dissabte, 6 de juny de 2015

"La Eucaristía y la Paz". Reportatge del NoDo sobre el XXXV Congrés Eucarístic de Barcelona, 1952


He colgado este especial de la revista "Imágenes", del NoDo, dedicado al Congreso Eucarístico de Barcelona en 1952. Fue sin duda una prueba de como se entendió, ya durante el franquismo, que la clave internacionalizadora era un elemento clave de la lógica del crecimiento urbano en Barcelona, cuyo primer paso fue la Exposición Universal de 1888, seguida luego por la de 1929. Esa lógica será asumida por los ayuntamientos franquistas y se concretará en el lema acuñado durante el mandato de Porcioles. “Barcelona, ciudad de Ferias y Congresos”. Por lo demás, la filosofía de acuerdo con la cual Barcelona tenía que experimentar sus grandes "estirones" basándose en macroacontecimientos de repercusión mundial no conoce un paréntesis entre la Exposición Universal de 1929 y los objetivos que se plantean Narcis Serra y Pasqual Maragall como alcaldes de la ciudad. El Congreso Eucarístico de 1952 es no sólo el primer gran éxito diplomático del régimen franquista, sino también la excusa que permite urbanizar los aledaños del sur de la Diagonal y servirá como precedente no confesado de lo que mucho más tarde será el espíritu ecuménico –en torno ahora a los nuevos valores místicos postmodernos– del Fórum Mundial de las Culturas en el 2004. El mismo José Maria de Porcioles concibió la idea de celebrar en Barcelona una Exposición Universal el año 1982, cuyo destino hubiera implicado la transformación de la parte "pendiente" de la montaña de Montjuïc –los barrios de Can Clos y del Polvorí– y el remodelado de los alrededores del Carrer Tarragona, con la apertura de un gran corredor urbanizado que uniera el recinto ferial de Montjuïc y la entrada del entonces ya previsto túnel de Vallvidrera: la Avenida de la Exposición. Sorprende cómo los argumentos de Porcioles en defensa de su proyecto de gran acontecimiento serían idénticos a los que luego alimentarían el proyecto olímpico o el Fórum 2004: “La exposición puede y debe ser el instrumento adecuado para encauzar la expansión de Barcelona y promover, a la vez, su reforma interior, de acuerdo con las exigencias que implica su crecimiento y obliga la profunda transformación social” (citado por Ignasi Riera, “Porcioles ‘ministro’ de Franco en Barcelona”, en Los catalanes de Franco, Plaza & Janés, Barcelona, 1999, p. 356). 



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