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dimecres, 30 de juliol del 2025

Los restos del mañana

Foto tomada de florangelilobo.deviantart.com/

Reseña del libro Ciudad de cuarzo. Arqueología del futuro en Los Ángeles, de Mike Davis, con motivo de su publicación por la editorial Lengua de Trapo, de Toledo, en 2003, traducido por Rafael Reig. El artículo apareció en el número 62 de la revista Archipiélago, el 2004.


LOS RESTOS DEL MAÑANA
Manuel Delgado

Si es una feliz noticia la aparición en castellano –tardía, pero aún pertinente– de Ciudad de cuarzo, de Mike Davis, es, en primer lugar, porque nos brinda una pieza básica de esa teoría urbana radical –todavía del todo vigente– que se desarrolló en el Southern California Institute of Architecture y que tuvo en New Left Review su principal medio de expresión. Injusta e injustificadamente inédita hasta ahora aquí, la obra de Mike Davis resulta indispensable para entender la historia del pensamiento crítico en temas urbanos. Además, la novedad nos hace más accesibles las fuentes no ficcionales del sistema de representación cyberpunk y nos informa de hasta qué punto el mundo de Matrix es menos fantástico de lo que se supone. A otro nivel, nos sirve para contrastar distintas perspectivas que han hecho de Los Ángeles una ciudad buena para pensar el mundo urbano contemporáneo.

A este último respecto, hay algo que puede llegar a exasperar cuando uno percibe –especialmente en América– los estragos de la popularización en el ámbito de los saberes urbanos de los dialectos derivados tanto del postmodernismo intelectual como de los llamados estudios culturales. Vayas donde vayas, recibes idéntica impresión de que basta con manipular adecuadamente una determinada jerga –idéntica en todos sitios– para producir espesas conclusiones acerca del estado actual de las ciudades propias y extrañas. Tómense valores teóricos abstractos como simulacro, sobremodernidad, ciudad fractal, post-metrópolis, digitalización, sociedad-red, no-lugar...; mézclense con cierta habilidad y sazónese el producto con invocaciones distribuidas aleatoriamente a Baudrillard, Adorno, Deleuze, Foucault, Certeau, Derrida, etc. El precipitado resultante será rápidamente acogido como una aportación más a los análisis estándar sobre la nueva ciudad tardocapitalista, aplicable a cualquier contexto social, político o cultural que se preste.

Un par de los referentes mayores a los que suele remitirse este tipo de perspectivas –vulgarizadas ya hasta lo insoportable– son los textos clásicos de Fredric Jameson o de Edward Soja sobre Los Ángeles, ciudad presentada como una especie de laboratorio en que contemplar –como si fuera una bola de cristal– ciertas tendencias de los macroprocesos de metropolización actualmente en marcha: des y reindustrialización, externalización de la mano de obra, te-matización, desarticulación de la dialéctica centro-periferia, etc. Esas son las ideas divulgadas en Cultural Logic of Late Capitalism, de Jameson, o en Post-modern Geographies, de Soja, que convierten Los Ángeles en paradigma del desarrollo urbano del cambio de siglo, basado en la interdependencia y la mun-dialización. Esas visiones globalizadoras sobre la globalización acaban produciendo una especie de sensación contradictoria. Por un lado, despiertan rechazo ante el despotismo y la injusticia que rigen las nuevas relaciones socia-les en esa supuesta metrópolis planetaria de la que el modelo es la ciudad californiana; pero, al tiempo, cuesta evitar una cierta fascinación por el averno urbano futuro que Los Ángeles concreta ya ahora.

En las antípodas de semejantes pretensiones generalizadoras, Ciudad de cuarzo se caracteriza por una voluntad muy distinta a la de los teóricos de la escuela de Los Ángeles, a los que Mike Davis se ocupa de criticar en un sentido parecido. Lejos de levantar una teoría general sobre los efectos del liberalismo mundial en los contextos urbanos, sin concesiones al folklore discursivo post-moderno o a la pasión banal por lo banal de los estudios culturales, en este libro hay un esfuerzo minucioso por encontrar en Los Ángeles los restos semienterrados de su propio futuro. Ciudad de cuarzo es una inhumación de lo que estando por llegar, ya está aquí, es decir allí, en Los Ángeles.

El objetivo de la indagación de Davis es dar a comprender cómo se produce el proceso que llevó a la ciudad californiana a ser lo que era a finales de los 80 y lo que ha continuado siendo después, en una dinámica de la que el episodio inmediato –ya presagiado de algún modo en el libro– fue la gran explosión de violencia que sacudió la ciudad en 1992, como consecuencia del caso Rodney King, y que ha culminado hace poco con el nombramiento como gobernador de California de Arnold Schwarzenegger, encarnación literal de la brutalidad como forma de gobierno y retórica de poder. Las claves que resumen el sentido del trabajo de Davis están explicitadas en los ejemplos que lo encabezan y lo cierran. En la apertura, Davis nos describe las ruinas de lo que fuera el reducto utopista de Llano de Río, comunidad socialista levantada en el cercano desierto de Mojave en 1914 por cientos de ciudadanos de Los Ángeles, que intentaron realizar unas razonables expectativas de democracia radical en California. 

El último capítulo, cuyo elocuente título es “El vertedero de sueños”, describe la historia y el presente de Fontana, un suburbio hoy supercontaminado, violento y desapacible, que un día fuera el escenario de paulatinos ensayos por realizar topográficamente el sueño californiano, primero en clave agrícola-rural, luego, en la década de los 40, industrial. Ahora, Fontana es un estercolero donde se amontona el fracaso y la chatarra social, los restos arruinados de lo que fueron las visiones que Jefferson y de Roosvelt tuvieron para Estados Unidos y que se pensó que podían encontrar en Los Ángeles su epifanía.

Pero no hay nada en Ciudad de cuarzo que legitime una teoría general sobre cómo se domina hoy a las ciudades y a sus habitantes. Hay elementos del paisaje que describe Davis que nos podrán resultar casi exóticos, como la proliferación de corrientes científico-esotéricas con un ascendente sobre las cla-ses hegemónicas más que notable o el papel central que asume una Iglesia católica cada vez más servil con los poderes, por mucho que en su seno se registren los mismos conflictos geopolíticos que comprometen el sur californiano. Más complicado es encontrar paralelismos a otras derrotas mucho más locales, por mucho que el imaginario cultivado las haya hecho universales: la izquierda hollywodiense perseguida por McCarthy, dos o tres generaciones de novela negra o la presencia de exiliados gloriosos como Brecht, Adorno, Horkheimer, Stravinsky, Mann, Schoenberg, Döblin... Todo ello ha acabado siendo tan popu-lar casi como Chinatown o las imágenes de "Blade Runner" o "LA Confidential", pero es, sin discusión, un producto local. Como lo fueron los pioneros del izquierdismo californiano, los debunkers de principios de siglo, con la obra de uno de los cuales –Louis Adamic– mantiene Davis una indisimulada deuda. 

Como lo es la guerra civil de baja intensidad contra y entre las bandas, que ha convertido Los Ángeles en una ciudad en estado de excepción, en la que la policía goza de poderes desmesurados que usa para imponer un auténtico régimen de terror, un asunto al que el propio Davis dedicará más tarde su Ecología del miedo (Virus). Por muchas analogías que se quiera encontrar, la conversión de ciertos barrios o propiedades en baluartes fortificados que Davis nos describe, y que se generalizan cada vez más en todo el continente americano, es difícil que lleguen a vencer las ideologías republicanas sobre el espacio público que resisten en Europa. En otros casos podemos reconocer expresiones locales o puntos de partida de corrientes de espectro mundial, como los communards, expresión losangelina de la contracultura de los 60, o su caricaturización posterior bajo la forma de new age.

En otros casos, más allá de su cualidad como inventario de los agravios y naufragios que han dado forma al Los Ángeles de finales del siglo XX, hay mucho en la obra de Davis que sí que nos da una idea de por dónde han ido las cosas en la organización de las grandes ciudades a nivel planetario. No tenemos que cambiar de país para ver los resultados de la especulación del suelo a gran escala, cómo se hostiga a cualquiera que se niegue a colaborar, la declaración del estado de sitio para los inmigrantes, los movimientos masivos de gentrificación, la escenificación de los discursos hegemónicos en forma de grandes proyectos-espectáculo, etc. 

