EL COR DE LES APARENCES - Bloc de Manuel Delgado

"Avui ja no es fa, pro jo ho faria" (Joan Salvat Papasseit)

dilluns 27 de febrer de 2012

Antropología religiosa - Clase del 21/2/12 - Las teorías evolucionistas sobre la religión primitiva. El animismo


En estas dos últimas clases hicimos una pequeña incursión en las perspectivas que la antropología evolucionista hizo en relación al tema de la religión. Al respecto, os expliqué que para algunos evolucionistas, como Lewis H. Morgan, poco o nada cabía decir en serio a propósito de la religión. En clase os leí un fragmento de La sociedad primitiva, de 1877 (Ayuso). Fue esto: “El desarrollo de las ideas religiosas está rodeado de tales dificultades intrínsecas que puede que jamás sea objeto de una exposición perfectamente satisfactoria. La religión se dirige en tan gran parte a la naturaleza emotiva e imaginativa, y en consecuencia moviliza elementos de conocimiento tan incierto, que todas las religiones primitivas resultan grotescas y hasta cierto punto ininteligibles. El tema queda pues fuera del plan de mi obra, salvo por algunas sugerencias incidentales que puedan salir al paso”.

Ciertamente, en las primeras fases de la reflexión antropológica sobre las sociedades exóticas, estuvo generalizada la acepción de que las etapas presuntamente primigenias de la humanidad, de las que serían hoy testimonio los pueblos “salvajes” más elementales, estuvieron caracterizadas por la ausencia de algo parecido a la religión y vivían en un estado de ateìsmo y materialismo absoluto. Esta idea, que tuvo un esponente importante en la obra de Lubbock (El origen de la civilización, 1870, Alta Fulla), implicaba que los niveles más simples de humanidad eran incapaces de concebir siquiera toscas supersticiones, tal era su grado de insensibilidad religiosa. Esquema de Lubbock : Ateísmo; fetichismo; estado en el que el hombre cree que puede forzar a la divinidad a que satisfaga sus deseos; culto a la naturaleza o totemismo, en que se veneran objetos naturales, àrboles, lagos, etc.; chamanismo, en el que existen divinidades superiores, sólo accesibles para los chamanes; iIdolatría o antropomorfismo, en que los dioses adoptan apariencia humana, pero son parte de la naturaleza y no sus creadores; se les puede persuadir. Se les representa con imágenes. Otro estado innominado en que la divinidad se presenta como creadora del mundo y no parte de él. Una entidad de veras sobrenatural. Un último estadio, en que la religión y la moral aparecen asociadas.

Quienes formalizan teorías acerca de la religión “primitiva” son Edward B. Tylor y James G. Frazer. E.B. Tylot (1832-1917) procura una visión acerca del origen y la evolución de la religión que, por primera vez, se formulaba de manera sistemática y rigurosa y en las que la tesis que el propio Tylor designó como del animismo ocupaba un lugar explicativo fundamental. El animismo, según Tylor, consistiría en una especie de materia prima hallable en la base de cualquier idea o sentimiento religioso presente ya en los primeros momentos y en los estadios más bajos del desarrollo humano y a partir del cual fue posible la paulatina adquisición de formas crecientemente superiores de religiosidad.

El animismo consistía en el conjunto de creencias que el hombre primitivo tenía acerca de los seres o potencias espirituales que cohabitan con él el mundo experimentado. El individuo que protagoniza este momento situado en el inicio de la escala evolutiva sueña, tiene alucinaciones, sufre o busca estados alterados de consciencia... En todos ellos toma contacto con espectros que representan no sólo a las potencias y aspectos de la naturaleza circundante, sino también y de una forma especialmente significativa, a sí mismo y a los muertos. Esta constatación hacía inevitable una primera y rudimentaria consciencia del alma humana. Es esta creencia espiritualista el elemento básico común que comparten las modalidades más simples de la condición humana y aquellas situadas ya en el campo de la civilización, así como todos los eslabones intermedios que las unen evolutivamente. Pero si para el hombre que habita las sociedades superiores es solamente el amplio armazón sobre el que se sostiene todo un deso entramado de obligaciones morales, que es lo que constituye su religión, para el primitivo el animismo, vaciado de sentido ético, es toda su filosofía y el medio a través del cual el cosmos puede ser pensado coherentemente.

