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dimecres, 17 de juliol del 2024

La etnografía como naufragio

Hombre bororo fotografiado por Claude Lévi-Strauss

Fragmento de la introducción a Claude Lévi-Strauss, Tristes Trópicos, Círculo de Lectores,
Barcelona, 1993.

LA ETNOGRAFÍA COMO NAUFRAGIO
Manuel Delgado

“¿Qué he venido a hacer aquí? ¿Qué espero? ¿Con qué fin?” Tales preguntas que el propio Lévi-Strauss se formula a sí mismo entre los indios, en medio de la selva brasileña, no tiene respuesta. O, si la tienen, se resume en el eco de ese popular estudio 3 del opus 10 de Chopin que el autor no puede apartar de su cabeza, nueva fórmula la magdalena con que Marcel Proust desencadenaba sus recuerdos en En busca del tiempo perdido, otra obra fundamental para dar con las fuentes de inspiración de Tristes trópicos. Lo que se contempla afligido y abochornado en los trópicos, esos indígenas abocados a la extinción más atroz, y a uno mismo, que había escogido escapar para reunirse con ellos y levantar acta de su desventura, es el reflejo difuso de una infancia en la campiña francesa y de todo lo vivido después y hasta entonces: puertos de las Antillas, imagen aérea del desierto del Thar, paseos por la playa del Índico cercanas a Karachi, calles de Calcuta, santuarios budistas de la frontera birmana... También nos advierte este libro sobre las culturas agonizantes de América que todo viaje es siempre una regresión, un desplazamiento que se produce aparentemente en la geografía pero que siempre implica un retorno a un pasado en cuyos pliegues se espera encontrar algo de claridad que el presente escamotea. 

Libro también sobre la memoria, Tristes trópicos pronuncia sus palabras en un lugar indefinido que se extiende entre el aquí  y el allá, entre el ahora mismo y el entonces, atando en las páginas de un libro lo que la vida se ha empeñado en separar. Octavio Paz lo entendió muy bien, y de ahí las palabras con que, aludiendo precisamente a Tristes trópicos, cierra su homenaje al pensador y etnólogo francés, Claude Lévis-Strauss o el nuevo festín de Esopo, incluido en el volumen X de las Obras Completas  del poeta mexicano que ha editado Circulo de Lectores: “Acto instantáneo, forma que se disgrega, palabra que se evapora: el arte de danzar sobre el abismo”.

El expedicionario en busca de otras civilizaciones de las que inquirir sus significados cuenta con una coartada científica para su exilio, pero la incomodidad sobre la que en su día vino asentarse su extraña vocación es de la misma especie que aquella que, antes, a otros que no gozaron de un pretexto tan sólido como el de una misión académica encomendada, les impuso la necesidad imperiosa de partir. No es sólo una manera de narrar experiencias exóticas lo que el antropólogo viviendo sobre el terreno adopta del viajero novelesco, ni lo que, en el sentido contrario, éste, sin saberlo, presagia de la mirada etnográfica. Cabría decir, más bien, que se trata de puentes recíprocos que dos formas de conocer la variedad humana –la científica y la poética- se tienden, como para confirmar sobre lo escrito lo que de una contiene la otra.

Figuras del resentimiento y la expiación, hubo quienes, nacidos en una sociedad que se había arrogado el derecho a imponerlo por la fuerza sus modelos a todas las demás del planeta, llegaron a la conclusión que ni su mundo ni su tiempo eran en verdad los suyos. Intuyeron que en algún lugar del presente debían haber encontrado un refugio en la decencia y la bondad que echaban en falta en torno suyo, y por ello decidieron emprender, a veces tan sólo con la fantasía, un viaje, no muy distinto de aquel otro que tuviera como protagonistas al Ulises homérico, que le llevara al encuentro a los restos de una humanidad añorada, aunque nunca vivida jamás por nadie. En unos casos fue lo único con que contaron, su experiencia real o imaginada de viajeros, lo que fue a parar a las hojas de libros clasificados luego como “de viajes”. En otros, un desacuerdo idéntico a ése fue a cobijarse en una profesionalidad reconocida, en cuyo nombre se tejieron piezas en que, como en este Tristes trópicos, las observaciones del naturalista interesado en la variedad de las culturas se hilvanaban con el testimonio de unos desajustes con la vida que sólo escribir sobre otros universos humanos había conseguido aliviar.

Ninguno de ellos, viajeros que, como Lévi-Strauss, odiaban loa viajes a los que su malestar les arrojaba, dio con lo que buscaba. Todos encontraron en los remotos parajes a donde fueron a parar, dibujándose sobre seres  extraños a cuyo interior nunca pudieron asomarse del todo, la sombras de la patria y la era que aborrecían y que creyeron haber dejado atrás. Todos acabaron descubriendo que su mundo y su tiempo no existían, ni habían existido antes, existirían jamás.

