diumenge, 3 de gener de 2016

El no-lugar es el lugar en que estamos cuando pensamos

La fotografía es de Fran Simó
Más consideraciones sobre el concepto de no-lugar para la gente del OACU, con referencia espacial a un comentario de Martin Lundsteen sobre la filosofía

EL NO-LUGAR COMO EL LUGAR EN QUE ESTAMOS CUANDO PENSAMOS
Manuel Delgado


Es verdad que la filosofia nos carga, a nosotros, trabajadores de lo empirico. Nos molesta que nos digan cosas que no hablan de nadie. Pero la filosofía es la sociología de los conceptos y no podemos desentendernos de la evidencia de que los conceptos -nuestros conceptos; los que empleamos- están tomados de la filosofía. 


No-lugar es un ejemplo de ello, pero también lugar. Es ese razonamiento filosofico -y perdón por el pleonasmo- que permite desacreditar el concepto que emplean los historiadores de "lugar de memoria", porque sabemos que un lugar es un lugar porque es un lugar de memoria, es decir porque lo permitimos reconocer como un lazo entre pasado y presente. Eso nos permite dice "alli", y separar ese punto de la inmensidad de todos los demas lugares, que no existen porque en olloc no ocurrió ni ocurrirá nada. Pero eso es filosofía.

Volviendo al tema del no-lugar También sería cosa de recordar que el no-lugar es una categoría cuya génesis es inseparable de la geometría barroca. Para Descartes, por ejemplo, la materia no puede concebirse en y por ella misma, puesto que su textura es reconocida por algo que le es extraño y que no es sino el entendimiento, esa entidad que vive emboscada en el interior de cada cual y que nos permite reconocer cualidades del mundo de las que ya sabíamos algo antes de que nos fuera dado experimentarlas. Ese dispositivo del conocimiento es un locus privilegiado en la apreciación de la realidad extensa, pero que ésta no contiene. Tampoco está en nosotros, sino que actúa a través nuestro. Eso es lo que constituye para Descartes ese no-lugar del espíritu desde el que se suscitan todos los lugares del mundo, y que es un pensar “que para existir no tiene necesidad de ningún lugar” (Reglas para la dirección de la mente,Orbis, p. 72). Así, toda operación geométrica realiza y demuestra figuras que antes había presupuesto en ese espacio que no está, puesto que no es sino el movimiento mismo de la razón.

De ahí la pregunta central que Hannah Arendt se formula, titulando el capítulo IV de La vida del espíritu (Paidós): “¿Dónde estamos cuando pensamos?”. Otro ejemplo de lo no-lugar es precisamente eso, el sujeto, ese sujeto absoluto que no está, sino que trabaja desde un no-estar omnipresente. Es idea será retomado asimismo por Jacques Derrida, que, en La verdad en la pintura (Paidós), define justamente el sujeto como un no lugar, a medio camino entre la posibilidad y la voluntad de representar el mundo. De hecho, el sujeto es, para Derrida, un espacio vacio, un hueco, "una muerte", una nada; la subjetividad es un desierto obturado por todo tipo de objetos y experiencias.


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