dissabte, 5 d’agost de 2017

Sobre el animal público y la antropología en general

La foto es de Yanidel y procede de https://www.facebook.com/YanidelPhotography
Primer apartado de la entrevista publicada en el primer número de Cultura Urbana, la revista de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, en agosto 2004. Me la hizo Ignacio Farias. El título con que fue publicada fue "La verdad está ahí fuera". 

SOBRE EL ANIMAL PÚBLICO Y LA ANTROPOLOGÍA EN GENERAL
Manuel Delgado

- Hablemos sobre El animal Publico. Este ensayo, de gran repercusión, es una investigación que si bien trata sobre la forma de lo social en los espacios públicos, sostiene una tesis sobre la antropología en general, y que apunta a definir los límites de lo social, de la comunicación, del sentido. A mi lo primero que me sorprende es el título, el animal, se trata de un animal. ¿Es este un intento de volver al objeto más clásico del estudio de la antropología?

En el fondo lo curioso es que lo que podría parecer de una forma superficial como una apuesta "de vanguardia" o de reconsideración de la antropología y sus objetos, en el fondo quiere ser una apuesta por volver a unos orígenes radicalmente naturalistas, que tienen que ver mucho más con Malinowski que con la antropología posmoderna, lo que le da un peso a la observación directa y a la descripción por encima de la interpretación. Eso es cualquier cosa menos "vanguardista". Hay una voluntad de volver a una cierta vocación realista de aproximación pormenorizada, atenta, respetuosa. Incluso yo diría humilde, aunque siempre es un calificativo que puede sonar vanidoso, aunque pueda parecer paradójico. Es seguir la herencia del pragmatismo. Al respecto creo que no hay mucho más que decir. Volver a esa atención por las practicas, por los usos.

- Y en ese sentido los espacios públicos aparecen como un ámbito donde por antonomasia se actualizan éstas prácticas. ¿Sería en ese sentido la antropología de los espacios públicos una antropología por antonomasia?

Una antropología del espacio social por excelencia o del espacio de la acción social por excelencia. Por eso digo que conviene ser desconfiados ante la etiqueta 'antropología urbana'. Se trata básicamente de una antropología que puestos a analizar, escoge un terreno donde en efecto uno puede encontrarse esa dimensión inorgánica, inestable, crónicamente por estructurar, que no es singular de la vida urbana, sino que es singular de la vida social. Pero aquí puede encontrar un lugar particularmente de expresión o ilustrativo.
El tema es lo que tiembla, aquello que oscila, lo que podríamos llamar la dimensión no cristalizada de la vida social. Concepto que tan sólo es nuevo, y que tiene que ver con los de 'elusión' en Gabriel Tarde, 'emergencia' en James Fernández, 'drama social' o 'liminalidad' en Victor Turner. En el fondo, no hay nada nuevo al respecto. Se trata básicamente de que hay un asunto pendiente en la antropología, y es el de las prácticas.
Nuestra preocupación por las interpretaciones y por las exégesis ha hecho que muy poco de nosotros se haya entregado a ofrecer informes de investigación etnográfica en los que la descripción de lo que acontece ocupe un papel importante. La mayor parte de lecturas que estamos escuchando en tribunales de tesis de doctorado se encuentran basadas en entrevistas... ya nadie mira, ya nadie contempla, ya nadie anota, ya nadie explica. Todo el mundo está demasiado ocupado en interpretar, es decir, en representar representaciones.

- Esto nos lleva al concepto de cultura, que en algún momento constituyó una suerte de operador lógico que todo lo incluía, y en torno al cual se estructuraba la antropología, al menos la tradición norteamericana, tal como lo diagnostica Kuper. Pero tal como señala Kuper, es un concepto sumamente difuso que cae casi como una suerte de maldición sobre la antropología. En tus libros, las referencias al concepto de cultura son mínimas. ¿Tenemos acaso que eliminar de una buena vez este concepto de la antropología?

Lo que hay que hacer es esencialmente definirlo. Volver a lo que decía Bateson de que la característica que tienen que tener las categorías con las que trabajamos es que tienen que ser claras. Otra cosa es que cuanto más claras son, más confunden las cosas. Esa es la paradoja, la que hace que cuanto más oscuro sea un concepto, cuanto más confuso, cuanto más opaco, más consigue clarificarlo todo. Y esa es la ventaja que tiene la cultura. Si la cultura tiene tanto valor es porque como no significa nada, puede uno aplicarla a cualquier cosa para decir lo que quiera, no importa qué.
No. La cultura al menos en la tradición europea, de la que no podemos desentendernos, es la forma que adoptan las relaciones sociales. Adam Kuper, en el texto al que aludes, da una definición brillante y a la que suscribo, y es que los antropólogos estudiamos y explicamos las culturas, lo que no implica que las culturas expliquen algo. Una cosa es explicar las culturas, y otra es pretender que las culturas puedan explicar alguna cosa. Básicamente porque son la forma, el vestido que adoptan las relaciones entre seres humanos. Ahí está la cuestión, pero esa cuestión no remite únicamente a la antropología, sino a las ciencias sociales en general.
El problema es que cuando hablamos de culturas en términos ideográficos, como un conjunto de ideas, representaciones que revolotean en las cabezas de las personas, nos desprendemos de lo que es una ciencia social. Una ciencia que estudia las relaciones sociales, no los seres humanos. Hay que entender que nuestro objeto de conocimiento es la acción social, no el actor social. A nosotros nos interesan los hechos sociales, porque lo pasa es lo que determina lo que la gente piensa, siente y proclama que desea, y no al revés.

- En ese sentido, el animal público se encontraría en el límite de lo social, casi fuera, en el entorno de lo social. Me da la impresión de que no es parte constitutiva del hecho social, se encuentra bordeándolo, en el lÍmite del sentido / no sentido, de la comunicación / no comunicación.


Él es el hecho social por excelencia. Él es el 'hecho social total' que diría Mauss. Lo que digo es que deberíamos desconfiar de la posibilidad de saber qué es lo que llegue a pensar. En cuanto digo animal, no es que niegue su condición social, al contrario no hago nada mas que enfatizarla con todas mis energías. En efecto, es el ser animal lo que le confiere esa naturaleza social. El animal público puede ser explicado con claves que remiten a su condición sociológica, alguien que depende de otros seres sociales como él para existir, y eso es un instinto, un instinto social. En el fondo, evocar la imagen del animal no deja de ser una evocación de la capacidad que debería tener la etología de constituir para nosotros un referente. En efecto, a tomar con prudencia por la contaminación que cierto biologismo le ha hecho objeto. Referirnos al ser humano como animal, no niega su condición social, sino justamente lo que hace es enfatizarla al máximo nivel, con la máxima intensidad. 


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