dimarts, 6 de gener de 2015

Hacer un pensamiento o pensar con los pies

La foto es de Yanidel
Comentario para Luis Carmona, doctorando de la UB

En efecto, debería estremecernos lo que implica la expresión catalana fer un pensament, para indicar la acción de moverse o cambiar de sitio. Moverse es pensar, ejercitar el pensamiento, del mismo modo que el pensamiento es desplazamiento. Tremenda pregunta que te invito a formularte: "¿Dónde estás cuando estás pensando?" Sin duda, todo viaje —hasta el más prosaico y breve, el del vulgar paseo— es un viaje filosófico, de igual modo que pensar es desplazarte a mundos paralelos, esos que en español conocemos como Babia o La Luna de Valencia.

Fíjate en otra aparente casualidad lingüística, y perdona porque me parece la tengo tan presente que seguro que algún vez tuve que mencionarla a ti personalmente o en clase. Me refiero a la del verbo discurrir. Si miras en el diccionario de la RAE, verás que quiere decir: 1. Andar, caminar, correr por diversas partes y lugares; 2. Dicho de un fluido, como el aire, el agua, el aceite, etc., y 3. Reflexionar, pensar, hablar acerca de algo, aplicar la inteligencia. A su vez, discurrir comparte etimología con discurso: el latín discurrere, "correr en todos los sentidos", de manera que elaborar un discurso sería formalizar verbalmente lo que discurrimos o, si lo prefieres, dejar discurrir las palabras de forma adecuada. ¿No es también genial?

¿Eso que implica? Pues que discurrir es, en efecto, cambiar de sitio, moverse, desplazarse, fluir... Pero también es hablar, emitir un relato, contar algo. Y, por último, discurrir es pensar, hasta el punto de que todo caminante —hasta el vulgar viandante— es una especie de filósofo, abstraído en su pensamiento, que convierte su paseo en su gabinete de trabajo, a la manera de los filósofos peripatéticos clásicos, o de lo que Epíceto denomina ejercicios éticos,  consistentes en pasear y comprobar las reacciones que se van produciendo durante el paseo, o del Rousseau de las Ensoñaciones de un paseante solitario. Todo andariego es un cavilador; rumía, barrina, se desplaza desde y en su interior. Discurrir es al mismo tiempo pensar, hablar, pasar.

No sé si los has pensado, pero ese es el sentido de toda la literatura de viajes y de un género cinematográfico como son las road movies. En todos los casos, los protagonistas organizan el sentido de su propia existente a partir del movimiento en que están comprometidos. Me viene a la cabeza ese desplazamiento minimalista que es el Viaje alrededor de mi habitación de Xavier de Maistre. Por cierto, ¡qué gran road movie que es El Quijote!.

También me viene a la memoria una cosa que dice Robert Ezra Park —uno de los fundadores de la Escuela de Chicago" en un artículo elocuentemente titulado  “El espíritu del hobo: reflexiones sobre la relación entre mentalidad y movilidad”. Es de 1923 y está recogido en La ciudad y otros ensayos de ecología urbana (Serbal).  Lo he buscado y he visto que acaba así:“La conciencia no es sino un incidente de la locomoción”.

Qué tontos quienes creen que pensamos con el cerebro. En realidad es con los pies con lo que pensamos,


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