dijous, 19 de febrer del 2026

Sobre la entrevista (o no decimos nunca lo que pensamos sino lo que queremos que los demás piensen que pensamos)

                              
La foto es de Yanidel

Nota per el estudiante Álex Tejero, enviada en octubre de 2024

Sobre la entrevista (o no decimos nunca lo que pensamos sino lo que queremos que los demás piensen que pensamos)
Manuel Delgado

La entrevista, en efecto, es un método que está registrado y previsto en todos los manuales, pero que, en efecto y como sospechas, es menos inocente de lo que parece. Digamos que existen dos perspectivas sobre la entrevista como método.

Una es la, digamos, “normal”. Según esta, la entrevista es una forma de recopilar, explicitar y estabilizar después en forma de análisis unos determinados contenidos objetivables gracias al control sobre la situación en la que se lleva a cabo la indagación. En este caso el objetivo último es que el entrevistador convenza y se convenza a sí mismo de su propia invisibilidad, o, al menos, de la reducción al mínimo nivel de su intrusión. Los resultados obtenidos en forma de información son objetivados, validados automáticamente, al igual que ocurre con descripciones de otras actividades producidas en otros contextos.

Otra es la que deberías tener en cuenta porque es menos obvia, aunque te complica un poco más la vida. Esta perspectiva entendería que la entrevista es un evento en cuyo transcurso el informador e investigador negocian conjuntamente presupuestos, posiciones, visiones de las cosas, proposiciones contingentes sobre la realidad. En este caso, el entrevistador no sólo no escamotea su presencia, sino que la reconoce como constitutiva de la propia situación en curso, es decir de la naturaleza coproducida por el propio encuentro entre informador e investigador, una eventualidad dotada de su propia lógica interna y organizada a partir de una inteligibilidad construida entre los participantes en este encuentro. Esto implica que la entrevista como información informa de la entrevista como contexto particular que no puede ni debe ser descontextualizado.

Te encuentras pues ante dos formas de concebir la entrevista como método. La primera es una concepción representacional, que entiende la entrevista como un recurso desconflictivizado, transparente, al que se encomienda la tarea de permitir que un informante transmita netamente una determinada información al entrevistador. Se trata de una concepción naïf y no problemática del encuentro entre informante e investigador, que supone que el entrevistador controla todos los parámetros del encuentro, lo que le permite obtener respuestas “verdaderas” a sus preguntas. Todo esto presupone, por supuesto, que ambos comparten un mismo código y que otorgan idéntico significado a las palabras y frases que van apareciendo en el flujo comunicacional, con lo que su relación puede calificarse de simétrica e igualitaria. La segunda concepción puede definirse como interaccional y praxeología y es propia de las concepciones que del discurso se hacen la sociolingüística interaccional y la etnometodología, de la que, a su vez, dependen las teorías de la conversación en general.

La entrevista, desde este punto de vista, se contempla como una acción que, como toda acción discursiva, no puede separarse del contexto en el que es realizada, de las situaciones en las que emerge ya las que sirve. Como interacción que es, la entrevista es una entidad autoorganizada endógena mente, elaborada colectivamente en el transcurso de su propia ejecución práctica. Es cierto que depende de factores externos preexistentes, pero en buena medida su desarrollo dependerá de un proceso constituyente local. Su existencia no puede reconocerse como formando parte de un universo social predecito y estable, sino de una conformación societaria que está en proceso permanente de construcción y que podemos ver configurarse sobre la marcha e in situ.

La diferencia entre estas dos concepciones de la entrevista –la representacional y la interaccional y praxeología– es que la primera nunca deja de pensar el discurso como una realidad estabilizada y estática, mientras que la segunda trabaja con el presupuesto de que el discurso es una forma interminable e indeterminada de dinámica social. Según la perspectiva interaccional, la información obtenida en una entrevista no es, por tanto, una descripción de sucesos, sino un suceso en sí mismo, una acción que no explica nada, sino que debe ser explicada. También la entrevista –como otros eventos discursivos– desmiente la presunta separación entre lengua y acto, entre decir y hacer. Hablar es actuar, decir es hacer. Y viceversa. La perspectiva interaccional y praxeología ya no contempla la interacción entre informante e informado -el investigador sobre el terreno que hace la entrevista- ya no como una relación no problemática entre palabras y conductas, sino como un proceso de construcción negociada de la realidad. La información obtenida no remite a hechos objetivables ocurridos antes y fuera de la interacción en la que se obtiene, sino a esa misma interacción, por lo que no puede sesgar los términos en los que ésta se desarrolla y en la que el entrevista aparece preocupado en no decepcionarte. Como en cualquier otra cirscuntancia, el entrevista, como cualquier de noticias, no te dice lo que piensa sino lo que quiere que pensemos que piensa.

Todo ello implica que lo que debe ser analizado –el objeto de conocimiento– no es lo que dice el informante, sino su decir, es decir cómo argumenta para reafirmar la verdad de su propio discurso, como ordena y provee de razonamientos plausibles –demuestra, muestra como evidente, da por supuesto, justifica, explica...– cuyos hechos habla, el estado de cosas que van emergiendo en el transcurso de la conversación, como les va dotando de inteligibilidad, como los ajusta entre sí para dotarlos de coherencia, cómo procede a su propia tematización como informante.

En resumen. La perspectiva que podríamos llamar escéptica contempla el entrevista como un evento comunicacional en cuyo transcurso los interlocutores, incluido el propio entrevistador, construyen colectivamente una versión del mundo. Tienes que mentalizarte de que la entrevista no es sólo un simple método de compilación de datos, una suerte de dispositivo neutro cuya eficacia y buen funcionamiento se dan por descontados y no deben ser puestos en cuestión. Por el contrario, el desarrollo de una relación entre investigador e informante debe ser concebido en términos de intercambio comunicacional problemático.




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