La teoría evolutiva de Tylor que situaba el animismo en el punto de partida, no era del todo original y ya había sido anticipada por una tradición que comenzaba en Brosses (1760), seguía en Compte (1830-1842) y culminaba en la teoría de los espectros de los muertos o manismo  de Spencer, publicada en 1882 aunque formulada antes de que lo hiciera Tylor. En todos los casos se presumía que la creencia en las almas había ido abriendo paso a la consideración privilegiada en cuanto a poder de algunas de ellas, de las que surgieron primero las divinidades del politeísmo y, por último, los dioses monoteístas. No había un esquema, sino una evolución desde el animismo inferior, amoral, asociado a la creencia en la persistencia del alma, a un animismo superior, que adopta una «doctrina de la retribución», según la cual hay para el alma premios y castigos.

En última instancia, el punto de vista tyloriano venía a subrayar que las modernas religiones “superiores”, incluido el propio cristianismo, no eran sino “supervivencias” más o menos moralmente elaboradas de una concepción de lo natural y de lo sobrenatural que hundía sus raìces en la “primitividad” y en los estados más groseros e indeseables por superados de la evolución humana. Con ello establecía que, frente al materialismo de la moderna ciencia y la nueva moral positiva y como un grave lastre para su desarrollo, todas las variedades de animismo, incluso, y acaso sobre todo, las que habían sobrevivido, constituían vestigios de los que la humanidad debía liberarse. En orden a contribuir a tal objetivo, la antropología debía denunciar todas esas presencias que contrariaban las leyes del progreso y cumplir con su misión de ser, como el mismo Tylor había insistido, en proponer la “ciencia de los reformadores”. La teoría animista gozó de un alto grado de difusión y condujo a la confusión generalizada entre animismo y religión primitiva. Entre sus muchos cultivadores pueden citarse a Dorman(1881) y a Jevons (1891).


diumenge 26 de febrer de 2012

"El cor de les tenebres", ressenya de "Pallassos i monstres", d'Albert Sánchez Piñol (La Campana), publicada a El País, el 10/3/2005

Ressenya de Pallassos i monstres. La història tragicòmica de 8 dictadors africans, d'Albert Sánchez Piñol, Barcelona, La Camapana, 2004, publicada al Quadern de Cultura d'El País, el 10 de març de 2005.

EL COR DE LES TENEBRES
Manuel Delgado

Ha estat el del tot inesperat èxit internacional de La pell freda el que ens ha permès recuperar la faceta del seu autor, Albert Sánchez Piñol, com antropòleg africanista, en aquest cas a través d’aquest Pallassos i monstres, que La Campana recupera ara, cinc anys després de la seva primera edició. El llibre repassa de manera somera, però contundent, l’itinerari polític de vuit mandataris africans que van aconseguir barrejar grans dosis de crueltat, arbitrarietat i ridícul: Mobutu Sese Seko, al Congo; Bokassa, a la República Centreafricana; Sékou Touré, a Guinea Conakry; Haile Selassie, a Etiopia; Idi Amin Dada, a Uganda; Banda, a Malawi, i Obiang i Macias Nguema a Guinea Equatorial.

         Tot ells van exercir el poder que heretaren del colonialisme europeu de manera al mateix temps despòtica i estrafolària; tot ells van col·locar-se al centre i la cúspide d’extravagants precipitats fets de retalls de costums i creences africanes, interessos econòmics internacionals, imitació caricaturesca de règims polítics occidentals, patriotisme tronat... Començaren com a portaveus de sentiments d’emancipació d’un continent africà esclavitzat per l’imperialisme, però no trigaren en desemmascarar-se i aparèixer com a guardians i garants de les noves estratègies de domini del sistema de món que semblaven haver combatut i van ser descavalcats en quant –sovint per la pèssima imatge que oferien els seus propis excessos– van deixar de ser útis als seus antics amos.

         Vet aquí una obra que podria ser abordada des de diferents perspectives. Una, la més superficial, consideraria la qüestió com un repàs per aquesta parada dels monstres que ha estat la política africana de l’època postcolonial, conseqüència –sospitaríem– de la pròpia incompetència de les societats acabades d’alliberar a l’hora de constituir-se en sistemes polítics “normalitzats”, d’acord amb els patrons governamentals estandarditzats com a “democràtics” i sempre com a conseqüència de potents i invencibles inèrcies culturals. Al capdavall –podríem pensar–, estem parlant d’africans, és a dir de salvatges que mai podran amotllar-se als referents que els hi presten aquests civilitzats països occidentals que vam cometre l’error de creure’ls madurs.