En cada sitio, los nuevos modelos de desarrollo regional y la manera de intervenir en arquitectura y urbanismo al servicio de la economía postindustrial son distintos, lo que no impide que reconozcamos ciertos rasgos descritos en Ciudad de cuarzo en Barcelona o en Singapur: la fiscalización policial de la calle, la violencia de clase como instrumento al servicio de la construcción de la ciudad, la depredación irresponsable de la naturaleza, el acoso contra la disidencia, el aumento de las polarizaciones sociales, el inmenso poder de los promotores inmobiliarios, el desmantelamiento de la atención pública, el despliegue de grandes maquinarias discursivas al servicio de la legitimación de proyectos de control y explotación, la criminalización de la miseria...

Pero todos esos rasgos no son una mutación asociable a una ulterior fase del capitalismo: son la agudización de la propia apropiación capitalista de la ciudad, de cualquier ciudad y desde que el capitalismo existe. Estamos ante la prueba de la recurrencia de las técnicas que le han servido al capitalismo durante casi dos siglos para depredar las ciudades y mantener a raya la amenaza que para sus intereses y su tranquilidad siempre supuso el despliegue no controlado de lo urbano. Nada que no estuviera ya en la descripción que Engels hace del Londres de 1840 en La situación de la clase obrera en Inglaterra, una obra de la que Ciudad de cuarzo no deja de ser un equivalente próximo. Nada en las nuevas versiones de la brutalidad urbanístico-militar que no conocieran las ciudades europeas a lo largo del siglo XIX. Decididamente, Haussmann vive. Por lo demás, que se sepa, el capitalismo nunca ha dejado de ser salvaje.

Así pues, el trabajo de Davis es lo que quiere ser: no una contribución a la pirotecnia postmodernista ni al mejunge mal digerido de los cultural studies, sino la narración –o la contranarración, si se prefiere; explicativamente eficaz, literariamente bella– de cómo se ha llegado a una situación de síntesis entre terrorismo de Estado, explotación económica, embrutecimiento creciente de las relaciones de clase y culto espectacularizado a todo tipo de dioses estúpidos. No hay en la obra ninguna concesión a la esperanza. La aspereza del relato no queda aliviada por ningún dato que, en Ciudad de cuarzo, nos permita aguardar una recuperación de Los Ángeles para las clases subalternas o para el ejercicio de la libertad y la crítica. Habrá que esperar a Magical Urbanism (Verso, 2000) para que Mike Davis nos advierta de cómo la inmigración relée Los Ángeles en sus propios términos, es decir como se reproduce –ahora y allí– la vieja capacidad de la cultura popular de adaptarse y adaptar creativamente sus propios entornos, contra o al margen de los sistemas de control y poder hegemónicos en cada momento. Pero Ciudad de cuarzo es puro desenmascaramiento. No hay propuestas, ni alternativas, ni expectativas. Ni siquiera podemos decir de la obra que sea un trabajo propiamente ensayístico. No hay nada que no sea un relato meticuloso de cómo el abuso de poder político, económico y policial puede tener virtudes estructurantes para el desarrollo urbano.

He aquí, pues, un libro de historia local que tiene que ver con Gramsci y con Benjamin, por supuesto; también con las arquelogías foucaultianas o, mejor, con las semánticas de los tiempos históricos y los consecuentes futuros anteriores de Koselleck; pero, sobre todo, que no puede dejar de recordarnos al universo moral y formal de la literatura y el cine negros, del que Ciudad de cuarzo toma un tono narrativo al tiempo ácido, distanciado, descorazonado y escéptico. Se ha querido ver en la imagen de Morfeo proponiéndole a Neo tomar la pastilla roja la traslación ficcional de la mirada lúcida de Mike Davis. Es posible, pero, si uno se pone a jugar a ello, lo que le resulta fácil imaginarse, leyendo Ciudad de cuarzo, es la voz en off de Bogart haciendo del insobornable cínico Philip Marlowe en "El sueño eterno". La ciudad es la misma: Los Ángeles. Davis es a Chandler lo que Engels fue a Dickens.



dimarts, 9 d’abril del 2024

Vidas baratas

La foto es de Ferran Nadeu

Artículo publicado en El País el 15 de febrero de 2007, a propósito de la destrucción de la barriada de casas baratas del Bon Pastor. Sobre este proceso apareció luego publicado un libro fundamental, La ciudad horizontal, de Stefano Portelli (Bellaterra).

VIDAS BARATAS
Manuel Delgado

Siempre es la misma historia. De pronto, alguien, en algún sitio, decide algo que cambiará la forma y la vida de un barrio. Primero se lo declara “obsoleto”, luego se redacta un plan perfecto, se elaboran unos planos llenos de curvas y rectas, se hace todo ello público de manera atractiva –dibujitos y maquetas– y se promete una existencia mejor a los seres humanos cuya vida va a ser, como el lugar, remodelada. A continuación se proponen ofertas de realojamiento –que siempre perjudican a quienes no podrán asumir las nuevas condiciones que indirectamente se les impone–, se encauzan dinámicas de participación –orientadas de hecho a dividir a los vecinos afectados– y luego se continúa sometiendo a ese trozo de ciudad a un abandono que ya lo venía deteriorando para disuadir a las víctimas-beneficiarios de la transformación de su urgencia e inevitabilidad.

Ese es el caso de las Casas Baratas del Bon Pastor, 783 viviendas de una planta edificadas en la década de los años 20 para albergar a barraquistas e inmigrantes, testimonio de las épocas cada vez más lejanas en que la vivienda social era una preocupación para las autoridades municipales, un asunto para el que se procuraban soluciones que, por precarias que fueran, eran al fin y al cabo soluciones. Los interiores son pequeños, pero no menos que lo que hoy se propone como “nuevas soluciones habitacionales”. Con el tiempo, muchas familias habían adecentado sus casas hasta hacer de ellas un espacio notablemente más amable que el de los bloques de pisos que les rodean. Además de ser un valioso ejemplo de un determinado urbanismo –adaptación humilde de la tipología de la ciudad-jardín–, el barrio era un colosal monumento viviente a décadas de cultura popular urbana, en un escenario que se había demostrado propicio tanto para el encuentro cotidiano como para los momentos álgidos de la fiesta y de la lucha.

Todo ese yacimiento de memoria es lo que las excavadoras arrasaran pronto. La primera fase de demolición se ha iniciado sin darle tiempo a buen número de hogares a acabar de empaquetar sus enseres, pero sobre todo sin que se hayan acabado de resolver judicialmente las demandas interpuestas por las familias que han negado a aceptar las condiciones de su traslado y están exigiendo una indemnización por los daños morales que supone dejar atrás no sólo una casa, sino ante todo una calidad de vida que jamás podrán recuperar. Nunca más podrán volver a sentarse en su pequeño jardín o ante la puerta de sus casas a tomar el fresco y charlar con sus vecinos. Todo eso –la posibilidad de una cierta vida comunitaria en plena ciudad– quedará para siempre atrás.

Quienquiera que pasee ahora mismo por lo que había sido un barrio en muchos sentidos entrañable, se encontrará con un espectáculo bien triste. Decenas de casitas medio en ruinas o tapiadas y, entre ellas, aisladas –y por tanto a merced de cualquier asalto–, asediadas por el polvo y los escombros, las todavía incolumnes de las familias que no han tenido tiempo de abandonarlas o que se resisten al desalojo y confían en que el Ayuntamiento atenderá la decisión judicial instando a la detención cautelar de las obras. Todo ello en un espléndido ejemplo de mobbing institucional, una técnica de acoso y derribo –y nunca mejor dicho– ya aplicada en Barcelona –la Ribera, el Raval, Poblenou– y que consiste en hacerle la vida imposible a los vecinos que se niegan a abandonar casas condenadas por los planes urbanísticos e inmobiliarios, someterles a una presión que les obligue a abandonar su resistencia y dejar el paso libre a los planes de “refuncionalización” de sus barrios. Ni que decir tiene que de todo ello ni una palabra en los medios de comunicación, para los que el hostigamiento contra inquilinos inconvenientes o díscolos es una conducta perversa de empresas sin escrúpulos y nunca lo que tantas veces resultar ser: una práctica seguida por la propia Administración y aplicada por sus funcionarios, muchas veces con la ley en la mano; otras, no.