De su vano intento sólo quedaron relatos de aventuras y viajes llenos de desolación o libros de estudios saturados de datos y elucubraciones teóricas a propósito de civilizaciones lejanas, o, a veces, como en este Tristes trópicos, el fulgor que se produce al cruzarse ambas formas de representar de modo distinto una misma cosa. Todas esas obras, cada una a su manera, nos invitan todavía hoy a compartir lo más valioso de sus personajes y de quienes los concibieron: su propio fracaso. NiTristes trópicos ni ninguno de los libros de los que recibe y repite su luz es en realidad lo que parece: todos asemejan un libro de viajes, cuando son en realidad la crónica de un naufragio. He ahí la más cara de sus lecciones, la que nos evoca lo aprendido y lo que se quiere olvidar, ese tesoro de sabiduría encontrado que, no siendo el que partiera un día a hallar, no es por ello menos precioso, y que es tan sólo un silencio, una distancia ya irreversible hecha de ignorancia y de ternura.









dijous, 15 de juliol del 2021

Sobre el culto al método o el método como rito

Foto de Marc-Javierre Kohan

Comentario para Esther Vidella, estudiante de doctorado en la UB, enviado el 20 de agosto de 2018

SOBRE EL CULTO AL MÉTODO O EL MÉTODO COMO RITO
Manuel Delgado

Has de tener presente que lo que a veces llamamos "método" es una especie de dispositivo de producción de objetos/sujetos que son los mismos que se pretende estudiar, de manera que se hace pasar por incontestablemente reales los propios artificios categoriales que el "método" ha producido. Es así que la antropología acaba contribuyendo al filtraje de la realidad para hacerla menos compleja, rescatarla de la multidimensionalidad en que se agita. Es decir el método acaba siendo un instrumento al servicio de la producción de aquella misma realidad que proclama investigar.

Ese culto al método funciona pensando las cosas como limitadas y medidas, sean permanentes o temporales, pero siempre presupuestas como en reposo, sin energías que no fuera estríctamente finalistas, sin sustancia, sin corporeidad. Manteniendo en todo momento a raya todo cuanto pudiera antojarse desviación o errabundeo, evitando toda perturbación, apartado como un desecho cualquier cosa que se pareciese ruido. El método consiste entonces en una estipulación secuencial que asegura el no errar –en el sentido doble de no equivocarse y no vagabundear– y que no está hecha de etapas que no sólo se siguen unas a otras, sino también unas de otras. Requiere un recorrido completo que impide en principio olvidos, saltos, detenciones o desvíos.

Son estás: 1) Definir el origen de la investigación concreta; 2) Establecer las hipótesis derivadas. 3) Especificar las variables que la comprenden; 4) Determinar el diseño a emplear para la verificación de hipótesis. 5) Delimitar el campo de la observación. 6) Obtener la muestra necesaria correspondiente. 7) Elegir las técnicas de observación y compilación de datos pertinentes.8) Señalar el modo de tratamiento de los datos obtenidos. 9) Clasificar dichos datos. 10) Proceder al análisis de los datos. 11) Extraer las conclusiones adecuadas. 12) Exponer los resultados a través de un informe.

El problema de este sistema es que el proceso –de las premisas a la conclusiones– es concebido como un conjunto de relaciones regladas en que para ir del principio a la conclusión sólo habrá que seguir el procedimiento, lo que, a la manera de un rito mágico, garantizará la validez de la prueba.
Todo ello, además, provocando una sensación de que el proceso ha sido realmente autónomo. Es decir, el "método" gestiona relaciones intemporales entre variables y acaba deviniendo justamente eso: gestor de la misma realidad que previamente ha generado.

Lo que hay es que respetar más los hechos empíricos, lo que vemos, no someterlo a protocolos de investigación exageradamente formalizados, que acaban desestimando gran parte de la información disponible en nombre del cumplimiento de programas metodológicos dogmáticos, incapaces de ver nada que no se adapte a sus premisas y objetivos. Es de tal manera que la observación y la descripción se acaban convirtiendo en un masivo y acumulativo desperdicio de saber, confirmando ese defecto irónico en que el trabajo científico suele incurrir y que consiste en preferir lo inteligible a lo real.

Lo que se aspira da la impresión que sea configurar descripciones del mundo de forma que acaban siempre acomodándose a creencias y conceptos consensuados como incontestables por la comunidad científica –los valores y principios de lo que Bourdieu llamaba el campo científico–, modelándolos para que se ciñesen a las exigencias de guiones de trabajo de los que bajo ningún concepto había que apartarse: lo que él llama el "método".

El método, entendido de manera dogmática, lo que hace es acudir siempre en auxilio de teorías previas que deben ser confirmadas a toda costa. Eso fue lo que le dije: no se trata de acudir al terreno sin ideas ni intuiciones, sino de no someter los datos a esas predisposiciones y permanecer expectantes ante cualquier elemento que pueda desmentir o matizar lo dado por supuesto. La sujeción acrítica a un cuerpo teórico preestablecido que no cabía defraudar y a unos métodos de manual, cuya operacionalidad se daba por descontada, hacía que los proyectos que se derivaban –plan de investigación, modelo, hipótesis, variables por adoptar, instrumentos normalizados, muestra, grupo de control– acabaran convirtiéndose en sucedáneos inconscientes del examen directo del mundo social empírico. Es decir, que las preguntas que se formulaban, los problemas que se planteaban como centrales, los caminos que se decidía seguir, los tipos de datos que se indagaban, las relaciones que se tomaban en cuenta y la clase de interpretaciones que se aventuraban terminaban por ser el resultado del esquema de investigación, en lugar de ser producto de un conocimiento de la realidad  sometida a estudio.

