quasi sempre més aviat transcendent, una narració dotada de característiques de plausibilitat, la pretensió de les quals sol ser acabar fent incontestable una certa interpretació del sentit de dinàmiques històriques sovint d’ampli espectre i que impliquen de manera directa o indirecta les institucions.


La memòria –o les memòries; com aquestes d’en Torralbo– és una altra cosa. La memòria de les persones és com una selecció d’instantànies que qui recorda intenta ordenar de forma que el que produeix sigui alguna cosa similar a una biografia, un avatar personal que doni sentit al que s'és i al que passa ara. Amb els pobles passa el mateix. La memòria col.lectiva és una mena d’enfilament en el que la memòria d’un i d’altre és van travant, buscant en les memòries alienes al que a la pròpia li manca. El producte és una mena de remor de fons, un murmuri de vegades ensordidor, del que podrien sorgir desenes, centenars, milers, qui sap si milions de línies de record. El que teniu aquí, doncs, n’és un exemple d’això. La història la fan els historiadors, la memòria les persones. La història no és que pugui ser manipulada; és tota ella, íntegrament, una manipulació. La memòria, en canvi, no; sobre tot perquè no podem triar què recordem i que no. La història és un producte, una cosa que s’ofereix sempre acabada i amb un resultat contundent que es presumeix final; la memòria en canvi és més aviat una producció, un treball incansable i interminable. Qui fa la història –l’historiador– té la possibilitat de controlar-la. Qui recorda, no. Qui recorda és qui no pot oblidar.


I aquestes que venen són les coses que en José Torralbo no pot oblidar. Coses de sacrifici, de lluita, d’abnegació revolucionària, de generositat militant de qui volia un món més amable i no podia suportar la injustícia que l’envoltava. Evocar torna a ser invocar. No s’evoquen aquí uns valors humans; s’invoquen, es clama per a que no morin i menys se’ls mati. Aquestes memòries que teniu a les mans ja no seran, un cop llegides, les del seu autor, sinó també les vostres, per a que un cop conegudes i compartides, tampoc puguin ser oblidades. No oblideu, si us plau; no oblideu. Ell no us ho perdonaria. Ni jo tampoc.






dissabte, 16 de juny del 2018

Un sol poble. L'herència del PSUC

Luis Romero al cartell del PSUC per a les eleccions generals del 1977

UN SOL POBLE. L'HERÈNCIA DEL PSUC
Manuel Delgado

De nou ha aparegut l'acussació de supremacisme contra el movimient indeependentista, no reconeixent la seva condició composta, resultat de circumstàncies històriques que han fet coincidir diverses formes de definir Catalunya. La qüestió plantejada al.ludeix als perills als que s'enfronta tota societat que exerceixi el seu incontestable dret a dotar-se d'instruments de govern propis i que, per fer-ho, construeixi i interioritzi en la consciència dels seus membres un cert sentit de la identitat compartida. El que es dirimeix, per damunt de tot, és qui i en funció de què ha de ser considerat “interior” o “exterior” a aquest nosaltres que ha, en un determinat moment històric, opta per constituir-se en nació. Es per dur a terme aquesta assignació de legitimitat que concorreran sempre dues concepcions majors a l'entorn de quins són els requisits d'una determinada identitat ètnica o nacional. Aquestes dues concepcions es corresponen amb cadascú dels que ja Josep Narcís Roca i Farreras cap allà el 1880, a El catalanisme progressiu (La Magrana), havia presentat com els “dos nacionalismes” : un progressista, republicà, democràtic i revolucionari, i l'altra carlí, ruralitzant i reaccionari. En el moment actual, els hereus del primer d'aquests nacionalismes pren la forma d’un catalanisme independentista o federalista que consideren la nació o el poble catalans en termes de societat i d'organització política, mentre que el nacionalisme reaccionari continua referint-se a ells en clau de llengua, de cultura, de personalitat, d'arrels, etc.