Un vistazo a su ubicación en el mapa de la ciudad y un paseo por el entorno desvelan inmediatamente las claves de tanta urgencia por borrar las Casas Baratas del Bon Pastor . A un paso de la nueva centralidad que se proyecta para la Sagrera, con la gran terminal del AVE, el edificio espectacular encargado a Frank Gehry y ese nuevo barrio que seguro que no será para el mismo tipo de humanidad que vivía y había luchado allí a lo largo de lustros. Se entiende por qué no se planteó la posibilidad de rehabilitar todas o parte de las viviendas ahora sentenciadas, lo que hubiera permitido que los vecinos pudieran elegir entre quedarse en ellas o no: suculentas hectáreas de suelo de propiedad municipal que pronto valdrán infinitamente más de lo que va a costar su remodelación. Terreno liberado para el mundo que se avecina, en que ya no habrá vecinos, sino clientes y en los que las nuevas clases medias que un día fueron progresistas podrán presumir de haberse comprado un magnífico piso en un “barrio popular”. Un negocio redondo en el que los perdedores serán una vez más los de siempre.

Y nadie se acordará de los expulsados de hoy, muchos de ellos viejos, pobres y feos –vidas baratas por tanto–, pero con una historia y una grandeza obreras de la que los nuevos habitantes que habrán de venir no sabrán ni podrán saber nunca nada.


dissabte, 1 de maig del 2021

Abuso y mentira


Prólogo de El vicio del ladrillo, Lluis Pellicer (Catarata, 2014)

ABUSO Y MENTIRA
Manuel Delgado

¿Cómo fue posible aquello? ¿Cómo fue posible que aparentemente casi nadie se diera cuenta de lo que estaba pasando y de lo que iba a pasar, o no lo dijera? Lo que a continuación este libro nos desgrana —con una meticulosidad exhaustiva en lo que hace a nombres, fechas, porcentajes, cifras...— es un colosal estafa al conjunto de la sociedad que permitió el enriquecimiento abusivo de los sectores más inmorales de un sistema económico ya de por si carente de escrúpulos como es el capitalismo financiero. Pero, ¿cómo fue que un proceso tan escandaloso de acumulación siempre ilegitima y no pocas veces ilegal de beneficios pudiera estar desarrollándose protegido por el silencio de los grandes medios de comunicación y bajo el patrocinio, cuando no la complicidad activa, de las más respetables y presuntamente democráticas instituciones políticas.

Recuerdo como si fuera ahora la presentación en Barcelona de un libro cuyo título era ya de por sí elocuente: El cielo está enladrillado. Entre el mobing y la violencia urbanística e inmobiliaria, publicado y distribuido gratuitamente por la Editorial Bellaterra. Fue en el Colegio de Arquitectos, un 5 de mayo de 2006. El volumen lo había preparado el Taller contra la Violencia Urbanística e Inmobiliaria. Quien presidia la mesa era alguien a quien entonces nadie conocía: Ada Colau. Era el momento álgido de un delirio empresarial que hacia proliferar monstruos urbanísticos en la periferia de las ciudades; que, luego de haberlos dejado deteriorar, transformaba barrios enteros para convertirlos en atractivos para clases medias y altas y que deportaba en masa a las clases populares de lo que habían sido los escenarios de su vida; que convertía centros de tantas ciudades en parques temáticos para turistas, luego de haber desalojarlo a sus vecinos; que convertía lo que habían sido terrenos fabriles y portuarios en barrios exclusivos, asentamiento para empresas dedicadas a las nuevas tecnologías o espacios consagrados al ocio de masas; que desfiguraba masivamente bellezas de la naturaleza y las convertía en paisajes horrendos.

Eran tiempos de mobbing, esto es de operaciones —no pocas veces delictivas; la mayoría con el amparo de las leyes y la policía— consistentes en expulsar a inquilinos insolventes. Y todo ello con el visto bueno y el concurso activo de administraciones públicas  —algunas gestionadas por partidos "de izquierdas"— que encontraban en tal complicidad una espléndida fuente tanto de recursos municipales vía impuestos como de beneficios corruptos de los jerarcas de turno.

Era también la época de V de Vivienda y de la Plataforma para una Vivienda Digna, organizaciones que encabezaban movilizaciones y protestas enérgicas pero minoritarias, en las que no solo se denunciaba el pillaje que se estaba convirtiendo la gestión pública y privada del suelo, sino que se anunciaba lo que estaba siendo evidente: el inminente estallido de lo que en aquel momento empezaba a conocerse como "burbuja inmobiliaria". Fue de esos movimientos que nacería luego la PAH, la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, a la que ahora apoyan con sobrevenido entusiasmo partidos políticos que hace apenas uno años detenían y aporreaban a quienes ahora son sus miembros más destacados. También, no lo olvidemos, era el tiempo en que se demonizaba a un movimiento, el okupa, al que se acusaba de muchas cosas, pero sobre todo de tener razón.

La historia de esa dinámica endiablada a cargo de un capitalismo salvaje, pero asistido —en el sentido de que contaba con el soporte económico, jurídico y  finalmente policial de la Administración—, es bien conocida y tiene como elemento de continuidad la mercantilización masiva, generalizada y fuera de control de la vivienda, es decir la conversión creciente en negocio privado una necesidad social. Ahora, este trabajo de Lluis Pellicer nos brinda algunas nuevas claves de en qué manera una lógica de dimensiones planetarias —la de la urbanización como principal recurso para la reabsorción de superávits de capital— ha alcanzado en España expresiones hasta tal punto atroces.

Ahora bien, continua siendo pertinente la pregunta formulada al principio. ¿Cómo fue posible una acumulación tal de desmanes en el ámbito de la construcción, pero también en otras industrias emparentadas como la hostelera o la turística? ¿Cómo pudo el capitalismo financiero desarrollar su vocación depredadora del espacio como lo hizo en España?

Por supuesto que la respuesta está en buena medida en las páginas que siguen, que describen la urdimbre de intereses que promovió y se lucró luego del gran engranaje inmobiliario español. Pero ese enorme sistema que —no solo aquí, pero aquí de manera especialmente intensa e impune— se alimenta de los desmanes que genera no solo ha dependido de operaciones financieras, fusiones empresariales, políticas bancarias y blindajes institucionales. También ha dependido de su capacidad de mostrarse como inevitable y hasta benéfica para el conjunto de la sociedad. No solo ha obtenido el respaldo de gobiernos y de partidos; también ha sabido mostrarse como motor de una prosperidad que pretendía ser reconocida como colectiva. Y ello ha sido posible en la medida en que han acudido en su auxilio todo un conjunto de dispositivos publicitarios que han abrigado cada calamidad  urbanística, cada iniciativa gentrificadora, cada paraje natural reventado, cada atentado contra la vida y la memoria de las clases populares..., con todo tipo de argumentos que los han bendecido invocando principios de cultura y civilidad que hacían pasar por mejoras sociales lo que eran meros tinglados inmobiliarios.

Es así que no ha habido transformación destinada a extraer rentas de cada actuación territorial que no se haya hecho acompañada de su correspondiente discurso que, entre el marketing y la mera propaganda política, no haya justificado su ejecución al mismo tiempo que enaltecía valores abstractos de civilidad y ciudadanía que garantizaban el control de los descontentos y el borrado de los miserables, requisitos indispensables en orden a hacer atractiva la oferta de los nuevos o renovados barrios; de los flamantes entornos empresariales; de los "incomparables" marcos naturales en la montaña o en la costa; de los centros urbanos vaciados de habitantes y saturados de turistas; de los núcleos históricos embalsamados. ¿Cuántas operaciones especulativas a gran escala no habrán sido aderezadas con los correspondiente aditamentos "culturales", en forma de impresionantes contenedores de arte y de cultura, encargados a vedettes de la arquitectura internacional, destinados a elevar el tono moral de los territorios sobre los que se levantaban y cuyo precio contribuían a aumentar?  ¿Y cuántas macroinversiones en ladrillo no se habrán disfrazado de magnos acontecimientos internacionales de índole civil o deportiva: olimpiadas —conseguidas o frustradas—, competiciones internacionales de vela, fórums de las culturas, capitalidades culturales, expos universales...?

