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dimarts, 16 de setembre del 2025

Memorias urbanas


Vecinos de Roquetes, en Barcelona, trabajando en las conducciones de agua para su barrio. Tomadas del documental "Històries de gent"

Artículo publicado en El País, el 3 de febrero de 2000

MEMORIAS URBANAS                           
Manuel Delgado

Dos exposiciones en y sobre Barcelona han venido a coincidir en el tiempo. Una, Passió per la ciutat, en el Palau de la Virreina, es una exaltación de la figura de Oriol Bohigas. La otra, Històries de gent, en el Centro Cívico Via Favència, hace hablar a la gente mayor del barrio de Roquetes a través de imágenes, objetos y palabras. La primera es una apología del urbanismo; la segunda –mucho más humilde, mucho más emocionante– lo es de su peor enemigo, aquello que todo urbanista quisiera ver sometido o desactivado: lo urbano.

La comparación entre ambas exposiciones lo es entre dos conceptos de la relación entre memoria y ciudad. De un lado la memoria oficial, la de las monumentalizaciones que deberían servir para lo que el propio Bohigas llamaba en Reconstrucció de Barcelona «la «homogeneidad cuantitativa y cualitativa de la ciudad..., lo que subraya la representación unitaria de la ciudad». Es decir la ciudad desconflictivizada y unificada, a la medida de un poder político que ansía hacerse con el control de un panorama social crónicamente confuso. Esa ciudad es una ciudad translúcida, dócil, cuyos habitantes se prestan sumisos y entusiastas a hacer de figurantes en una especie de superproducción hollywoodiense. La Barcelona estética, la Barcelona guay de los técnicos de imagen, la Barcelona que se subasta a las inmobiliarias, la Barcelona disciplinada que se ciñe a las consignas de sus administradores.

Lejos del Palau de la Virreina, en Roquetes, pero también allí mismo, a sus puertas, en las mismas Ramblas, está otra ciudad: la de los viandantes y los moradores, la de las experiencias reales de gente real, una ciudad hecha de rastros y de restos, de lo hecho, imaginado o deseado por una multitud multiforme, de aspecto caótico y racionalidad oculta. Una espesa niebla a ras de suelo. Ciudad secreta, interminada e interminable, puesto que no es sino el trabajo que sin cesar la hace y la deshace. Ciudad opaca que los jerarcas y sus arquitectos no ven y que tampoco les mira.

Buscando suplir por la vía ornamental y conmemorativa sus carencias en materia de legitimidad, los planificadores han saturado Barcelona de signos que les procuran la ilusión de que la ciudad se les parece. Levantan para ello monumentos que enaltecen los mitos sagrados de la fundación, del hito histórico, del héroe cultural, de un pasado que no es pasado de nadie, ni siquiera de ellos. A la sombra de esos puntos de luz política en el embrollo urbano, indiferentes a un alto significado que no les concierne, unos amantes se besan, discurren los peatones, los jóvenes pactan citas, posan los turistas, los abuelos toman el sol, juegan niños. Usos prosaicos que desacatan el objetivo último de todo monumento, que es constituirse en polo de verdad política en un espacio público que se nutre de lo que lo altera. Se nos recuerda así que la politeia o administración de la civitas nació de la necesidad de las castas económicas, sociales y políticas de apaciguar la vida urbana, de hacer de ella lo que no es ni será nunca: un organismo congruente, un paisaje programado, sin sobresaltos, sin efervescencias espontáneas, por donde sólo transcurren las identidades que previamente se han puesto en circulación y sólo sucede lo previsto.

El control sobre lo urbano –la urbs– es aquello a lo que todo orden institucional –la polis– aspira. En el plano simbólico se confía esa tarea a los planificadores de ciudad. Creen éstos que trabajan la forma urbana y no se dan cuenta de que lo urbano no tiene forma. Es un universo polimórfico e innumerable, desbarajuste autoorganizado, suma móvil de expresividades no pocas veces espasmódicas. Cohesionado, pero incoherente. Dicen que la ciudad es un texto que se puede leer. Es posible. Lo urbano en cambio no. Lo urbano es ilegible, puesto que es el resultado de códigos que se adaptan sobre la marcha a incontables mensajes cruzados. De espaldas a la inexistente comunidad política, la colectividad urbana, masas y seres que ajenos a lo concebido, se entregan sin sueño a lo practicado.

En la exposición de Roquetes, una barriada obrera levantada a mano por los inmigrantes, las imágenes, las cosas y las voces concretas de seres humanos concretos nos advierten de lo que ocurre a los pies de Bohigas, en esa imagen que recibe al visitante de la muestra en su honor y que presenta al arquitecto-demiurgo erguido como un gigante sobre un plano de Barcelona. Abajo, fuera de su mirada, una  inteligencia molecular hace rebosar la ciudad de otros monumentos, cada uno de ellos relativo a un momento histórico, a un encuentro al más alto nivel, a un combate incruento o terrible, a una derrota, a un levantamiento, a una catástrofe, a un milagro o una gesta, a una defensa heroica o a un adiós para siempre. Pero esos monumentos son implícitos, no aparecen en las guías ni en los planos municipales, son invisibles para quiénes no los erigieron un día. Registros escriturales polivalentes, inscripciones hechas con una caligrafía delicada pero incomprensible. Infinita superficie en que cada cual reconoce huellas propias y de otros. Lógica delirante y sabia que suma y remueve esa inmensa red que forma lo inolvidable de los vivos, lo inolvidable de todos los muertos.

Urbanistas y gestores no saben nada de toda esa humanidad al pie de la letra. Para ellos sólo cuentan sus tumbas vacías en medio de las plazas, sus estetizadas chimeneas, sus obeliscos, sus monolitos, sus grandilocuentes decorados verticales. Lo fálico de la ciudad. En cambio cada una de esas reminiscencias mínimas que hallamos en Històries de gent es un centro que, a su vez, define espacios y fronteras más allá de los cuales otros seres humanos se definen como otros en relación a otros centros y a otros espacios. Lo uterino de la ciudad.

La ciudad: unos creen que la dominan desde arriba ; los otros sencillamente, desde abajo, se apropian de ella. De un lado el despotismo del proyecto y del plan. Del otro lo múltiple, lo diseminado, lo que no se puede proyectar ni planificar. Contra un océano inconstante, contra los emplazamientos efímeros y las trayectorias en filigrana, contra los cuerpos a secas, contra ese ininteligible embrollo que se despliega ante sus ojos, las instituciones políticas ocupan los espacios urbanos e intentan sobreponerle sus nudos de sentido, los efectos ópticos que les devuelven una y otra vez su propia imagen, las coartadas que les justifican. El diseñador de ciudad está ahí para eso, para constituir las bases escenográficas, cognitivas y emocionales de una identidad política que se imponga por fin a una pluralidad inacabable de acontecimientos, ramificaciones, líneas, accidentes, bifurcaciones. Movimiento perpetuo, ballet de figuras imprevisibles, azar, rumores, interferencias..., Barcelona, el murmullo de la sociedad.



dimarts, 9 d’abril del 2024

Vidas baratas

La foto es de Ferran Nadeu

Artículo publicado en El País el 15 de febrero de 2007, a propósito de la destrucción de la barriada de casas baratas del Bon Pastor. Sobre este proceso apareció luego publicado un libro fundamental, La ciudad horizontal, de Stefano Portelli (Bellaterra).

VIDAS BARATAS
Manuel Delgado

Siempre es la misma historia. De pronto, alguien, en algún sitio, decide algo que cambiará la forma y la vida de un barrio. Primero se lo declara “obsoleto”, luego se redacta un plan perfecto, se elaboran unos planos llenos de curvas y rectas, se hace todo ello público de manera atractiva –dibujitos y maquetas– y se promete una existencia mejor a los seres humanos cuya vida va a ser, como el lugar, remodelada. A continuación se proponen ofertas de realojamiento –que siempre perjudican a quienes no podrán asumir las nuevas condiciones que indirectamente se les impone–, se encauzan dinámicas de participación –orientadas de hecho a dividir a los vecinos afectados– y luego se continúa sometiendo a ese trozo de ciudad a un abandono que ya lo venía deteriorando para disuadir a las víctimas-beneficiarios de la transformación de su urgencia e inevitabilidad.

