dimecres, 7 d’octubre de 2015

El odio, la lucha y la virtud

La foto es Mario Sánchez Nevado
Impresiones para Adelina García sobre el riesgo virtuosista del 15M y sobre el odio y la lucha, enviadas el 17 de junio de 2011, en relacion a cosas dichas ante la acampada del 15M en Girona


EL ODIO, LA LUCHA Y LA VIRTUD
Manuel Delgado

Mira, lo que quise hacer en mi intervención el acampada de Girona de hace unos días fue una cosa parecida a lo que había hecho en la de Plaça Catalunya: advertir de lo que, desde mi punto de vista, podrían ser peligros para el movimiento 15M. En Barcelona lo que dije es que al tanto con el riesgo ciudadanista, es decir de la asunción tanto de un estilo de movimientismo postpolítico como de una orientación ideológica centrada en la posibilidad de una reforma ética del capitalismo. En Girona lo que fui a advertir del peligro del virtuosismo oenegista, por el que creo que compartimos una desconfianza frontal y pienso que del todo justificada. De ahí el elogio que hice del odio, pero por supuesto no del odio contra nadie, sino en el sentido de lo que para la izquierda histórica ha sido siempre su motor básico, es decir el viejo concepto de "odio de clase", que es el sentimiento que se asocia a toda consciencia del antagonismo social.

Es decir, lo que me inquieta es lo que podría ser una especie de deriva cristianoide del 15M. El oenegismo me pone más bien enfermo. Y lo mismo, por extensión, la babosidad infame de los "valores", el exhibicionismo de la bondad y los buenos sentimientos. De ahí que evocara en Girona tanto el Anticristo de Nietzsche como Santa Juana de los Mataderos, de Bertolt Brecht, que estarían en esa misma denuncia del buenismo que hoy encarnan la mayoría de oenegés.  Era legítimo que alguien preguntara, en un momento dado, cuál era el lugar que en todo aquel mejungue ocupaba la vieja lucha de clases. Porque lo que quería defender es el valor de la lucha social y política, que no se vé por que demonios hay que considerar caduca, y no se puede luchar si no detestas profundamente, sino odias aquello contra lo que luchas: un sistema económico, un gobierno, una situación de injusticia, una idea…, pero no a un ser humano con el que quien sabe si un azar distinto del vivido te hubiera podido hacer intercambiar los papeles. Un ser humano, por ser humano, siempre vale mucho más que lo que es o lo que piensa.

Luchar es luchar. Luchar no es quemar contenedores, ni correr delante de los guardias como si fuera un juego emocionante, una aventura excitante. La lucha no tiene nada que ver con la adrenalina. La lucha requiere no sólo arrojo; requiere sobre todo madurez, consciencia y responsabilidad. Luchar, se lucha en serio. Lo otro no es lucha; es deporte de riesgo.

Y si hay algo idiota que jamás defendería es que se diera “rienda suelta” al odio que postulo. A eso odio hay que darle cualquier cosa menos rienda suelta. Al contrario, la clave está en administrarlo, organizarlo, encuadrarlo, darle directrices y dirigentes, convertirlo en iniciativas, programas, propuestas y, cuando convenga y la historia nos lo reclame, sacarlo de paseo, exhibirlo como lo único que poseemos de verdad. 

Y por supuesto que no soy y seré nunca pacifista; lo que soy es simplemente pacífico.





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