¿No lo ves? En gran medida, la confianza ciega que a veces nos merece el método es una variante del papel primordial e irrevocable que asignamos al lenguaje, a la ideología, a la representación, a costa de un mundo empírico que parece habernos dejado de interesar hace mucho o que acaso hacemos lo posible para mantener a raya como sea. La formalización metodológica severa y la sumisión del trabajo investigador a los dogmas académicos funciona, de hecho, como una ritualización. Una ritualización no sólo en el sentido de que implica un conjunto de ceremonias de aproximación al objeto de conocimiento, sino en el de que asume la tarea de devenir instrumento destinado a aliviar la ansiedad epistemológica que provoca la inaccesibilidad de lo real, el abismo que se extiende entre lo pensado y lo vivido. 





diumenge, 11 d’abril del 2021

Sobre la importància del dibuix per a l'etnografia

Dibuix de Richard Burton d'un takh-rawan, un palanquí dels grans senyors àrabs

Comentari per Edouard Monneau, estudiant del Màster en Antropologia i Etnografia de la UB, enviat el 9 de maig de 2015

SOBRE LA IMPORTÀNCIA DEL DIBUIX EN ETNOGRAFIA
Manuel Delgado

Com vaig dir-te, és del tot pertinent una contribució de la teva banda a la vindicació del dibuix com a tècnica de recollida d'aspectes de la realitat que l'etnògraf preveu que no poden ser captats d'una altra manera. A l'assignatura Taller d'etnografia havia prohibit als meus estudiants usar càmeres fotogràfiques o de vídeo, que crec que s'anquilosen la percepció i la converteixen en maldestra i mandrosa. Ja saps que això no és que no cregui que el cinema o la fotografia no siguin suports pertinents en etnografia. S'han d'emprar, però evitant l'excessiva facilitat que procuren. I a més ja saps que em canso de repetir als estudiants que la càmera no és només un artefacte: és un model per a la mirada. No han de mirar a través d'una càmera: ells i elles han de ser una càmera. No han de mirar a través del cinema, sinó cinematogràficament, que no és el mateix. Quant al dibuix, és important reclamar el paper que va tenir i que encara mereix. Dibuixar -i li ho diu algú que no en sap- obliga a una perspicàcia i a una sensitivitat que el fotògraf i el cineasta naïf poden arribar a perdre si es rendeixen a la comoditat que suposa l'ús de pròtesis per a la mirada.

Sobre el precedent de l'ús del dibuix en etnografia ... Tots els grans viatgers que van precedir l'observació etnogràfica van dibuixar. Hi ha precedents encara més remots, com el del francès Olivier Perrin, a finals del segle XVIII, que va pintar les etapes de la vida d'un jove bretó, Corentin. Tant els etnògrafs i protoetnògrafs de l'exòtic, com els metges rurals del XIX, van emprar el dibuix per retenir la quotidianitat que observaven. Les revistes de viatges del XIX estaven plenes d'exemples d'aquest tipus de percepció. Busca exemplars del Magasin pittoresque o de Tour du Monde. Hi ha reedicions facsímils de llibres d'aquesta època. Vaig trobar no fa gaire, publicat per Olañeta, el llibre Viatge pels usos, costums i trages d'Àfrica, "obra adornada amb làmines il·luminades", publicat originalment en 1845. En aquesta línia de llibres de viatges del XIX amb exemples de dibuixos etnogràfics, l'Editorial Laertes té una col·lecció excel·lent, on hi ha llibres com el d'Isabella K. Bishop, Viaje al Pequeño Tibet; Viaje por el Nilo, de E.V. Gonzenbach, o Viaje a las estepas de Astrakhan y del Caúcaso, de Jan Potocki. En tots veuràs profusió de dibuixos.

Ara em ve al cap l'escena de "Las montañas de la luna", en què Richard F. Burton apareix dibuixant la vida ordinària dels poblats pel que va recalant en el seu viatge cap a les fonts del Nil. No puc amagar la meva fascinació per aquest personatge, que vaig conèixer -com tantes altres coses apassionants- de la mà d'Alberto Cardín, que havia traduït i editat diverses de les seves obres, totes amb els seus corresponents dibuixos. Aquí tens a mà, Mi peregrinaje a Medina y la Meca, en dos volums (Laertes); Viaje al país de los santos  (Laertes), sobre el seu viatge a Utah, el país mormó. Tinc per casa Relat personal d'un Pelegrinatge a Medina i La Meca (Quaderns Crema), que t''esmento perquè he vist que la majoria de dibuixos no apareixen en l'edició en castellà de Laertes.