Ese es el caso de las Casas Baratas del Bon Pastor, 783 viviendas de una planta edificadas en la década de los años 20 para albergar a barraquistas e inmigrantes, testimonio de las épocas cada vez más lejanas en que la vivienda social era una preocupación para las autoridades municipales, un asunto para el que se procuraban soluciones que, por precarias que fueran, eran al fin y al cabo soluciones. Los interiores son pequeños, pero no menos que lo que hoy se propone como “nuevas soluciones habitacionales”. Con el tiempo, muchas familias habían adecentado sus casas hasta hacer de ellas un espacio notablemente más amable que el de los bloques de pisos que les rodean. Además de ser un valioso ejemplo de un determinado urbanismo –adaptación humilde de la tipología de la ciudad-jardín–, el barrio era un colosal monumento viviente a décadas de cultura popular urbana, en un escenario que se había demostrado propicio tanto para el encuentro cotidiano como para los momentos álgidos de la fiesta y de la lucha.

Todo ese yacimiento de memoria es lo que las excavadoras arrasaran pronto. La primera fase de demolición se ha iniciado sin darle tiempo a buen número de hogares a acabar de empaquetar sus enseres, pero sobre todo sin que se hayan acabado de resolver judicialmente las demandas interpuestas por las familias que han negado a aceptar las condiciones de su traslado y están exigiendo una indemnización por los daños morales que supone dejar atrás no sólo una casa, sino ante todo una calidad de vida que jamás podrán recuperar. Nunca más podrán volver a sentarse en su pequeño jardín o ante la puerta de sus casas a tomar el fresco y charlar con sus vecinos. Todo eso –la posibilidad de una cierta vida comunitaria en plena ciudad– quedará para siempre atrás.

Quienquiera que pasee ahora mismo por lo que había sido un barrio en muchos sentidos entrañable, se encontrará con un espectáculo bien triste. Decenas de casitas medio en ruinas o tapiadas y, entre ellas, aisladas –y por tanto a merced de cualquier asalto–, asediadas por el polvo y los escombros, las todavía incolumnes de las familias que no han tenido tiempo de abandonarlas o que se resisten al desalojo y confían en que el Ayuntamiento atenderá la decisión judicial instando a la detención cautelar de las obras. Todo ello en un espléndido ejemplo de mobbing institucional, una técnica de acoso y derribo –y nunca mejor dicho– ya aplicada en Barcelona –la Ribera, el Raval, Poblenou– y que consiste en hacerle la vida imposible a los vecinos que se niegan a abandonar casas condenadas por los planes urbanísticos e inmobiliarios, someterles a una presión que les obligue a abandonar su resistencia y dejar el paso libre a los planes de “refuncionalización” de sus barrios. Ni que decir tiene que de todo ello ni una palabra en los medios de comunicación, para los que el hostigamiento contra inquilinos inconvenientes o díscolos es una conducta perversa de empresas sin escrúpulos y nunca lo que tantas veces resultar ser: una práctica seguida por la propia Administración y aplicada por sus funcionarios, muchas veces con la ley en la mano; otras, no.

Un vistazo a su ubicación en el mapa de la ciudad y un paseo por el entorno desvelan inmediatamente las claves de tanta urgencia por borrar las Casas Baratas del Bon Pastor . A un paso de la nueva centralidad que se proyecta para la Sagrera, con la gran terminal del AVE, el edificio espectacular encargado a Frank Gehry y ese nuevo barrio que seguro que no será para el mismo tipo de humanidad que vivía y había luchado allí a lo largo de lustros. Se entiende por qué no se planteó la posibilidad de rehabilitar todas o parte de las viviendas ahora sentenciadas, lo que hubiera permitido que los vecinos pudieran elegir entre quedarse en ellas o no: suculentas hectáreas de suelo de propiedad municipal que pronto valdrán infinitamente más de lo que va a costar su remodelación. Terreno liberado para el mundo que se avecina, en que ya no habrá vecinos, sino clientes y en los que las nuevas clases medias que un día fueron progresistas podrán presumir de haberse comprado un magnífico piso en un “barrio popular”. Un negocio redondo en el que los perdedores serán una vez más los de siempre.

Y nadie se acordará de los expulsados de hoy, muchos de ellos viejos, pobres y feos –vidas baratas por tanto–, pero con una historia y una grandeza obreras de la que los nuevos habitantes que habrán de venir no sabrán ni podrán saber nunca nada.


divendres, 7 de gener del 2022

Què és un barri?

Foto de David Suñol

Consideracions per a Isabel Gutiérrez, estudiant del Grau d'Antropologia Social preparant el seu treball final sobre el naixement d'un barri a Barcelona. Enviat l'abril de 2015.

Què és un barri?
Manuel Delgado

Com et vaig plantejar, una de les qüestions fonamentals és, per al teu treball, contribuir a una definició de barri és a dir què és el que s'està entenent per aquest concepte al qual assignes un paper protagonista, sobre tot perquè tens entre mans un tema tan apassionant com el de com neix i en funció de quins factors. Aquest ha de ser el teu tema.

Hi ha alguna proposta que permet definir què és un barri. Per exemple, unes dimensions ni massa grans, ni massa petites; ha de tenir uns límits reconeixibles en determinats carrers o places, límits que no tenen perquè coincidir amb els administratius; reuneix una població més aviat socialment homogènia; la seva morfologia deu no només permetre, sinó propiciar la interacció entre residents; li sol correspondre un cert sentiment de pertinença, que de vegades pot ser clau per a presentar i reconèixer la posició que cadascú ocupa en relació amb la societat en conjunt, ja que és la seu d'una xarxa estratègica de solidaritats tant duradores com efímeres. Aquesta és la relació de característiques que ha de reunir un barri que proposa Guy Di Meo a "Les paradigmes du quartier urbain", Sciences de la société, 30 (1993). Hi ha un tret més que no pot faltar: un barri ha de tenir un nom, una denominació d'origen que permeti reconèixer una individualitat col·lectiva. Com recordaràs, aquest va ser un afer clau en la nostre discussió: com Fort Pius passa a designar-se com a Fort Pienc.

El teu model etnogràfic està constituït per veïns. Atura't també aquí. Heus aquí un altre assumpte sobre el qual tampoc pots passar de qualsevol manera: veïns, de "veïnatge", que apliquem a un vincle social basat en la proximitat. Hi ha unes consideracions molt interessants de José Luis García a propòsit d'aquests conceptes de "veïnat", "veí", "veïnatge", etc. És un apartat titulat "La vecindad territorial", que està al capítol 5 d'Antropologia del territorio (Tallers JB) i que fa referència a l'exemple empíric que presenta relatiu al poble asturià de Bustielo. T'envio el llibre sencer.

Aquesta qüestió és important, ja que et col·loca el que anomenaríem la "essència" del concepte barri en un tipus específic de vincle social basat en la proximitat i en la rutina de les trobades en un context territorial delimitat, associat al del domicili per descomptat, però que també pot ser el de la freqüentació, com és el cas de la nostra identificació amb el barri on està ubicat el nostre lloc de treball o d'oci. En el meu cas, per posar-te un exemple, la meva infància transcorre entre Hostafrancs i Magòria-la Guatlla, visc, com saps, a Fort Pienc, treballo al Raval i sento una inclinació especial per Vallcarca, on passo uns bons moments amb gent que vull. Tots aquests són "els meus barris", en tant em sento lligat d'alguna manera a ells i la seva història i els seus assumptes són també per tant els meus. I això és també important, ja que en tots aquests casos s'aprecia la diferència que mai has de perdre de vista entre barri i veïnat. Tot barri és un veïnat, però no tot veïnat és un barri, de la mateixa manera que no tota llar és una casa, però no tota casa és una llar. Per ser un barri veïnatge o veïnat ha de ser més i altres coses, i aquestes coses altres o més són les que un sap apreciar, perquè les ha viscut.