El catalanisme progressista –independentista o no– es tradueix en una concepció integradora i pluralista de la construcció nacional. Per a ser acceptat com “un dels nostres” és suficient amb que el candidat es consideri a si mateix com a tal, puix que la identitat no és altra cosa que un sentiment d'adscripció al que no té perquè correspondre'l cap contingut. Es tracta, a la fi, d’aquell element de consciència i de voluntat en els seus membres del que Rovira i Virgili, al seu Nacionalisme i federalisme, el 1917 (Edicions 62), seguint Mancini, feia dependre l’existència de la nació. No hi ha opció a una “puresa de sang” cultural, car totes les realitats culturals presents a la societat serien igualment autèntiques o, si es vol, igualment bastardes. No existiria tampoc un estat inicial de la cultura, al no ser aquesta més que una totalitat integrada, però crònicament intranquil.la, de préstecs i aportacions, a la manera d'un delta que recull i barreja el que van deixant successives avingudes humanes. En la mesura que no ha pogut experimentar mai una situació de partida, la catalanitat sols estaria en condicions de conèixer versions. Hom podria excloure's, però mai, de cap de les maneres, ser exclòs de la condició de català.

Aquesta interpretació integradora de la identitat ètnica catalana és la que domina en corrents que no han vist cap dificultat en compatibilitzar el seu catalanisme amb els principis de l'internacionalisme. L’arrel cal trobar-la al segle XIX, de la mà, entre d’altres, de Valentí Almirall i del republicanisme federalista, el catalanisme progressista del qual va anar solidificant-se com alternativa al nacionalisme burgés que tants cops s’ha pretès, des de llavors, l’únic encarnador del projecte nacional a Catalunya. Aquest catalanisme progressista va aspirar, de bell antuvi, fer del català allò que Rovira i Virgili designava com un “poble mixte”, susceptible d’incorporar “els grups al.lògens originats e la immigració”. D’aquí va partir un catalanisme de classe i internacionalista, els protagonistes del qual van ser els Martí i Julià, Francesc Layret, Salvador Seguí, Rafael Campalans, Andreu Nin, Joan Comorera, Jaume Compte, l’anarcoindependentisme de Josep Llunas i que va concretar-se, els anys 30, en organitzacions como ara la Unió Socialista, el Partit Comunista de Catalunya, el Bloc Obrer i Camperol, el Partit Català Proletari, el POUM i el PSUC, de banda de les seves respectives postures polítiques en altres qüestions.

La posició motora que el Partit Socialista Unificat de Catalunya va mantenir en la defensa d’un projecte nacional integrador ha estat sempre palmària. Aquesta política inclusiva, que no distingia entre allò nadiu i allò aportat pels “altres catalans” (Candel, potser un dels primers en formalitzar aquesta percepció), “catalans d’adopció” (López Raimundo) “catalans de la immigració” o “catalans vinguts d’altres terres” (Gutiérrez Díaz), va enfrontar-se amb les pretensions de la dreta nacionalista hegemònica des de 1977. Així, l’aleshores secretari general del partit, Antoni Gutiérrez, afirmava: “I front al catalanisme instrumental de la dreta oposarem un catalanisme popular de progrés... Front la retòrica gesticulant i buida de la dreta..., farem avançar Catalunya per la via d’un catalanisme popular que eviti les divisions de la nostra col.lectivitat”. La dicotomia entre catalanisme integracionista –republicà, deutor de Renan– i catalanisme primordialista, d’arrel romàntica, va estar formulada ben aviat en el pla teòric com una oposició “nació popular” versus “nació fetitxe”, per part d’un Rafael Ribó al que li pertoca el mèrit d’haver propiciat una de les elaboracions teòriques més sòlides fetes des del nacionalisme d’esquerres, l’article “Aproximació metodològica al fet nacional”, Recerques, 4 (1974), pp. 117-135. La revisa cultural del PSUC, Nous Horitzons, fou un escenari privilegiat d'elaboracions teòriques al respecte, com ho demostren articles, com ara els de Francesc Vallverdú, “Immigració i cultura catalana”, núm. 51 (febrer 1979), pp. 67-73; “Incomprensions sobre la immigració”, nº 43 (maig 1978; “La immigració, encara” (juny 1978); Manuel Vázquez Montalbán; “Immigració i cultura catalana”, núm. 60 (febrer 1980), pp. 4 6, o Carlota Solé, “Dues versions sobre la cultura catalana: l''oficial' i la dels immigrants”, núm, 47-48 (octubre-novembre 1978), pp. 123 135. Tot això de banda de quina hagi estat l’evolució posterior d’aquests persones, és clar. 

