
La foto es de Dave Bottons
Comentario para Luis Domínguez, doctorando, enviado en marzo de 2024
La identidad subjetiva como producto de la interacción
Manuel Delgado
De lo que te estuve hablando de las funciones del conferenciante como ejemplo de lógica situada. Recordad, las funciones del conferenciante son varias. De entrada, la de autor, es decir responsable de un texto o al menos esquema anterior a la perfomance. Luego, la función de animador, que recubre el conjunto de los ajustes a los que se libra el conferenciante para hace de la escucha algo confortable. Y la función de actor principal, en el sentido teatral de la palabra, alguien que cree en su papel y hacer creer en él por parte del público, un trabajo de convicción que libran juntos el conferenciante y su público.
En eso consiste la interacción, conjunto de presuposiciones cognitivas compartidas, divisible en unidades de ritualización que parcelan la información. Y eso es también el juego de la vida social «es un ciclo virtualmente infinito de disimulos, descubrimientos, falsas revelaciones y redescubrimientos». Es, ante todo, la comedia de la disponibilidad.
Es posible que más allá del rol exista la persona, eso que queda cuando el rol se derrumba. Entre cinismo y sinceridad, posiciones intermedias, pliegues misteriosos en que se reunen engañados y no engañados. La sinceridad sería la calidad de un actor atrapado en su juego y por su papel: el engañado. El del cínico es el lugar del no-engañado, capaz de distanciarse de su propio rol. Toda la estrategia de construcción del self, el arte de las fachadas por antonomasia es una estrategia, un arte por definición cínico.
El objetivo último de toda manera es «no molestar», es decir satisfacer un principio de orden. El actor es constantemente un cooperante, sea fijo u ocasional, implicado en estructuras problemáticas y obligado a movilizar sus recursos para hacer frente a las circunstancias, por «quedar como sea bien».
Todo Goffman es una evocación del principio enunciado por Simmel a la hora de definir la sociedad : «acciones recíprocas de mediocre importancia».
El orden de la interacción en el mundo social es según Goffman, circulatorio, en el sentido de análogo al orden que rige en el tráfico de vehículos : ordenación de los encuentros y reencuentros sociales evitado los choques, las colisiones, para lo que siguen unas determinadas reglas convencionales, «códigos de circulación» que aseguran la fluidez de las conjunciones de personas.
Eso implica que Goffman no deja nunca de concebir el carácter público de la vida social en términos de percepción sensorial mutua, de visibilizaciones, de puesta en escena ritualizada, de órdenes expresivos. ¿Qué es lo que organiza los vínculos y las conexiones de los miembros de una sociedad para que se produzca cooperación y convivencia? ¿Qué asegura que sus acciones se remitan unas a otras y se encadenen de manera regular, estable, ordenada y con las mínimas contingencias de choque posible, es decir de conflicto?
Cuando se habla de acción individual, se habla de entidades que pueden ser atribuidas como predicados de un individuo-sujeto considerado como instancia no totalmente determinada de determinación. La aproximación interaccionista razona al contrario. Analiza en términos de acciones recíprocas, es decir de acciones que se determinan unas a otras en una secuencia, cuyos individuos no están sujetos a su identidad subjetiva, sino que es esta la que emerge de sus relaciones con otros individuos y con su entorno físico y social.
Ese axioma que estable la coextensividad vida social-vida pública parte de las siguientes bases:
A. Lo que constituye la interacción cara a cara es la copresencia corporal, el cuerpo a cuerpo, al ajuste mutuo de las conductas, el cumplimiento de las actividades en el campo de una percepción mutua que pasa por la gestión de ese cuerpo a cuerpo, es decir por el ordenamiento de una situación social.
B. Esa copresencia corporal es un asunto delicado a cuidar. Se trata entonces de descifrar las indicaciones emitidas por los cuerpos y regular la interacción a partir de estas señales. No se olvida que esos cuerpos que están en presencia el uno del otro son superficies sobre las que viene a inscribirse otra realidad : la de las personas, es decir la de las definiciones de uno mismo y de los demás. Lo más profundo es la piel.
C. Por tanto, el carácter público de la vida social consiste en dos fenómenos: por una parte, el empleo de lo que puede leerse sobre los cuerpos y su posicionamiento recíproco para organizar un reencuentro, ordenamiento de los contactos, instauración de las relaciones. Por otra parte, el hecho de que lo que puede ser percibido en el campo de una percepción mutua consiste no sólo en gestos o en movimientos corporales sin más, sino un conjunto de significaciones convencionales. Éstas expresan otro orden, el de las personas. Estas pueden generar una copresencia corporal supuesta a la vez de posición de unos cuerpos con respecto a otros en función de reglas convencionales, y de atenuar la confrontación de entidades tan vulnerables, tan susceptibles, tan suspicaces, que se determinan recíprocamente.
Para Goffman, la interacción se plantea en primera instancia como un problema de contacto, es decir de gestión u ordenamiento de una copresencia corporal, más que como un problema de integración de acciones individuales en lo que Mead había llamado «un acto social complejo». Esta copresencia entre cuerpos se debe producir sin que resulte afectado ese objeto de valor último que es la persona.
Este planteamiento pone en marcha dos supuestos :
1. La significación de las conductas es esencialmente expresiva, en el sentido de que son producidos y descifrados como expresando alguna cosa de quienes las protagonizan, es decir su identidad subjetiva.
2. Esa identidad subjetiva no es un dato existente a priori, una entidad dada que se aloja en el fuero interno, en el interior del actor. Al contrario, esta identidad subjetiva es el resultado de la confrontación de definiciones de quién es uno mismo reivindicadas y atribuidas. Esa identidad subjetiva está continuamente puesta en cuestión, debe rejuvenecerse a cada situación, se instaura y se mantiene en un vínculo externo, en un entre-deux, el que forman los cuerpos de los participantes en la acción.