dijous, 12 de maig de 2016

Intersticios. Lógica del intervalo

La foto es de Jordi Secall
Mensaje personal enviado el 8 de agosto de 2009 a mi amigo y entonces doctorando Omar Borrás, que entonces estaba acabando su tesis sobre las apropiaciones sociodeportivas de espacios intersticiales por parte de la comunidad cochabambina en Barcelona.

INTERSTICIOS. LÓGICA DEL INTERVALO
Manuel Delgado

Del latin interstitium, intersticio es un término que indica espacio entre instancias, hueco o hendiduda en un tejido o estructura o también intervalo entre tiempos y lugares.

En ciencias sociales, la noción de intersticio se asocia a la idea de espacio entre instituciones. Esa era la intención de Frank M. Thrasher cuando usó el concepto de “sociedad intersticial” para referirse a los grupos juveniles que desarrollaban formas específicas de sociabilidad en ese contexto entre, es decir en regiones que quedaban vacantes entre instituciones primarias de la sociedad, como puedan ser la familia o la escuela. Thrasher designó en 1927, en su célebre The Gang, esa idea de "sociedades intersticiales" a las pandillas juveniles que proliferaraban en las grandes ciudades norteamericanas. La noción de intersticialidad remite a lo que sucede en las zonas al mismo tiempo topográficas, económicas, sociales y morales que se abren al fracturarse la organización social, fisuras en el tejido social que son inmediatamente ocupadas por todo tipo de náufragos, por así decirlo, que buscan protección de la intemperie estructural a que la vida urbana les condena. Estas agrupaciones expresaban en términos morales y resolvían en el plano simbólico tránsitos entre esferas incompatibles o contradictorias de la sociedad global en que se insertan, como, por ejemplo, obligaciones laborales o escolares/ocio, trabajo/paro, aspiraciones sociales/recursos reales, familia/inestabilidad emocional, etc. Es decir, la intersticialidad sería una de las consecuencias de las tendencias anomizantes propias de la urbe contemporánea, una consecuencia más del debilitamiento o la desactivación de los viejos vínculos comunitarios.

Por extensión, esa noción de intersticial es del todo pertinente a la hora de considerar espacios tanto físicos como morales que se desarrollan no tanto al margen como entre ámbitos plenamente institucionalizados, a la manera de grietas o hendiduras. Esa noción de intersticio se adapta bien, ahora en términos morfológicos, a espacios urbanos tipo descampado, lo que los urbanistas y arquitectos llaman terrain vague, y que designa “lugares, territorios o edificios que participan de una doble condición: por un lado, vague en el sentido de vacante, vacio, libre de actividad, improductivo y, en muchos casos, obsoleto; por el otro, vague en el sentido de impreciso, indefinido, vago, sin límites determinados, sin ningún horizonte futuro” (Ignasi de Solà-Morales, Present i futurs. Arquitectura a les ciutats, CCCB, 1996, p. 21).

De todos modos, como comparatistas que somos, los antropólogos no podemos dejar de reconocer en esas nociones variables específicamente urbanas y actuales de otro concepto que nos es bien cercano y propio, que es el de liminalidad, con el que designamos la capacidad de un determinado orden social de generar, mediante la dramatización ritual de los tránsitos, la existencia de comarcas y experiencias que se producen, como escribiera Turner en uno de los capítulos de La selva de los símbolos (Siglo XXI), en umbral, es decir “entre lo uno y lo otro”, o, lo que es igual, entre estados distintos, entendiendo por estado ubicaciones fijas y recurrentes, culturalmente reconocidas en el seno de un determinado organigrama de posiciones o estatus sociales institucionalizados o cuanto menos duraderos.
No resisto la tentación de poner todo ello, a otro nivel, en relación con el último capítulo de la Lógica del sentido de Deleuze (Anagrama), que se titula precisamente “La grieta”, y en la que reflexiona sobre lo que Jacques Lantier, el protagonista de La bestia humana, de Zola, llama justamente así, “la grieta”, esas “repentinas pérdidas de equilibrio, como fracturas, agujeros por los cuales su yo se le escapaba en medio de una especie de gran humareda que lo deformaba todo”.

En cuanto a la diferencia entre “espacio social intersticial” y “espacio intersticial”, para nosotros, como buenos herederos de la tradición durkheimniana que deberíamos considerarnos, “social” siempre es un pleonasmo. Nada hay que no lo sea.


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