És obvi que el tema és més complex. Sols estic fent aquí un petit comentari. Si us interessa saber més sobre la gènesi d’aquesta postura al PSUC i la seva assumpció com a pròpia, a partir del IV Congrés del Comité Central el 1970, i els termes en que es va produir la discussió s0bre la relació entre la immigració –espanyola en aquest moment– i la llengua i la cultura catalanes, tenim un treball força interessant en l’article de l’historiador Tommaso Nencioni, “El PSUC y la cuestión de la inmigración a Cataluña desde el tardofranquismo a las primeras elecciones al Parlament (1967-1980): Debate teórico y éxitos prácticos”, aparegut a Nous Horitzonts, al núm. 147 de març de 2007, un especial dedicat a la memòria d’en Guti que trobareu en pdf a la xarxa. Em consta que el 2006 es va llegir un DEA al Departament d’Història Contemporània de la meva Facultat, de Tomàs Colom Canals, titulat “Introducció al debat sobre la immigració a la transició, 1975-1980”, però no he vist que s’hagi defensat ja com a tesi. 

Aquesta orientació integracionista que els comunistes catalans van teoritzar al darrer franquisme i a la suposada transició és la que ha trobat avui acomodament, si més no oficialment, en els partits federalistes com el PSC, ICV o EUiA, però també en el sí d'alternatives obertament independetisntes, com ho demostrà des de la Crida, ja fa anys, Jordi Sánchez, proclamant que “Catalunya serà xarnega o no serà”. Aquesta postura ha estat feta pròpia pels sectors més sensibles socialment d’ERC i sembla haver estat assumit majoritàriament per les CUP.

Les premisses fonamentals d'aquest catalanisme d'esquerres, integrador i no excloent, són, d'antuvi, que a Catalunya la classe obrera és una sola classe. En segon lloc, que a Catalunya hi ha un sol poble. I, per últim, que la vertebració cultural de la societat catalana no es basa en continguts específics, sinó més aviat en una consciència compartida de formar part d'una mateixa comunitat. Des d'aquesta perspectiva, “cultura catalana” voldria dir, no una dada anterior a tota experiència o pràctica societària, sinó el resultat d'una construcció sempre inacabada, un constant joc d'interrelacions o, si es prefereix, un cos inestable i porós, que es deixa travessar per tota mena de fluxos. Aquesta forma d'interpretar la catalanitat com un receptacle buit, transitable i obert, en disposició de digerir qualsevol contingut, és la que va donar peu a la consensuada definició de català que oferí, al que vam creure una transició, el Consell de Forces Polítiques: “tot aquell que viu i treballa a Catalunya”. Ha estat també aquesta visió la que ha acabat orientat la Llei 2/93 del Parlament, "De foment i protecció de la cultura popular i tradicional catalana", en la que s'estableix institucionalment que aquesta era “el conjunt de les manifestacions de la memòria i la vida col.lectives de Catalunya, tant passades com presents”. 

Un exemple pràctic de com s’aplica aquest principi és la pròpia tasca de recerca i documentació del Centre de Promoció de la Cultura Popular i Tradicional Catalana del Departament de Cultura de la Generalitat, l’orientació del qual ja va quedar palesa en l’excel.lent exposició "D’ahir d’avui. El patrimoni cultural de Catalunya", comissariada per en Lluís Calvo i que es va poder visitar al CCCB la primavera del 1996. Des de fa anys el CPCPTC està compromès en l’elaboració de l’Inventari del Patrimoni Etnològic de Catalunya, en el que s’integren indistintament estudis sobre el costumari català més venerable i aportacions culturals de la immigració més recent, incloent-hi, per exemple, la de religió musulmana. 

