dilluns, 20 de gener de 2014

Todo viaje es filosófico. Breve apunte para Óscar Martorell, doctorando, de vacaciones en Baja California

La foto es de Michael Toye
Es cierto que el tiempo de vacaciones da qué pensar, mucho más si se viaja. Estar de vacaciones tiene las implicaciones del pasar de estar aquí a estar allí, es decir de haberse dislocado, en un sentido literal, porque la experiencia de un sitio permita distanciarse, tomar perspectiva , para evaluar de la del otro , aunque sea sólo durante un breve lapso de tiempo. Aunque cueste reconocerlo, todo "vacacionante" es un peregrino disfrazado de superficialidad, a su manera un filósofo, ya que no hay viaje -por banal que se nos pueda antojar- que no sea, por definición, filosófico.

Pienso en todos los pensadores que emplearon el desplazamiento por vacaciones como fuente de inspiración para algunas de sus mejores aportaciones, visiones acertadas y profundas de su experiencia como transeúntes extranjeros, de paso por lugares en los que todo se convertía de repente significativo. Todos ellos le dieron la razón al explorador por antomasia, el capitán Richard Burton, que, en sus "Vagabundeos por el Oeste de África·" (Laertes), aconsejaba pasear unas horas por una ciudad- como él hizo a Funchal y Santa Cruz de Tenerife- , permanecer en ella apenas un par de días, para que se propiciara una percepción espontánea de sus cualidades esenciales, una intuición sobre su naturaleza singular que quizás una estancia más prolongada no permitiría. Te copio ese fragmento: "No desprecies, amable lector, las primeras impresiones de un viajero. La mayor parte de los autores de guías justifican su autoría con los argumentos de una estancia prolongada ', un' conocimiento práctico 'y una experiencia de quince o veinte años'. Es su manera de ridiculizar al intruso presuntamente e audaz que, después de unas pocas horas de' ronda y de palabrería ', se inmiscuye en su terreno. Sin embargo, estoy convencido que si se quiere trazar un esbozo perspicaz, bien definido, hay que hacerlo inmediatamente después de llegar al lugar, cuando la apreciación del contraste se encuentra bien fresca en la mente". 

Fueron de este tipo las apreciaciones obtenidas por aquellos que aplicaron su talento a la breve visión de otra ciudad o de otro paisaje: Baudelaire en Bruselas; Céline en Londres; Lord Byron en Lisboa; Stendhal en Milán; Paul Klee en Génova ; Nietzsche en Turín; Nerval en Basilea; Ruskin o Thomas Mann a Venecia; Lorca en Nueva York,  o..., cómo no, de D. H. Lawrence en Nápoles, Ahora me viene a la cabeza Fernando Pessoa, que escribió una guía turística de Lisboa - ciertamente particular, es cierto, titulada: "Lisboa: Lo que el turista debe ver" (Endymon). 

Hay libros de pensamiento importantes, escritos en la última mitad del siglo XX, los autores son tipos de vacaciones, como tú: "Pour la Italie", de Jean -François Revel. Es el Ronald Barthes de visita en Tokio o en Marruecos que refleja su experiencia en "El imperio de los signos" (Mondadori) o en "Incidentes" (Anagrama). respectivamente. "La invención du quotidien", de Michel de Certeau, llega a su punto clave cuando su autor lanza una mirada "vacacional"  obre las calles de Nueva York desde lo alto del Word Trade Center. Hay más casos: "La guerre du faux", de Umberto Eco; "Amérique", de Jean Baudrillard; "Le voyage imposible", de Marc Augé... - son el resultado de viajes de vacaciones de sus autores.



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