divendres, 2 d’octubre de 2015

El secreto como estructurador social

La foto es de Anthony Bautista
Comentario para Horacio Espinosa, de la Universidad de Guadalajara, sobre Georg Simmel y el secreto.

EL SECRETO COMO ESTRUCTURADOR SOCIAL
Manuel Delgado

El texto de Georg Simmel al que me referí es mi c0nferencia es decididamente fundamental. Se trata de  «El secreto y la sociedad secreta», de 1908, publicado en el volumen II de su Sociologia (Alianza).  Hay ahí varias ideas fundamentales. Por ejemplo, la de que el secreto puede definirse como  «conocimiento recíproco limitado», es decir, como expresión de este principio que siempre hace de nosotros, cuando estamos en presencia de otro, "otra cosa". Por eso en la coferencia explicaba que lo que es inquietante no es lo que se dice, sino lo que oculta. Esto es lo que deriva de nuestra naturaleza fragmentaria, de personajes obligados a representar papeles diferentes que nos constriñen a tematizarnos -es decir, a reducir a una imagen parcial y sesgada de nosotros mismos- en cada oportunidad y en función de esta oportunidad. Una forma, en definitiva, de mantener a raya la ambigüedad consustancial a la condición humana y evitar que los otros sepan demasiado de todo lo que éramos, somos o seremos más allá de la situación concreta que compartimos con ellos.

Esto implica que hay una parte de nosotros que nos negamos a socializar, que no es convocada a intervenir en cada una de las interacciones en que nos vamos viendo involucrados, en la medida en que descomponemos nuestra personalidad y mostramos sólo algunos rasgos que, siempre organizados de una manera coherente y clara, nos permiten mostrarnos como lo que nunca somos en realidad: una sola cosa. Pasamos el tiempo descodificando lo que los demás nos comunican directa o indirectamente, pero también lo que intuimos que nos ocultan, en un juego interminable de sobreentendidos e insinuaciones.


Simmel advertía de la virtud  del secreto como factor estructurador de las relaciones humanas, especialmente en sociedades dotadas de un alto nivel de complejidad, en las que la delimitación de los diferentes círculos sociales y su organización interna hace indispensable la acción protectora de la ocultación mutua. El secreto, incluso la mentira, son recursos imprescindibles de cara a ofrecer una idea coherente de nosotros mismos, que nunca se corresponderá con una realidad vivida, siempre inconexa y fragmentaria. Sólo podemos merecer el crédito ajena en la medida en que estemos en condiciones de mostrarnos sólo en parte, escondiendo o disimulando aquella información sobre nosotros que podría ser inconveniente o incompatible con la imagen que queremos o necesitamos proyectar a propósito de nuestra personalidad o del nuestro estatus. 

Esta parte mutuamente ignorada y no revelada sobre quién o qué somos -lo que Simmel denomina la "propiedad privada espiritual"- es lo que provoca la condición intrínsecamente ambigua de las relaciones personales, hechas con ingredientes variables de comunicación y reserva, de verdad y error , de claridad y oscuridad, sin la cual cada uno se convertiría automáticamente vulnerable ante la acción malévola de todos aquellos que supieran mucho más de lo que se ha querido revelar de sí mismo. Por lo tanto, la utilización del secreto constituye «una técnica sociológica, una forma de acción sin la que, atendiendo al ambiente social, no sería posible alcanzar determinadas metas», como escribe el propio Simmel en ese texto que, sin duda, es urgente que leas.

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