L’any 1997 vaig publicar a Empúries un llibre que es deia Diversitat i integració. Lògica i dinàmica de les identitats a Catalunya. El vaig dedicar a en Cipriano García, un dirigent del PSUC a qui no vaig conèixer, però de qui admirava i admiro el seu paper per a sintetitzar les reclamacions de classe amb les vindicacions nacionals. Va ser un home nascut a Manzanares, manxego com els meus pares i xarnego de socarrel, qui va determinar en bona mesura que CCOO fossin anomenades des del principi Comissió Obrera Nacional de Catalunya i que fossin, amb el Sindicat d’Estudiants, les que convoquèssin l’històrica manifestació de l’Onze de Setembre de 1968, que va reunir uns quants centenars de persones a l’alçada del Tívoli, van enfilar el carrer de Casp i van baixar per Girona fins al punt on s’havia erigit el monument a Rafael Casanova, on la policia va carregar contra els manifestants i va practicar diverses detencions. 

La imatge de l’entrada és el fabulós cartell del PSUC acabat de legalitzar. L’home de la foto és en Luis Romero, un altre charni, d'Alcalà la Real (Jaen) en particular, que també encarna la vigència de la consigna i convicció que, sigui quina sigui la llengua o la “cultura” de cadascú, a Catalunya hi ha un sol poble Aquesta entrada està dedicada a la memòria d'en Josep Termes, a qui no vaig conèixer personalment, però l'obra i la vida del qual hem semblen, pel que sé d'elles, exemplar.


divendres, 28 de juny del 2013

Algunas cosas sabidas, pensadas y vividas en relación con el proceso soberanista en Catalunya

Cabecera de L'Insurgent, órgano de Estat Català-Partit Proletari,  luego Partit Català Proletari ,
uno de los partidos que conformaron el PSUC

Palabras de apertura de las III Jornades Doctorals en AntropologIa de la Universitat de Barcelona, el 3 de junio de 2013

ALGUNAS COSAS SABIDAS, PENSADAS Y VIVIDAS EN RELACIÓN CON EL PROCESO SOBERANISTA EN CATALUNYA 
Manuel Delgado

Una vez llegó a mis oídos que un colega que creía amigo me censuraba a mis espaldas reprochándome que me ocupara con demasiada asiduidad de cuestiones "de actualidad". Era cierto, como lo era que en nuestro mundo académico está mal visto pronunciarse acerca de lo que algunos consideran cuestiones mundanas, alejadas o ajenas a los rigores del trabajo científico. Acaso tengan razón, pero lo cierto es que no siempre puede uno sustraerse de decir lo que piensa sobre cuestiones de su tiempo y lugar, aunque trate siempre de hacerlo desde la perspectiva disciplinar en que está inscrito. Se es consciente de que seguramente lo propio sería mantenerse sabiamente a distancia, como si nuestro reino no fuera de este mundo. Pero lo es y es por ello que se me permitirá que, a la hora de abrir estas III Jornadas del programa d'Estudis Avançats en Antropologia Social de la UB, diga algunas cosas que creo que sé, que he pensado y que he vivido, de cuyo precipitado resulta una determinada postura política en relación al proceso que es posible que acabe desembocando en la independencia de Catalunya.

¿Qué sé o creo saber? Sé, como antropólogo social, que el nacionalismo en su forma contemporánea guarda una notable analogía con la religión, de la que vendría a ser su sucedáneo, no sólo porque parece conformado como un sistema de mitos y ritos, sino sobre todo porque los procesos de secularización que, a partir de la Ilustración, acompañaron las distintas vías de acceso a la modernidad le asignaron una tarea de articulación ideal y emotiva de la sociedad idéntica a la que habían desempeñado hasta entonces cultos y credos. Ahora bien, si la antropología nos ha enseñado algo importante es que las conductas religiosas explícitas o implícitas no deben ser estudiadas sino en acción, es decir en función de su despliegue en contextos concretos y de las funciones que cumplen y los objetivos que satisfacen o tratan de satisfacer en cada uno de ellos. Lo mismo por tanto por lo que hace al nacionalismo, que en sí mismo no es mucho más que un conjunto de certezas generales, una forma a la que le corresponden contenidos no ya distintos, sino con frecuencia antagónicos, y cuya eficacia movilizadora puede aparecer invertida al servicio de causas y metas que no pocas veces se antojan incompatibles entre sí, a pesar de que invoquen entidades místicas –la patria, la historia, la tradición, la raza, la cultura, la ciudadanía...– idénticas.

