dilluns, 4 d’abril de 2016

"¿Quién es gitano?", David Lagunas

La foto es de Antonio Moreno
Más sobre de dónde se saca que un 20-30 % de La Mina son gitanos

¿QUIÉN ES GITANO?
David Laginas

Todo lo que apuntas Giuseppe es muy pertinente. En  el libro Segregar, producir, contestar sobre La Mina de 2010 me refería a varios de esos puntos. Hemos empleado estadísticas muy inciertas. Manel, estás poniendo sobre la mesa el prejuicio anti-gitano en el baile de cifras. Dado que La Mina es un lugar estigmatizado el prejuicio popular orienta a pensar que en La Mina "solo" viven Gitanos o lo son en un porcentaje alto.

Por regla general, los censos de Gitanos han sido siempre imprecisos y relativos. En toda Europa.  Son meras indicaciones. Lo único a lo que podemos aspirar es a elaborar una estimación, teniendo en cuenta las cifras de censos oficiales que no son precisas.

Primer problema: la pregunta “¿Quién es gitano?” Es una definición políticamente determinada y que no significa que esté definida claramente. La mayoría de Gitanos pueden no declararse como tales frente a una encuesta por la experiencia de persecución histórica. Por otro, existen criterios arbitrarios de definición de una identidad étnica; en varios países, por ejemplo en la República Checa la terminología vinculada a la identidad étnica en censos y programas de Gobierno ha desaparecido porque  se privilegia la condición de grupo social relacionada con las políticas de asimilación y de integración. Otro ejemplo. Hace cuatro décadas  las cifras de roms en Rumanía eran muy bajas. Cuando se elaboraban los censos muchos rom no se reconocían como rom por prudencia y prevención ante la persecución. Con la llegada de la política multiculturalista en los 90 de golpe aparecieron millones de rom que contestaban afirmativamente a las encuestas sobre  su identidad rom, porque el contexto político multiculturalista era más favorable. En Bulgaria en 1992 una parte de los rom prefirieron definirse como turcos o rumanos que no como rom. Y así podemos seguir con un largo etcétera.

Segundo problema: en La Mina los propios gitanos no se ponen de acuerdo. Las asociaciones gitanas tienden a inflar los datos pues a mayor número mayor fuerza para presionar a la Administración para recibir apoyos y subvenciones, y suelen dar por buena la cifra de la horquilla entre el 20% y el 30%.

Tercer problema: la realidad en La Mina es incierta ya que existe población flotante, móvil que se empadrona o se da de baja. Hay situaciones muy variadas. En la p. 159 de Segregar… solo pude explicar la estimación de la población gitana con la metáfora cromática que sugiere Piasere (1999: 24-25): si el barrio pudiera verse a través de una fotografía aérea, y se atribuyera un color a los gitanos y otro a los payos, se observarían cambios de color, gradaciones, desplazamientos, mutaciones, desapariciones que reflejarían el contexto de las relaciones de vecindad en un espacio específico y en el tiempo, irreductible a la simplificación y la generalización.

Así pues, el tema del número de gitanos en La Mina me parece un imposible de comprender si no consideramos, en lugar del “grupo gitano” o la comunidad concreta, las interrelaciones y el tipo de relaciones que se instauran con los payos. La flexibilidad estructural de las comunidades es tal que pueden perpetuarse cancelando las categorías étnicas de referencia o la creación de categorías nuevas ( y si no ¿cómo censar a los llamados “entreveraos”, mezcla de payos y gitanos en Sevilla por ejemplo? O los “mestizos”). Un grupo puede cambiar la taxonomía étnica sobre la cual se reconoce en el curso de dos generaciones. Con lo cual es absurdo seguir empleando cifras de hace una, dos o tres décadas en el caso de La Mina.

Conclusión:  “los grupos gitanos” no son entidades sustantivas sino redes relacionales que pueden restringirse, extenderse o incluso romperse. Por otro lado, el compartir ciertos rasgos culturales no implica automáticamente el auto-reconocimiento étnico del propio grupo, cuando las relaciones con sus vecinos son pocas, hostiles o inexistentes. En este asunto también se halla esta obsesión esencialista por encontrar al “más gitano”, aquel gitano prototípico, que solo existe en nuestra imaginación. Es parte de un modelo cultural, ampliamente compartido, sobre los gitanos, un esquema que incluye uno o varios estereotipos. Tal vez en el caso de La Mina es el esquema prototípico del gitano incivilizado, ladrón, delincuente, traficante…, el que acapara las conciencias... Es lo que hay



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