dijous, 17 de gener de 2013

Secreto y poder


Montaje de Estenent el desastre (blog.estenenteldesastre.org) para la exposición en homenaje a la militante comunista y feminista de la Barceloneta Soledad Real, “La Ventanas de Soledad Real”, disponible en la red en www.soledadreal.org. Soledad murió en febrero de 2007.
Entrevista para la web de la Universitat de Barcelona a propósito de la publicación del libro Lluites secretes. Testimonis de la clandestinitat antifranquista (Publicacions i Edicions de la UB), dirigida con Gerard Horta y Jofre Padullés. Apareció publicada el 15 de marzo de 2012 en el apartado Entrevistas de www.ub.edu.

SECRETO Y PODER
Manuel Delgado


¿Cómo surge el libro?

Desde el Grupo de Trabajo Etnografía de los Espacios Públicos, trabajamos sobre cómo se desarrollan ciertas formas de vida social que se caracterizan por el hecho de tener como escenario el espacio público: la calle o la plaza, el vestíbulo de una estación, etc. Se trata de formas de vida social lábiles, efímeras, que se organizan y disuelven al cabo de un rato. En 2004 ya publicamos otro libro, Carrer, festa i revolta (Generalitat de Cataluña), que era justamente el resultado de otra investigación en la que poníamos de manifiesto el hecho de que las denominadas apropiaciones festivas del espacio público suscitan unos modelos de actuación colectiva cuya revuelta no deja de ser, en cierta medida, una forma de reproducción, de prolongación. Es decir, las revueltas y las fiestas, las expresiones masivas y de apropiación del espacio público, tienen la misma lógica.

En relación con Lluites secretes. Testimonis de la clandestinitat antifranquista, básicamente hemos llevado a cabo un trabajo siempre atento a este tipo de vida social en la calle desde la perspectiva de analizar cómo era la vida de personas para las que una parte fundamental de la existencia debía estar en secreto, dejando de lado la dimensión política e histórica, de la que se encargan nuestros compañeros y amigos contemporaneístas. El libro está hecho por antropólogos e invita a comparar, en el sentido de que muestra cómo se desarrollaron, durante la dictadura, ciertos tipos de vínculos humanos basados en el secreto que ponen de manifiesto hasta qué punto el secreto tiene una virtud estructurante.

Es decir, que buena parte de la vida social se estructura a partir del secreto. Es una labor hecha esencialmente a partir de entrevistas recogidas durante varios años de investigación y que en el libro solo aparecen en parte. Para complementarlas, se aportan testimonios que ya estaban publicados —las políticas de memoria histórica han hecho que se prodigue este tipo de materiales biográficos o autobiográficos. Además, también se han tenido en cuenta novelas de Víctor Mora o de Juan Marsé por lo que tienen de modelo etnográfico.

Es un libro sobre la cultura de la clandestinidad —en el sentido que los antropólogos damos a la palabra cultura, es decir, ‘las maneras de hacer’—, que era característica de la lucha secreta contra el franquismo. Y, más allá, pretende ser una contribución a una teoría general del secreto.

Entonces, ¿el secreto es un elemento fundamental en todas las sociedades?

El secreto, como decía, tiene este tipo de virtud estructurante que era característica de la militancia antifranquista, lo que pone de manifiesto ciertas características comunes a otros contextos históricos y culturales aparentemente muy lejanos. Darle al secreto esta virtud estructurante, que divide el mundo entre dos tipos de personas —las que lo saben y las que no lo saben—, seguir este tipo de lógica, es lo que encontramos, por ejemplo, en los antropólogos clásicos,que trabajan en contextos exóticos, cuando hablan de sociedades iniciáticas. Aquí hay una complicación grave que no siempre puede digerirse bien, porque en el fondo pones de manifiesto que una célula clandestina del partido comunista, por ejemplo, tenía una lógica de funcionamiento que era básicamente la de una sociedad iniciática.

El franquismo es un ejemplo en el que casi fue indispensable profesionalizarse en el secreto. Pero es una variable de una lógica de la que encontramos muchísimas expresiones en todas las sociedades humanas conocidas. Expresiones que tienen que ver con la existencia de núcleos restringidos, cerrados, y poseedores, administradores, de algo que los demás no pueden saber. El sanctasanctórum de cualquier religión ya funciona así. Las sociedades secretas, iniciáticas, han implicado en toda cultura que solo accedan aquellos que se han iniciado en ellas.

¿Cómo es la relación entre secreto y poder?

Cualquier forma de lucha contra el poder, básicamente, debe ser secreta, porque el poder también es secreto. De hecho, es una lucha entre secretos. La experiencia clandestina era cuando ibas por la calle, te dabas la vuelta y veías que la persona a la que mirabas también se había dado la vuelta. Y sabías que era un policía secreto, del mismo modo que él sabía que tú eras un militante clandestino. Había un entendimiento mutuo: «Ya sabemos quiénes somos; a nuestro alrededor se desarrolla una vida cotidiana hecha de vulgaridades, de gente que va y viene. Pero nosotros sabemos que tenemos una guerra particular». Eso, básicamente, implica vivir el secreto. Y de una manera u otra implica que hay una especie de guerra subterránea, de gente que parece normal, pero que no lo es.

El secreto es lo que organiza permanentemente las relaciones políticas, al igual que organiza las relaciones privadas, más particulares y más cotidianas. Buena parte de la actividad de un estado, de una administración, es secreta. Los secretos de estado tienen que ver justamente con eso. Por lo tanto, es como si hubiera dos mundos oscuros que no enseñan nunca sus cartas y que se pasan el tiempo sugiriendo, adivinando, qué es lo que el otro sabe y tú no sabes. El secreto es una forma de control.

Por otra parte, en el libro también explicamos que, en buena medida, al menos en la última fase del franquismo, el entrenamiento en el secreto de una parte importante de la resistencia clandestina —especialmente vinculada a ciertas clases sociales— fue un campo de entrenamiento magnífico para ejercer después el poder. En este sentido, ¿el secreto era secreto? Por ejemplo, las instancias municipales que contrataron a finales del franquismo a militantes comunistas para que llevasen a cabo tareas fundamentales en lo que sería el futuro desarrollo de la ciudad, ¿no lo sabían? Hay secretos que son públicos.

Entonces, ¿es una falacia pedir transparencia al poder?

Es que yo no quiero saber, no quiero que me lo expliquen. El secreto no funciona únicamente a partir del hecho de que ellos no me cuentan algo: es que es mejor no saberlo. Porque si supiéramos qué es lo que se nos oculta no lo soportaríamos. El secreto es justamente lo que no se puede soportar. Hay cosas en mí que no son inaceptables y que no diré a nadie. Eso tiene que ver con las relaciones humanas en cualquier contexto, y también con las relaciones entre grupos políticos, entre administradores y administrados. Por lo tanto, en el fondo, hay este tipo de pacto que hace que juguemos permanentemente a escondernos. Entre nosotros, entre individuos aislados, y en relación con la administración. Evidentemente que ellos, los que tienen el poder, tienen ciertos secretos, y que hay cosas que ellos saben y yo no. Pero yo también les engaño. No les puedo pedir que sean transparentes porque yo no lo soy. Lo que decimos es: «No seas transparente, pero hazme creer que intentas serlo».




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