La foto es de Sam Lozano
Comentario para Isabel Gómez Ara, investigadora del grupo Cultura Popular i Conflicte, CPC, de l'Institut Català d'Antropologia, enviado en marzo de 2026.
Lo Real y la Grieta
Manuel Delgado
En efecto, el espacio en que aparecen los aparecidos es un intersticio entre universos que en principio deberían permanecer incomunicados, pero que se abren para que esa comunicación entre mundos -lo visible y lo invisible- se abra. Pero, ¿qué es lo que irrumpe: como en tu caso, lo inaceptable, lo insoportable de un pasado que se niega a pasar?
Si, en ese orden de cosas, te decides a seguir la pista de la noción de “grieta”, tal y como afecta al personaje de La bestia humana, de Zola -que en la película de Renoir encarna Jean Gabin– piensa en que quien la recuperar es Gilles Deleuze en el capítulo XIV de Lógica del sentido y, antes, en una cosa que titula “Zola y la grieta”, que recupera Capitán Swing en su edición del libro de Zola. Piensa en como describe Zola el momento en que la grieta se abre y lo que significan para el protagonista de la obra, Jacques Lantier. Cito: “Repentinas pérdidas de equilibrio, como fracturas, agujeros por los cuales su yo se le escapaba en medio de una especie de gran humareda que lo deformaba todo”.
Si escoges esa intuición a la hora de pensar y dar a pensar el espacio que te interesa, entonces lo que tendrás es que este, en tanto que grieta, implica la irrupción no de la realidad, sino de lo Real en el sentido lacaniano. Creo que te interesa.
Quien lleva a las últimas consecuencias la distinción entre lo Real y lo real o realidad es Jacques Lacan, que convierte la discusión en uno de los ejes de su crítica del conocimiento. En Lacan, lo Real es parte de su trilogía –ya sabes, Real-Simbólico-Imaginario–, que presenta al principio, en una conferencia de 1953 que tienes recogida en De los nombres del padre (Paidós). Lo Real, a diferencia de lo real o la realidad, no puede, por definición, ser representado, ni siquiera imaginado, tampoco ser sometido a código simbólico alguno, puesto que es de naturaleza cien por cien extralingüística. Corresponde a lo inaudito, un substrato descompuesto y disperso, que no tiene forma, aunque si la tuviera no nos sería dado conocerla, puesto que está más allá del umbral tanto de lo inteligible como de lo expresable.
Importante la diferencia esta entre lo real y lo Real. Lo real pertenece al lenguaje, puede ser dicho, escrito o retratado. Lo Real no, puesto que está antes o más allá de lenguaje; acaso debajo, en su subsuelo, o amenazándolo alrededor. Lo real es un concepto; lo Real, no. De hecho, sería un no-concepto, o sea, una manera de nombrar lo inconcebible. Si la realidad está hecha con todo lo posible, “lo imposible es lo Real”, dice Lacan, siendo “lo imposible” la única vía que permite decirlo, esto es, racionalizarlo. Lo que no implica que lo Real sea irreal, al contrario, es lo más real, un exceso de realidad que no podemos soportar. "¿Qué es lo Real?", le preguntaron una vez a Lacan. "¿Lo Real? Ni se sabe".
Lo Real, según Lacan, es aquello que podemos intuir que es la verdad oculta de todas las cosas, tanto las que imaginamos y simbolizamos como las que tienen una existencia a la que nuestro pensamiento no alcanza, pero no por sus limitaciones a la hora de percibir y comprender todo lo dado —a la manera de la cosa en sí o el ser del ser kantianos—, sino por resultar intolerable por aciago, ser despiadado y al tiempo inocente.
No se ha podido describir su presencia, ni que sea intuida, como una irrupción o un fogonazo de algo innombrable e inaguantable que conforma la vida cotidiana, algo así como la revelación de lo trágico, esto es, de lo irreversible, Su precedente sería lo que Freud llama, inspirándose en el imaginario del terror gótico, lo siniestro o lo ominoso, aquello que “estando destinado a permanecer secreto, en lo oculto, ha salido a la luz”, escribe. Lo Real es lo que está ahí, siempre, lo que Schelling nombraba como “la inquietante extrañeza”, ese fondo turbio de lo familiar que no nos es accesible directamente sino en forma de sugestión y a través de fisuras de la realidad.
Lo Real es inexpresable, aunque puede asomarse en ciertas circunstancias feroces. La literatura gótica o el romanticismo oscuro en el siglo XIX abundan en ilustraciones de ese afloramiento inopinado de lo Real. Ahí esta “la grieta” de Zola de la que te escribía. Pero también, por ponerte más ejemplos, es lo que ve Geoffrey Firmin, el protagonista de Bajo el volcán de Malcolm Lowry, cuando está borracho y se mira, como si fuera un espejo, en la pared, una superficie rugosa, dura, áspera, opaca, sin significado, en la que reconoce su rostro real. También lo que Kurtz vislumbra en el momento de su muerte y que le hacen pronunciar ante Marlow sus últimas palabras en El corazón de las tinieblas, la novela de Joseph Conrad. Ya sabes. Lo repito mucho: "¡Ah, el horror! ¡El horror!”.
¿Sabes cuál es mi ejemplo favorito de emergencia o insinuación de lo Real?. Pues cuando, en Yo anduve con un zombie, la obra maestra de Jacques Tourneur de 1943, Paul Holland y Frances Dae contemplan el resplandor del mar bajo la luz de la luna desde la cubierta del barco que les conduce a una isla en el Caribe. Cuando ella está admirando embelesada lo que se le antoja harmonía y hermosura, él le hace notar que lo que tanto le fascina es la consecuencia de miles de peces putrefactos acumulados bajo la superficie. Le dice: “Aquí no hay belleza, sólo muerte y descomposición”.