         Ara bé, aquestes històries reals de poder i d’espant que ens trasllada l’Albert van més enllà. De fet, seria fàcil associar aquest llibre de no-ficció amb el best-seller involuntari que ha estat La pell freda i amb les claus que el fan fascinant. En totes dues històries –la fictícia i l’esdevinguda– hi ha, evocant una imatge de l’esmentada novel·la, “notícies que parlen de nosaltres”. No és casual que totes dues obres parlin de monstres que ens aguaiten, criatures estranyes, dislocades, esguerrades; éssers abominables, però que comparteixen amb nosaltres una mateixa naturalesa última. En el fons, tant La pell freda com Pallassos i monstres són reflexions a propòsit de l’alteritat i fins quin punt la tenim ben a prop i se’ns hi sembla. Això que els etnòlegs –i l’Albert ho és, no ho oblidem– anomenen l’altre no està fora –al davant nostre o lluny–, sinó que és una ombra que ens habita, que ens conforma i ens confirma, negant-nos. Tenen raó els surrealistes i els antropòlegs: hi ha altres móns, però no sols són a aquest, sinó que són aquest. Les últimes paraules d’aquest llibre sobre vuit dictadors africans valdrien també per la darrera pàgina de La pell freda, totes dues obres homenatge indissimulat al Kurtz de Joseph Conrad i de l’ “Apocalypse Now” de Ford Coppola: “Potser l’autèntic horror no habita en el cor de les tenebres, sinó en les tenebres del nostre cor”.

         Els governants negres d’aquesta galeria de deformitats polítiques que se’ns mostra aquí no fan més que mimar en clau bufa expressions de poder polític que, invocant el cristianisme, la llibertat, el socialisme, la civilització occidental o la democràcia, han fet molts més estralls a la humanitat que tots ells junts. Una gamma extraordinària de tradicions polítiques específicament africanes va ser anorreada per imposar sobre elles un artefacte de governar inèdit a bona part del continent: l’Estat. I aplicaren els seus principis brutalment, és a dir de la mateixa manera com els seus referents occidentals els havien aplicat sobre ells i, quan havia calgut, sobre els seus propis pobles. L’Àfrica negra rebia en legat el secret, la clau que fa possible en darrera instància qualsevol forma d’Estat i que no és altra que el terror. Aquests mandataris patètics i ferotges –Mobutu, Banda, Macias, Idi Amin…– no van ser el contrari dels nostres exaltats sistemes polítics, sinó la seva irrisió atroç.

         Els personatges que ens presenta Albert Sánchez no són a les antípodes de les formes acceptables i legítimes de poder, aquelles que ens permetem imposar com a model a nivell planetari, ho vulguin o no els seus destinataris. Ben al contrari, són la seva essència oculta, que se’ns mostra contrafeta i irreconeixible; la substància delirant que les conforma i que espera la mínima oportunitat per desvetllar-se. Parafrasejant el que Valle-Inclán deia d’Espanya respecte d’Europa, aquestes tiranies no són més que la política dels “civilitzats” mirant-se en els espills còncaus del Carreró del Gat.


dissabte 25 de febrer de 2012

"Le cheval d'orgueil" - Hélias segons Chabrol.


El mateix dia, qui sap a la mateixa hora, fins i tot en el mateix moment, que penjava això al youtube  moria Claude Chabrol. Curiosa la preocupació que es pren l'atzar de demostrar-nos que no existeix.
Això vaig gravar-lo en algun moment d'inicis dels 90 a TV3. És la versió cinematogràfica que CLAUDE CHABROL va fer de LE CHEVAL D'ORGUEIL ("El cavall de l'orgull"), un dels llibres de la cèlebre col.lecció Terre Humaine: l’obra autobiogràfica del mateix títol de PIERRE JAKES HÉLIAS, que descriu la forma de viure dels bretons de principis del segle XX. De fet es tracta de records de la seva infància, escrita per un dels grans exponents de la defensa del bretó. El llibre va aparèixer l'any 1977. Chabrol va construir, amb aquests materials presos del llibre, un autèntic film etnogràfic. La peli comença: “Avi, perquè no podem tenir un cavall com aquell?”. “No tenim prous diners, Jakes, però tenim un cavall millor: el cavall de l’orgull”. Acabo de penjar aquests primers minuts de la peli al cantodelatripulacion.
La pel.lícula sencera, degudament rippejada i en la versió en català que vaig gravar. Me'n recordo que quan, per acompanyar el congrés d’antropologia del 2002, vam proposar un cicle a la Filmoteca sobre adaptacions cinematogràfiques d’obres clàssiques de l’antropologia, aquest va ser una de les que vam proposar. Al final vam fer una altra cosa: allò de "Les mirades i les coses" de les que ja us he parlat.



divendres 24 de febrer de 2012

"Melodrama y comunidad". Artículo publicado en El Periódico de Catalunuya el 10 de septiembre de 1997