Están en este libro los datos, las conexiones, el organigrama implícito y la lógica interna de un sistema perverso concebido para el lucro de unos pocos, con frecuencia más allá de la ley, pero las más de las veces con su soporte. Vemos ahí cómo funciona el capitalismo cuando cuenta con la colaboración de una política servil y sinvergüenza, llevando a sus últimas consecuencias el principio que lo estructura, que no es sino el de privatizar beneficios y socializar pérdidas.  Pero ese mecanismo que procura réditos propios y tantas miserias ajenas contó con todo tipo de coartadas que mostraron su funcionamiento y sus resultados como justos y pertinentes, en nombre de grandilocuentes ideales que no eran sino coartadas para el latrocinio generalizado. Permítaseme pues colocar sobre todo lo que viene a continuación —la crónica de una catástrofe económica que perjudicó a todos, menos a sus causantes— el recuerdo de las retóricas que lo hicieron razonable y bueno, es decir la confirmación de que no hay acto despótico —tampoco en el campo económico— que no se ejerza envuelto en mentiras, es decir en un sistema de representación que lo muestre como expresión de generosidad y como contribución al bienestar y el progreso de la mayoría, es decir justo lo contrario de lo que es en realidad.




dimarts, 20 d’octubre del 2020

El Forat de la Vergonya



La imagen corresponde al desalojo de la plaza y está tomada de grupotorturga.com

Artículo publicado en El País el 10 de octubre de 2006.

EL FORAT DE LA VERGONYA
Manuel Delgado

Hemos sido testigos en apenas unos días de dos acontecimientos estrechamente vinculados entre sí, cara y cruz de un mismo proceso de transformación urbanística del casco antiguo de Barcelona. Una mañana el Alcalde inauguraba solemnemente las nuevas instalaciones de la Universidad de Barcelona en el mismo núcleo del Raval donde se levantan el MACBA y el CCCB, dos de los grandes contenedores culturales de la ciudad. A la semana siguiente, a poca distancia, en el barrio de la Ribera, podíamos contemplar la pavorosa imagen de los antidisturbios de la Guardia Urbana protegiendo el arrancado de las tomateras que los vecinos habían plantado en el Forat de la Vergonya, un solar a unos metros del Mercado de Santa Catarina, la única zona realmente verde –y no gris– que había en todo el Casc Antic.

La interpretación de tal coincidencia no es difícil. Ambos momentos representan los episodios más recientes de una vieja dinámica de lo que los urbanistas llaman “esponjamiento” o “higienización” de Ciutat Vella, consistente en desenmarañarla y limpiarla, es decir resolver los problemas de control que implicaba su tendencia a la opacidad y deshacerse de aquellos elementos tanto inmuebles como humanos que pudieran suponer un obstáculo para la reapropiación del barrio por parte de clases medias y altas ansiosas de un baño de venerabilidad histórica, debidamente sazonada con elementos de ese nuevo sabor local que da el multiculturalismo e incluso de un moderado toque canalla. Para ello, se inyecta saber, cultura y sano ambiente juvenil allí donde antes había solamente vida y prosigue la campaña de deportación y borrado de pobres en marcha desde hace años en el sector.

Lo sucedido en el Forat de la Vergonya es bien ilustrativo de esa dinámica, a la que se asigna el eufemístico título de “rehabilitación”. Como se recordará, en aquel solar de 5.000 metros cuadrados el Ayuntamiento tenía previsto la apertura de un parking a disposición del “turismo cultural” que acude al área ya debidamente desinfectada de la calle Montcada y los alrededores del Museo Picasso, el Born y Santa Maria del Mar. Allí una colosal mutación urbanística había empezado a restaurar edificios para dedicarlos al comercio de alto nivel, a la venta de lofts para profesionales con éxito o al alquiler de apartamentos para esa pequeña multitud de extranjeros con dinero que los están convirtiendo en residencias de vacaciones o de fin de semana.

La operación no cuajó como consecuencia de la resistencia de los habitantes, que se apropiaron de un espacio que consideraban suyo y del que hicieron un insólito vergel urbano. Jardín, huerto, zona de juegos infantiles, tarima para espectáculos, modestas canchas de fútbol y baloncesto, mobiliario..., todo había sido elaborado a mano por los vecinos, con unos parámetros estéticos a años luz de la afectación formal de los llamados “espacios públicos de calidad”, cuya característica suele ser que parecen diseñados para ahuyentar a sus posibles usuarios. Allí se podía ver en todo momento a gente de todas las edades convirtiendo la plaza en un lugar de sociabilidad que, por otra parte, representaba la encarnación del multiculturalismo real, no el de los prospectos oficiales, sino el que protagonizaban seres humanos de carne y hueso que encontraban por fin un lugar donde encontrarse. No en vano, el lugar había sido vindicado como la auténtica Plaza Mayor del barrio y así se propuso en el pregón de la última fiesta mayor de la Ribera.

Pues bien, eso es lo que nuestras autoridades parecían incapaces de soportar: que se hubiera suscitado de forma espontánea todo un apasionante experimento de autogestión, un emocionante ejemplo de cómo los vecinos de un barrio podían generar sin permiso escenarios para su vida cotidiana, de espaldas a la insaciable voluntad municipal de monitorizarlo absolutamente todo y de sólo tolerar las formas de estar en el espacio urbano previamente homologadas por sus técnicos en ciudadanía y sus expertos en convivencia. No se podía tolerar un espacio público que fuera realmente público, es decir del público. Esa imagen de niños jugando en parques que ellos no habían dispuesto, de abuelos charlando en bancos que ellos nunca instalarían en sus plazas, significaba para ellos el más inaceptable de los desacatos.

Por desgracia, tuvo que producirse un problema de orden público para que la sentencia de muerte contra el Forat de la Vergonya fuera recogida por los medios de comunicación. Las imágenes de jóvenes lanzando cohetes de feria contra la policía y de la profanación del MACBA sirvieron para que los portavoces oficiales –todos– desfigurasen las vindicaciones vecinales y volvieran a agitar el fantasma del Okupa Feroz, con lo que, de paso, insistían en malignizar al movimiento que inició y está encabezando una lucha de los jóvenes por el derecho a la vivienda que se extiende por momentos.

Esta vez han vuelto a ganar y a perder los de siempre. Pero así se escribe la historia. Como sincronizados, una solemne inauguración y un desalojo a la fuerza. Se levanta un nuevo templo en el que el Saber y la Cultura oficiaran sus misterios, y, muy cerca pero también muy lejos de allí, se desbarataba una ilusión colectiva forjada a ras de suelo. La ciudad hecha poder y hecha dinero se ha vuelto a salir con la suya y ha conseguido derrotar –como siempre, sólo por el momento e inútilmente– a esas sustancias básicas de toda vida urbana que son el amor por la vida y la manía de desobedecer.



dimecres, 12 de juny del 2019

El doble discurs de les institucions en relació al "problema migratori"


La foto es Pascual Marín Marina

Resposta a Laura Fontana, estudiant del Grau d'Antropologia Social a la UB, enviada el 9 de gener de 2012

EL DOBLE DISCURS DE LES INSTITUCIONS EN RELACIÓ AL "PROBLEMA MIGRATORI"
Manuel Delgado

Del primer paràgraf del que m'escrius, està bé, però anul.la això de la identitat. La identitat d’una persona és una construcció social –com estem veiem, com tot– i els materials que la conformen poden provenir d’una adscripció cultural o “racial” assignada pels altres o per tu mateix, fins i tot induït pels altres i convertint el que inicialment podia ser un estigma en un element de dignificació. Per tant l’etiqueta “racial” o cultural sols pot ser considerada en funció —i perdó per la redundància– de la seva funció classificadora. Si no ho veus clar, digues-m’ho i t’ho amplio.

Pel que fa a la referència a les institucions de poder com a incitadores de la desconfiança envers aquells que són percebuts com diferents, no he llegit el llibre de Baumann del que em parles, però a l’excursió d’ahir a Centelles em van explicar companyes teva que us el fa llegir en Fernando González Placer, la qual cosa implica que per força ha de ser interessant i pertinent. Feu cas d’en Fernando. És un gran tipus, un bon mestre i un amic amb qui m’hi sento especialment identificat.