Això és així perquè el barri és, d'una banda, un espai subjectiu associat a pràctiques individuals el sentit és sobretot biogràfic, tot i que sovint pugui servir per recompondre un vincle social que la ciutat en el seu conjunt i les relacions anònimes i de distanciament tendeixen a dissoldre. És fonamental que aquest territori aparegui definit sobretot perquè en relació a ell es generen sentiments -de vegades poderos- que cal emparentar amb els patriòtics, que, com aquests, estan associats no només al desplegament d'unes relacions reticulars basades en la proximitat, en un conjunt més o menys intens i extens de pràctiques col·lectives o en el reconeixement mutu "de vista", que dóna peu a aquesta figura la importància t'acabo de subratllar: "veí". Aquests sentiments estan directament vinculats amb el que ha estat i és per a tots una escola perpètua que ens va permetre en el seu dia -de nens / es- i que ens obliga dia a dia a inscriure la nostra història i el nostre present personal com una articulació permanent d'aquest espai que anomenem privat i aquest altre, el dels espais d'interacció despersonalitzada i basats en aquesta mena de preservatiu per a les relacions humanes que és l'anonimat tal com veiem que actua en això que, per contrast al barri, anomenem "el centre ". Tu pensa que això és especialment aplicable en el teu cas d'estudi. Ja saps el crit de guerra de la gent que t'interessa: "Fort Pienc, municipi independent".

El barri és una autèntica institució social de primer ordre al qual se li reserven tasques fonamentals en la formació de la persona, ja que es constitueix en el motlle o configuració bàsica per a qualsevol modalitat a apropiació psicològica i afectual de l'espai, crec que de qualsevol espai , ja que és la nostra primera experiència -constantment reeditada- d'aquest espai col·lectiu, aquell que s'estén més enllà de les portes del que anomenem "la nostra llar", i que és menys nostre i fins i tot menys col·lectiu com més ens allunyem d'ell .

La identitat de barri -tots els sabem- és una part fonamental de la nostra identitat com a individus que tenen consciència que -ho vulguin o no - no acaben mai en si mateixos, trenada amb altres categories d'adscripció no menys importants, una de les quals - per cert- no pot deslligar-se d'aquest paisatge vital a què estem llamand0 barri. Em refereixo, és clar, al de classe social. És curiós -el sento; em ve al capdavant- com canvia l'univers social i de classe quan fas una cosa tan senzilla com, com quan vas a la Reina, creuar un carrer d'altra banda no massa àmplia com és la de República Argentina. Amb un acte tan simple el que fas és de transitar d'un barri popular com encara crec que és Vallcarca i entrar en un altre majoritàriament de classe mitjana alta com és Sant Gervasi.

Si el barri és, com a categoria i com a experiència, tan important, és perquè en ell es produeixen llaços que són en si mateixos el que permet impedir aquesta ruptura que s'establiria entre la vida íntima, la privada i la pública, com si els veïns es prestessin a una funció mediadora que fa possible superar l'abisme brusc que es produiria entre el completament públic i el completament privat, com si prestés una possibilitat de graduar els nivells que permeten apropar i allunyar-se de la casa, a la manera com fem quan anem reconeixent rostres i llocs que se'ns van fent -interessant expressió- més familiars o que ens permeten reconèixer a persones a les que coneixem prou feines res, dir d'elles que "són del meu barri" o "són del barri".

Aquest és l'argument d'un treball indispensable, que és l'apartat "Habiter", en el segon volum de La invention du quotidien. Habiter, cuisinier, en què Pierre Mayol categoritza el valor central del barri com a forma de vida en comú, però també com a experiència vital. N'he trobat una versió en espanyol. Te l'envio. Per cert, aquests autors no ho esmenten, i ni tan sols estic segur que ho sàpiguen, però aquesta idea que plantegen del barri com a espai de trànsit entre l'espai totalment privat i l'espai completament públic és idèntica a la d'espai transicional d'un psicopedagog anomenat Donald Winnicot. Per si t'interessa, el desenvolupa, per exemple, en un llibre titulat Juego y realidad (Gedisa). Però t'ho esmento només a títol de curiositat. No cal que ho busquis.

Això per una banda. Ara bé, al mateix temps que el barri és un espai subjectiu de pràctiques individuals, també és inseparablement un espai objectiu de i per a l'acció col·lectiva.

El barri és una unitat social clau, associada a un tipus d'integració social basada en la proximitat i en les interaccions freqüents cara a cara que no tenen per què estar exempta de conflictivitat i de pràctiques d'exclusió, ja que el conflicte és també un mecanisme d'integració, potser qui sap si el més eficaç, com ho és també -encara que es vingui de gust 1 paradoxa- l'exclusió que estiguin fetes certes relacions de veïnatge. Tot això ho estàs veient bé en el teu investigació sobre Bon Pastor, però valdria per qualsevol altre dels barris en què estan treballant els teus companys del grup de recerca.

Aquí amb el que et trobes és amb el paper que els barris han jugat sempre en les lluites populars, per la seva tendència a convertir-se en baluards des dels que les classes populars podien acuarterar-se, per així dir-ho, en certs moments crítics. I això val per als barris antics de les ciutats com, després, els grans barris de blocs en les perifèries urbanes. En tots els casos, hi va haver un element comú i bàsic que és de la concentració. És a dir, l'acceleració-intensificació que en qualsevol moment podien conèixer les relacions quotidianes entre persones socialment homogènies amb vista a dur-les a fer el mateix, en un mateix moment i lloc, en funció d'uns mateixos objectius compartits -en això consisteix bàsicament tota mobilització -, era la conseqüència directa d'un fet físic simple, però estratègic, com era la copresència i l'existència d'un nínxol d'interacció permanentment actiu o activable.

L'acció col·lectiva és llavors gairebé inherent a una vida quotidiana igualment col·lectiva, en la qual la gent, com sol dir-se, coincideix en el dia a dia, es veuen les cares, té múltiples oportunitats d'intercanviar impressions i sentiments, es converteix en vehicle de transmissió de tot tipus de rumors i consignes. La contestació, fins i tot la revolta, hi són, predisposades i fins i tot pressuposades en un espai que les propicia a partir de la facilitat amb que en qualsevol moment es pot "baixar al carrer", i a més a la pròpia carrer, la qual s'estén immediatament després del vestíbul de l'escala, en un espai exterior en què la trobada amb els iguals és inevitable i on és no menys inevitable compartir preocupacions, indignacions i, després, l'expressió d'una mateixa convicció que és possible aconseguir determinats fins per mitjà de l'acció comuna ..

El veïnat es converteix d'aquesta manera en un factor desencadenant de determinades relacions socials, entre elles les associades a l'actuació col·lectiva darrere d'objectius comuns. Concentrar es reconeix una vegada més com a sinònim de concertar, o, dit d'una altra manera, ens tornem a trobar amb les conseqüències del factor aglutinant en els processos de contestació, factor que no resulta d'altra cosa que de l'existència de contextos espacials que afavoreixen la interacció immediata i recurrent.

Et correspon seguir la pista del concepte de barri. En la seva arrencada et trobaràs, com sempre, amb l'Escola de Chicago i la seva associació barri-vida comunitària -la comunitat urbana a la qual es referia l'Escola de Chicago. Val la pena que li facis un cop d'ull al que deien sobre el concepte chicaguià de comunitat urbana, sobretot sobre la seva idea d'un tipus específic d'àrea moral en el qual era possible una certa restauració de la vida comunitària que el desordre urbà -que ja saps com s'obstinaven a denunciar, encara que els fascinara- havia dissolt. Pots conformar, a títol d'introducció en aquest perspectiva, per l'article de Robert Ezra Park "La comunidad urbana", del 1925, que està a La ciudad y otros ensayos de ecologia urbana (Serbal). Per cert, em vaig trobar en una llibreria vella un exemplar raríssim de la versió espanyola antiga de Sociologia de la comunidad urbana, de Nels Anderson. El va traduir en 1960 FCE.

