divendres, 2 de setembre de 2016

Participar es participar en tu propia dominación


Fragmento del prólogo de Ciudadanismo. La reforma ética y estética del capitalismo (Catarata, 2016)

PARTICIPAR ES PARTICIPAR EN TU PROPIA DOMINACIÓN
Manuel Delgado

Como se ve, el ciudadanismo no es sino un programa de renovación del viejo republicanismo burgués y su meta de conseguir una democratización tranquila de la sociedad,  que no altere ni amenace los planes de acumulación capitalista, que no cuestione los mecanismos de control real sobre la sociedad, inofensivo para las agendas políticas oficiales. Carece de proyecto histórico y se limita, a lo sumo, a constituir dinámicas particulares de acción colectiva que pronto se convierten en de "participación", una forma distinguida de nombrar su integración en órdenes institucionales lo suficientemente "abiertos" como para incorporar en sus lógicas a sus propios impugnadores.

El ciudadanismo no aspira ni mucho menos a alcanzar el antiguo horizonte comunista o anarquista de una sociedad no estratificada y no jerarquizada. De hecho, su propuesta de reajuste del sistema es sobre todo ética y estética, en el sentido de que es, tanto en contenido como en sus exhibiciones, el de la realización del moralismo abstracto kantiano y la ética que Hegel entendió que debía guiar la labor mediadora del Estado constitucional moderno. Pero, a pesar de lo modesto de sus pretensiones reales en el campo del cambio social, el ciudadanismo está siendo la doctrina-refugio de lo que un día fue la izquierda revolucionaria y el movimiento obrero, que, vencidos y desarmados, intentan sobrevivir adhiriéndose a una corriente que no suele autodefinirse como de izquierdas y que tiende a despreciar por vetusta la tradición ideológica y encuadradora de las organizaciones revolucionarias o del sindicalismo de clase.

A ese terreno de aluvión que es el ciudadanismo llegan a desembocar tanto la izquierda clásica como el izquierdismo, cuyos antiguos militantes pueden convertirse ahora en pacifistas, feministas, ecologistas, animalistas, veganos,  miembros de ONGs solidarias, cultivadores de huertos urbanos, fans de los inmigrantes o de los transexuales, acogedores de refugiados, partidarios de la renta básica, gladiadores contra la especulación inmobiliaria o los abusos bancarios..., a veces todo eso al mismo tiempo, sin que esa fragmentación y versatilidad encuentre su fuente de unificación y coherencia en un plan para revolver la realidad dejando atrás el capitalismo. El trabajador al que un día se le vio combatir por una sociedad sin clases es ahora un ciudadano que demanda un poco más de decencia en quienes le someten. El proletariado, por su parte, ha sido declarado extinguido y su lugar como personaje colectivo a movilizar se ha visto ocupado por una nebulosa de sujetos y subjetividades singulares a cuya reunión llaman "la gente", "los más", "los de abajo", "el 99%", "la multitud", "los muchos", etc.

En resumen, el ciudadanismo es, hoy, el resultado de un proceso de regeneración de la socialdemocracia y de la izquierda liberal, al que han ido a ampararse los restos del naufragio de la izquierda y del izquierdismo. Sin duda, se trata del nuevo paradigma pseudoideológico mediante el cual el sistema capitalista aspira a sugerir que puede ser más humano y, en nombre de tal posibilidad, encauzar y volver "razonables" a las fracciones conflictivas de la sociedad convirtiéndolas en "movimientos sociales", ajenos e incluso hostiles a cualquier cosa que evoque la lucha de clases, corrientes de acción colectiva a cargo de individuos aislados que se unen para luchar pasándoselo bien y a los que, tarde o temprano, se invitará a "participar", es decir a ser copartícipes de su propia dominación.




Canals de vídeo

http://www.youtube.com/channel/UCwKJH7B5MeKWWG_6x_mBn_g?feature=watch