dissabte, 5 de setembre de 2015

Y dominando la ciudad ideal, un templo

El Centre Abraham, en la Vila Olímpica de Barcelona
Nota para María Gabriela Navas, doctoranda.

Y DOMINANDO LA CIUDAD IDEAL, UN TEMPLO
Manuel Delgado

Déjeme insistir en ese asunto, que creo que es básico, que es el de la raíz utópica de la Vila Olimpica, esto es la representación que asume de ser realmente la Nueva Icaria. Las experiencias de utopismo de tradición occidental, como notaba Lewis Mumford, no es casual que tantas veces hayan "sido visualizadas como una ciudad", de tal forma que la utopía ha venido siendo hasta ahora sobre todo utopía urbana. Esto lo tiene en "La utopía, la ciudad y la máquina", en Frank E. Manuel, ed., Utopías y pensamiento utópico (1982). Y es que, en efecto, la utopía es en esencia un modelo topográfico, modelo que se fundamenta en la inspiración celestial de una estructura espacial y constructiva organizada de manera lógica. Otra recomendación bibliográfica para lo que está haciendo: Françoise Choay, "La utopía y el estatuto antropológico del espacio edificado", en Juan Calatrava y José Antonio González Alcantud, eds. La ciudad: paraíso y conflicto, (Junta de Andalucia/Abada). Importante.

Ya sabe que ese es mi tema favorito. La dimensión mistico-religiosa de la arquitectura y el urbanismo como discursos. El cristianismo no ha hecho sino continuar el afán por conformar una ciudad no solo modelada, sino también modélica. Los monasterios medievales ya eran, de alguna forma, concreciones que anticipaban la promesa bíblica de la Ciudad Ideal. Más adelante, la sociedad urbana ideal concebida por Francesc d'Eiximenis en el siglo XIV y, durante el Renacimiento, las imaginadas por Alberti, Filarete o Francesco di Giorgio, implicaban idéntica proyección urbanística de perfección socioespacial, una morfología hecha de círculos y polígonos perfectos, de volúmenes simétricos y de repeticiones, que pretenden inspirar idéntica regularidad en las relaciones políticas y sociales reales. A las ciudades ideales católicas le seguirá la reformada, la Cristianópolis del pietista Johann Valentin Andreae, en el siglo XVII. En todos los casos, la ortogonización del espacio se convierte en ortogonización de la sociedad que hace uso de ella.


Cuando piense en la Vila Olimpica, no se olvide del Centro Abraham. Es fundamental para su investigación. No en vano casi siempre encontramos en medio de esa ciudad perfecta un volumen arquitectónico que remite a las fuentes trascendentes de la armonía social obtenida y expresa una síntesis en piedra de los valores trascendentes en que se funda. En el centro de Bensalem, la capital de la Nueva Atlántida de Bacon, la Casa de Salomón; también en el centro del anillo más interno de la Civita Solis de Campanella, la residencia del sacerdote supremo, de forma circular, seis veces mayor que la catedral de Florencia, el mismo referente que adopta el templo que describe Anton Francesco Doni en el núcleo de la ciudad radiante de su Mundo sabio y loco, que aloja cien sacerdotes y cuya cúpula sobrepasaría cuatro o cinco veces la de Santa Maria di Fiore. Tanto el utopismo ilustrado del XVIII - Morelly, Babeuf—, como el socialismo utópico del XIX —Owen, Fourier, Cabet, Saint-Simon; incluso la menos autoritaria de Bellamy— vuelven a insistir en torno a la misma idea de congruencia urbana que, como es sabido, inspirará proyectos como el barcelonés de Ildefons Cerdà,  no en vano inventor del concepto de urbanismo para nombrar la ciencia de la ciudad planificada. En el centro del falansterio, el templo, no por casualidad al lado mismo de la torre de vigilancia. 


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