Ara bé, per a mi l'obra crucial és la d'un autor que hauríem de conèixer més i millor. Em refereixo a Raymond Ledrut. Era d'una sensibilitat i lucidesa que mereix ser reconeguda. M'entusiasma. És ell qui dedica al barri un acostament més interessant i més útil al temps. El seu Sociologia urbana és del 1968 i tinc una traducció que va fer l'Instituto de 'Administración Local en 1971. Com a complement, fes-te amb el seu Les images de la ville (Anthropos). No sé si està traduït, ni tan sols si hi ha una reedició -és de la mateixa època-, però val la pena. És un dels meus llibres favorits. Jo tinc els dos focopiats. Si vols te'ls passo. Deuen està a la biblioteca. 

I mirat també el que diu Henri Lefebve al capítol XIV de De lo rural a lo urbano (Alianza). T'adjunto el llibre sencer. Si vols llegir més,  la revista Espaces et Sociétés dedica el seu número 108-109 de 2002 als barris. Està molt bé. Hi ha investigacions interessants sobre com les persones conceptualitzen les seves relacions territorials a nivell de barri, és a dir com pensen i representen això que donen a cridar «seu barri», sobretot a partir de l'elaboració de mapes mentals. Així ho reconeix Lorenza Mondana en un llibre que et recomano: Décrire la Ville. La construction des savoir urbains dans l'interaction et dans le texte (Anthropos). En espanyol tens el que ha escrit Ariel Gravano. La cultura en los barrios (Centro Editor de América Latina), y Antropología de lo barrial y El barrio en la teoría social, els dos en Espacio Editorial. T'adjunto un d'aquests llibres. Els altres els tinc referenciats, però no els he llegit. També t'adjunto dos llibres d'un altre autor de referència: Roger S. ahlbrandt, Neighborhoods, People, and Community, y el de Neighborhoods and Urban Development, de Anthony Dows. I alguna coseta més que et podria servir.




diumenge, 26 de desembre del 2021

Consideraciones sobre el inmerecido descrédito de la vivienda en bloque

Imágenes de Montbau, en Barcelona, un ejemplo que cité en clase de barrio de bloques de calidad
 
Comentario escrito enviado a la gente de la asignatura Antropologia dels espais urbans del Màster d'Etnografia i Antropologia de la UB, el 12 de noviembre de 2014.

Consideraciones sobre el inmerecido descrédito de la vivienda en bloque
Manuel Delgado

Me gustaría detenerme en algo que apareció ayer en la discusión a propósito de las consecuencias de la concepción que el Movimiento Moderno y de la aplicación de los principios de la Carta de Atenas tuvo de la cuestión de la vivienda. Como expliqué, el modelo de vivienda en bloque que empieza a extender en los años 60 y, luego, los grandes polígonos de viviendas han sido modelos de crecimiento urbano muy criticados, sobre todo cuando acabaron sometiéndose al principio de beneficio y la pésima calidad arquitectónica de la mayoría de proyectos.

Pero es cierto que la forma de agregación de las viviendas y la provisión de espacios para el encuentro, como la propuesta de nuevas formas de habitualidad o la evidencia de que realmente no había alternativas habitacionales para los grandes cambios demográficos que experimentaron las sociedades urbanas europeas, potenció expresiones de vida colectiva una de las cuales fue justamente la de la movilización para la lucha social, como reclamación y obtención del derecho al uso intensivo y no instrumental del espacio público. Con todos sus inmensos defectos, la construcción de conglomerados de bloques implicó, en un cierto momento, una definición de las expansiones urbanas y de la ciudad misma colocando en primer término la cuestión de la vivienda social, que adquiría así un protagonismo que ni había tenido nunca, ni recuperará posteriormente.

Me detuve en la vinculación entre movimientos sociales y polígonos de viviendas. En efecto, en un determinado momento se produjo en los polígonos de vivienda —acaso a principios de los años 70 del siglo pasado— una traslación al campo vecinal de una dinámica casi idéntica a la que había producido el primer sindicalismo obrero a mediados del siglo XIX, en la medida en que los altos niveles de socialización de los entornos habitados que conocieron las viviendas de masas descubrieron una serie de intereses comunes, en una unidad de vecindad que reproducía las condiciones de concentración capitalista de la producción y la gestión que habían conocido las grandes concentraciones fabriles de la revolución industrial y que estaban en el origen de los primeros sindicatos obreros.

Esto se podría traducir, habría que añadir de nuestra parte, que no es lo mismo la lucha de los vecinos-obreros, en tanto que obreros, haciéndose fuertes en sus barrios en las grandes revueltas urbanas contemporáneas, que la lucha de los vecinos- obreros, en tanto que vecinos, los grandes conglomerados de viviendas que rodeaban las grandes ciudades europeas en los años 60 y 70. Se está hablando pues de cómo en estas condiciones se podía producir por primera vez una percepción en clave de lucha de clases del significado del fenómeno urbano.

Entra cuestión entonces un aspecto fundamental en la vieja discusión sobre el valor y el sentido del urbanismo producido por el Movimiento Moderno en materia de vivienda de masas. Si se pusiera el acento en su evaluación positiva en términos de progresismo, tendríamos que, por criticables que fueron con respecto a las condiciones de proyección, ejecución, asignación, mantenimiento , etc. , ese tipo de crecimiento urbano, incluso en sus peores manifestaciones, respetaron elementos de aquel proyecto moderno de grandes nucleaciones orgánicas de vivienda social, tales como la adopción de islas abiertas , la incorporación de centros cívicos y sobre todo la apología que constituían del modelo de unidad de vecindad. Si, por el contrario, enfrentamos las propuestas racionalistas de grandes concentraciones aisladas de vecindad obrero coma una estrategia a fin de reaccionaria, destinada a generar conformismo entre los trabajadores, lo que tendríamos es que la situación acabaría propiciando más tarde o más temprano que los conflictos latentes acabaran convirtiéndose abiertos y todo ello hiciera posible el aprovechamiento de los espacios comunes con fines "no deseados", es decir para el conflicto.

Eso es un poco lo que insinué en la clase de ayer, que han sido dificultades a la hora de controlar políticamente y policialmente las ciudades-dormitorio una de las razones que determinado su abandono como tipología a practicar. En cualquier caso, entre los factores que provocaron el declive de los barrios populares de bloques no figura el de la solución definitiva de los problemas de acomodo de los más desfavorecidos que provocaron su generalización. Las abominables y abominadas ciudades-dormitorio de los sesenta y setenta resultaron de una intervención pública que ensayó soluciones a un cada vez más agudizado problema de la vivienda, un problema que hasta entonces había sido aliviado a través de la igualmente detestable solución de la autoconstrucción en agrupaciones chabolistas.

Por supuesto que tanto una solución como la otra fueron indeseables y es difícil justificar un elogio tanto del infravivienda chabolista como de la construcción casi fraudulenta de bloques en pésimas condiciones. Ahora bien, eran ciertamente soluciones, y soluciones a un problema que no ha dejado nunca de existir, si es que en ciertos sentidos no se ha agudizado con la persistencia de una demanda que continúa muy activa: la de los jóvenes que, seguramente como vosotros/as, quieren constituir nuevos hogares, la de la gente mayor que sólo puede pagar alquileres muy bajos y, una vez más, como siempre, la proveniente de la inmigración.