Per descomptat que la fotografia i el cinema han arraconat el dibuix com a tècnica de captació de la realitat. Una penat. Hi ha excepcions. Griaule, Malinowski, Clastres ..., tots els grans etnògrafs van dibuixar objectes, però més rarament personatges o situacions. Alguns exemples més recents: la tasca de  Julio Alvar entre els purépecha del sud de Mèxic, en què el dibuix ocupa un lloc central. O els que va fer a Andalusia, que es van publicar fa no gaire Los dibujos etnográficos de Julio Alvar (Patrimonio etnológico y documental de Andalucía). O el de Julio Caro Baroja en Los hijos de la nube (Júcar), sobre els saharauís. Y, por suposat, parlant d'antropologia urbana, El pintor de la vida moderna, el text en què Charles Baudelaire ret homenatge a Constantin Guys, a qui ja havia dedicat el seu poema "Somni de París" en Les flors del mal


dissabte, 22 de juny del 2019

Enfocaments representantatius i praexològics de l'entrevista

Foto de Brian Soko
Consideracions metodològiques per a Rosa, estudiant del màster Antropologia i Etnografia de la UB

ENFOCAMENTS REPRESENTANTIUS I PRAEXOLÒGICS DE L'ENTREVISTA
Manuel Delgado

D’entrada, com vàrem quedar, un bon manual, on sempre trobaràs un apartat sobre l'entrevista com a mètode qualitatiu. Mira, per exemple, els de Xavier Roigé, F. Estrada i O. Bertran Tècniques d'investigació en Antropologia Social (Universitat de Barcelona); el de SJ Taylor i SJ; Bogdan, Introducción a los métodos cualitativos de investigación (Paidós), o el de Martyn Hammersley i Paul Atkinson, Etnografia (Paidós). En el llibre de Juanjo Pujadas sobre el mètode biogràfic, que hauràs d’utilitzar amb lo de Joan Prat que vaig dir-te al despatx pel tema de les autobiografies, hi ha també consideracions interessants sobre aquest tema: El mètode biogràfic (CIS). I una cosa ben recent: l’article de Jordi Roca “Les entrevistes”, dins el manual de Joan Josep Pujadas i Dolors Comas, Etnografia (UOC). El llibre de Fernando Giobellina del que vaig parlar-te és Sentidos de la antropología, de Fernando Giobellina (Universidad de Cádiz), que ja veuràs que incorpora un apèndix molt interessant sobre l'entrevista com a mètode.

La perspectiva diguem-ne escèptica sobre l’entrevista com a mètode que m’agradaria que tinguessis en compte i que és la que faig meva és la que et resumeixo ara, a partir dels apunts de classe que així no caldrà que t’envii. És aquella que la contempla com un esdeveniment comunicacional en el decurs del qual els interlocutors, incloent-hi el propi entrevistador, construeixen col.lectivament una versió del món. Has de mentalitzar-te que l'entrevista no és només un simple mètode de compilació de dades, una mena de dispositiu neutre l'eficàcia i bon funcionament del qual es donen per descomptats i no han de ser posats en qüestió. Ben al contrari, el desenvolupament d'una relació entre investigador i informador ha de ser concebut en termes d'intercanvi comunicacional problemàtic que, en tant que recurs metodològic, pot ser vist sota dues perspectives:

1. La “normal”, segons la qual l’entrevista com una manera de recopilar, explicitar i estabilitzar després en forma d'anàlisi uns determinats continguts objectivables gràcies al control sobre la situació en la que es du a terme la indagació. En aquest cas l'objectiu últim és que l'entrevistador convenci i es convenci a si mateix de la seva pròpia invisibilitat, o, si més no, de la reducció al mínim nivell de la seva intrusió. Els resultats obtinguts en forma d'informació són objectivats, validats automàticament, igual que passa amb descripcions d'altres activitats produïdes en altres contextos.

2. La que m’agradaria que tinguessis en consideració, encara que fos posant-te les coses una mica més difícils. Aquesta perspectiva entendria que l’entrevista és un esdeveniment en el transcurs del qual l'informador i investigador negocien conjuntament pressupostos, posicions, visions de les coses, proposicions contingents sobre la realitat. En aquest cas, l'entrevistador no només no escamoteja la seva presència, sinó que la reconeix com constitutiva de la pròpia situació en curs. Les informacions obtingudes no informen tant d'esdeveniments succeïts en altre lloc, en altre moment, com de la naturalesa coproduïda per la pròpia trobada entre informador i investigador, una eventualitat dotada de la seva pròpia lògica interna i organitzada a partir d'una intel.ligibilitat construïda entre els participants en aquesta trobada. Això implica que l'entrevista com informació informa de l'entrevista com context particular que no pot ni ha de ser descontextualitzat.

Et trobes doncs davant dues formes de concebre l'entrevista com mètode. La primera és una concepció representacional, que entén l'entrevista com un recurs desconflictivitzat, innocent, transparent, al que s'encomana la tasca de permetre que un informant transmeti netament una determinada informació a l'entrevistador. Es tracta d'un concepció naïf i no problemàtica de la trobada entre informant i investigador. Aquest darrer se suposa que controla tots els paràmetres de la trobada, el que el permet obtenir respostes “veritables” a les seves preguntes. Tot això pressuposa, per descomptat, que ambdós comparteixen un mateix codi i que atorguen idèntic significat a les paraules i les frases que van apareixent al flux comunicacional, amb la qual cosa la seva relació pot qualificar-se de simètrica i igualitària. La segona concepció pot definir-se com interaccional i praxeologia i és pròpia de la concepcions que del discurs es fan la sociolingüística interaccional i l’etnometodología, de la qual, al seu torn, depenen les teories de la conversa en general. N’he fet algunes al·lusions a classe.