Artículo publicado en El Periodico de Catalunya, el 10 de septiembre de 1997, a partir de los funerales por Lady Di y la manifestación en Bruselas en repulsa por los crímenes pedófilos de  Mark Dutroux

MELODRAMA Y COMUNIDAD    
Manuel Delgado



La muerte de Lady Di ha suscitado una reacción popular que ha sorprendido por sus dimensiones. Dos millones de ciudadanos se congregaron el sábado en las calles de Londres para ver pasar el cortejo fúnebre con los restos de la princesa. En octubre del año pasado, Bruselas fue escenario de otra manifestación insólita. Cientos de miles de valones, flamencos e inmigrantes desfilaron unidos para protestar por los asesinatos de un pedófilo. En España pudimos contemplar, hace apenas un par de meses, una movilización de masas igualmente inédita por su magnitud, cuando millones de ciudadanos ocuparon las calles para expresar su indignación por la muerte de Miguel Angel Blanco.

         Esas multitudes estaban formadas por personas de ideología, religión, etnia o clase social muy distintas. En cambio estaban juntas, allí, a aquella hora, haciendo una misma cosa. Todos, la sociedad entera, parecían haber acudido a la cita. Si las hubo, fueron consignas escasas y muy simples. Apenas pancartas o banderas. Se escucharon luego todo tipo de interpretaciones acerca de a favor o contra qué estaba toda aquella gente. Pretendidos médiums (políticos, sociólogos, comentaristas de actualidad) aseguraron haber escuchado el “mensaje” de las muchedumbres. Simple ventriloquía. El silencio de los reunidos constataba que no era un discurso lo que los unía.

         ¿Qué tienen algunas muertes que las hace susceptibles no sólo de conmover sino de mover a los ciudadanos? A diario se producen muertes tan trágicas, injustas y bestiales como las de los protagonistas de estas colosales expresiones de duelo. Los niños agonizantes de Ruanda o los cadáveres mutilados de las víctimas de un coche-bomba nos espantan y nos escandalizan. La desaparición de una personalidad destacada nos impresiona. Pero ninguna de esas desgracias es capaz de desencadenar expresiones públicas de dolor como las mencionadas.

          La explicación del aparente enigma tiene que ver con el papel que juegan en el mundo moderno los sentimientos. Nuestra sociedad está constituída por seres que no pueden reducir su identidad a un sólo plano, de manera que todos somos demasiadas cosas al mismo tiempo. Cada uno se ve obligado a cambiar de careta y a representar distintos papeles al cabo del día. Es fácil sentirse agobiado por una vida cotidiana dominada por lo contradictorio y por lo fragmentario. En esas circunstancias experimentamos como aún más urgente nuestra necesidad de sabernos miembros de una comunidad, de vivir la sensación de no acabar en nosotros mismos. Pero ese grupo en que nos es dado integrarnos ya no la conforman, como antes, individuos que comparten una determinada visión del mundo. Hoy, las comunidades, por lo demás casi siempre efímeras, están hechas no de personas que piensan lo mismo, sino de personas que sienten lo mismo.

Sólo el afecto nos integra. Eso vale para la familia, que sólo desde hace poco tiene el amor como argumento principal. Se apoya a un partido político menos por su proyecto o su ideología que por la emoción que proporcionan sus mítines o sus líderes. El nacionalismo es una ideología sin ideología, puesto que su materia prima y su motor son los sentimientos. La religión es hoy una liturgia de vivencias íntimas. Los jóvenes que asisten a un concierto son un exponente perfecto de ese tránsito de la comunidad de conciencias a la comunidad de experiencias. A muchos les choca que el fútbol desencadene tantas energías sociales, en cambio la explicación de su éxito es también su capacidad de generar emociones intensas. Toda la prensa, incluyendo la política o la deportiva, es hoy “del corazón”. Las noticias se brindan a la manera de un folletín por entregas, que busca provocar en el consumidor de actualidad una cierta sensación de ansiedad ante el desarrollo y el desenlace de lo que se presenta como una trama pasional.

Se confirma así una tendencia civilizatoria. Desde que el protestantismo impuso el mito del ser interior, los occidentales han primado las emociones como única forma legítima de autenticidad. Ese triunfo del corazón lo han pagado la mente y el cuerpo. Todo interpela nuestros sentimientos, casi nada nuestra inteligencia o nuestra sensitividad.
  