Digamos que los cultos patrióticos aparecen implicados en procesos muy distintos entre sí, entre los cuales es evidente que un buen número tienen que ver con la constitución y el mantenimiento en Estados que, desde su misma formación, han aspirado a la homogeneidad o cuanto menos a la congruencia de sus componentes identitarios y que han visto como una fuente de ansiedad cualquier desmentido de la uniformidad buscada, castigando o excluyendo a los sospechosos de haber vulnerado o cuestionado las fronteras simbólicas que protegen de los peligros que acechan toda supuesta esencia. Para ello esas entidades nacionales no han dudado en negar o vulnerar el derecho de otros colectivos a reclamar en su seno una identidad propia, por construida y artificial que esta fuera también, pero que nunca lo sería más de aquella otra que pretende subsumirlas. En ese sentido es cierto lo que a veces se afirma de que lo que se opone a un nacionalismo suele ser otro nacionalismo o, al menos, una identidad en apariencia alternativa a la nacional o étnica, que sería la del cosmopolita, que, como todo el mundo sabe, es aquel que esté donde esté, vaya donde vaya, siempre se sentirá por encima de los demás. Es decir, todo nacionalista se siente y se sabe superior a los demás nacionalistas, aunque siempre será superado por quien se proclama "ciudadano del mundo", que estará seguro de que tiene motivos para considerarse a si mismo superior tanto a unos como a otros.

También sé hasta qué punto el nacionalismo ha tenido expresiones agresivas y devastadoras, acaso intensificadas en fases históricas recientes como consecuencia de las grandes inercias de la homogeneización cultural que acompaña la economía capitalista y su implementación global, que conllevan un desdibujamiento de los perfiles y de los límites culturales y suscita un mundo cada vez más invertebrado y modular, más regido por códigos desconocidos. Frente a esa consciencia de crisis e inseguridad, a la proliferación de espacios abstractos como los cibernéticos, al flujo constante de capitales y verdades, al aumento de las interrelaciones y las mixturas..., se desvanece toda ilusión de pureza y se busca el contrapeso de tal frustración en autenticidades que, ajenas al mundo, no pueden ser más que puramente teóricas y encontrar su confirmación sólo en el dogmatismo ideológico o en la efusión sentimental. En casos extremos, sólo la violencia fanática podrá restablecer esa unidad nunca conocida, pero que se puede sentir como perdida o enajenada. Ante la fragilidad de lo real, sólo queda ya la estabilidad inmutable de las identidades más feroces, aquellas que se alimentan de sus propios frenesís, que serán tanto más severos cuanto más se empeñe la experiencia en desmentirlos y que no dudarán en aplastar, en cuanto sea preciso, aquello o aquellos que se atrevan a recordarle que sólo puede existir como sueño para unos y pesadilla para otros.

Ahora bien, una vez constatado que, en efecto, tanto la exclusión como la inclusión forzosa de grupos humanos es hoy ejecutada en base a argumentos en clave identitaria, también forma parte de lo sabido que no es menos cierto que la identidad étnica o nacional –siendo esta última la politización de la primera– puede servir –y sirve con idéntica eficacia– para que esos mismos grupos sociales maltratados busquen precisamente en la proclamación de su identidad –no pocas veces aquella que se les asignó con fines estigmatizadores– un instrumento a través del cual sintetizar sus intereses particulares y la lucha por su emancipación. Como ocurre con las demás religiones, el nacionalismo puede ser un instrumento de dominación, pero también un estímulo para la impugnación de los poderosos y el desacato. Sabemos bien que ese ha sido el caso de todos los conflictos antiimperialistas, de todas las guerras de liberación nacional y que ha aparecido con frecuencia al lado o atravesando vindicaciones de sectores que se deciden a poner fin a la inferiorización de que son víctimas. Ese uso del diferencialismo como activo o reactivo en pos de la equidad se basa en un postulado lógico, cual es que para que alguien o algo sea reconocido como sujeto –colectivo, en este caso– igual a los demás sujetos es indispensable haber sido habilitado antes como entidad diferenciada y diferenciable en condiciones de interpelar o ser interpelada por no importa que administración política centralizada, incluso aquella contra la que se está en lucha.