Eso es lo que hace elogiable y vindicable esa herencia de las concepciones racionalistas sobre la vivienda obrera. He ahí un objetivo deseable: recuperar lo fue su preocupación por la vivienda social y, al tiempo, reanudar el papel central de la gestión pública en el crecimiento urbano.




diumenge, 10 d’octubre del 2021

Barrionalismo

La foto es de Paco Gallardo

Entrada en el blog "Seres Urbanos" de El País, 24 de enero de 2018

Barrionalismo
Manuel Delgado

Acaba de aparecer el Diccionario de las periferias. Métodos y saberes autónomos desde los barrios, editado por Traficantes de Sueños, una de las fuentes básicas, hoy, desde la que obtener bibliografía crítica sobre y contra la destrucción de las ciudades a manos de sus depredadores económicos y políticos. El libro es un glosario de términos clave para entender la vida de los barrios –"ascensor", "autogestión", "economato", "bares"…– y está centrado en el barrio madrileño de Carabanchel, aunque amplía su campo de atención a una parte importante de los suburbios populares de la capital de España y contiene reflexiones generales útiles para entender  la experiencia urbana vivida en y desde lo barrial. El libro es cosa de Carabancheleando, una plataforma de investigación-militante resultado de la complicidad entre el Observatorio Metropolitano de Madrid y una red de movimientos sociales y vecinales surgidos del movimiento 15M. Puede descargarse libremente. Lo merece.

Esta novedad editorial da pie a formularnos una pregunta, cuya respuesta no es tan obvia como parece. Podríamos hacerlo tomando como punto de partida una de las entradas del diccionario, "barrionalismo", un término que ya ha servido para centrar una tesis doctoral –la de Pedro Limón, en la Universidad Complutense de Madrid– a partir de los ejemplos de Poblenou (Barcelona) y Hortaleza (Madrid). Barrionalismo es una manera de nombrar ¬la pertenencia a un barrio como un ingrediente fundamental para definir y defender la propia identidad desde algo parecido a una forma hiperlocal de patriotismo. De hecho, en el artículo del diccionario se menciona como ilustración una secuencia de la película 'El día de la Bestia', de Àlex de la Iglesia (1995), en la que, cuando se interroga a uno de los protagonistas –Santiago Segura como joven heavy– sobre si es satánico, responde: "Sí; satánico y de Carabanchel". 

La cuestión es, ¿qué es o a qué llamamos 'barrio'? La contestación podrá parecer obvia, pero no lo es, por cuanto remite a una subdivisión que no puede ser descrita objetivamente a partir de criterios administrativos ¬–como el distrito–, ni siquiera geográficos o urbanísticos, por mucho que hayan sido establecidos oficialmente.. Excepto en países en que el término 'barrio' se aplica en exclusiva a sectores considerados pobres de una urbe, como es el caso de Venezuela, por barrio se entiende un territorio urbano con unas dimensiones ni demasiado grandes, ni demasiado pequeñas. También ha tener unos límites más o menos reconocibles, aunque no haya acuerdo a la hora de establecerlos cuando se pregunte por ellos. Por otra parte, suele o solía reunir una población más bien socialmente homogénea. Fundamental: su morfología debe no sólo permitir, sino propiciar la interacción entre residentes. Le suele corresponder un cierto sentimiento de pertenencia, que a veces puede ser clave para presentar y reconocer la posición que cada uno ocupa en relación con la sociedad en su conjunto, ya que es la sede de una red estratégica de solidaridades tanto duraderas como efímeras. Hay un rasgo más que no puede faltar: un barrio debe tener un nombre, una denominación de origen que permita reconocer una individualidad colectiva. De ahí que haya barrios con canción –"Ménilmontant", de Charles Trenet; "Almagro", de Carlos Gardel, o Transtevere¬, de Lando Fiorini–, o con películas, como Notting Hill, Chinatown o el Raval. 

Esta cuestión es importante, ya que nos coloca ante la esencia del concepto 'barrio' en un tipo específico de vínculo social basado en la proximidad y en la rutina de los encuentros en un contexto territorial delimitado, asociado al del domicilio por supuesto, pero que también puede ser el de la frecuentación, como es el caso de nuestra identificación con el barrio en el que está ubicado nuestro puesto de trabajo o de ocio. Nunca se debe olvidar la diferencia entre barrio y vecindario. Todo barrio es un vecindario, pero no toda vecindad es un barrio, de igual manera que no toda casa es un hogar. Para ser un barrio, una vecindad debe ser más y otras cosas.

Esto es así porque el barrio es, por un lado, un espacio subjetivo asociado a prácticas individuales; su sentido es sobre todo biográfico, aunque a menudo pueda servir para recomponer un vínculo social que la ciudad en su conjunto y las relaciones anónimas y de distanciamiento que le son propias tienden a disolver. Es fundamental que este territorio aparezca definido sobre todo porque en relación a él se generan sentimientos poderosos, relacionados con un conjunto más o menos intenso y extenso de prácticas colectivas y con el reconocimiento mutuo, al menos "de vista", que otorgamos a ese personaje de nuestra vida de cada día al que le atribuimos el papel social de "vecino". La serie australiana de los 80, 'Neighborhood', era una excelente ilustración de ello.

En cualquier caso, el barrio es una verdadera institución social de primer orden a la que se le reservan, todavía hoy, tareas fundamentales en la formación de la persona, ya que se constituye en el molde o configuración básica para cualquier modalidad a apropiación psicológica y afectiva del espacio, de cualquier espacio, ya que es nuestra primera experiencia –constantemente reeditada– de esa región que se extiende más allá de las puertas de nuestra casa y que es menos nuestra e incluso menos colectiva cuanto más nos alejamos de ella. 

Si el barrio es, como categoría y como experiencia, tan importante, es porque en él se producen lazos que son en sí mismos lo que permite impedir esta ruptura que se establecería entre la vida íntima, la vida privada y la vida pública, como si los vecinos se prestaran a una función mediadora que hace posible superar el abismo brusco que se produciría entre lo completamente público y lo completamente privado, dándonos  la posibilidad de graduar los niveles que permiten acercarnos y alejarnos de casa , en la forma en que hacemos cuando vamos reconociendo caras y lugares que se nos van haciendo poco a poco más familiares o que nos permiten reconocer a personas a las que sabemos poco más que 'son del barrio'.

Ahora bien, al mismo tiempo que el barrio es un espacio subjetivo de prácticas individuales, también es un espacio objetivo de y para la acción colectiva. El barrio es una unidad social clave, asociada a un tipo de integración social basada en la proximidad y en las interacciones frecuentes cara a cara que no tienen por qué estar exentas de conflictividad y de prácticas de exclusión. El libro de Carabanchaleando levanta acta de esos aspectos.

Es importante subrayar el papel que los barrios han jugado siempre en las luchas sociales, por su tendencia a convertirse en baluartes desde los que las clases populares podían acuartelarse, por así decirlo, en ciertos momentos críticos. Y esto vale tanto para los barrios antiguos de las ciudades como para los grandes polígonos de bloques en el extrarradio urbano. Pensemos en el ejemplo que nos prestaba de ello, no hace mucho, el conflicto en el barrio del Gamonal, en Burgos. En este y en todos los casos hubo un elemento común y básico: la aceleración y la intensificación que en cualquier momento podían conocer las relaciones cotidianas entre personas socialmente homogéneas como consecuencia de compartir un nicho de interacción permanentemente activo o activable.

La acción colectiva resulta entonces casi inherente a una vida cotidiana igualmente colectiva, en la que la gente coincide en el día a día, se ve las caras, tiene múltiples oportunidades de intercambiar impresiones y sentimientos y se convierte en vehículo de transmisión de todo tipo de rumores y consignas. La contestación, incluso la revuelta, están, predispuestas e incluso presupuestas en un espacio que las propicia a partir de la facilidad con que en cualquier momento se puede 'bajar a la calle', y a la propia calle, lo que se extiende inmediatamente después del zaguán de la escalera, en un espacio exterior en que el encuentro con los iguales es inevitable y donde es no menos inevitable compartir preocupaciones, indignaciones y, después, la expresión de una misma convicción de que es posible conseguir determinados fines por medio de la acción común. Décadas de lucha en los barrios del mundo entero por el derecho a la ciudad son la prueba de ello. Por proponer solo algunos ejemplos entre tantísimos, el barrio 23 de enero en Caracas, por lo bien descrito que está en un documental de Nuria Alabao y Lenin Brea, Fuegos bajo el agua (2008), y los barrios en las periferias de las ciudades francesas, por dos películas en que se representa su problemática: 'Ma 6-T va crak-er', de Jean-François Richet (1997), y 'La haine', de Methieu Kassovitz 

El vecindario se convierte de este modo en un factor desencadenante de determinadas relaciones sociales, entre ellas las asociadas a la actuación colectiva para lograr objetivos comunes. Concentrar se reconoce una vez más como sinónimo de concertar, o, dicho de otro modo, nos volvemos a encontrar con las consecuencias del factor aglutinante en los procesos de contestación, factor que no resulta de otra cosa que de la existencia de contextos espaciales que favorecen la interacción inmediata y recurrente. Vivir cerca se convierte entonces, a la menor oportunidad, en luchar juntos.


dilluns, 15 de març del 2021

¿A qué llamamos "barrio"?