       Volvamos al enigma del principio. ¿Porqué unas muertes parecen valer más que otras ante la opinión pública? A la luz de lo dicho, la respuesta sería que algunas son reconocidas en clave de drama o de tragedia, que pueden aterrorizar o indignar, pero no emocionar. Para que emocione, la noticia de una muerte ha de ser dotada de una estructura de ficción propia del melodrama, ese género basado en las situaciones de carácter exageradamente sentimental. Las masas que salen a la calle han sido educadas en el serial radiofónico, la novela rosa, las películas románticas, las canciones de amor, los culebrones televisivos, y ya sólo pueden reaccionar con entusiasmo ante estímulos del mismo orden. Para que un acontecimiento provoque una gran respuesta es indispensable que asuma el formato del melo, mejor si es con una cierta dosis de intriga policial. Por ejemplo, la muerte inesperada o rodeada de suspense de una persona joven y amada.

         Es más, sólo el melodrama puede hacer posible el milagro de que, de pronto,  cobren  vida y se hagan carne entre nosotros cosas de las que se había oído hablar, pero de cuya existencia se dudaba, puesto que jamás nadie las había visto en ningún sitio : la “sociedad británica“, la “nación belga”, el “pueblo español”. Decididamente lo único que puede despertar de su letargo a las multitudes del siglo XX es una buena historia de amores desgraciados, la pena de unos padres, el dolor de una novia, algo que nos vuelva a reunir a todos, aunque sólo sea para lloriquear.


dijous 23 de febrer de 2012

Julio Anguita parla de l'involucrament del Rei en el cop d'estat del 23-F. Entrevista de Jordi Évole al programa "Salvados", 23 de gener de 2011




Antropología religiosa – Clase del 20-2-12 – La religión como ideología en Marx y la crítica al idealismo.


La perspectiva que asumirá la asignatura no será propiamente marxista, pero si que hay elementos de las consideraciones de Marx y Engels sobre la religión que sí que me gustaría que consideraseis en la base del tipo de perspectivas que vamos a desarrollar a partir de ahora.

De entrada consideramos la manera como Marx asume el ateísmo de Feuerbach y, sobre todo, su apuesta por disolver la religión en la ideología, desactivando así su sustantividad. Pero Marx va más lejos y critica la crítica que los neohegelianos hacen de la ideología religiosa, puesto que le presume una capacidad de moldear la conciencia que da por buenas todas las pretensiones del idealismo historicista alemán, incluyendo el de la izquierda hegeliana. Lo que Feuerbach no se plantea es que las ideas religiosas y la ideología en general no hace sino enmascarar relaciones sociales de producción y que son esas las que deben ser objeto de impugnación, y la fastamización de que las hace objeto la religión, pero la religión en tanto que ideología, puesto que la ideología no es otra cosa que la proyección en la mente de los individuos de sus relaciones sociales, es decir con otros individuos y con las estructuras y el mundo en que existen.

Es discutiendo con Feuerbach que Marx y Engels elaboran su discurso sobre la diferencia entre la perspectiva idealista y la materialista, siendo la primera la que supone que los seres humanos actúan impulsados por sus ideas y no, como sostendría el materialismo dialéctico, por las circunstancias concretas mediante las que individuos concretos producen su vida. Eso es lo que intenté explicar en clase leyéndoos fragmentos de La ideología alemana, en concreto de las notas sobre Feuerbach y la crítica a las”ideas” religiosas formuladas desde los hegelianos de izquierda. Os adjunto el apartado de donde hice la lectura, que deberéis considerar como parte de las lecturas obligatorias de la semana.

Otro párrafo de Marx que tenía previsto leeros, en esa misma línea, y que no pude imprimir, era de la Contribución a la crítica de la economía política, y decía: "En la producción social de su existencia, los hombres entran en relaciones determinadas, necesarias e independientes de su voluntad, en relaciones de producción que corresponden a un grado determinado de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. El conjunto de estas relaciones constituye la estructura económica de la sociedad, o sea, la base real sobre la cual se alza una superestructura jurídica y política y a la cual corresponden formas determinadas de la conciencia social. En general, el modo de producción de la vida material condiciona el proceso social, político y espiritual de la vida. No es la conciencia de los hombres lo que determina su ser, sino al contrario, su ser social es el que determina su conciencia"-

También me hubiera gustado leeros el fragmento de la Contribución a la Crítica de la Filosofía del Derecho de Hegel (1843), en que Marx pronuncia su célebre sentencia sobre la religión, con frecuencia evocada fuera de su contexto y de espaldas a su auténtico sentido. El párrafo concreto dice: “La miseria religiosa es a la vez la expresión de la miseria real y la protesta contra la miseria real. La religión es el suspiro de la criatura oprimida, el sentimiento de un mundo sin corazón, así como el espíritu de una situación sin alma. Es el opio del pueblo.

