dimecres, 22 de març de 2017

Apuntes metodològicos para sociedades sin asiento

Gustave Caillebotte, "Paris Street, Rainy Day", 1877
Notas para José Luis Saéz, doctorando

APUNTES METODOLÓGICOS PARA SOCIEDADES SIN ASIENTO
Manuel Delgado

Piensa. ¿Qué es lo que estás estudiando? Lo que están estudiando es una sociedad que configuran desconocidos que coinciden momentáneamente en una determinada área o de conocidos relativos que hallen en ella un lugar para sus reencuentros. ¿Qué es lo que hay que hacer? En una primera fase, centrada en la observación y compilación de datos, se lleva a cabo na aproximación a las condiciones ecológicas del lugar, un estudio sobre sus cualidades morfológicas y su evolución histórica, todo ello acompañado de una elaboración de planos de los espacios a observar y una recopilación de documentación relativa a intervenciones urbanísticas en el sector ya realizadas o en marcha.

Esa primera fase implica una impregnación de las cualidades sensibles de los espacios a considerar, así como una localización de sus puntos fuertes, de los distintos accidentes que aceleran o ralentizan la acción social, de los atractores que provocan las distintas formas de territorialización fugaz. Se atienden los aspectos morfológicos, las infraestructuras, la división en áreas y la densidad de presencias y actividades que registra cada una de ellas, los canales de paso, tanto los provistos por el diseño inicial como los generados por los propios usuarios en sus recorridos. También la distribución de servicios, elementos del mobiliario, señales, comercios estables y otros elementos permanentes del entorno. Ese registro de los elementos contextuales no puede dejar de interesarse por actores habituales, tales como vendedores ambulantes, vagabundos, empleados públicos y otros personajes asiduos. Una permanencia prolongada y asidua en el lugar te hace posible una clasificación de los practicantes regulares e irregulares de los espacios a conocer y la elaboración de mapas que recogan sus formas específicas de apropiación transitoria. Ello supone establecer una taxonomía sobre quiénes llevan a cabo las distintas utilizaciones en función de criterios tales como edad, género,

Ten en cuenta que esa sociedad, la base de la cual es el concierto entre percepciones inmediatas, es una sociedad entre individuos o grupos que se dan a ver, es decir que se someten al principio de publicidad y accesibilidad que hacen de ellos seres públicos. El etnógrafo o la etnógrafa que asumen el rol de alguien que pasa o de alguien que acaba de deternerse, intentando pasar desapercibido –sólo en el sentido de no llamar la atención–, pero sin perder de vista lo que acontece, se convierten en ejemplos perfectos de observadores participantes, puesto que cumplen el requisito de permanecer lejanos y a la vez próximos a la actuación social que pretenden registrar primero, describir después y analizar por último. Es más, recuerda, lo que haces es la apoteosis de la observación participante, porque es porque observas que participas, puesto que  ese contexto social es un espacio de y para la aparición, una sociedad óptica, es decir sociedad de percepciones inmediatas, de miradas y seres mirados.

Matiz importante éste, puesto que permite distinguir –y en cierto modo oponer– el método de la observación simple, directa, no intrusiva, de la observación encubierta, tantas veces descartada en tanto que deshonesta por la deontología antropológica. A diferencia del periodista “de investigación” que se hace pasar por algo que no es con el fin de obtener información, el etnógrafo o la etnógrafa que asumen el estilo del naturalista y atienden el flujo de acción visible que transcurre ante sus ojos o a su alrededor, no intentan que les tomen por una cosa distinta de lo que son. Cabe insistir: el etnógrafo está ahí y, como todos con quienes comparten esa misma parcela de tiempo y espacio y con quienes forma sociedad, adopta una actitud de expectación ante todo cuanto sucede a su alrededor, sin perder detalle, aunque ese registro de actividad utilice con frecuencia estratagemas de disimulo –mirar de reojo– que no alteren esos principios de copresencia entre desconocidos totales o relativos fundamentados en el distanciamiento, la frialdad y la indiferencia relativos. En el fondo, lo ue haces es sistematizar la actividad ordinaria de los viandantes, que consiste en permanecer siempre atento a lo que ocurre, actividad ésta que puede incluso prescindir de los mínimos principios de discreción en el caso del flânneur o paseante ocioso o de quien ha decidido hacer un alto en su camino y sentarse en un banco o en la terraza de un café para explicitar que están entendiendo la vida pública como lo que en última instancia no deja de ser: un espectáculo.

