dijous, 17 de novembre de 2016

Brujas estructurales

Los benandanti según un grabado de 1508
Reseña de Carlo Ginzburg. Historia nocturna. Un desciframiento del aquelarre, Muchnick Editores, Barcelona, 1991. Publicada en Babelia, suplemento de libros de El País, el 21  de marzo de 1992

BRUJAS ESTRUCTURALES
Manuel Delgado

Ya hace casi un cuarto de siglo (1966) que apareció en Italia I Benandanti, un sorprendente libro en que un alumno aventado de Le Goff, Carlo Guinzburg, reclamaba para la cuestión de la brujería en la edad moderna europea una reconsideración general. El punto de partida lo constituía el descubrimiento de un culto, el de los benandanti  del Friuli, que venia a significar la confirmación de que, en contra de la tesis hegemónica de que nunca existieron brujas sino perseguidores de brujas (Trevor-Roper, Cohn, etcétera), los aquelarres fueron realmente imaginados por algunos de los perseguidos.

I Benandanti  venia a darle la razón a las teorías survivalistas de Margared Murray que, siguiendo a Frazer y su obsesión por la supervivencia de ancestrales “ritos agrarios”, sostuvo que la brujería había consistido en restos a la deriva de antiguos cultos a la fertilidad. La caída en desgracia de esa visión, propiciada por la irrupción en este campo de la antropología funcionalista, y el monopolio sobre el tema de la tesis de la sociedad persecutoria hicieron que sólo Caro Baroja (Las brujas y su mundo) y luego Le Roy Ladurie (La bruja de Jasmín) se atrevieran a preguntarse en voz alta sobre qué es lo que en realidad hacían y pensaban esas brujas cuya existencia misma se negaba. No es de extrañar que en tan poco receptivo marco, el libro de Ginzburg no fuera acogido sino con desconfianza. La traducción francesa (Les batailles nocturnes) no apareció hasta 1980, y sólo como consecuencia del éxito de El queso y los gusanos, un libro del que Muchnick acaba de publicar la tercera edición en castellano. Lo que no ha bastado por ahora para que I Benandanti deje de estar inédito entre nosotros.

No ocurre lo mismo con su continuación, Historia nocturna, cuya versión española acaba de editarse. Nos reencontramos aquí con los benandanti, sólo que sometidos a otro grado de análisis que el prólogo para la edición gala ya había prometido: el de la consideración, a partir de las luchas nocturnas y en espíritu entre los benanadanti  y los brujos para defender la cosecha, del sabal como un campo de oposiciones semánticas en el que operar análisis sincrónico-morfológicos, tomando además el aquelarre como lugar de arranque para una amplia cartografia de desplazamientos y transformaciones formales, análoga a la practicada por la antropología estructural en el dominio de la interpretación de los mitos.

Comprometida tarea la de Ginzburg. Desde que Lévi-Strauss consagró el desentendimiento de su método con respecto a los procesos rituales para lenguajes que eran devueltos a la jurisdicción hermenéutica de la antropología simbólica anglosajona, sólo se habían ejercido aproximaciones estructuralistas a los ritos en los que se podían detectar fórmulas de permutación, es decir, el sacrificio y las escenificaciones chamánicas y de posesión. Y cuando así se hacía, nunca –ni en el caso exuberante de la exégesis estructural de la ritualística griega, de la mano de Detienne y compañía- se dejaron de hacer concesiones a la contextualización etnográfica.

Ginzburg intenta aquí ir bastante más lejos. A partir de la tipificación de los aquelarres benandant como un fenómeno de adercismo, se despliega un orden de homologías formales y de dispositivos de representación del trance que cubre un extraordinariamente amplio –y, añadamos, temerario- marco geográfico-temporal, donde se integra un material literario gestual basado en el extatismo aparentemente heteróclito, pero del que Ginzburg aspira a mostrarnos la actividad de una organización gramatical metalingüística.


En cualquier caso, nos encontramos ante el intento más osado –con mucho- de encontrar aquella “mitología implícita” que, en una insinuación nunca aclarada contenida en la discusión con Turbner en la cuarta entrega de las Mitológicas,  Lévi-Strauss invitaba a buscar en ciertos ritos. El juicio que esta excitante puesta en sistema del aquelarre nos merezca dependerá, en última instancia, de que tengamos o no a la imprudencia como una de aquellas virtudes que nunca debe de dejar de ejercer el saber.


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