Se necesita la abolición de la religión entendida como felicidad ilusoria del pueblo para que pueda darse su felicidad real. La exigencia de renunciar a las ilusiones sobre su condición es la exigencia de renunciar a una condición que necesita de ilusiones. La crítica a la religión es, por tanto, en germen, la crítica del valle de lágrimas, cuyo halo lo constituye la religión”.

También eso era importante, por cuanto advertía de la distancia que separaba Marx de la crítica a la religión librepensadora y reformista burguesa, heredera de la ilustrada, que entiende que la religión es una doctrina peligrosa e inaceptable en sí misma, sin entender su relación íntima de la estructura social de cuyos desmanes es exultorio y alivio. De ahí lo que os expliqué de la denuncia que el marxismo siempre había hecho del anticlericalismo, entendiendo que dirigir los esfuerzos del proletariado contra le Iglesia o insinuar que es el principal enemigo a batir era, en el fondo, contrarrevolucionario, puesto que aparta a la clase obrera de sus auténticos objetivos y de sus verdaderos enemigos.

El otro enfoque importante que merece la pena conservar y que desarrollaremos en la asignatura es el de –como apuntó un compañero vuestro en clase del viernes– nuestra sociedad, presuntamente positivista y racional, ha colocado en primer plano una organización del mundo en el que priman categorías, principios, lógicas cuya naturaleza no es distinta de la que suponemos, según el tópico, animando las “oscuras regiones de la religión”, tal y como escribe Marx en el Libro Primero de El Capital, precisamente para poner de manifiesto el origen “místico” del valor de cambio, lo arcánico de ese proceso que convierte una cosa en mercadería y, en general, la naturaleza soteriológica de lo económico. Os adjunto también, para completar la lectura obligatoria de esta semana, el apartado de donde sonsaqué el fragmento que leí en clase de El Capital, donde habla Marx de “el fetichismo de la mercadería”.

Por cierto, en clase expresé cómo el lenguaje de la educación “en valores” y toda la retórica ciudadanista implica el triunfo final del peor idealismo que Marx y Engels denunciaron en su momento. Si a alguien le interesa mi punto de vista al respecto, le remito a un artículo que publiqué en El País sobre el tema, que se titulaba “Por una ciudadanía virtuosa”. Lo tenéis aqu: http://elpais.com/diario/2007/10/20/catalunya/1192842445_850215.html.

[La fotografía de la entrada es de Matt Weber y está tomada de weber-street-photography.com/]


dimarts 21 de febrer de 2012

Cine para pensar en "La Ventana" - "El hombre que mató a Liberty Valance", John Ford (1962) - O la verdad de quién paró el golpe militar del 23 de febrero de 1981.




"Los hijos de la nube". Reseña de "Estudios saharianos", de Julio Caro Baroja (Júcar), publicada en La Vanguardia el 16/12/1990


La presentación en Berlín del documental "Los hijos de la nube", protagonizada y producida por Javier Bardem es una buena oportunidad para recuperar esta reseña de los Estudios saharianos de Julio Caro Baroja, reeditada en 1990 por Editorial Júcar de Gijón. Apareció en La Vanguardia el 16 de diciembre de 1990.

LOS HIJOS DE LA NUBE
Caro Baroja y la antropología colonial española

Manuel Delgado 

Es innegable que la disciplina antropológica no resulta concebible, tal y como se ha dado, al margen del hecho colonial. Otra cosa es que especulemos sobre si un estilo de razonamiento como el etnológico hubiera surgido igualmente aunque los europeos no hubiéramos impuesto nuestro dominio planetario, como consecuencia de un contacto con formas otras de cultura que, tarde o temprano, hubiera acabado produciéndose. El caso es que las grandes monografías etnográficas de Malinowski, Griaule, Evans-Pritchard o Margaret Mead no hubieran sido posibles sin una administración colonial que las suscitara y patrocinara, y no por generosidad para con la ciencia, eso está claro, sino por el interés de quienes no ignoraban que para gobernar era preciso también conocer.

La etnología española no podía ser ajena a esa servidumbre. Como potencia de larga tradición hegemónica sobre civilizaciones, extraeuropeas, nuestro país propició aventuras naturalistas en las que no faltaron estudios sobre la población humana. La aportación de la antropología moderna a esta tarea de comprensión de los mundos extraños a someter se tradujo en las más que notables empresas etnográficas confiadas a los dos antropólogos españoles más prestigiados: las que permitieron, a principio de los años cincuenta, a Caro Baroja sus trabajos sobre el Sahara y el Marruecos españoles, publicados por el Centro de Estudios Africanos en 1955 (Estudios saharianos) y 1957 (Estudios magrebíes), y 10 años más tarde, la encargada por la Comisión de Desarrollo de la Región Ecuatorial Española a Esteve Fabregat, cuyos resultados a propósito de los fang vieron la luz en artículos en revistas especializadas. Júcar acaba de recuperar los Estudios saharianos, dejando el resto de ejemplos como una grava asignatura pendiente para la inteligencia editorial española.