La foto es de Daniel González y está tomada de http://danieleteee.blogspot.com.es/

Comentario para José Mansilla, colega del OACU, enviado el 14/3/2016.

¿A QUÉ LLAMAMOS "BARRIO"?
Manuel Delgado

En primer lugar, yo entiendo que Henri Lefebvre no hace tanto una crítica a la noción de barrio como una crítica a lo que él, en el capítulo XIV de De lo rural a lo urbano (Alianza), llama "ideología de barrio", que es el resultado de una mistificación del barrio como porción de la ciudad que puede ser contemplada al margen de las dinámicas socio-espaciales de las que forma parte y que lo determinan. De ese tipo de lecturas tenemos tendencias diferentes, de las que lo idealizan como rescoldo sobreviviente de la añorada gemeinschaft romántica a los que lo convierten en razón natural para el marcaje de ciertos seres humanos, como vemos en lo que Bourdieu y Wacquant llaman "efecto barrio", es decir de la concreción del efecto espacial o de la estigmatización territorial. Pero creo que ni tú ni ninguno de los compañeros/as del grupo ha incurrido en esa visión que sustrae los barrios investigados de los procesos sociourbanos que los enmarcan o de las emanaciones ideales que lo producen como objeto de pensamiento. Todo lo contrario.

La prueba de lo que te digo es que a lo largo de ese mismo libro —por si no lo tienes a mano, te lo adjunto— usa decenas de veces el término barrio. De sus capítulos, te pido que te detengas en el dedicado a las tabernas, el VIII. Es cierto que el barrio "ya no es lo que era", es decir que, como sostiene Lefebvre, es una suerte de anacronismo que tuvo sentido cuando, de manera objetivable, se correspondía con esa unidad religioso-administrativa que fue la parroquia. Pero, a pesar de ello, es inevitable reconocer que el término nos permite remitirnos a una unidad a la que, al margen de perimetraciones oficiales e incluso de su homogeneidad morfológica o social, damos el valor de fuente de identidad compartida —"nuestro barrio"— a partir ya sea de una experiencia biográfica personal y al tiempo colectiva, ya sea para aludir a un tipo específico de sociabilidad "de proximidad".

¿Lo ves? "Tu" barrio es el barrio donde hiciste un aprendizaje de vida fundamental con quienes eran tus vecinos o tu pandilla, puesto que ahí aprendiste el paso del hogar a la vida pública. Y luego "tu" barrio es el espacio de tus movimientos cotidianos, que podrías incluso objetivar si te dedicaras a mapear tus desplazamientos a pie del día a día en torno tu domicilio: la panadería o el paki donde te avituallas, el bar al que bajas a comprar tabaco o hacer el aperitivo, la biblioteca o el centro social "del barrio", la plaza o la calle principales donde paseas al perro, la parada de metro o de autobús desde la que vas a otros sitios, la gente con la que te cruzas por la calle y la reconoces "porque es del barrio". Etc.

De hecho, es eso que te acabo de decir lo que da sentido al valor "barrio" y lo que lo hace indispensable, incluso para Lefebvre, en su caso porque permite actuar como lo que en el mensaje a Miquel Fernández llamaba, siguiendo siempre a Lefebvre, mediaciones. En efecto el barrio, como noción, es fundamental como operador de mediación dialéctica, como tú mismo dices, entre espacio físico y espacio social, entre espacio social y espacio común, entre espacio cuantificado y espacio cualificado. O, como acabo de señalarte, entre la esfera doméstica y la experiencia de la vida pública total, es decir entre lo totalmente privado y lo totalmente público, de igual manera que el "vecino" es una figura mediadora entre la propia familia y los desconocidos totales que conforman la experiencia radical de lo urbano.

En relación a eso, la noción de "área" en la Escuela de Chicago es del todo incompatible, básicamente por los chicaguianos, en este caso Robert E. Park y como tú bien recuerdas, entendía el "área" como área natural, en la línea de la adhesión de toda la escuela al darwinismo social y la invención que conviene atribuirles de la ecología urbana. Difícil asimilar esa concepción de la ciudad como hecho natural a una perspectiva como la de Lefebvre, empeñada no solo en politizar el espacio, sino sobre todo en subrayar su condición dialéctica, que es justamente lo que le lleva a criticar la noción de barrio como no dialéctica, al tiempo que la emplea precisamente por sus virtudes como concepto mediador.

Por supuesto que lo que acabo de decir no le resta nada a la extraordinaria potencia metodológica de la Escuela de Chicago, ni a sus tantísima lucideces. Siento por ella una fascinación total, a pesar de su funcionalismo, de su moralismo, de su culturalismo. De hecho, una de las cualidades que cabe reconocerle a Manuel Castells es la de haber hecho un relectura en clave marxista de lo mejor de la escuela, sobre todo de sus exponentes más materialistas, como Amos Haxley Si te interesa esa vindicación crítica y politizadora que hace Castells de los chicaguianos, mirate la primera parte de La cuestión urbana (Siglo XXI). Y si quieres saber más sobre esa conexión, mírate lo que dice Castells sobre la Escuela de Chicago en La Ville aux résseaux, que es una larga entrevista que le hace Géraldine Pflieger (Presses Polytechniques et Universitaires de Laussanne).














dilluns, 22 de febrer del 2021

El discurs sobre el gueto i les polítiques de dispersió de pobres


La foto és de Zoltán Balogh

Article publicat al semanari Directa, núm. 47, el 2 de maig de 2007

EL DISCURS SOBRE EL GUETO I LES POLÍTIQUES DE DISPERSIÓ DE POBRES
Manuel Delgado

Si algun terme hem vist repetir-se en els discursos polítics i mediàtics a l’hora de fer un balanç moral del que ha vingut passant i continua passant a les perifèries urbanes franceses –però també d’altres països, com ara el Regne Unit o Bèlgica– és el de gueto. Espanta el gueto. “hem de combatre els guetos”, “cal evitar la formació de guetos”, “mireu el que està passant a França”, se’ns repeteix. La noció de gueto és polèmica. S'acceptaria com a definició adequada, que és un reagrupament espacial que associa estretament poblacions desfavorides a territoris circumscrits. Tot el que s'escriu o es diu al respecte del gueto sempre acaba suggerint que si les persones postergades no visquessin juntes els seus problemes quedarien solucionats, o com menys alleugerits. En realitat, amb prou feines si es dissimula que la concentració d'exclosos no és un problema per als exclosos, sinó per als excloidors. En altres paraules, que la lluita contra la segregació espacial de qualsevol sector  problemàtic ho és no tant contra la seva marginació espacial, sinó contra la possibilitat que éssers humans ofesos s'agrupin, reconeguin que comparteixen interessos i objectius i prenguin consciència de la seva força i de la seva capacitat de desplegar-la. 