El que hauries de tener present és el paper que, en efecte, executen les institucions de poder en relació a aquest desplaçament del conflicte social de la classe a la cultura del que vaig parlar-vos a classe. Des instàncies oficials es planteja la qüestió per mitjà d'una doble argumentació. En primer lloc, s'afirma que la immigració és un problema i es descriu en què consisteix aquest problema, insinuat com el principal o un dels més importants que pateix el país. Amb aquesta finalitat es projecta una imatge que procura sobredimensionar els conflictes i remarca els aspectes més melodramàtics i truculents. Un cop les institucions i la premsa al seu servei s'han autoconvençut i han procurat convèncer al gran públic que hi ha un motiu per a l'ansietat col.lectiva, s'encarreguen d'apuntar com és que ens hem de protegir i mirar d'atenuar el problema que prèviament -com si més no pel que fa a les dimensions que se li presumeixen- s'han inventat, assegurant que en aquesta tasca quedaran preservats els fonaments humanístics de la nostra civilització i donant per descomptat que cap solució als problemes plantejats per la "invasió" d'immigrants que patim prescindirà d'un escrupolós respecte als drets humans i als valors democràtics constitucionals.

Aquest doble discurs -les institucions com preocupades i preocupades pel suposadament alarmant problema migratori- contrasta amb pràctiques administratives consistents precisament no només a garantir sinó en institucionalitzat també l'explotació, la marginació, la injustícia, la segregació i un nombre indeterminat de variants de l'exclusió social que afecten especialment als sectors més vulnerables de la població, entre ells als treballadors i treballadors estrangers en una situació irregular crònica, víctimes d'un doble marcatge social denegatori com a pobres i com forasters il · legítims. Així doncs, els poders assumeixen la tasca d'inquietar la població amb una situació que és presentada com propera a l'emergència nacional per culpa de la immigració, encara que tranquil.litzant-nos fent-nos creure que tot està sota control i no ens apartarem mai dels nostres principis morals fonamentals. Al mateix temps, però, es converteixen en instruments a disposició de l'arbitrarietat sistemàtica i generalitzada en contra dels treballadors estrangers i les seves famílies. D'una banda el discurs sobre les "bones pràctiques", de l'altra, a les antípodes, les pràctiques reals.

Als nous proletaris -tant si treballen, com si busquen feina, com si són exiliats als territoris de la marginació social i la delinqüència- són als qui els toca la pitjor part en una dinàmica d'acumulació i increment de les taxes de beneficis capitalistes . Lluny de fer res per corregir lleis injustes, lluny de perseguir les pràctiques empresarials basades en l'explotació laboral o l'especulació immobiliària, ben lluny de rectificar la tendència a un desmantellament de tots els serveis públics, lluny d'una millora substantiva de les prestacions socials que ens van fer creure un dia en l'anomenat estat del benestar ..., avui les produccions ideològiques institucionals reprenen la seva ambigüitat intrínseca i parlen sobretot de "diàleg entre cultures", "obertura a l'altre", "diversitat cultural" i altres invocacions abstractes als bons sentiments. Vet aquí pel que consisteixen avui les noves formes de racisme que veig que has copsat molt bé, l'argúcia fonamental de les quals consisteix a fer-se passar per el contrari del que són en realitat.

Tu pensa en com el dialecte del "multiculturalisme" i la "interculturalitat", tal com s'empra, així com la retòrica de l'elogi estètic a la diversitat s'adeqüen a la perfecció a la proliferació de metàfores de la lliure circulació de capitals i la seva bondat constituent. En auxili argumentador d'aquest tipus d'il.lusions que treballen l'autonomia del fet cultural, estan acudint disposats els estudis culturals i certa antropologia, que s'han encarregat de posar de moda una nebulosa discursiva plena d'al.lusions als "espais virtuals", a els "fluxos transaccionals", a "hiperespais", a "híbrids culturals", a "fractals" ... Aquest dialecte serveix per descriure un ordre cultural de dimensions mundials sense eix ni estructura, pura desterritorialització, ordre del qual la barreja de gent i de cultures serien una variant o concreció i en què qualsevol referència a les condicions materials de vida dels protagonistes d'aquest suposat calidoscopi cultural seria perfectament prescindible. Les elits intel.lectuals que han rebut l'encàrrec de discursivizar aquestes diferents transfiguracions del flux de diners i de poder l'han convertit en una vaga ideologia que alguns autors han designat encertadament com liberalisme cultural.


La diversitat cultural d'aquesta manera domesticada no només es constitueix en una font de legitimació ideològica que mostra com horitzontals unes relacions socials tan brutalment verticals com sempre -a vegades més-, sinó que pot convertir-se en un negoci i una indústria pel que fa les seves productes es col.loquen al mercat com a autèntics nous productes típics, que ara ja no ho són, com abans, del tradicional, sinó d'un nou sabor local que ha passat a caracteritzar-se ja no com a singular, sinó com "divers". De fet, les classes mitjanes que alimenten els processos de gentrificació que afecten a tants centres urbans busquen precisament això: hibridació cultural, abigarrament inofensiu de gents diferents, paisatges multicolors que li donin un aire cosmopolita a la seva quotidianitat. Estem davant d'aquesta nova correcció política consubstancial a la producció d'una imatge moralitzada del món social i una imatge de la qual, per descomptat, els interessos de classe han estat degudament defugit. Així es pot distingir entre el que és una experiència social arran de terra marcada pel dolor, les mancances, les injustícies que pateixen els éssers humans reals que configuren el "mosaic" cultural de les ciutats i una perspectiva que, des de dalt, pot contemplar aquesta mateixa heterogeneïtat com un espectacle ofert als seus ulls. Apropiació ideològica i al mateix temps mercantilització d'una percepció sensualista del que en la pràctica és simplement misèria i explotació.

[La fotografia de l'entrada és de Pascual Marín Marina i es titula "Lavapiés". Està agafada de 


diumenge, 2 de juny del 2019

Algunes objeccions al concepte de "gentrificació"



Missatge pels companys i companyes de l'OACU a partir d'una conversa amb en Marc Morell, enviat el 24 d'abril de 2009,


ALGUNES OBJECCIONS AL CONCONCEPTE DE "GENTRIFICACIÓ"
Manuel Delgado

Estic discutint amb en Marc Morell a propòsit de la qüestió de l'anomenada "gentrificació", que els traductors i correctors oficials al nostre idiome solen traslladar com "ennobliment". En Marc està preparant una prometedora tesi sobre la renovació del centre de Palma de Mallorca.

El que li deia -i que segur que a ell no l'importa que ho comparteixi- és que gentrificació és una categoria que, per la seva vocació generalitzadora, hauria de merèixer una certa desconfiança. No es tracta que la descartem, però si que la utilitzem amb una certa prudència. Cal llegir coses sobre aquest tipus de dinàmiques. En primer lloc, d’ampli aspecte, per així dir-ho. Podríem partir de la inauguració, per així dir-ho, del terme, de la mà de Ruth Glass, en el seu treball sobre la substitució de població que estaven coneixent certs barris de Londres a la dècada dels 60 i que consistien en que famílies de classe mitja s’instal.laven en barris fins aleshores depauperats del centre de Londres. Neil Smith segueix la pista de com aquest tipus de dinàmiques es produeixen de manera esporàdica a ciutats com a Nova York fins a generalitzar-se a la dècada dels 90. Ara bé, el cert és que aquest terme ha acabat viciant-se, i s’està utilitzant ara per ara per fer referència a processos socials molt diferents entre si, tant pel seu origen com pels seus objectius. D’entrada, la gentrificació –és a dir el relleu de classe en el veïnatge d’un barri– que s’ha produït als Estats Units i a Europa ha estat ben diferent. Per exemple, és sols recentment que la gentrificació ha estat posada al servei de dinàmiques de revitalització de centres urbans o de certs barris fins fa poc populars.

Després hi ha dimensions econòmiques, político-institucionals, però també socio-culturals que són igualment particulars per cada cas i que obligarien a una tipificació bastant més matisada d’això que hem decidit anomenar gentrificació. Per no parlar del paper que juguen promotors, comerciants, veïns, usuaris, indústries culturals, i que impliquen convinatòries que també són originals en cada procés. En aquesta línia, l’autor de referència hauria de ser en Pierre Bourdieu, per la manera com entén la importància d’aquestes articulacions entre factors socioculturals, econòmics, simbòlics, etc. És a dir, estaríem davant un camp en el que es podrien aplicar moltes de les consideracions de Bourdieu sobre el gust com un mecanisme d’enclassament.