Valiosísimo este libro, que nos permite apreciar una faceta poco conocida de Caro Baroja, aunque en ella continúen brillando sus virtudes anticipadoras y las ventajas que, en forma de arrojo intelectual, puede conllevar mantenerse alejado de las intrigas académicas. Además de eso, Estudios saharianos, sirve para constatar los efectos del colapso del estructural-funcionalismo y de la insurrección teórica de Evans-Pritchard y Firth, contra la alargada sombra de Radcliffe-Brown: renuncia a las pretensiones cientificistas, vindicación de una antropología más humanistizada, reconciliación con la diacronía, asunción de un ineluctable destino ideográfico. A Caro el cisma le cogió muy cerca de su epicentro. Se encontraba, llevado por Pitt-Rivers, en Oxford en 1952, al poco de la aparición de la rupturista Social Anthropology, de Evans-Pritchard, cuando las autoridades coloniales españolas le convocaron para que estudiase las cabilas saharauis.

Estudios saharianos está compuesto de una parte donde Caro cumple con el encargo confiado de inventariar formas y problemas de cultura y no le importa, para ello, reconstruir líneas genealógicas, compilar dietas y remedios o contar camellos. Más allá de ese excelente trabajo de artesanía etnográfica, el luego académico optó por proseguir su itinerario sahariano por esas fronteras invisibles entre etnología e historia por las que tanto le ha gustado siempre transitar, ayudado de una de sus más fértiles obsesiones: Ibn Jaldún, ese inventor de la historia cultural que, en  el siglo XIV, ya lo había dicho casi todo sobre las instituciones fundamentales de los nómadas del desierto en el libro segundo de su Al-Mugaddimah.

Por ahí llegamos a tres ensayos sin desperdicio, a los que un inédito aparato cartográfico sirve de apoyo: una biografía heroica, Un santón sahariano y su familia, donde se relata la vida del shaih fadelía ma el ‘Ainin, fundador de Smara y hombre de baraka poderosísima; Las guerras del Sahel contadas por los nómadas, un recorrido por las últimas etapas de la tradición bélica de las gazi o tropas de pastores saharianos, la que hace del guerrero el hasani por excelencia, aquel de cuya ferocidad tuvo constancia durante décadas el Ejército francés y, ya en 1957, también el español, y La historia entre los nómadas, un excelente ejercicio de sistematización de las representaciones colectivas del pasado entre los saharauis.

Una cosa más, para acabar. Estudios saharianos es una prueba de cómo fue que el colonialismo europeo formuló una necesidad de comprender a los dominados, que, en casos como éste, a veces cerca estuvo de colmar. Los sangrientos problemas que el Sahara ex español lleva sufriendo desde hace 15 años son la consecuencia de que no se cayera en la cuenta de que los instrumentos de saber que habían coayudado a una estancia duradera debían servir también para la partida. Pero nadie, en aquel septiembre de 1975, se acordó de don Julio ni de las lúcidas cosas que él escribiera sobre los pobladores del Sahel occidental, aquellos que gustaban de llamarse a sí mismos los hijos de la nube.


dilluns 20 de febrer de 2012

Salutació als i a les estudiants de batxillerat de València. Com a pare vostre que hagués pogut ser, em sento orgullós de vosaltres


[Fotografia de Tania Castro per El País]

Una contribució d'Albert Pla i Joaquim Jordà a les protestes contra la inauguració de la Filmoteca ahir al Raval. I també meva


Com una contribució a la protesta dels veïns i veïnes del Raval contra la inauguració ahir de la Filmoteca al seu barri, em permeto penjar al youtube i a aquest bloc un moment d’una pel.lícula extraordinària d’un home extraordinari. L’home va ser Joaquim Jordà i la pel.lícula “De nens” (2002), una de les millors pelis de judicis que he vist i que explica de manera immillorable, a través del famós cas de “pederàstia” al Raval, el procés que permetre destruir primer i reconvertir després l’Illa Robadors, una de les operacions immobiliàries i especulatives més escandaloses de la història de la ciutat, i mira que ja és dir...L La seqüència que he triat apareix al principi de la pel.lícula, quan la càmera passa del carrer d’En Robadors a l’interior de l’Ateneu del Xino, un local que, òbviament a hores d’ara ja fa temps que es van carregar. Qui veiem i sentim aleshores és a l’Albert Pla cantant “La nana de l’Antonio”.


