dissabte, 14 de març de 2015

A propósito de la distinción étic/emic y el papel de los animales domiciliados


Consideraciones para Antonia Lázaro, estudiante del Màster d'Antropologia i Etnografia de la UB

Ciertamente, yo también pienso que Marvin Harris es un reduccionista y que encarna lo que los marxistas llamarían “materialismo vulgar”, que consiste en dar por incontestable un papel central en cualquier explicación a factores tecnoecológicos y tecnoeconómicos. Por supuesto que pienso que en última instancia los factores determinantes son siempre infraestructurales, pero eso llevo implítico establecer con claridad qué es lo que cabe considerar infraestructural en una determinada sociedad, que pueden ser perfectamente elementos que nuestro criterio clasificatorio consideraría místico, religioso o incluso irracional. Eso por no hablar de lo que uno define como “en última instancia”, que en Harris se transforma en primera y única instancia.

Cuando empecé a estudiar antropología recuerdo que Harris estaba bastante de moda y que Caníbales y reyes (Salvat) o Vacas, cerdos, guerra y brujas (Alianza), eran lecturas recomendadas. Luego entendí que en el fondo Harris era un instrumento teórico perfecto para marxistas nominales para los que el marxismo era demasiado complicado. El materialismo cultural era, en efecto, un atajo perfecto para sortear o evitar las dificultades de la antropología marxista de Meillassoux, Terray o Godelier. Por cierto, lo conocí cuando visitó Barcelona en el año, creo de 1983 o 84. Yo era estudiante y me impresionó verlo pasearse por los pasillos del Deparamento. Nos hizo una conferencia en el Institut Català d'Antropologia.

Además, reconozco que me exasperó desde el principio la arrogancia y el desprecio que Harris demostraba por quienes no consideraba a su altura. El desarrollo de la teoría antropológica (Siglo XXI) o El materialismo cultural (Alianza) eran una colección de descalificaciones a todas las demás estrategias antropológicas. Es una actitud que luego he encontrado en colegas, algunos de ellos en mi propio Departamento, la característica de los cuales es la soberbía y que menosprecian cualquier posición teórica o metodológica que no sea la suya, que suele ser la de la economía política, entendida además sólo como ellos la entienden. Es curiosa la manera como se clasifican ellos mismos como “antropología científica”. Los demás somos “antropología académica” o ni eso. Según ellos no hacemos ni siquiera verdadera antropología. Conste que no me estoy refiriendo en absoluto a todos mis colegas que trabajan en economía política, sino solamente a algunos de ellos, cuya actitud tiene más que ver con ciertas derivas psiquiátricas que no con convicciones realmente fundadas. Pero lo menciono porque creo que el modelo mayor que representa su actitud sería el de Marvin Harris.

Pero no todo son defectos. Por ejemplo, su Introducción a la antropología cultural (Alianza) es un buen manual. También me parece interesante su polémica con Pike a propósito de la distinción emic/etic. Si te interesa el tema te proponga un itinerario. Primero te lees el referente de entrada, sería el famoso texto de K.L. Pike, que es quien inventa la distinción etic/emic. Tienes una versión en castellano: "Puntos de vista éticos i émicos para la descripción de la conducta", a A.G. Smith, ed., Comunicación y cultura (Tiempo Nuevo). Luego buscas los argumentos de Harris. Los tienes en "Història i significació de la distinció etic/emic",   Quaderns de l'ICA, 2 (1995), en una cosa que tradujo Alberto Cardín para la revista que llevaba con Fernando Hernández en Belles Arts, Luego...¸"Por qué el perfecto conocimiento de todas las reglas que hay que saber para actuar como un nativo no permiten   saber como actuan los nativos", Luego..., 5 (1987), pp. 22‑33, y también  “Emic, etic y la nueva etnografía", que es uno de los capítulos de El desarrollo de la teoría antropológica (Siglo XXI).

Luego, complementas estas lecturas con el pronunciamiento al respecto de dos monstruos de la discipina: Clifford  Geertz,  "'Desde el punto de vista del nativo': sobre la   naturaleza del conocimiento antropológico", en Conocimiento local, (Gedisa), y Claude Lévi-Strauss, "Estructuralismo y ecología", que lo tienes en  La mirada distante (Argos-Vergara).

Veo que recuerdas la intervención de Gustavo Bueno en la polémica. Al respecto, tienes su punto de vista en Etnología y utopía (Júcar) y en Nosotros y ellos (Pentalfa). Tienes además un encuentro personal entre Bueno y Harris, en  "Entrevista a Marvin Harris", Quaderns de l'ICA, 2 (1995). Cardín terció mucho en este asunto, y ahí tienes el capítulo "El efecto Rashomon en antropología", uno de los artículos que componen su Tientos etnológi­cos (Júcar).

Pero todo esto venía a cuento de mi comentario sobre Bueno para comer (Alianza), sobre el provecho que los humanos extraemos de los animales familiarizados, los petiches o mascotas, sobre todo como factor de equilibrio psicológico e instrumento por ello al servicio de la salud pública. Este argumento era uno de los que hacían comprensible el propio título del libro, “bueno para comer”, que eran una vindicación de la teoría de Radcliffe-Brown sobre el privilegiamiento de ciertos animales en los sistemas totémicos (Estructura y función en la sociedad primitiva, Península)  teorìa que había sido contrariada o al menos matizada con el “bueno para pensar” de Lévi-Strauss en su El totemismo en la actualidad (FCE), sobre la función esencialmente intelectual, más que empírico-instrumental, de los animales totemizados.


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