Lo que es incuestionable es que cada configuración histórica y cultural ha conocido maneras distintas de actuar ese emulsionador libre, por así decirlo, que son los sentimientos e ideas nacionalistas con otros componentes de cada realidad, dependientes a su vez de su propio desarrollo económico, de la correlación de fuerzas sociales presentes o de las relaciones entre sociedad civil y Estado, entre otros factores, haciendo que un mismo nacionalismo haya podido recibir apropiaciones del todo distintas al interseccionarse con variables como la clase social o la religión. El caso catalán es bien significativo al respecto. No cabe discutir que un cierto nacionalismo cultural apareció al servicio de los intereses de la burguesía industrial frente al freno que para sus objetivos suponía un Estado central incompetente en orden a garantizar el acceso a la plena modernidad. Pero no es menos cierto que importantes sectores populares asumieron el catalanismo como un elemento cohesionador que reforzara en clave nacional sus luchas. 

En cualquier caso, el ejemplo catalán vuelve a poner de manifiesto como la asunción de una identidad étnica o nacional no puede ser entendida al margen de la manera como fracciones sociales con intereses y objetivos específicos la emplean como fuente de legitimidad. Dicho de otro modo: tanto las formalizaciones doctrinales como a las emanaciones sentimentales de tipo patriótico sólo deberían resultar comprensibles como la manifestación de conflictos en el seno de una estructura social dada, usufructo concreto de un referente permanentemente móvil y, por tanto, procurador de todo tipo de sombras y ambivalencias. 

Hasta aquí lo sabido. Pero también está ahí lo vivido. Entra en juego en este caso la experiencia de quien fuera un chava del barrio de Hostafranchs, un hijo de charnegos que intentó amar y creyó posible una España republicana que ahora contempla la más remota de todas las posibilidades; que inició su militancia comunista de ahora mismo a los 14 años y que desde entonces vivió inmerso como inseparables doctrinalmente las reclamaciones nacionales catalanas y de clase..., una apreciación que compartía la policía política franquista con su obsesión de definir a los suyos como "rojos separatistas". Pero esos son sólo algunos elementos reconocibles como políticos que destacan en un tumulto de recuerdos biográficos del que emanan a borbotones imágenes, texturas, olores, sabores y sonidos. Esa identidad no es en realidad ninguna identidad, puesto que no aceptaría ser reducida a unidad alguna. Como toda identidad, no es otra cosa que un incierto nudo entre materiales vivenciales incomprensibles por separado. Los elementos de esa identidad magmática conformarían un continuo cuyos elementos sólo se distinguirían entre sí a partir de principios lógicos de analogía y correspondencia. Esa identidad puede ser experimentada, pero no pensada. Para hacerla inteligible es preciso convertirla de continua en discreta, de analógica en digital. Es entonces cuando la identidad se convierte en identificación que te permite o le permite a otros distinguirte a partir de tu ubicación en una trama clasificatoria en que toda diferencia se convierte en oposición. 

Es entonces cuando las circunstancias obligan a esa brutal simplificación que convierte la fragmentaria, compleja y contradictoria experiencia de cada cual en adhesión forzada o voluntaria, a veces hasta entusiasta, a una etiqueta sin la cual no es posible salir a jugar a la historia. Puestos a convertir lo sabido y lo vivido en decisiones políticas, concluyes que una ecúmene confraternal entre los llamados "pueblos de España" es la más improbable de las quimeras. Piensas que acaso puedas rescatar a Catalunya de los parásitos sociales que se han pasado décadas vendiéndola y ahora proclaman suya. Te imaginas que acaso se está ante una oportunidad irrepetible de volver a empezar y de inaugurar otra forma de vivir y convivir. Has entendido que, interpelado por los hechos, tienes que elegir, con la intuición de que lo más probable es que en algún lugar cercano del camino te espere la decepción. Pero los tiempos que corren no te esperan y uno acaba sumergiéndose en los acontecimientos creyendo que los protagoniza y que su devenir depende de ti. Consciente de su propia ingenuidad se siente uno entonces vanidosamente llamado..., y acude. 




dilluns, 10 de desembre del 2012

Ha muerto Teresa, alías Isabel Núñez, escritora, traductora y compañera de peligros



Detesto tener que decir cosas solemnes. La circunspección siempre se me ha antojado algo más bien ridículo, sobre todo cuando se aplica a la muerte de alguien que conociste y que significa algo para ti.