Se m’acudeixen més coses. Per exemple, el paper de la variable “classe”, considerada tan fora de la moda, però que en canvi en aquest tipus de fenòmens assumeix un lloc axial. És a dir, que una teoria de la gentrificació és al capdavall, una teoria de les classes, si més no una reformulació de la classe com a concepte... O no. Això és el que hauries d’esbrinar. Se’m van acudint coses. Per exemple, la valoració creixent de la mixtura social i ètnica, que està en la base de la posta en valor de certs barris; o l’atractiu de zones que tenen un estatut simbòlic associat a la classe obrera i que són cobdiciades per classes mitjes amb mala consciència social. El paper gentrificador de certes formes de lleure. O el que juguen sectors alternatius o fins i tot marginals, com certes formes d’”antisistema” o els homosexuals. En fi... Trenta mil coses.

Però l’important és que s'entengui que això que anomenem gentrificació implica el concurs i l’articulació d’estratègies residencials i immobiliàries que han de ser considerades des de la sensibilitat qualitativista de l’antropologia i això implica un reconeixement no la singularitat de cada cas, sinó en una perspectiva que avança com si fos en forma de cercles concèntrics. El més abastatiu seria el que atén dinàmiques urbanístiques de tipus macro, que afecten a ciutats i a regions, fins i tot a països, i dels quals el context de referència pot arribar a ser mundial, com hauria de passar-te en aquests moments amb els efectes de la crisi econòmica en la dinàmica que estàs considerant per la teva tesi, considerada en clau globalitzadora.

Li recomenava a en Marc que busqués dos monogràfics recents. L’un és d’Espaces et sociétés, el 132-133, del 2008, que es diu justament La géntrification urbaine. L’altre és de Sociétés contémporaines, i es diu Géntrification : discours et politiques, és del 2006 i el número és el 63. Si us els mireu veureu quin és l’estat actual de la qüestió i un bon grapat d’exemples concrets, cadascun d’ells diferents. Allà també trobareu fonts bibliogràfiques més que suficients de com s'està plantejant en aquest moment aquesta problemàtica. Hi ha un llibre excel.lent de C. Bidou-Zachariasen, dir., que es diu Retours en ville. Du processus de géntrification urbaine aux politiques de «révitalisation» des centres, Descartes, París, 2003.

Després algunes coses que m’han caigut a les mans darrerament, com el llibre de T. Butler i G. Robson. 2003. London Calling. The Middle Classes and the Re-making of Inner London, Berg, Londres (2003). Fa poc va estar per Barcelona la Monica Degen. La vam convidar a la lectura de tesi d'Isaac Marrero i a les jornades Cultura Viva. Em va regalar-me el seu Sensing Cities, Regenerating Public Life in Barcelona and Manchester, Routledge, Londres, 2008, la portada del qual il.lustra aquesta entrada. 

Molt bo. I una cosa que em va semblar interessantíssima i que et recomano: l’article de E. Charmes, 2005. "Le retour à la rue comme support a la "gentrification"", Espaces et sociétés, 2005, 115-135. Però hi ha moltes més coses i és cosa que vaig buscant i trobant referents i potencials models. Altres coses que es podrien fer: per exemple, un buidat de revistes tipus Urban Studies, per exemple. Segur que no hi ha número que no tingui coses que t’interessin. 

Una altra qüestió que li preocupava a en Marc era la de la mancança de treballs que abordin aquests processos des de l'antropologia. El que li he dit és que pensi que allò que atorga singularitat a la nostra perspectiva no és en absolut el seu objecte, sigui la gentrificació o qualsevol altre. El que fa un treball o una tesi antropològiques és l'aplicació de dos mètodes: l'etnogràfic i el comparatiu. És perquè t'acostes a les realitats que estudies i les mires d'a prop de forma sostinguda i perllongada i és perquè ets capaç de comparar el que estàs estudiant amb el que han estudiats altres en altres moments o/i llocs que pots dir que el que fa és antropologia.

Per tant pensa en això a l'hora de resoldre el que sembla preocupar-te. Què és fer antropologia? I hi ha treballs interessant que demostren la pertinència i l'aplicabilitat de la nostra forma de treballar. Penso ara, sense anar més lluny, en els treball d'Ubaldo Martínez, com ara Pobreza, segregación y exclusión social (ICA). Al nostre Departament hi ha un parell de tesis recents que són igualment exemples: la de Jaume Franquesa, i la d'Irene Sabaté, totes“Ein Zuhause. Etnografia del aprovisionamiento de vivienda en el barrio berlinés de Friedrichshain”, totes dues dirigides per la meva col.lega Susana Narotzsky,

A més, no s'hab d'oblidar dos treballs magnífics fets per persones properes al nostre grup de recerca, el GRECS; dos treballs que són ja clàssics, i que, tot i que aborden centralment el tema de la immigració, ho fan en contextos definits per la transformació urbana i urbanística: el de Nadja Monnet, La formación del espacio público (Catarata) i el de Mikel Aramburu, Nosotros y los otros (Ministerio de Educación y Ciencia).

I parlant de gentrificació. L'altre dia vaig tenir una interessant discussió amb Josep Maria Muntaner, Zaida Muxí i Jorge María Jaúregui, per cert l'autor del programa Favela Barrio de Río de Janeiro, destinat a urbanitzar les faveles de la perifèria urbana de Rio. Justament en Josep Maria va expressar-me la seva desconfiança envers la noció de "gentrificació". En canvi, és a ell que li dec una expressió francament feliç per a descriure les dinàmiques de transformació sociomorfològica que s'amaguen darrera la idea de "diversificació": “gentrificació homeopàtica”, aplicada a les intervencions derivades de la Llei de Barris. L'utilitzava a un article sobre les intervencions derivades d’aquella Llei, el 26 d’octubre de 2006, titulat “Viviendas, barrios y paisajes”. Allà es podia llegir: “Podemos calificar este proceso de rehacer centros históricos deteriorados, polígonos depauperados y periferias desestructuradas como una especie de gentrificación homeopática”. 



dissabte, 22 de desembre del 2018

Sobre la investigación implicada


Mensaje para Muna Makhlouf, todavía entonces doctoranda, enviado el 18 de diciembre de 2014

SOBRE LA INVESTIGACIÓN IMPLICADA
Manuel Delgado

Le escribo para participarle una cosa con la que me ha puesto en contacto Stefano Portelli, que, como sabe, está haciendo una valiosa investigación en las Casas Baratas del Bon Pastor. Lo conoció cuando fuimos a ver la exposición sobre la Rambla en la Virreina. Se trata de un texto de Michael Herzfeld, a quien no sé si llegó a escuchar cuando lo trajimos hace unos meses a la facultad. Un gran tipo, por cierto. Muy vitalista y cercano. En nuestra línea.

Se trata de una reflexión a partir de su experiencia en lo que están siendo las consecuencias sociales de las grandes transformaciones urbanas en un sentido gentrificador, sobre todo en los casos Pom Mahakan en Bangkok y Rione Monti en Roma. El artículo se titula “Engaged anthropology, gentrification and the neoliberal hijacking of history”, publicat a Current Anthropology Vol.51, Supl.2, Octubre, 2011, pp.259-267. Se lo adjunto, porque he dado con él en la red.

En buena medida, lo que cuenta Herzfeld tiene que ver con lo que llama investigación engaged, que podríamos traducir como “implicada” o “comprometida” y lo que implica llevar a cabo una indagación desde una perspectiva que renuncia decidjdamente a las supuestas virtudes del distanciamiento científico y toma partido por una de las partes concernidas en un determinado conflicto derivado de cambios en la morfología urbana. La interpelo a usted porque este un asunto sobre el que hemos hablado con especial insistencia, pero podría dirigirme a Marc Morell, en función de su trabajo en el Barri de Palma; a Marc Dalmau, en la Colònia Castells, o a Marco Stanghieri en Vallcarca.

Creo que lo que plantea es muy interesante por lo que hace a la manera como esa implicación política del investigador, dejando de lado sus implicaciones éticas, si usted quiere, tiene implicaciones metodológicas y epistemològicas que no están en absoluto exentas de una importancia crucial. Me parece bien interesante lo que razona Herzfield.

Stefano también me habla de trabajos en esa misma línea de implicación investigadora o investigación implicada. Se refiere a Fabiana Valdoski, geògrafa del Grupo de Estudos sobre Sao Paulo (GESP/LABUR), que trabaja el caso de la favela Monte Azul;  los sociòlogos Tuna Kuyucu i Özlem Ünsal al barri de Basıbüyük, en Estanbul –Stefano estuvo por allí hace no mucho–, o Jordi Quiñonero en el barri del Partidor de Alcoi. Mire a ver qué encuentra por ahí y páseme las referencias, hágame el favor. Por supuesto que ahí hay que incluir a nuestro maestro y amigo Jaume Franquesa al barri Sa Calatrava de Mallorca, que es bien importante lo que ha aportado en esa misma línea.