L'entrevista, des d'aquest punt de vista, és contemplada com una acció que, com tota acció discursiva, no pot separar-se del context en el que és realitzada, de les situacions en les quals emergeix i a les quals serveix. Com interacció que és, l'entrevista és una entitat autoorganitzada endògena ment, elaborada col.lectivament en el decurs de la seva pròpia execució pràctica. És cert que depèn de factors externs preexistents, però en bona mesura, el seu desenvolupament dependrà d'un procés constituent local. La seva existència no es pot reconèixer com formant part d'un univers social predefit i estable, sinó d'una conformació societària que està en procés permanent de construcció i que podem veure configurar-se sobre la marxa i in situ.

La diferència entre aquestes dues concepcions de l'entrevista –la representacional i la interaccional i praxeologia– és que la primera no deixa mai de pensar el discurs com una realitat estabilitzada i estàtica, mentre que la segona treballa amb el pressupost que el discurs és una forma interminable i indeterminada de dinàmica social. Segons la perspectiva interaccional, la informació obtinguda en una entrevista no és, per tant, una descripció de successos, sinó un succés en si mateix, una acció que no explica res, sinó que ha de ser explicada. També l'entrevista –com altres esdeveniments discursius– desmenteix la presumpta separació entre llengua i acte, entre dir i fer. Parlar és actuar, dir és fer. I viceversa. La perspectiva interaccional i praxeologia ja no contempla la interacció entre informant i informat –l’investigador sobre el terreny que fa l’entrevista- ja no com una relació no problemàtica entre paraules i conductes, sinó com a un procés de construcció negociada de la realitat. La informació obtinguda no remet a fets objectivables ocorreguts abans i fora de la interacció en la qual s'obté, sinó a aquesta mateixa interacció, de manera que no pot esbiaixar els termes en els que aquesta es desenvolupa.

Tot això implica que el que ha de ser analitzat –l'objecte de coneixement– no és el que diu l'informant, sinó el seu dir, és a dir la manera com argumenta per a reafirmar la veritat del seu propi discurs, com ordena i proveeix de raonaments plausibles –demostra, mostra com evident, dóna per descomptat, justifica, explica...– els fets dels quals parla, l’estat de coses que van emergint en el decurs de la conversa, com els va dotant de intel.ligibilitat, com els ajusta entre si per a dotar-los de coherència, com procedeix a la seva pròpia tematització com informant. Tot això està en la línia d’una autora a la que et recomano que t’acostis, que és Lorenza Mondana. El llibre que vaig dir-te es diu Décrire la Ville. La construction des savoirs urbains dans l’interaction et dans le texte (Anthropos). La segona part és preciosa de cara a una etnografia de la pròpia etnografia, si més no pel que fa a l’entrevista com a mètode.

Tot això de banda del que vaig dir-te sobre la perspectiva dramatúrgica i performativa que tant t’interessava. Si realment la vols aplicar, fes-ho entenent que la pròpia entrevista ja és una actuació teatral i una performance. Si vols veure l’entrevista des d’aquesta perspectiva que la contempla com una posta en escena interaccional, mira’t coses com aquestes: G. Button i N. Casey. "Topic nomination and Topic Pursuit", Human Studies (1985); 3-55; G-Button, "Answers es Interactional Products: Two Sequential Used in Interview", Social Psychology Quarterly (1987) 160-171; L. Suchman i B. Jordan. "Interactional Troubles in Face-to-Face Survey interviews", American Statistical Association (1990). I un article que t’hauria de resultar especialment revelador: el de D.R Watson i T. S. Weinberg. "Interviews and the Interactional Construction of Accounts of Homosexual Identity", Social Analysis (1982).

Una darrera recomanació bibliogràfica per al tema de l’entrevista: els capítols sobre ella al totxo de Juan Manuel Delgado i Juan Gutiérrez, Métodos y técnicas cualitativas de investigación en ciencias sociales (Síntesis). És molt complet i t’anirà perfecte.




dijous, 30 de maig del 2019

Autorretrato del antropólogo anonadado

Foto de Jaden Nyberg en Tonga
Reseña de James Clifford y Geoge E. Marcus. ed. Retóricas de la antropología. Gijón : Júcar, 1991, 390 p., publicado en Babelia, suplemento de libros de El País, el 2 de noviembre de 1991.

AUTORRETRATO DEL ANTROPÓLOGO ANONADADO
Manuel Delgado  

Una buena oportunidad de ponernos al día acerca de las últimas tendencias en antropología es ésta de la aparición entre nosotros de un texto fundacional del etnodeconstructivismo norteamericano, Retóricas de la antropología. Estas Retóricas vienen a ser como las actas del seminario que reuniera en Santa Fe, en 1984, a la plana mayor de quienes estaban trabajando a partir de la tipificación de lo etnográfico como construcción-textual de realidades más o menos exóticas. El volumen reúne así las teorizaciones tanto de los compiladores, Clifford y Marcus, como de algunos de los máximos responsables de la creciente literaturización de la labor de campo en etnología: Rosaldo, Pratt, Cranpazano, Tyler, Asad, Rabinow y Fischer.