Ese es el caso de Teresa, Isabel Núñez o Bel, que murió hace unos días. Me escribió un correo Assumpta Roura para comunicármelo y se lo agradezco de veras. Digo Teresa porque es como siempre la había llamado. Supe que se llamaba Isabel Núñez una mañana en que coincidimos en la sala de actos de Belles Arts de la UB en la presentación de un libro en cuya edición ella había tenido algo que ver. Era a finales de los años 80. Me parece que trabajaba para la editorial que había sacado la obra, que tampoco recuerdo cuál era. Estaba tan bella como antes, cuando no sabía cómo se llamaba, a pesar de que teníamos una relación de mutua y profunda implicación vital. 

Luego nos vimos ya más asiduadamente a partir de 1996, que fue el año que quien entonces era su marido, José Aguirre –buen amigo–, me encargó comisariar la exposición “La ciutat de la diferencia” en el CCCB y para la Fundación Baruj Spinoza. Durante más de un año estuvimos trabajando juntos, José, Isabel, David Cirici y yo preparando la muestra. Fue una experiencia muy hermosa; con sus cosas, claro, pero de las que ya ni me acuerdo cuando las comparo con lo bien que me lo pasé con ellos y ella. Recuerdo que aprovechamos el vínculo para salir algunas veces en plan “matrimonio amigo”. José y ella y Carlota y yo, con nuestras respectivas descendencias, pasamos un par de días entrañables en Cadaqués.

Me fue pasando cosas suyas. Por ejemplo Du fond des méres. Correspondance entre deux femmes, un libro que había publicado en francés recogiendo las cartas cruzadas entre ella y Rauda Ramis a propósito de su experiencia como madre de Willy, gran muchacho, que con el tiempo acabó estudiando antropología. Ahora está de Erasmus en Bolonia. El libro lo sacó Urania en español en el 2003.

Luego estuvimos trabajando en un proyecto que era esencialmente una idea suya y que desarrolló ella sola también. Era una cosa sobre la visión que diversos escritores de lo que fue un día Yugoslavia tenían acerca de las guerras balcánicas de los años 90. Fue un proyecto que cobijó el ICA y que financió la Fundació Jaume Bofill. De aquello nació un libro: Si un árbol cae. Conversaciones en torno a la guerra de los Balcanes, publicado por Alba, que presentamos en La Central en un acto del que también guardo un gran recuerdo. En él se produjo un momento interesante cuando me atreví a preguntarle por qué había recabado la opinión de literatos sobre la guerra que había asolado su país, y no la de, por ejemplo, taxistas, porque no veía por qué la opinión de personas que escribían tenía que valor tanto más que la de los que conducían taxis. Eso era lo único que creo que nos separaba un poco: que ella sí creía en el "compromiso de los intelectuales", algo que siempre he tenido como una superchería del vulgo, que atribuye un valor especial a lo que digan ciertas personas por el hecho de que inventan historias y luego las escriben, a pesar de que su competencia intelectual sobre el tema en torno al cual se pronuncien sea escasa o nula.

Nos vimos más veces. Me complicó –y se lo agradezco– en la presentación de un libro genial que escribió vindicando un azufaifo, un ramnáceo del que  jamás había oído hablar y que, gracias a Isabel/Teresa supe que también se llamaba jinjolero o ginjolé en catalán, que era originario del sudeste asiático y que había uno en su calle, la calle Arimón, que estaba seriamente amenazado por una de las típicas movidas urbanísticas –léase inmobiliarias– que afectaban su barrio, Sant Gervasi. Un barrio, por cierto, del que muy poca gente sabe en Barcelona que, a pesar de su reputación de zona de clase media alta, contiene auténticas bolsas de miseria urbana. El libro se tituló La plaza del azufaifo y lo publicó Melusina con prólogo de Enrique Vila-Matas. La presentación la hicimos el 30 de junio de 2008 en la plaça Enric Folgueras; también estaba Enric Cassases, el poeta, del que me gustaría decir, sin sentir que exagero, que somos amigos. El último acto formal para el que contó conmigo fue para la presentación de Crucigrama, un libro casi de memorias que le publicó Galeria H20. Fue en enero de 2009, en La Central de la calle Mallorca. Me dicen que en algún párrafo habla de mí, pero la verdad es que no me he encontrado.

