dilluns, 6 de gener de 2014

Todas las sociedades son secretas. Nota para Paolo Tarsi, doctorando de la UB

La foto es de Raúl Díaz
Mira, el secreto, su posesión y sus diferentes niveles de accesibilidad implican, de entrada, un acto segregador. Piénsalo: secreto es lo que se secreta, es decir: que se segrega, que se separa. De ahí el término secreción, que significa «segregación», de donde se deriva que secretar es lo mismo que «separar», «poner aparte». El secreto hace de su depositario un ser de otra especie, sólo homologable con aquellos que, como suele decirse, «están en el secreto », como si el secreto fuera un lugar o un territorio dotado de fronteras vigiladas y a donde no todos tienen acceso.

Esta noche es un ejemplo perfecto de ello. Date cuenta. Cuál es el momento en que los niños son arrancados de lo que hasta entonces había sido su reino -el de la infancia- y son incorporados al «uso de razón» - primera fase de su incorporación al mundo los mayores- es aquel en que les es confiado un secreto: que los Reyes Magos -o la Befana, o Papá Noel- son los padres. Una vez se produce ese instante iniciático y el niño o la niña «ya saben», nada será igual. Han dejado atrás una fase de la vida a la que no podrán volver.

Tenemos, de esta manera, que el secreto actúa organizando la sociedad en dos grandes bandos: el de aquellos que lo comparten y el de todos los demás, que lo ignoran, aunque nunca dejan de tener presente que se les esconde siempre algo. En la comunidad de aquellos que comparten se generan determinadas formas de cooperación que ponen de manifiesto hasta qué punto el secreto funciona como un mecanismo que garantiza la eficacia de cierto tipo de iniciativas. La vida cotidiana de cada uno de nosotros está llena de pruebas que evidenciarían el papel fundamental que hace el secreto como eje alrededor del cual gira buena parte de nuestra relación con los demás.

Es por eso que hablar de "sociedades secretas" no deja de ser un pleonasmo, pues toda sociedad es de alguna manera secreta. Cualquier asociación humana- sean cuales sean sus dimensiones, es decir, empezando por una simple pareja -establece una diferencia clara entre los que lo saben y los que no lo saben, entre los que conocen determinadas razones, orígenes e intenciones y los que no.

 Todo vínculo asociativo universal exige estar al tanto de lo que pasa, lo que una expresión castellana diría "estar en el ajo". Los miembros de un determinado equipo, que están al corriente de una determinada información reservada, deben comprometerse a hacer una serie de puestas en escena y de juegos de lenguaje que les permiten intentar definir cada situación en función de sus intereses. El hecho remarcable es que , considerando que todos debemos pertenecer siempre a más de un equipo, tenemos que pasar buena parte de nuestra vida cotidiana intentando mantener inútilmente un equilibrio entre diversas lealtades, no siempre compatibles, a veces antagónicas, cada una de las que nos reclama actuaciones a menudo irreconciliables. Esto es lo que nos obliga a ser agentes dobles constantemente, forzados a elegir, es decir, a traicionar.



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