dissabte, 14 de febrer de 2015

Diferencia entre espacio vivido, espacio percibido y espacio concebido

Foto de Markis Hartel
Nota para Cecilia Vergnano, doctoranda del programa Estudis Avançats en Antropologia Social de la UB.

La división espacio vivido-percibido-concebido es un tema clásico en psicología infantil y lo plantea Jean Piaget en La representación del mundo en el niño  (Morata). Los niños tienen una primera relación con el espacio viviéndolo, es decir a través del contacto físico inmediato, moviéndose en él, recorriéndolo, tomando conciencia de la distancia, señalando. Es una relación directamente relacionada con la locomoción. Eso ocurre entre los 0 y los 7 años. A partir de esa edad y hasta los 11, se desarrolla una la percepción del espacio, es decir una relación con el espacio que no está físicamente mediada. Es cuando se empieza a pensar el espacio en términos de distancia, perspectiva, fondo, distinción entre lejos y cerca o entre derecha e izquierda o entre aquí y allí. En este caso, lo que se desarrolla es la cualidad de observar el espacio y medirlo. Se supone que hacia los 11 o 12 años, el niño estará en condiciones de pensar el espacio en términos conceptuales, es decir podrá comprender el espacio como abstracción. Ese sería el espacio concebido. Es decir se va pasando de una relación que es primero corporal, luego visual o imaginativa y por fin conceptual.

Henri Lefebvre hace propia esa división tripartita del espacio en La producción del espacio (Capitan Swing). El espacio percibido es para él la práctica del espacio; el vivido, sería el espacio de representación, y el concebido, lo que llama representación del espacio. La explicación la tienes entre las páginas 91 y 114 de la edición de Capitán Swing de La producción del espacio. Creo que esa aplicación de la triada la que nos interesa más en relación con las cosas que hacemos.

La práctica espacial se corresponde con el espacio percibido, el más cercano a la vida cotidiana y a los usos más prosaicos, los lugares y conjuntos espaciales propios de cada formación social, escenario en que cada ser humano desarrolla sus competencias como ser social que se sitúa en un determinado tiempo y lugar. Son las prácticas espaciales las que segregan el espacio que practican y hacen de él espacio social. En el contexto de una ciudad, la práctica espacial remite a lo que ocurre en las calles y en las plazas, los usos que estas reciben por parte de habitantes y viandantes.

Por su parte, los espacios de representación son los espacios vividos, los que envuelven los espacios físicos y les sobreponen sistemas simbólicos complejos que lo codifican y los convierten en albergue de imágenes e imaginarios. Es espacio también de usuarios y habitantes, por supuesto, pero es propio de artistas, escritores y filósofos que creen sólo describirlo. En los espacios de representación puede encontrar uno expresiones de sumisión a códigos impuestos desde los poderes, pero también las expresiones del lado clandestino o subterráneo de la vida social. Es el espacio cualitativo de los sometimientos a las representaciones dominantes del espacio, pero también en el que beben y se inspiran deserciones y desobediencias. En este caso es un espacio no percibido, pero que pugna por serlo de un modo u otro.

La representación del espacio se corresponde con el espacio concebido. Depende de relaciones de poder y de producción y a un orden que se intenta establecer, incluso por la violencia, tanto sobre los usos ordinarios como sobre los códigos que los organizan. La representación del espacio es ideología aderezada con conocimientos científicos y disfrazada tras lenguajes que se presentan como técnicos y periciales que la hacen incuestionable, puesto que presumen estar basados en saberes fundamentados. Ese es el espacio de los planificadores, de los tecnócratas, de los urbanistas, de los arquitectos, de los diseñadores, de los administradores y de los administrativos. Es o quiere ser el espacio dominante, cuyo objetivo de hegemonizar los espacios percibidos y vividos mediante lo que Lefebvre llama “sistemas de signos elaborados intelectualmente”. Ese es el espacio del poder, aquel en el que el poder no aparece sino como "organización del espacio", un espacio del que el poder "elide, elude y evacua. ¿Qué?  Todo lo que se le opone. Por la violencia inherente y si esa violencia latente no basta, por la violencia abierta".

Lefebvre trabaja constantemente la oposición entre espacio vivido –el de los habitantes y usuarios; "espacio sensorial y sensual de la palabra, de la voz, de lo olfativo, de lo auditivo..."— y espacio concebido, que es el de planificador, el arquitecto y la arquitectura, esa porción de espacio que les ha sido cedido por el promotor inmobiliario o la autoridad política para que apliquen sobre él su "creatividad", que no es en realidad sino la sublimación de su plegamiento a intereses particulares o institucionales. Tras ese espacio concebido y representado no hay otra cosa que de mera ideología, en el sentido marxista clásico, es decir fantasma que recubre las relaciones sociales reales de producción, en este caso haciendo creer en la neutralidad de ideales universales y que deviene obstáculo para la revelación de su auténtica naturaleza y por tanto de su transformación futura.

Puesto que no es más que ideología, ese espacio está destinando a sufrir constantemente todo tipo de desmentidos que lo desgarran como consecuencia de su falta de consistencia y su vulnerabilidad ante los envites de la naturaleza crónicamente conflictiva de la sociedad sobre la que pugna inútilmente por imponerse. Los especialistas hablan de espacio, pero en realidad está pensando en suelo, puesto que ese espacio acaba tarde o temprano convertido en espacio en venta. El espacio que se pasan el tiempo representando e intentado luego imponer a sus usos tanto instrumentales como simbólicos es espacio abstracto o, dicho de otro modo, ideología que se quisiera en acción. Es un espacio vacío y primordial, neutro, en condiciones de recibir contenidos fragmentarios y disjuntos. Es, por definición, el espacio de las clases medias, precisamente porque ellas también son o quisieran ser neutras y encuentran o creen encontrar en ese espacio "un espejo de su 'realidad', de representaciones tranquilizantes, de un mundo social en el que han encontrado su lugar, etiquetado, asegurado", aunque en verdad que ese es solo un efecto óptico, la consecuencia ilusoria de que esas clases medias han sido objeto al brindarle un falso alivio para unas aspiraciones que lo dado nunca satisfará.

Otro desarrollo de la triada vivido-percibido-concebido es la que proponer Edward M. Soja en Postmodern Geographies (Verso). Para Soja, el espacio concebido es el mundo cuantificable, medible, cartografiable, etc. Sería el mundo objetivo. El espacio percibido sería el experimentado subjetivamente, el imaginado o imaginable, el que se materializa solo a través de representaciones. Por último está el espacio vivido, el més complejo, que no se deja reducir ni por medidas ni por el trabajo simbólico o imaginativo, porque es eso, vivido.



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