Pero sobre todo a quien he perdido es a Teresa. Teresa fue una camarada de las Joventut Comunista de Catalunya, en cuyo seno practicamos juntos la resistencia clandestina durante la terrible etapa final del franquismo. No estábamos en la misma célula, pero coincidíamos a veces en acciones y también en algún encuentro conjunto de las JCC de bachilleres. Pasamos juntos una buena parte de nuestra juventud escondiéndonos de la policía y haciendo cosas ilegales y peligrosas. Ahora no me acuerdo si ella llegó a caer; me parece que no, que tuvo suerte y nunca la pillaron. Luego, cuando tuve que apartarme de la organización por seguridad, dejé de verla. No sé por qué, pero nos recuerdo en un tren camino de algún sitio del Maresme para ir a una reunión. Quien más o quien menos, todos estábamos enamorados de ella. Era muy bella. Seguro que continua siéndolo en algún sitio. En mi memoria desde luego.

Para el bloc he recordado un vídeo de la presentación de su último libro, Mis postales de Barcelona (Triangle). Lo he tomado del canal de la editorial youtube.com/user/trianglemultimedia. Fue en abril de este año, en La Central del Raval y estaba con Javier Mariscal, que ilustraba la obra, y Pepe Ribas, el que fuera director de Ajoblanco. Por cierto, una de las últimas veces que me cruce con Teresa/Isabel iba con él. Era en la manifestación convocada por el 15M en junio del año pasado, después de los incidentes ante el Parlament de Catalunya.

Releo ahora las páginas de sus blog, que es una auténtica joya literaria. Me detengo sobre todo en la autocrónica que hace de sus últimas semanas y me siento profundamente impresionado. No sé si envidio o temo su lucidez. En cualquier caso, su lectura es una experiencia intelectual y humana inmensa. Es http://isabelnunez-zbelnu.blogspot.com.es/.

Lo que más me duele ahora es no haber estado con ella en aquellos momentos y muchos otros. Yo sé que nunca ocupé en su corazón el lugar que ahora ocupa ella en el mío.

dilluns, 3 de desembre del 2012

Entrega dels carnets del PCC i d'EUiA i d'una armilla de iaioflauta a Neus Català, darrera supervivent catalana dels camps d'extermini nazis





Ahir vàrem anar a Els Guiamets, al Priorat, una delegació del Partit Comunista a fer-li l’entrega dels carnets del PCC i d’EUiA a Neus Català, la única sobrevivent a l’Estat espanyol dels camps d’extermini nazis. Uns iaioflautes li van posar una de les armilles grogues que fan servir a les seves accions.

La Neus ara té 97 anys. Va ser militant de la Joventut Socialista Unificada de Catalunya durant la guerra i en acabada aquesta va travessar la frontera amb 180 nens d’un orfelinat. Després, com tants republicans catalans es va sumar a la Resistència francesa i es va encarregar de transmetre missatges i passar armes. La varen denunciar i va ser detinguda pels alemanys, que la van traslladar a Ravensbrück, on van morir 92.000 dones i d’on va ser alliberada pels americans el 1945. Després va tornar a Catalunya on es va incorporar a una altra resistència, en aquest cas l’antifranquista. La Generalitat li va concedir la Creu de Sant Jordi i l’any 2006 va ser anomenada Catalana de l’Any.

Ara viu al seu poble natal, on li van entregar els carnet en un acte ben emotiu i entranyable. Sobre us he posat dos fotos: la del camarada Joan Josep Nuet fent-li a mans els carnets i una de la colla que ens hi vàrem acostar amb ell i van compartir un dinar amb aquesta dona, que és d'aquells dels que parla Silvio Rodríguez a una cançó, que no lluiten un dia, una setmana o un any, sinó tota la vida. Aquestes, diu, són les realment necessàries.


Canals de vídeo

http://www.youtube.com/channel/UCwKJH7B5MeKWWG_6x_mBn_g?feature=watch