El temps potser ha estat injust amb els aportaments de l'Escola de Chicago i no sempre s’ha apreciat fins a quin punt moltes de les seves intuïcions estaven carregades de sensitivitat cap a l'específic del fenomen urbà i cap a les seves qualitats autoorganitzatives. Les seves perspectives sobre el gueto, formalitzades en el clàssic de Louis Wirth, The Ghetto, publicat el 1927, van tenir el mèrit de percebre com la concentració en un mateix espai, fins i tot l'autosegregació, constituïen un avantatge per als no-assimilats –per emprar el terme que proposava el propi Wirth–, que trobaven en la proximitat física continuada un suport fonamental per a aquelles xarxes d'ajuda mútua que els permetien sobreviure en un univers social que en prescindia o els era hostil. És cert que continua sent incontestable el que apuntessin primer Engels i després David Harvey sobre com la segregació espacial resulta de les dificultats de la població amb recursos escassos a accedir al mercat de l'habitatge. Ara bé, sense qüestionar l'evidència que les persones que habiten zones residuals i deteriorades ho facin perquè no tenen cap altra opció, en el que els chicaguians tenien raó era en que, una vegada arrossegades a elles i tancades dins, no facin del seu enclaustrament forçós un lloc de i per a la resistència moral, la solidaritat entre iguals, les iniciatives col•lectives,  i, en determinades oportunitats, com hem vist en el cas francès, la contestació política. 

Vet aquí perquè el gueto ha vist augmentada la seva mala reputació, sistemàticament associat en les seves representacions al desordre, a la marginació, a la desviació, al vici, al delicte, etc., com si d'una colossal concentració d'anomia i detritus morals es tractés. Davant aquestes imatges -repetides una i altra vegada des dels discursos oficials- el gran argument en contra del gueto és la mai del tot ni justificada ni demostrada virtut de la mescladissa. La premissa teòrica és que l'antídot contra la segregació urbana i l'exclusió social és afavorir, mitjançant la intervenció pública, la barreja social sobre el territori, la convivència i la interacció en els espais urbans de diversos grups socials. Se suposa que intercalar classes socials i grups ètnics té efectes beneficiosos que, d'altra banda, mai no han vist comprovada la seva presumpta bondat en ordre a una altra cosa que no sigui calmar, per la via de la dissolució, la tendència que els sectors més desfavorits de la societat tenen a esdevenir font d'intranquil•litat. Vivint uns al costat de l'altre i trobant-se cada dia pel carrer, a la porta dels col•legis, a les places, als comerços, als bars, els segments socialment desiguals i amb freqüència amb interessos incompatibles, renunciaran a plantejar contenciosos i es fondran en una abraçada immensa, en la que es concretaria la utopia al mateix temps urbanística i política d'una superació dels antagonismes socials per la via de l'assumpció dels valors abstractes basats en el consens i la consciència ciutadana. 

Aquesta seria una de les bases del discurs antigueto tan inqüestionat ara per ara i que, com ha repetit Mikel Aramburu, està essent un dels grans arguments per justificar la manca de polítiques d'habitatge social.  Bé podríem dir que les polítiques urbanístiques antiguetos tenen una certa similitud amb allò que, des de l’època en la qual Enrique Múgica va ser ministre de Justícia i amb el consens de quasi tots els partits polítics, han estat les polítiques de dispersió de presos d’ETA. Com en aquest cas, aquesta preocupació per evitar la formació de guetos estan orientades en bona mesura a garantir la de dispersió territorial dels exclosos, esvair el seu descontentament, obstaculitzant que, a partir de l'elemental contacte cara-cara, poguessin prendre consciència compartida de la seva situació, però sobretot de la seva capacitat d'actuar col•lectivament i amb eficàcia contra ella. L'heterogeneïtat social que es proclama buscar a la constitució dels barris urbans no seria llavors sinó una estratègia en ordre a diluir la potencialitat qüestionadora d'aquells que s'ha col•locat als flancs més vulnerables i vulnerats del sistema de vida que uns gaudeixen i molts més han de sofrir. Dispersats, atomitzats, allunyats uns dels altres, amuntegats en reductes intersticials, els desfavorits -la classe depauperada i encara desarticulada classe obrera que alimenten els immigrants i els nous marginats de tota la vida-, vivint en forats separats uns dels altres, veuran col•lapsada qualsevol oportunitat de contemplar fins i tot quin punt són molts i capaços d'impugnar amb força el desordre que pateixen. 



dilluns, 25 de gener del 2021

Suburbio, margen y periferia

 
La foto es de Lena Mucha

Fragmento de la intervención en el curso La política desde las periferias, en la Cooperativa La Hidra, Barcelona, el 11/3/2016

EXPLOTADOS CONTRA EXCLUIDOS
Reflexión sobre quillos, chonis y quinquis (Besòs, octubre 1990)
Manuel Delgado

En el otoño de 1990, en el barrio del Besòs, en Sant Adrià del Besòs, en el límite casi indistinguible con el barrio del mismo nombre en la capital, el jueves 26 de octubre se desata el motín urbano más importante que ha conocido el país desde la guerra civil y hasta el momento. El desencadenante de aquellos acontecimientos fue la noticia de que el Ayuntamiento de la ciudad y la Generalitat de Catalunya habían decidido iniciar las obras que debían llevar a la construcción de 196 viviendas de promoción pública, en un solar de 13.000 metros cuadrados anexo al barrio —el Solar de la Palmera—, terreno que los vecinos hacía 13 años que reclamaban para equipamientos. El objetivo de la iniciativa inmobiliaria pública era “esponjar” —en realidad derribar— los barrios de Vía Trajana y la Catalana –60 hectáreas edificadas sin calidad alguna–, pero sobre todo el crónicamente conflictivo polígono de la Mina, asentamiento al  que fueron a parar las familias desalojadas de los barrios de chabolas del Somorrostro, el Pequín y el Camp de la Bota, que se levantaban en las playas del sur de Barcelona y que fueron demolidos a finales de los años 60. En ese barrio en tantos sentidos maldito vivían, según el padrón de 1991, 10.694 personas –imposible de saber con certeza el número real; en torno a un 25-30 % gitanas– en 2.400 viviendas distribuidas en 21 bloques.

Se hace pertinente aquí consensuar una distinción entre periferiedad, suburbialidad y marginalidad. Las tres cualidades dan cuenta de situaciones urbanísticas consideradas deficitarias y a corregir, pero no significan lo mismo para los urbanistas. En urbanismo, suburbio implica la aplicación de un criterio de grado, puesto que define una unidad territorial con niveles de calidad considerados comparativamente por debajo de los estándares medios tenidos por correctos. En cambio, un barrio periférico lo es al sometérsele a un criterio de distancia no solo física, sino también estructural, respecto de un centro urbano dado con el que mantiene relaciones de subsidariedad y dependencia. La noción de marginalidad, en cambio, no es ni de nivel ni de estructura; no es ni material ni funcional: es ante todo moral, puesto que alude a la condición inaceptable de aquello o aquellos a quienes se aplica. Un barrio marginal no es que esté en la periferia o constituya un suburbio; no está en límite exterior de la ciudad o bordeándola: es que está más allá. No está "abajo" en el orden social, sino fuera de él. Es lo que existe, pero no debiera existir. La cuestión se planteaba, por tanto y de manera explícita, como una operación que un editorial de El País (30.10.90) definía de "reubicación de la marginalidad".

Tanto el Besòs como la Mina eran —y son— barrios periféricos y suburbios que compartían su baja calidad urbanística y constructiva, así como el olvido de que habían sido objeto por parte de las administraciones públicas. Ambos ocupaban —y ocupan todavia— una zona codiciada para el desarrollo de una nueva región metropolitana o, mejor dicho, de la paulatina conexión de los barrios de la desembocadura del rio Besós a la Barcelona metropolitana... No se está hablando sino de la culminación del aplazado Plan de la Ribera, un colosal proyecto que, a finales de los años 1960, planeó la transformación del litoral barcelonés y que pronto se revelaría al servicio de una demanda inmobiliaria y de servicios "de nivel". Se trataba de una operación de desperificación del sudoeste del Besòs, disponiendo la gran entrada a Barcelona desde el Maresme y, en especial construir un gran puerto deportivo para 2.000 amarres y zonas de ocio y comerciales anexas en el litoral (La Vanguardia, 25.1.1991). En el asunto, que se desarrolló de forma más bien turbia, estaban interesadas todas las administraciones, que lo consideraban estratégico, hasta el punto de asumirlo como una auténtica cuestión de estado.