En realidad, esta nueva corriente no significa otra cosa que una traslación a los herederos de la nueva etnografía, y la etnociencia americanas de los sesenta, del efecto revelador que causara en la crítica literaria americana –el Grupo de Yales: Hartman, Miller, Bloom, Paul de Man- la presencia física entre ellos de Lacan y Derrida, y la predisposición a interaccionarse con cierta forma francesa de tratar la hermenéutica alemana que culmina en Heidegger. Los elementos son prácticamente los mismos, y los reunidos –federados, cabria decir- en Santa Fe no hicieron sino reclamar para la etnografía lo que se había apremiado para la textualidad en general: una nueva tensión no exenta de ironía, la suspicacia ante la palabra, la escritura como una forma de conciencia, la exaltación de la alegoría –tan poco ajena a Benjamin y a sus lecturas del barroco-, la denuncia del positivismo y del formalismo no estructuralista precedentes, etcétera.

Lo que no debe entenderse como un préstamo unidireccional. De hecho, los de Yale se presentaron como un desarrollo último de la antropología de Cambridge y, por otro lado, la etnografía escritural¸ que aquí despliega sus argumentos no deja de ser el encuentro de los americanos con la gran tradición de la monografía etnográfica francesa, sin duda-, Griaule, Soustelle, Maurice Leenhardt, Lévi-Strauss, etcétera. Así, leyendo la aportación al volumen de Stephen A. Tyler –casi un manifiesto-, con su llamada a dar prioridad al ensoñamiento evocador en el discurso etnográfico, a uno le viene automáticamente a la cabeza Lo exótico es cotidian, la obra de Georges Condominas sobre los moi vietnamitas.

El cuadro especulativo que conforman esta Retóricas viene a ser, en principio, el resultado de autoaplicarse la antropología aquel mismo conocimiento disolvente con el que se venia delatando las artimañas semánticas que sostenían lo aparente de las culturas, crecientemente contempladas en términos textuales por una disciplina cada vez más semiologizada. Puestos a ejercer su proverbialmente negativa crítica, lógico era que la inteligencia etnológica estallara con sólo mirarse al espejo, para ceder su lugar a una etnografía policroma, a una suerte de fantasia objetiva que no interpreta, ni compara, ni verifica, que renuncia a indagare sobre el sentido y que se conforma con no decir mentiras, por mucho que se sepa y se quiera incapaz de decir la verdad.

Una antropología que ya se reclama explícitamente posmoderna,  cuya vocación suicida es compatible, con un descarado narcicismo, exaltación de la perplejidad de la experiencia de campo y que describe los materiales observados en tono de un romanticismo perverso. Consecuencia todo ello, es la constatación de que el trabajo sobre el terreno es el último y único rasgo singularizador que evita la disolución de la antigua ciencia de la cultura en la historia, la sociología, la literatura de viajes o el periodismo.

Y una antropología que se jacta de su anonadamiento para hacer de él la paradójica clave su su éxito actual. Porque, no nos engañemos, la posmodernidad ha venido a hacer del desconcierto reinante en la etnología tanto su reflejo como su modelo, y del antropólogo un nuevo sacamuelas, un charlatán de feria al que una y otra vez se convoca para que distribuya entre los mortales un poco de su lúcida confusión.


divendres, 16 de juny del 2017

Elogio del dzogchen budista como apertura a la percepción radical de lo cotidiano. Comentario a una entrada de ST

Respuesta a un comentario de ST en el blog.

ELOGIO DEL DZOGCHEN BUDISTA COMO APERTURA A LA PERCEPCIÓN RADICAL DE LO COTIDIANO
Manuel Delgado

Hace un tiempo, ST colgó un comentario a algo que escribí sobre el ateísmo budista, es decir sobre la ausencia en el budismo de cualquier cosa que no esté condenada a disolverse y perecer, y menos una persona trascendente y providencial, un poco en la línea del clásico de Helmut von Glasenapp (Barral). ST hacía un apunte muy apropiado sobre el dzogchen, seguramente, como señalaba, la enseñanza más alta del budismo de base tántrica y el nudo central de la escuela Ñingmapa y de la tradición Bön. Remitía a este video que cuelgo arriba, con la locución de un texto de Dilgo Khyentse Rinpoche y a un número de la revista Cuadernos de budismo: dharmatranslation.org/pdf/Revista_de_Estudios_Budistas-2.pdf.