"Estar aquí, estar allí", reseña de "El antropólogo como autor", de Clifford Geertz (Paidós), publicada en La Vanguardia el 26/5/1989


Reseña del libro de Clifford Geertz, El antropólogo como autorTraducción de Alberto Cardín, Editorial Paidós, Barcelona, 1989, publicada en La Vanguardia, el 26 de mayo de 1989.


ESTAR AQUÍ, ESTAR ALLÍ
Manuel Delgado


Casi todo en la antropología parece ciertamente marcado por la paradoja. Por ejemplo: siendo como es una de las disciplinas humanísticas más absolutamente academizadas y habiendo no pocas veces explicitado una cierta vocación de dureza científica, ha provisto a la literatura en general de algunas de sus más hermosas y conmovedoras expresiones, o cuanto menos de una buena cantidad de productos estéticamente apreciables.

En torno a este en verdad interesante asunto gira el último libro de quien se ha constituido sin duda en el antropólogo de guardia de la cultura posmoderna, Clifford Geertz. En efecto, El antropólogo como autor es, junto a la compilación de J. Clifford y G. Marcus Retóricas de la etnología, de próxima aparición en Júcar, una de las grandes contribuciones a la clarificación del trabajador de campo etnográfico no sólo como transmisor sino también como inventor de realidad. Con un valor añadido: el de que, en este caso, la edición viene avalada por un reconocimiento como es el Premio del Círculo de Críticos de Libros norteamericano, recién concedido en su XIV concurso, el pasado 26 de enero en Nueva York. Así pues, todo un acontecimiento editorial, síntoma acaso definitivo de lo lejos que se encuentran ya las publicaciones de antropología de las marginalidades más o menos elitistas.

¿Qué significa esa extraña labor a la que el etnólogo se entrega de observar meticulosamente la vida de otros allí donde están, para referirse a ellos, con una cierta pretensión de lealtad, allí donde no están? ¿Y hasta qué punto es ello posible? El problema desde luego no se remite tan sólo al de la intraductibilidad de las culturas, ni tampoco al de las vertiginosas complicaciones éticas que conlleva la práctica antropológica y que suelen condenar a sus cultivadores a su famosa hipocondría moral.

Más allá de todo ello, o acaso más acá, la cuestión se plantea en los términos en que se manifiesta ese conflicto compartido por toda creación literaria: el de cómo asociar las palabras con la vida. Agravado esto además por las condiciones particulares de esa modalidad de vuelo sin motor que es la experiencia etnográfica extrañamiento obligado en otros mundos en los que no sólo trabajas sino que simultáneamente no dejan de trabajarte, aventura siempre conradiana de la que raras veces se sale indemne.

Representador –o quizá mejor sería decir evocador- de representaciones, el antropólogo es invitado aquí a dejarse considerar tan sólo a partir de sus propios textos, entendidos no ya como intermediaciones simplemente, sino como construcciones concebidas para la persuasión y susceptibles de vivir y ser vividas autónomamente. Para ello, y como muestra, Geertz nos propone el análisis de cuatro ejemplos: el Tristes trópicos de Lévi-Strauss, hace algunos meses reeditado por Paidós; El crisantemo y la espada, la célebre incursión de Ruth Benedict en el “alma” japonesa, escrito en 1946 y que ha sido varias veces reeditado por Alianza; el diario de campo de Malinowski en las islas Trobiand a su inversa, la de aquel allí en éste aquí. No se trata de un juego de palabras, sino de la convicción de que, incapaces de encontrar autor y lector los lindes que separan aquí y allí, ahora y entonces, lo mejor es abandonar la búsqueda, siempre sin poder eludir la sospecha de que quizá nunca existieron tales lindes y sólo la mutua traslación entre un paraje y otro constituye lo real.


diumenge 19 de febrer de 2012

"Aires bucaneros", Roy Brown, Luis Palés Matos i Errol Flynn


Fa temps em vaig permetre muntar aquesta mena de cosa amb el tema "Aires bucaneros", un poema del poeta portorriqueny Luis Palés Matos (1898-1958), amb una versió musicada de Roy Brown, que estava al LP del mateix títol publicat el 1979. Les imatges són de la pel.lícula "Captain Blood", de Michael Curtiz (1935). El poema és veritablement preciós i un exponent de la poesia negrista caribenya. Aquest muntatge el vaig preparar per a una sessió especial que li vàrem dedicar a la Reina al cinema de pirates.


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