A esos ejemplos, me permito añadir otro con el que he tenido un feliz contacto reciente. Se trata de Ibán Díaz, un profesor de geografía humana de la Universidad de Sevilla que presentaba hace unos días su tesis doctoral. Brillante. Es sobre la gentrificación en Sevilla, con una atenciòn particular en el barrio de Almeda. Excelente trabajo. Su director ha sido Víctor Fernández Salinas.  Mire el título: "Segregación, intervención urbanística y cambio social en Sevilla. La gentrificación del sector San Luis-Alameda en el marco del planeamiento general de 1987". Ibán estuvo trabajando con la gente del Gran Pollo de la Alameda, o sea que un excelente ejemplo de eso mismo de lo que estamos hablando ahora y de lo que tantas veces hemos charlado. A partir de ahí, he descubierto un libro suyo muy interesante que vale la pena que tenga presente. Se titula Sevilla, cuestión de clase (Atrapasueños). Voy a pedirlo. Creo que a Marc Morell le parecerá interesante. Le mando una cosa suya que he encontrado y le animo a buscar más cosas de este hombre.





divendres, 10 d’agost del 2018

Ells som nosaltres


Fragment del pròleg al llibre d'Ignasi Martí, Francesc Bardají i Antonio Peralta, Habitatge i convivència al Baix Camp. Immigrants en la línea de flotació. Tarragona: El Mèdol, 2003.


ELLS SOM NOSALTRES
Manuel Delgado

La lluita per dignificar la vida dels immigrants és, doncs, idèntica a la que aspira a millorar la situació dels barris populars, que han d’abandonar la postració a què apareixen ara per ara condemnats i assolir uns nivells més acceptables de qualitat en tots els camps: l’urbanístic, però nogensmenys l’ensenyament, la sanitat, la seguretat, etc. També són instàncies de poder polític més immediat de les que depèn un espai públic era el marc on es desplegaven les formes més actives i fèrtils de la convivència civil, a més de l’escenari per excel·lència de la integració democràtica. No s’ha d’oblidar que les ocupacions que practiquen els nous veïns dels carrers i les places no són sols la conseqüència, com es presumeix, d’inèrcies culturals, sinó de la pròpia insuficiència dels habitatges en ordre a garantir pràctiques de sociabilitat que troben en els llocs públics l’únic escenari viable. Per tant, es mantenia que totes les persones, sense excepció, pel simple fet de ser persones, haurien de veure garantit el gaudiment i l’accessibilitat sense traves d’aquest espai públic, entès per definició com espai accessible a tots.

A partir d’aquesta premissa –es poden i s’han de fer coses en clau local per la bona gestió dels fluxos migratoris que s’anaven assentant als nostres pobles i ciutats–, el document prenia partit inequívocament pels valors de la plena ciutadania i la integració no sols social, sinó també política i legal dels estrangers no comunitaris, als què es reconeixia el seu dret a esdevenir automàticament catalans pel fet de contribuir mitjançant el seu treball a la prosperitat del país. El document recordava –un cop més– una cosa que no s’ha d’oblidar mai: que la situació actual és sols relativament nova; que la societat catalana ha estat, des de dècades, una societat composada per gent d'orígens molt diversos, i que el país ha estat destinatari de fluxos massius d’immigrants en altres moments, en condicions ben difícils i amb problemes d’acollida tant o més greus que els actuals, com sabrà qualsevol persona que recordi com es van produir l’arribada d’immigrants del Sud espanyol als anys cinquanta i seixanta. El que resulta nova és la manera com el fet migratori –que hauria de ser reconegut sols com justament això: un fet i prou– està sent el nucli de discursos que tenen l’immigrant com un personatge públic al què s’obliga a jugar el paper no únicament d’una peça clau del moment actual del desenvolupament capitalista, sinó el d’un autèntic operador simbòlic destinat a pensar el desordre social des de dins. En aquest sentit, és ben cert el que el document del Parlament apuntava, a propòsit de que, a l’hora de parlar de la immigració com a fenomen global, no era tota la població estrangera la que es tenia en compte: són alguns orígens i alguns estrats socials els que es computen a l’hora de que els mitjans de comunicació i els polítics parlin dels “problemes de la immigració”. Entesos –no cal dir-ho– com els problemes que presumtament ens provoquen els immigrants, no com els que han de patir ells.

El document era prou clar pel que fa als temes sobre els que el present treball es pronuncia de manera perital, sobre tot pel que fa a la qüestió del territori i els problemes d’habitatge. S’apuntava que les polítiques al respecte haurien de permetre a tothom –convé subratllar, a tothom– trobar casa en bones condicions a preus assequibles i que les polítiques urbanístiques haurien de garantir que aquests habitatges accessibles a tothom es trobarien en llocs indiscriminats, ubicats a totes les poblacions i a tots els barris, justament per evitar que passes el que ja està passant: que la immigració més mancada de recursos econòmics i socials acabi concentrant-se de manera forçada en zones deteriorades, molt sovint per esdevenir un factor estratègic per la seva rehabilitació, però sense poder evitar la constitució de guetos. Ara bé, no s’oblidava que aquesta política exigia de les autoritats públiques decisions importants i actuacions enèrgiques, en la mesura en què era evident que hauria d’enfrontar-se a interessos econòmics molt forts. Per aquesta causa es postulava que, donat que moltes actuacions desitjables depenien dels municipis i els consells comarcals, en ordre a exercir una equitat que les regulacions generals ni tant sols insinuen, resultava del tot indispensable dotar aquestes instàncies locals de molts més recursos i competències dels que gaudeixen ara.

No ens enganyem, en matèria urbanística hi ha poques vindicacions que siguin pertinents sols en relació als immigrants, bàsicament perquè una bona part de les deficiències estructurals i les injustícies que els immigrants han de patir són consubstancials a com avui s’organitza el conjunt de la societat. S’explicitava per això que “totes les actuacions s'haurien de dirigir al conjunt de la població. No només als immigrants. I si es veu convenient alguna discriminació positiva derivada de situacions particulars de precarietat, s'hauria de dirigir a tota la població que es troba en unes circumstàncies semblants”. Els ponents que van redactar l’informe vam ser conscients en tot moment que lluitaven no sols contra un marc legal a totes llums injust, sinó contra una opinió pública molt sensibilitzada davant un fenomen social relativament nou, però espectacular, que estava implicant canvis notables en la configuració dels paisatges humans quotidians i que obligava a reconsideracions sobre la identitat pròpia i aliena no sempre fàcils. En aquest sentit, el document final demanava que es vetllés perquè el discurs polític i mediàtic sobre la immigració evités magnificar el tema, “procurar situar-lo en els seus termes justs, i destriar-lo d'altres qüestions que tenen entitat pròpia i diferenciada i que poden dificultar molt l'articulació social, ben al marge de la immigració: les desigualtats econòmiques i socials, l'atur, l'urbanisme especulatiu, els abusos de poder”.

La moral que se'n desprèn d’aquest treball que presentem sobre l’ocupació física i simbòlica del territori per part de les noves onades migratòries que arriben al Baix Camp és, en essència, la mateixa que els parlamentaris catalans van assumir nominalment aprovant per unanimitat l’informe sobre immigració del juny del 2001, per molt que fets immediatament posteriors apuntaren que aquesta adhesió entusiasta havia estat més aviat insincera. Aquell document afirmava en el pla de l’ètica civil el que aquest estudi confirma per la via d’una recerca científica de la màxima solvència: que Catalunya ha d’estar en condicions d’oferir als que venen a instal·lar-s'hi un horitzó interessant i just en ordre al seu assentament. Per això és indispensable generar un projecte cultural i polític compartit per tots, en condicions de ser pensat en clau no tant de coherència com de cohesió, que entengui que no pot haver més prosperitat que la compartida i que dibuixi fites l’assoliment de les quals sigui atractiu per a tothom i que cada segment social pugui assumir en els seus propis termes. No cal dir que en pos d’aquests objectius és nefasta la insistència en presentar la immigració com un “problema”, i menys encara com el “principal problema” del país, una font d’ansietat col·lectiva que cal alleujar de la forma que sigui, incloent-hi actuacions excepcionals front un perill social, fins i tot civilitzatori, que cal exorcitzar per mitjà de polítiques d’emergència nacional.