Pero, atención, estas estrategias de observación no son del todo originales. Están ya en la etnografía clásica, cuanto menos si se recuerda la manera como Malinowski relata su técnica etnográfica preferida en las islas Trobriand: deambular por los poblados y contemplar lo que hacía la gente con la que se iba encontrando a su paso. Dando un paseo por la aldea, explica en sus Argonautas, “descubrimos muchas cosas que, para un observador preparado, evidenciarían en un primer momento los hechos sociológicos más profundos.” O como describía en su célebre diario de campo: “Levantarse, pasear, buscar lo que se esconde a la vuelta de la esquina.” Me viene a la cabeza también como arranca el Dios de agua, el maravilloso libro de Marcel Griaule sobre los dogón (Alta Fulla).

En todos los casos, tú, como etnógrafo, te comportas como un observador en todo momento observado, cuya preocupación principal es la de que no se le atribuyan las malas intenciones que siempre se sospechan del merodeador, aquel cuya presencia en un área pública no puede ser explicada de inmediato en clave instrumental. Pero ese inconveniente –la amenaza constante que acecha al etnógrafo de que sus intenciones no sean bien interpretadas– no encuentra en ese marco singular que es el espacio urbano una excepción, sino todo lo contrario: la confirmación definitiva de que la práctica del trabajo de campo es consustancialmente problemática y permanece en todo momento expuesta a las confusiones que convierten al etnógrafo, siempre y en todos sitios, en un personaje moralmente ambiguo y, por tanto y acaso por buenas razones, a punto de ser descubierto en su impostura.

Que primes la observación directa no obstrusiva no implica que se descarte la entrevista como método que ayude a conocer cómo es posible y qué formas adopta la vida social en lugares públicos. La selección de una muestra de usuarios habituales considerados significativos permite, mediante entrevistas abiertas –lo más parecidas posible a charlas–, una aproximación más afinada a la composición de los flujos humanos que deambulan o se estancan en el espacio a analizar. Puedes conocer quiénes son, cuál es su procedencia y destino inmediatos, la razón de sus costumbres horarias. Procura establecer a su vez cuáles son los motivos que aducen para establecerse transitoriamente en un determinado punto del que son ocupantes asiduos y sobre el que pueden reclamar un cierto derecho de uso: ancianos, jóvenes, padres y madres con sus criaturas, niños, vagabundos. También acerca de la dimensión conflictiva de esos paisajes públicos, cómo argumentan individuos o grupos involucrados los derechos territoriales que reclaman. Las exclusiones que se registran de usuarios considerados indesesables. Todo ello permite determinar cuáles son los imaginarios colectivos que intervienen en la manera como los usuarios emplean un determinado espacio urbano, en función de atributos simbólicos, evocadores, sentimentales o pragmáticos. La entrevista personal también permite saber más sobre las ventajas que los usuarios pueden obtener de algunas de sus propias prácticas, incluyendo aquellas que podrían antojarse de riesgo.

¿Qué has leido? La lectura básica es Relaciones en públlco, de Goffman, por supuesto, pero hay más. Por ejemplo, James H. Whyte, que tiene hasta una esplèndida pelicula que es casi una guia de observación: https://archive.org/details/thesociallifeofsmallurbanspaces.

Dime qué has leído y te paso cosas. Fundamentales las aportaciones de John Lofland, como Analyzing Social Settings. A Guide to Qualitative Observation and Analysis. Wadworth Publishing, Belmont, 1971, o Doing Social Life: The Qualitative Study of Human Internaction in Natural Settings. Basic Books, Nueva York, 1976. Cabe destacar también el ya clásico trabajo de William H. Whyte sobre la actividad cotidiana en los parques y pequeñas plazas de Nueva York, mostrando cómo se produce la interacción sincrónica entre los caminantes, la lógica cooperativa de los encuentros buscados o fortuitos, las pautas de aprovechamiento que realzaban el valor de ciertos puntos y descartaban otros (City. Redisconvering the Center. Doubleday, Nueva York, 1988. Por último, tienes cerca un buen modelo, que és Rambla del Raval, de Gerard Horta (Montesinos). Búscalo; te irá de perlas. O la tesis doctoral de Dani Malet sobre la Praço do Rossío de Lisboa. http://diposit.ub.edu/dspace/bitstream/2445/35227/9/05.DMC_5de5.pdf. Te mando algunas cosas.






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