La fotografía es de Javier Calvo https://streetphotographymagazine.com/article/see-you-in-the-streets/
Consideraciones para la clase de Antropologia dels Espais Urbans i la Globalització, enviadas en febrero de 2023
Una ciencia social de las circunstancias
Manuel Delgado
La interacción, en tanto que determinación recíproca de acciones y de actores, puede ser considerada como un fenómeno en sí mismo y por tanto puede ser observada, descrita y analizada. Es cierto que no existe en la realidad como entidad autónoma, pero puede ser viviseccionada de manera legítima, aislada a afectos analíticos, tratada como un orden de hechos como otro cualquiera, un sistema en sí, es decir como una entidad positiva que justifica un trabajo científico. La interacción cara a cara como una materia en sí misma, un sistema autónomo independiente, un auténtico orden social en el sentido durkheimiano.
La interacción posee sus propios mecanismos autorreguladores, que mantienen el orden, es decir el orden de la interacción. Los ritos de interacción son otras tantas oportunidades de afianzar el orden social. El orden social es el orden social en el plano de la interacción. No es el sujeto ni el grupo étnico, ni la clase social quienes se hacen objeto de ciencia social, sino la situación en sí misma, la interacción propiamente dicha, a la que el individuo debe acomodarse. Se trata, en cierto modo, de una sociología de las circunstancias, de las eventualidades de la vida cotidiana, organizadas como regiones autónomas o relativamente independientes de significación y estructuración.
El mundo social es precario: nunca tiene garantizado el orden. Toda sociedad vive en guerra civil permanente (Simmel). El orden de la interacción se parecería particularmente a una guerra fría. Si la sociedad no es una guerra de todos contra todos no es porque los hombres quieran la paz sino porque una guerra total sería demasiado costosa. La interacción se considera como una serie de fingimientos y contrafingimientos entre jugadores profesionales, abocados a una práctica convulsiva del «farol».
La unidad fundamental del análisis de Goffman son los avatares de la vida pública, entendida como el conjunto de agregaciones casuales, espontáneas, el mezclarse durante y por causa de las actividades ordinarias, las unidades que se forman, surgen y se diluyen continuamente, siguiendo el ritmo y el flujo de otras acciones, lo que causa una trama inmensa de interacciones.
Se trata de una perspectiva situacional capaz de describir y analizar la historia natural de las ocasiones sociales. Su objeto de estudio serán las reglas conscientes pero sobre todo inconscientes que las persona obedecen al mezclarse con los demás. Niveles normativos que se entrecruzan y se interponen, traspasan distinciones sociales más tradicionales, como son las instituciones primarias. Conocer estas normas es indispensable para poder interactuar de forma apropiada a las circunstancias y a los contextos.
Cada vez que estamos en presencia de alguien, damos lugar a comportamientos, jugadas, embites y acciones reglamentadas, muchas veces sin tener consciencia de ellas. Se trata del «saber comportarse». No tener una perspectiva clara de qué es lo que corresponde hacer frente a cada situación o contexto implica la posibilidad de ser sancionado.
La ocasión social es un «acontecimiento que se contempla antes o después como una unidad, un evento que sucede en un tiempo y un lugar específicos y que dicta el tono para aquello que sucede en su interior y durante su desarrollo». La ocasión presenta tres características : 1. Límites y fronteras perceptivas que la constituyen como acontecimiento, con las consecuentes normas de regulación la accesibilidad y de compromiso mutuo, que pueden ser más o menos claras y definidas. 2. Una influencia cognitiva y afectiva que se ejerce sobre los participantes. 3. Una organización interna en secuencias
Las situaciones sociales son «cualquier ambiente determinado por la posibilidad de un control recíproco tal que pueda prolongarse todo el tiempo que dos o más sujetos se encuentran en inmediata presencia física el uno del otro y que se extiende a todo el espacio en el cual semejante control es posible».
Goffman atribuye una gran importancia a la definición de situación. Definir la situación quiere decir responder a la pregunta què está sucediendo, es decir establecer los límites del comportamiento adecuado, el marco que distingue el episodio que se inicia y sus contenidos de otros, identificar a los intervinentes y a sus respectivos roles. Significa identificar cooperativamente una cierta estructura previa de expectativas y valores considerados pertinentes y adecuados. Infringir una de las normas de interacción postuladas para cada situación definida no sólo pone en peligro el status del infractor, sino que puede poner en crisis la viabilidad y hasta la realidad misma de la situación, a no ser que se lleven a cabo las reparaciones adecuadas en forma de rectificación o disculpa.
Esas alteraciones obligan a redefinir la situación. Definir la situación quiere decir estipular el significado y la estructura del encuentro, actuar como si existiera un acuerdo acerca de las convenciones a seguir, lo que Goffman llama un consenso operativo. Acuerdo entre lo que cada uno de los copresentes entiende que es la definición de lo real.
Por supuesto que en la situación cada cual se le permite sugerir reglas, en funciòn de su status en relación con los demás, hasta que, una vez establecido el «quién es quién», la negociación concluye con algun tipo de acuerdo sobre el marco vacío sobre el que se va a desarrollar la acción. En ese marco se va a desarrollar un duelo en que cada cual va a tratar de proyectar y mantener una imagen de sí mismo y donde el otro se pasa el tiempo comprobando en cada movimiento el sentido de la acción de los demás.
Se entiende que la definición de la situación está ligada a la permanencia de ciertas estructuras más allá de la contingencia de esa situación. Se da por supuesto que las ocasiones y las situaciones sociales se producen en el seno de una red de relaciones y estructuras de diverso tipo que establecen un marco más amplio, que nunca se piede de vista, pero cuyo estudio se confía a la macrosociología. A Goffman le interesan sobre todo microsistemas que se forman y se diluyen rápidamente y en cuyo seno los participantes luchan para definir la realidad de su propia microsociedad.
El marco o frame constituye el modo en que se cataloga y se vive la experiencia que los actores tienen de la realidad. Es una derivación del marco psicológico en Bateson, que remite al sistema de premisas o de instrucciones necesarias para descifrar el flujo de los acontecimientos. Los marcos permiten definir las situaciones de interacción y la estructura de la experiencia que tienen los individuos de la vida social –a ver si nos entendemos–. Una etnografía de las situaciones sociales no pasaría por analizar sus contenidos explícitos, sino las reglas que permiten construir las estructuras de la interacción.
El encuentro social es una «ocasión de interacción cara-a-cara que comienza cuando los sujetos se dan cuenta de que han entrado en la presencia inmediata de otros y que acaba cuando captan que han salido de esa situación de participación recíproca». El encuentro se identifica con la interacción. Los encuentros o interacciones son las unidades de análisis del interaccionismo.
La interacción se fundamenta en la obligación de los copresentes en hacerse mutuamente accesibles. Lo que distingue la interacción de la simple copresencia física de la interacción es el hecho de que en esta última se establece el umbral mínimo de un núcleo social, la posibilidad recíprocamente concedida y reconocida de dar vida, de hacer nacer, a una organización social mínima. La interacción se fundamenta en la apertura de los sujetos a la comunicación y a la asunción de sus reglas.