Si aquest treball sobre les condicions de vida dels nouvinguts als pobles i ciutats del Baix Camp ens permet arribar a alguna conclusió inequívoca, seria la de que aquells que anomenem immigrants es troben, com el títol de l’obra suggereix, realment en la línia de flotació. Pero no de la seva, sinó de la nostra. Ells no senyalen, com es pretén oficialment des de les imatges que els mostren com a menesterosos que demanen misericòrdia, el fracàs de la seva vida allà, sinó la frustració d’un projecte de vida aquí que vam conjurar-nos un dia perquè estigués basat en la justícia i la igualtat. El límit que els immigrants indiquen i encarnen i que ens és mostrat aquí com a punt de ser desbordat per la realitat és la de l’anomenat estat del benestar, la garantia del qual havia d’anar a càrrec d’una administració pública interessada en què res prevalgués per damunt del bé de la majoria. Sobre ells –els immigrants– es projecta la imatge del desmantellament de la cosa pública com salvaguarda d’una prosperitat que fos de debò de tots, i no sols d’alguns. I és per no reconèixer el malbaratament de les nostres perspectives com a societat que ens inventem l’estranger pobre com una figura externa, personatge al què fem jugar sobre l’escenari el paper de causant del desastre. Pero ell és nosaltres, perquè nosaltres vam ser com ell i ho continuem sent en secret, nouvinguts a una societat que cada dia ressuscita. Els que marquem amb la denominació d’origen immigrant no s’han d’integrar a Catalunya: integren Catalunya i l'han integrat sempre. Ells són la línia de flotació, però el naufragi seria el nostre.



dilluns, 12 de novembre del 2012

LLIBRES GRECS: María Gabriela Navas Perrone, "Malecón 2000. El inicio de la regeneración urbana de Guayaquil: Un enfoque proyectual" (FLACSO, 2012)



LLIBRES GRECS: María Gabriela Navas Perrone, Malecón 2000. El inicio de la regeneración urbana de Guayaquil: Un enfoque proyectual, FLACSO, Quito, 2012, 124 páginas.

El Malecón 2000, construido en la ciudad de Guayaquil a finales del siglo pasado como la obra emblemática de la “regeneración urbana”, marca un antes y un después en la configu­ración de la ciudad, en el imaginario de la ciudadanía y en la gestión urbana. Este proyecto promovido por la banca privada, aprobado por el acalde de turno, diseñado por una universidad extranjera y administrado por una fun­dación privada, oculta profundas contradicciones como el debilitamiento de la acción pública frente a la creación de políticas priva­tizadoras, el fortalecimiento de nichos de mercado en detrimento de procesos ciudadanos, así como la regularización de intervenciones localizadas en ausencia de una pro­puesta integral para la ciudad.

Las motivaciones políticas y económicas que ocultan las formas regeneradas del Malecón 2000, se reconstruyen desde un enfoque conciliador entre la materialidad del proyecto y el tejido social que lo determina, que ocupa un vacío no resuelto en los estudios urbanos y enfrenta la tendencia de ratificar como positiva esta nueva modalidad de intervención implementada desde los gobiernos locales. El libro pone en evidencia, las contradicciones que acarrean los grandes proyectos urbanos y la necesidad de introducir un pensamiento proyectual crítico para la producción de las ciudades. 


dimecres, 22 d’agost del 2012

Recerques GRECS - "El papel de las rutas de ocio en los procesos de tranformación urbana. Aproximaciones al caso de Poble-sec en la ciudad de Barcelona", investigación de máster de Albert Martín Pizarro (junio 2012)


Este pasado mes de junio se presentó el trabajo de máster El papel de las rutas de ocio en los procesos de transformación urbana. Una aproximación al caso de los bares de la calle Blai en el barrio del Poble-sec, de Albert Martín Pizarro. El objeto específico de esta investigación radicaba en torno a un análisis encaminado a profundizar en aquellos aspectos que puedan ofrecer perspectivas de interés para observar espacios de la ciudad en los que las relaciones sociales adquieren un protagonismo especial. Sin duda, este es el caso del bar y, por extensión, de aquellos lugares que compartiendo una naturaleza y función similares se ha dado en llamar espacios de socialización o de “sociabilidad privilegiada”. Para ello, se ha desarrollado r una perspectiva que ha enfatizado tanto lo ocurrido en el lugar-espacio en si como las distintas relaciones que mantiene con su entorno y por ende con el resto del espacio social urbano. Se ha propuesto de esta manera trascender su habitual asociación como espacios pertenecientes exclusivamente al ámbito del entretenimiento o la evasión (que también), considerándolos además como lugares propicios para la observación de las transformaciones económicas, urbanísticas y sociales que se ciernen sobre las ciudades, en general, y casos como el de Barcelona, en particular.

El espacio del bar percibido como un punto de encuentro o reunión de estas características nos obliga, en consecuencia, a plantear entre las cuestiones principales los vínculos establecidos entre los individuos, pero también para con el bar y el contexto en el cual se ubica. Es decir, tal y como se ha pretendido al examinar el caso de los bares de la calle Blai en el Poble-sec, entender la sociabilidad en el espacio del bar dilucidando el papel que pueden jugar en ello las estrategias de representación y reproducción social características del medio urbano. En este sentido, tanto la elección del objeto de estudio, los bares de la calle Blai, como el contexto inmediato que lo enmarca, el barrio del Poble-sec, se configuran como punto de partida desde el que abordar esta y otras cuestiones para, previo análisis de la realidad particular de cada local (así como del barrio en su categoría de contexto físico-temporal), constatar de qué manera se articulan estas relaciones con fenómenos que afectan a la totalidad del espacio urbano, tales como la constitución de itinerarios o rutas de ocio asociadas a la emergencia de espacios excluyentes y prácticas gentrifricadoras.

De hecho, la elección de este caso concreto viene dado precisamente por la emergencia del Poble-sec dentro de la oferta de ocio en Barcelona, así  como por la concentración de gran parte de ésta en torno a la calle Blai. Una calle que a partir de su peatonalización en el año 2002, ha visto aparecer un nuevo tipo de establecimientos orientados a satisfacer esa creciente demanda de ocio: a los locales nocturnos con una decoración altamente personalizada -esos que bien podrían denominarse como “modernillos”-, o los restaurantes étnicos y de autor, se unirán los nuevos bares surgidos de la reconversión de antiguas tiendas, colmados y otros establecimientos comerciales. Todo ello, ha contribuido a cambiar la cara de una calle a la que, para empezar, puede considerarse la manera en que se ha modificado su uso principal de antiguo “eje comercial” -compuesto hasta entonces por comercios y tiendas pequeñas, de barrio-, hasta su actual configuración como un paseo de “bares y terrazas”, veinticinco en total, si bien con notables diferencias en las características de cada uno de ellos.

Resulta obvio, por otra parte, que los cambios en el panorama físico y social de esta calle no se han visto afectados únicamente por las actuaciones realizadas en su espacio inmediato, sino que son producto también de las distintas transformaciones acontecidas en el seno del barrio durante las dos últimas décadas y que pueden sintetizarse aquí en los cambios económicos, demográficos y sociales de un Poble-sec que, allá por los noventa, afrontaba con cierto pesimismo su futuro. Sin embargo, en el devenir de estos veinte años fenómenos como la recién apuntada consolidación de esa oferta de ocio y restauración -estrechamente vinculada, eso sí, a la recuperación de espacios y recintos teatrales como el Teatre Grec, el Lliure o distintas salas del Paral·lel-, unida a la rehabilitación urbanística de distintas zonas y núcleos del barrio -como, por ejemplo, el de Santa Madrona en el que se ubica la calle Blai- o el auge del asociacionismo agrupado en torno a la Coordinadora d’Entitats del Poble-sec, creada en 1989, han sido sin duda piezas clave en el proceso de revitalización de un vecindario compuesto principalmente por gentes de la clase trabajadora y con un elevado porcentaje de personas inmigradas (cerca del 35%).

El tribunal que evaluó esta investigación estuvo compuesto por la geógrafa Rosa Tello, mi colega Irene Sabaté y yo mismo, como director del trabajo. La calificación obtenida fue de Excelente.

[La fotografía de la entrada está tomada en el carrer Blai de Poble Sec, en Barcelona. El autor es Yanick Delafoge. Procede de blog.yanidel.com/]


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