Me interesa hacer notar el valor de esa reflexión de ST y ese elogio del dzogchen que él hacía y yo comparto plenamente. Por la manera que interpela a la vida cotidiana e incorpora una profunda reflexión sobre la importancia de la percepción inmediata, por cómo advierte de los peligros de la ilusión del sujeto, es difícil no sentirse identificado con su mensaje y no hacer notar la afinidad que hay entre la apertura sin límite ante todas las circunstancias que postula y el propio nombre de este bloc: el corazón de las apariencias. Conexión profunda con lo exterior, lo que está ahí, “sin tratar de escondernos dentro de nosotros mismos como la marmota que se oculta en su madriguera”, sin intentar mantener puntos de referencia fijos que nos “alejen de la experiencia directa de la vida cotidiana”, permanenciendo “presentes en el momento”. ¡Qué error es el tópico según el cual el budismo es un entrenamiento para el conocimiento interior”. El dzogchen no enseña justo lo contrario, “comprender que el objetivo de la meditación no es sumergirnos “profundamente” en nuestro interior ni retirarnos del mundo”.

Tanto en las clases de antropología religiosa como en las del taller de etnografía tengo que hacer un esfuerzo inmenso para que la gente de clase haga un esfuerzo por acallar ese tonto presuntamente interior, ese corazón al que la burguesía, como escribía Marx, “cargo de cadenas, luego de haber liberado de cadenas el cuerpo”. En religiosa es fundamental para que los y las estudiantes se desprendan del prejuicio psicologista a la hora de analizar los fenómenos rituales, pero más difícil es la lucha contra el sujeto a la hora de entrenar a quienes aprenden el oficio para que aprendan a adherirse a los hechos, abrirse a ellos, a lo que de ellos nos informan los sentidos, como única vía que permite ponerlos en relación con otros hechos configurando constelaciones coherentes.

Ese es el esfuerzo en que me empeño a la hora de hacer entender esa expectación ante lo que está ahí, que es no lo que consiste la tarea del etnógrafo sobre el terreno, que no es otra cosa que reconocer y actualizar el axioma de toda perspectiva científica: el mundo existe, está ahí, y los humanos podemos conocer algo de él si lo observamos con detenimiento. Se trata de una actitud, una predisposición a entender que la etnografía es ante todo una actividad perceptiva basada en un aprovechamiento intensivo, pero metódico, de la capacidad humana de recibir impresiones sensoriales, cuyas variantes están destinadas luego a ser organizadas de manera significativa. El trabajo etnográfico consiste pues en una inmersión física exhaustiva en lo tangible –esa sociedad que forman cuerpos móviles y visibles, entre sí y con los objetos de su entorno–, con el propósito de, en una fase posterior, convertir las texturas en texto –la etnología– y el texto en análisis que permitan hacer manifiesto el sentido de lo sentido: la antropología propiamente dicha.

Nada debería justificar una renuncia a la observación directa de los hechos sociales y al intento honrado de –con todas las limitaciones bien presentes– explicar posteriormente lo observado, en el doble sentido de relatarlo y advertirlo en tanto que organización. Todos los etnógrafos o aprendices de etnógrafo deberían leer detenidamente la Fenomenología de la percepción, de Merlau-Ponty (Península), para asumir como propio el mismo tipo de posición sensorial y casi somàtica que atiende un mundo exterior del que hace apología, y que nos llega a través de lo que flota en la superficie –pero que no es superficial–, lo sentible, lo que surge o se aparece. Regreso a lo dado, entendido como lo entendía Hume, a decir de Deleuze: “El flujo de lo sensible, una colección de impresiones e imágenes, un conjunto de percepciones” (Empirismo y subjetividad, Gedisa). Pasión casi naïf por ver, escuchar, tentar...; urgencia por regresar a las cosas anteriores al lenguaje, por aprehenderlas y aprender de ellas. Apuesta por una ciencia no de lo que es o de lo que somos, sino de lo que hay y de lo que hacemos o nos hacen. Esfuerzo también por tratar de transmitir a otros lo percibido lo más lealmente de que seamos capaces, haciendo que nuestra traición a los hechos, convirtiéndolos en lenguaje, sea lo más leve y perdonable que hayamos merecido.

Palabra: los fenómenos están ahí y hay fenómenos. Creo interpretar que esa es la esencia de la apertura radical al mundo que pretende la práctica del  dzogchen, es decir del ejercicio de “experimentarlo todo completamente”. Nueva prueba de esa conexión entre la negatividad y el escepticismo propio del relativismo cultural antropológico y lo que entendió y nos dio a entender un sabio inmóvil bajo un árbol hace dos mil quinientos años, una lucidez que el entendimiento humano no ha sabido superar. Y ya no es sólo la dimensión al mismo tiempo epistemológica y deontólogica que implica el íntimo distanciamiento que antropología y budismo reconocen en común –notado por Lévi-Strauss, por Ruth Benedict, por Gregory Bateson….–, sino ahora también como recomendación metodológica.

La antropología sólo puede existir en el plano personal como desprecio hacia esa superstición típicamente occidental a la que llamamos sujeto, ese personajillo triste y de exigencias exasperantes al que recuerdo que C. Humphreys llamaba de manera muy acertada en un libro que me marcó en su día, titulado Explorando el budismo (Siglo XX): “ese mono charlatán, que al final se disuelve”.


dissabte, 21 de maig del 2016

Algunas dudas éticas surgidas durante el trabajo de campo


Mensaje para Cecilia Vergano en respuesta a algunas duras éticas surgida en el transcursod de su trabajo de campo en un campamento rom en Turín. Enviado en enero de 2012.

