dimarts, 2 d’agost del 2016

El islamismo como ideología modernizadora

La foto es de KamiSyed

Mensaje para Yasmin Syed, haciendo trabajo de campo en Lahore, Pakistán

EL ISLAMISMO COMO IDEOLOGIA MODERNIZADORA
Manuel Delgado

Por supuesto que no puedo dármelas de entendido ni en lo que es la sociedad pakistani, ni tampoco del Islam más allá de conocimientos amplios que me corresponden como profesor de antropologia religiosa. Lo que si que te pido es que no pierdas de vista que la religión tiene hoy un papel esencialmente racionalizador y, en el caso del Islam y el llamado islamismo, en clave modernizadora, es decir en la de dotar de estructuras de plausibilidad las experiencias propias de procesos de homogeneización cultural, que es en eso en lo que consiste esencialmente lo que damos en llamar modernización, que no es lo mismo que occidentalización. 

Interesa sobre todo entender que la corriente doctrinal más central en eso que se da en llamar islamismo, el wahabismo, fue la doctrina rigorista que también resultó fundamental para los movimientos modernizadores musulmanes que protagonizaron la independencia de la India, primero, y la creación del Estado del Pakistán, enseguida. En efecto, fueron los wahabitas o, como prefieren llamarse ellos mismos, los muwahhidun o "unitarios", quienes inspiraron doctrinalmente la creación del Estado del Pakistán, y le impusieron el rigorismo intolerante que tanto había escandalizado a Lévi-Strauss.

Esto lo averigüé buscando referencias de qué es lo que habia motivado la reflexión que, ante las ruinas grecobúdicas de Táxila, Lévi-Strauss levantaba acerca de los estragos del islamismo, que arrancaba precisamente del testimonio de la anulación que el arte figurativo estaba padeciendo en Pakistán, como una fórmula de afirmación anti-india que pretendía abjurar del sensualismo artístico de la cultura hindú, afirmación que bebía directamente del rechazo salafita contra las mediaciones materiales para expresar lo inefable.

Lei que los teóricos del Islam que fundaron el moderno Pakistán no sólo se habían enfrentado radicalmente con los "paganos" hindues y los "infieles" británicos, sino que habían roto también con el islamismo liberal y occidentalizado de Sir Sayyid Ahmad Jan, para acabar adoptando una posición muy parecida a la del wahabismo saudí. Esta versión pakistaní del wahabismo encontró en teóricos como Muhammad Iqbal -el poeta y filósofo nacional pakistaní, como sabes- uno de los vehículos mediante el que justificar la modernización, una modernización que pasaba por el rechazo de las formas tradicionales que habían corrompido el Islam y, sobre todo, por la expurgación de las excrecencias del sincretismo místico-platónico incorporado al Islam a partir de los siglos IX y X.

Por supuesto que el rechazo a todo lo hindú formó parte de ese plan de hacer de Pakistán un punto de partida para aquella grandiosa teocracia democrática universal, la milla, comunidad de creyentes, contrapuesta a la watan o patria e inspirada en una shari'a no modernizada sino modernizadora. Para Iqbal, toda la ciencia moderna y los avances de la filosofía occidental -Kant, Nietzsche, Russell, Whitehead, etc.- habían encontrado sus precedentes en el Islam y en su manera de desconsagrar la naturaleza, avanzándose al pensamiento racionalista que derivó en Europa de las revoluciones religiosas de la Edad Moderna.

También aprendí y anoté que, junto a Iqbal, y en un plano más directamente político, la fundación del Pakistán es indesligable de las ideas de Abu al‑Ala Mawdudi (1903-1979). Seguro que lo conoces. Mawdudi fue un escriturista radical cuyo pensamiento ultraconservador sólo puede entenderse en términos de rechazo radical del "paganismo" hindú y en un alegato en favor de la hegemonía del Islam jurídico, es decir basado en la administración del Corán y la Sunna (cf. Adams, 1983). El Jamaat-e-islami, la corriente desgajada de la Liga Musulmana que dirigió Mawdudi -partidario no de un Estado musulmán, sino islámico- se caracterizó por sus tendencias xenófobas y sirvió para oponerse, primero, al obrerista y multiétnico Moviento de Pakistán, y, más adelante, ya fundado el Estado pakistaní en 1947, a los movimientos radicales de izquierda. El Jamaat fue apoyado por la oligarquía pakistaní y por los gobiernos conservadores de Oriente Próximo, y se basó en la acción violenta de los thugs paramilitares y fascistas de Al-Badr y As‑Chams. Fue, al fin, ese Islam, resultante del proyecto filowahabita de Iqbal y Mawdudi, lo que indignó a Lévi-Strauss, en un Pakistán que se ofrecía como exponente de los intentos de crear un Islam moderno a partir de una recuperación de sus propias esencias, agraviadas por la arrogancia de Occidente, pero de la que la propia comunidad de los creyentes había quedado separada.

Es un tema que me interesa. Siempre a partir de los comentarios de Lévi-Strauss sobre un cierto Islam y su responsabilidad en la destrucción de la gran cultura de Gandara, uno de los momentos más apasionantes de la historia de la humanidad. Si quieres te cuento más de lo que anoté siguiendo ese tema.



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