dilluns, 25 de juliol de 2016

El mito de las "etapas" del urbanismo barcelonés (II)

Fotograma de "En construcción", de Jose Luis Guerín (2001)
Más consideraciones a la gente del OACU a propósito del mito de las "etapas" del urbanismo barcelonés.

EL MITO DE LAS "ETAPAS" DEL URBANISMO BARCELONÉS.
Manuel Delgado

La leyenda de las "etapas" de las políticas urbanísticas de Barcelona relata que las últimas decepcionan las expectativas democraticistas y sociales de las iniciales. Se podrá llegar, siguiéndoles, a la conclusión de que las críticas contra los abusos inmobiliarios y las justificaciones simbólicas que lo encubren corresponden a tendencias recientes, decepcionadas por la traición a lo que fuera una edad de oro del urbanismo barcelonés. Ese es el mito.

De hecho, esto mas bien respondería al despecho de “especialistas” que medraron en un determinado momento y se han visto postergados en determinado momento, lo que les lleva a criticar el abandono o incluso la traición al “auténtico modelo Barcelona” que ellos se arrogan haber encarnado. En cambio, esa primera fase aparentemente inocente fue fundamental –la de los alcaldes Serra y sobre todo Maragall– para la constitución de las bases ideológicas de cuyo consenso iban a depender lo que vendría después, inviable sin una legitimación simbólica capaz de disuadir y persuadir. Por otra parte, las políticas sistemáticas de desalojo y expulsión a nuevas y viejas periferias de vecinos “inconvenientes” a los planes de reconversión urbanística arrancan precisamente con la necesidad de las nuevas autoridades democráticas a adaptarse a los nuevos contextos definidos por el tardocapitalismo y su concepción de la ciudad.

En otras palabras, que todo lo que Ada Colau, Gala Pin, V de Vivienda, etc., denunciaba hace diez años, en las etapas Clos o Hereu en materia de acoso contra propietarios o inquilinos molestos para los nuevos planes de recalificación de barrios enteros considerados “obsoletos” ya se denunciaba en la época dorada, la “progresista”, tanto en forma de campañas populares como de estudios académicos o posicionamientos intelectuales. En el primer caso, recuérdese la campaña “Aquí hi ha gana” (“Aquí hay hambre”), desarrollada durante los primeros meses de 1987, o la de los vecinos de Poble Nou bajo el epígrafe “No volem canviar de barri” (“No queremos cambiar de barrio”), contra las remodelaciones que iban a mutar los escenarios de su vida cotidiana. Las dinámicas de deterioro inducido y el vaciamiento hacia la periferia del centro histórico de Barcelona, que parecerían asociarse a las fases de decadencia y traición de la edad de oro del modelo Barcelona, ya estaban siendo estudiadas y denunciadas como en marcha a mediados de los 80, antes de la designación olímpica. Para el caso del barrio de Sant Pere, véase el excelente trabajo de nuestro amigo Pere López Sánchez, El centro histórico. Un lugar para el conflicto  (Universitat de Barcelona, 1986).

Un testimonio de lo que se pensaba sobre la marcha de la ciudad desde la izquierda menos dócil serían los artículos que aparecieron a principios de los 90 en la mitica revista Mientras Tanto, fundada por  Giulia Adinolfi y Manuel Sacristán. Buscad por ejemplo el artículo de Antonio Giménez Merino, “El pobre a la periferia. Especulación urbanística en la Barcelona actual”, Mientras tanto, Barcelona, 58 (abril 1994), pp. 67-73. También “Especulación en la Barcelona olímpica” y “La Barcelona olímpica”, notas editoriales de los números 43 y 55 de la misma revista.

Una vez obtenida la perspectiva de ver cumplido el “sueño olímpico” no todo fueron contribuciones al éxtasis colectivo que parecía haberse desencadenado a todos los niveles. Desde las ciencias sociales de la ciudad se emitieron críticas a lo que ya se percibía como una política de aparador que ocultaba la mercantilización de la ciudad y su conversión en un brutal colosal mecanismo de dualización social, así como la manera como era valiéndose de la legitimidad que les otorgaba su naturaleza “avanzada” que los ayuntamientos surgidos de las urnas asumían o reasignaban al sector privado o mixto las negociaciones encaminadas a la expropiación desventajosa de residentes mayores o en situación legal precaria en los barrios a “renovar”.

No cabe duda de que se han cumplido con creces las intuiciones de las pocas voces que, en el momento culminante del llamado “espíritu olímpico”, supieron reconocerlo como un dispositivo puramente retórico al servicio de la terciarización y tematización de Barcelona, de su conversión en un espacio de y para el consumo y su plegamiento a los requerimientos del capital internacional: Incorporación a la mundialización, nuevas periferias sociales, refuncionalización del espacio urbano en clave de mercado, reapropiación capitalista de la ciudad... Véanse, por ejemplo, Pere López, “1992, objectiu de tots? Ciutat-empresa i dualitat social a la Barcelona olímpica”, Revista Catalana de Geografia, 15 (junio 1991), pp. 91-99; “Todos, mayoría y minorías en la Barcelona olímpica-empresa. Apuntes sobre el gobierno de lo social en la ciudad-empresa”, Economía y sociedad, 9 (1993), pp. 103-115; Núria Benach, “Producción de imagen en la Barcelona del 92”, Estudios Geográficos, LIV/212 (julio-setiembre 1993), pp. 483-505, y Rosa Tello, “Barcelona post-olímpica: De ciudad industrial a escenario de consumo”, Estudios Geográficos, 212 (julio-setiembre 1993), pp. 507-522.  Continuará.


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