En aquella fase del proceso, el obstáculo inmediato a abatir era la Mina, una especie de pústula infectada de la que urgía liberarse lo antes posible para que los propósitos de reconversión de la costa barcelonesa pudieran llevarse a cabo. Porque la Mina no solo era un barrio periférico y suburbial, sino que, además, aparecía señalado como la concreción en la Gran Barcelona de lo que se entiende que es un barrio marginal, contenedor de vicio, delincuencia y disolución social. Dicho de otro modo, el proyecto de erradicación de la Mina y el traslado de sus vecinos al Besòs implicaba fundir y confundir un barrio marginal —es decir un barrio de marginados— con un barrio de "honrada gente trabajadora", es decir un barrio de clase obrera consolidada e integrada, aunque sea de forma precaria, en el orden de la ciudad. En la jerarquía material pero también simbólica de los espacios, el barrio marginal está en la banda más baja, más todavía que el barrio suburbial o periférico, siempre a punto de precipitarse por el abismo acechante de la desorganización social, un proceso de descomposición parecido al que han padecido, por ejemplo, los territorios que fueron obreros de las periferias urbanas francesas.

Planteándolo en clave de prototipos sociales imaginarios, el Besòs es un barrio al que corresponden los perfiles culturales de la choni o el quillo, es decir jóvenes hijos de la antigua clase obrera, castellanoparlantes, que viven en barrios periféricos de Barcelona o su área metropolitana, con gustos estéticos compartidos y que frecuenta determinados espacios de ocio. De ellos hablan películas como Haz conmigo lo que quieras (Ramón de España, 2003), Tapas (José Corbacho, 2005) o Yo soy la Juani (Bigas Lunas, 2005). Musicalmente, su representación podría ir de La Banda Trapera del Rio a los mucho más aceptables Estopa. Este joven está en paro o trabaja precariamente y es representado moviéndose en ambientes y con compañías que le colocan siempre al borde de la marginalidad. Puede ser mostrado como cayendo en ella, manteniéndola a raya o intentando huir por la vía de una buscada promoción social. El joven de la Mina es, en cambio, proyectado culturalmente como irredimible, sin escapatoria; el barrio en que ha nacido o donde vive le marca al fuego y le condena a encarnar de manera crónica al tiempo un detritus y una alarma sociales. Es él quien protagoniza las películas de José Antonio de la Loma (Perros callejeros, 1977; Los últimos golpes del Torete, 1980; Yo, el Vaquilla, 1985) y en quien piensan sus temas Los Chunguitos o Los Chichos. Ese es el drama que se desarrollaba en aquellas jornadas de octubre de 1990: el de la aproximación en el espacio físico de una diferencia ya de por si lábil en el espacio social, o, si se prefiere, la de una sobreposición, siempre inminente, entre lo quillo y lo quinqui, entre el joven al borde de la maginalidad y la del joven irrevocamente marginal.

Excluidos versus explotados, en un contexto en que la categoría "exclusión" empezaba a aparecer como un espantajo con que asustar a una cada vez más desarmada clase obrera, amenazada de caer en cualquier momento en el "riesgo de exclusión" si se negaba a plegarse a las imposiciones de un mercado laboral cada vez más despiadado. El choque podía ser leído, a su vez, entre los dos factores de una distinción clásica: la propuesta por Louis Chevalier (1969) entre clases laboriosas y clases peligrosas, consistente no sólo en formas distintas de peligrosidad para el orden dominante, sino en la distancia en términos de indeseabilidad que entre ellas se extiende, determinada por las diferencias entre géneros de vida, sobre todo porque esas clases "peligrosas" que se concentran en la Mina se singularizan por rechazar tanto los modales de clase media como la disciplina de fábrica que la clase obrera acabó asumiendo como propia, incluso para sus desobediencias.

dissabte, 22 de desembre del 2018

Sobre la investigación implicada


Mensaje para Muna Makhlouf, todavía entonces doctoranda, enviado el 18 de diciembre de 2014

SOBRE LA INVESTIGACIÓN IMPLICADA
Manuel Delgado

Le escribo para participarle una cosa con la que me ha puesto en contacto Stefano Portelli, que, como sabe, está haciendo una valiosa investigación en las Casas Baratas del Bon Pastor. Lo conoció cuando fuimos a ver la exposición sobre la Rambla en la Virreina. Se trata de un texto de Michael Herzfeld, a quien no sé si llegó a escuchar cuando lo trajimos hace unos meses a la facultad. Un gran tipo, por cierto. Muy vitalista y cercano. En nuestra línea.

Se trata de una reflexión a partir de su experiencia en lo que están siendo las consecuencias sociales de las grandes transformaciones urbanas en un sentido gentrificador, sobre todo en los casos Pom Mahakan en Bangkok y Rione Monti en Roma. El artículo se titula “Engaged anthropology, gentrification and the neoliberal hijacking of history”, publicat a Current Anthropology Vol.51, Supl.2, Octubre, 2011, pp.259-267. Se lo adjunto, porque he dado con él en la red.

En buena medida, lo que cuenta Herzfeld tiene que ver con lo que llama investigación engaged, que podríamos traducir como “implicada” o “comprometida” y lo que implica llevar a cabo una indagación desde una perspectiva que renuncia decidjdamente a las supuestas virtudes del distanciamiento científico y toma partido por una de las partes concernidas en un determinado conflicto derivado de cambios en la morfología urbana. La interpelo a usted porque este un asunto sobre el que hemos hablado con especial insistencia, pero podría dirigirme a Marc Morell, en función de su trabajo en el Barri de Palma; a Marc Dalmau, en la Colònia Castells, o a Marco Stanghieri en Vallcarca.

Creo que lo que plantea es muy interesante por lo que hace a la manera como esa implicación política del investigador, dejando de lado sus implicaciones éticas, si usted quiere, tiene implicaciones metodológicas y epistemològicas que no están en absoluto exentas de una importancia crucial. Me parece bien interesante lo que razona Herzfield.

Stefano también me habla de trabajos en esa misma línea de implicación investigadora o investigación implicada. Se refiere a Fabiana Valdoski, geògrafa del Grupo de Estudos sobre Sao Paulo (GESP/LABUR), que trabaja el caso de la favela Monte Azul;  los sociòlogos Tuna Kuyucu i Özlem Ünsal al barri de Basıbüyük, en Estanbul –Stefano estuvo por allí hace no mucho–, o Jordi Quiñonero en el barri del Partidor de Alcoi. Mire a ver qué encuentra por ahí y páseme las referencias, hágame el favor. Por supuesto que ahí hay que incluir a nuestro maestro y amigo Jaume Franquesa al barri Sa Calatrava de Mallorca, que es bien importante lo que ha aportado en esa misma línea.

A esos ejemplos, me permito añadir otro con el que he tenido un feliz contacto reciente. Se trata de Ibán Díaz, un profesor de geografía humana de la Universidad de Sevilla que presentaba hace unos días su tesis doctoral. Brillante. Es sobre la gentrificación en Sevilla, con una atenciòn particular en el barrio de Almeda. Excelente trabajo. Su director ha sido Víctor Fernández Salinas.  Mire el título: "Segregación, intervención urbanística y cambio social en Sevilla. La gentrificación del sector San Luis-Alameda en el marco del planeamiento general de 1987". Ibán estuvo trabajando con la gente del Gran Pollo de la Alameda, o sea que un excelente ejemplo de eso mismo de lo que estamos hablando ahora y de lo que tantas veces hemos charlado. A partir de ahí, he descubierto un libro suyo muy interesante que vale la pena que tenga presente. Se titula Sevilla, cuestión de clase (Atrapasueños). Voy a pedirlo. Creo que a Marc Morell le parecerá interesante. Le mando una cosa suya que he encontrado y le animo a buscar más cosas de este hombre.





Canals de vídeo

http://www.youtube.com/channel/UCwKJH7B5MeKWWG_6x_mBn_g?feature=watch