SOBRE ALGUNAS DUDAS ÉTICAS SURGIDAS DURANTE EL TRABAJO DE CAMPO
Manuel Delgado

Los problemas éticos en la ejecución del trabajo de campo “son” el trabajo de campo. No exagero. Una buena parte de todo informe etnográfico debe reflejar las cuestiones éticas que ha de dirimir consigo mismo todo investigador. No olvides que en eso consiste la característica fundamental de la labor etnográfica, lo que resulta de que seas tú misma quien constituye el artefacto con el que se obtienen las muestras a analizar, la que se enfrenta con eventualidades en las que lo que está en juego es una misma, quien literalmente se expone incluso físicamente en cada avatar en el que se ve comprometida. Eso es justamente la etnografía.

Por lo tanto no te prives de problematizar tu propio papel y, es más, no soslayes esa problematización en lo que luego escribas, porque es importante para conocer las condiciones subjetivas –que son objetivas también– que han determinado la propio observación.  Es curioso, pero el otro día les leía a los estudiantes de primero, los de la asignatura de Introducción a la Antropología Social el texto de Lévi-Strauss en homenaje a Jean-Jacob Rousseau (está en Antropologia estructural dos, Siglo XXI), en el que justamente explicaba que la antropología nació y se desarrollo sin que las cuestiones científicas se acabasen de separar de los cuestionamientos morales con las que había  nacido la propia disciplina, siempre por esa razón que te preocupa a ti: la de cuál en la naturaleza última de la naturaleza humana, esa naturaleza que compartimos con nuestro objeto de conocimiento, y11 en qué forma nuestra presencia donde sea siempre sugiere una superioridad de la expresamos al tiempo la evidencia y la voluntad de expiación.

O sea que me parece perfecto que no veas en lo que haces más que problemas. Recuerda lo que siempre te repito, evocando Deleuze: un problema nunca es un obstáculo; al contrario: un problema es la superación de un obstáculo.

Algún apunte suelto sobre una cosa que dices: hablas de cómo la “miseria material en este tipo de situaciones conlleva también miseria moral, maldades, envidias, cotilleos difamaciones, rivalidades”. ¡Como si la abundancia no trajera consigo esas mismas consecuencias!

Ni una palabra más sobre lo de tu beca de investigación. Faltaría más. Estás trabajando. Además, ya me encargaré de que te merezcas lo que te pagan. No te dejaré descansar. Al final conseguiré que llegues a la conclusión de que te pagan poco. 

Lo de hacer pública tu presencia y su objeto, innegociable. La investigación encubierta es del todo inaceptable desde nuestra deontología como antropólogos. No así lo de pagar informantes. Se hace y se puede hacer. A veces se debe hacer. 

Lo que me explicas sobre tu relación con quienes has establecido como tus informantes bien informados, como diría Harris, es del todo correcto. Entiendes que, en efecto, la relación con las personas que conforman un modelo etnográfico son siempre complejas, están llenas de paradojas y contradicciones, pero siempre se han de desarrollar negociada y dialogadamente, y, por supuesto, desde la más absoluta honestidad contigo misma y con ellos y ellas. Es en ese sentido que debo devolverte la pregunta que me haces a propósito de si estás haciendo bien lo que haces o no. La respuesta debes buscarla en ti, en lo que piensas, en quien eres…, sin dejar de pensar que existe un peaje en forma de malentendidos y contrasentidos que no vas a poder dejar de pagar…, ni es tu trabajo de campo ni en tu vida. O sea que ya sabes, no me queda más que contestarte una cursilada del tipo “escucha a tu propio corazón” o algo por el estilo.

Tú piensa que la relación que mantienes con tu modelo etnográfico conforma un ejemplo más de interacción y está sometida a las mismas ambigüedades y enredos que las que conforman tus relaciones con los demás, incluyendo las que mantienes conmigo, sin ir más lejos. 

Lo que te lo estás pasando un poco mal me parece lo más lógico. No has ido hasta allí para divertirte. Es curioso, pero te prometo que eso fue exactamente lo que me dijo Gerard Horta cuando lo fui a recoger al aeropuerto, a él y a Dani Malet, de vuelta de Cabo Verde. También a él le dolía la miseria que le rodeaba y también él se lo pasó mal en el terreno. En otras palabras que tus dudas son las dudas que corresponde tener. Las tienes porque eres una antropóloga sobre el terreno y sabes que eso significa que estás del lado de quienes te mandan –en el doble sentido de quienes te ordenan y quienes te envían–, que son, en última instancia, los mismos causantes de esa desgracia ajena que te aflige.

Pero esa cuestión no tiene solución posible. Nada nos puede consolar si lo pensamos detenidamente, había escrito Pascal. Vive con ese dilema y procura ser todo lo honrada que seas capaz, sabiendo que nunca podrás dejar de ser, en el mejor de los casos, un poco traidora. Mira de serlo lo menos posible.

Busca, como yo, la mejor manera de merecer tu propio perdón. Es todo lo que podemos hacer tanto tú como yo.






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