dimarts, 1 de març de 2016

Miradas estremecidas


Del catálogo La mirada interior. Tallas medievales reveladas por la cámara de Domi Mora, Museu Frederic Marés, Barcelona, 2007.

LA MIRADA ESTREMECIDA
Manuel Delgado

Hace tiempo que sigo el trabajo de Domi Mora en el campo de la fotografía y creo que entiendo la clave de mi propio interés. Para alguién como yo que encuentra en el cine no sólo un medio de creación, sino un modelo metodológico de observación del mundo, la fotografía de Mora suponía un insólito ensayo por incorporar a la imagen fija las variables a las que ésta –precisamente por su fijación– parecería ser ajena, cuando no contraria: el tiempo y el movimiento. Ese esfuerzo por obligar a la imagen estable a desmentir su presunta naturaleza y mostrarse animada, es decir al mismo tiempo “con alma” y “con movimiento” aparecía en trabajos anteriores –incluso en aquellos cuyo objeto eran, por ejemplo, la arquitectura o elementos del mobiliario urbano–, pero se muestra en este caso –el trabajo con imágenes cristos y vírgenes  medievales– como llevado hasta sus últimas consecuencias en cuanto a atrevimiento y profundidad. En efecto, hay en este material que se muestra una voluntad muy seria de ir al fondo de la superficie aparente que los objetos sagrados y hacerlo a través de fotografías que no en vano dan la imprensión de estar “movidas”, no porque la cámara se haya movido, sino porque quien ha cambiado de posición es el mismo cuerpo retratado. Esa es la apuesta creativa de Domi Mora y eso es justamente lo que convierte esta exposición y lo que expone –en el doble sentido de que se exhibe y se arriesga– en una interesante actualizacion de la vieja polémica sobre la condición última de la imagen sagrada de entidad habitada.

Y he aquí que Domi Mora vuelve a expresar aquella misma sensibilidad hacia la verdad oculta o disimulada tras el aparente hieratismo de ciertas imágenes las fuentes de cuyo poder y de la fascinación que ejercen son un enigma. En cuanto te descuidas, esea imágenes tan especiales como estas traspasan el umbral de esa vida que parecía que se limitaban a observar y que les observaba. En un momento dado cobran realidad, se escapan del dominio de lo meramente simbólico. Ya no se confornan con representar, sino que son; se convierten en lo que figuraban ser. Y entonces descubrimos que se mueven o se han movido. Se agitan levemente, tiemblan, se estremecen, experimentan espasmos minimos, apenas perceptibles, estremecimientos que nos estremecen. Por lo general, cuesta verlo, pero es por ello que nos resulta tan util la cámara de Domi Mora, cuya virtud se limita a hacernos notar cualidades imprevistas de lo que capta. En este caso, su lente mecánica nos da acceso a lo que nuestros ojos no pueden percibir en su torpeza: que las imágenes sagradas son sagradas porque no son imágenes. Un ánima las anima.


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