diumenge, 7 d’octubre de 2012

Memoria de la violencia, violencia de la memoria. Defensa de la tesis doctoral de Vladimir Montoya, "Memorias en fuga, Violencia y desarraido en Colombia" (junio 2012)


Conocí a Vladimir Montoya a finales de los años 90, cuando era todavía estudiante de grado en la Universidad de Antioquía. Me lo presentó su hermana, la arquitecta Nathali Montoya, profesora en la Universidad Nacional en Medellín. Luego nos vino a Barcelona para incorporarse a nuestro Máster en Antropología y Etnografía. Compartimos buenos momentos aquí, en Barcelona, y allí, en Medellín y ahora nos ha venido a defender su tesis doctoral, que ha titulado “Memorias en fuga. Violencia y desarraigo en Colombia”.

Como su introducción establece, su asunto versa sobre cómo el conflicto armado en Colombia ha tenido profundas implicaciones para la conformación de la sociedad, atravesada por las consecuencias de los traumáticos eventos propios de una guerra irregular que ha enfrentado al estado colombiano con guerrillas, paramilitares y bandas delincuenciales y en la que se han vivido cruentos enfrentamientos, masacres, asesinatos, destrucción de pueblos y villas, secuestros y muchas más incontables vejaciones que han quedado irremediablemente inscritas en la memoria colectiva, convirtiendo la guerra y sus acciones en un marcador indeleble de la construcción subjetiva del ser colombiano.

Una de las más terribles consecuencias de este conflicto se ha intensificado radicalmente en los últimos quince años: la expulsión de cientos, miles de personas de sus lugares de origen, de sus territorios ancestrales o de sus sitios de habitación, convirtiendo el desplazamiento forzado en la más cruenta estrategia de guerra que ha obligado a las víctimas a ligar en sus memorias la huida con la tristeza, el desarraigo y la pérdida. Es por ello que este trabajo explora esta macabra relación entre desarraigo y memoria en el caso del conflicto armado en Colombia a partir de tres casos etnográficos que incitan a comprender las implicaciones de la fuga y la deslocalización de las memorias en el ámbito de una pequeña comunidad veredal, de un gran barrio citadino y en los relatos diseminados en la geografía del extrañamiento migratorio. Esta trilogía pretende provocar en el lector la deducción de las analogías que derivan de las agudas marcas que produce el desarraigo en quienes sufren o sufrieron la exposición a la presión de los actores armados y son compelidos al abandono de los lugares que con esfuerzo habían logrado conquistar para sus familias. Pero esta trilogía etnográfica tiene también una potencia denotada para mostrar como frente a los desgarramientos y las pérdidas emergen la voluntad y el tesón para luchar creativamente por mantener la esperanza en futuros posibles, avivar el espíritu y soportar con valor los duelos.

Con ello se reivindica no sólo el papel reparador de la memoria en el caso de las sociedades en conflicto, sino su validez como argumento político por medio del cual pueden diversos grupos sociales y pueblos étnicamente diferenciados reclamar la validez de sus propias interpretaciones, de sus saberes y de sus prácticas culturales, económicas y ecológicas.

El aporte esencial de esta tesis está ligado al reconocimiento de la memoria en su condición política en el contexto de tan trágica guerra como es la vivida por Colombia en los últimos sesenta años. El haber recurrido a las memorias de violencias en la narrativa de sus protagonistas y en la inspección de los lugares que han servido de escenario para los eventos traumáticos, reivindica el papel esencial que tiene la reconstrucción y expresión de la memoria para la apertura de vías para el entendimiento y la reconciliación. La proximidad de los testimonios, el carácter dialógico de los recorridos y la pluralidad narrativa que emerge de las cartografías sociales o las fotografías, muestran que la etnografía de la memoria permite trascender del ánimo amarillista con que se registran los hechos de violencia en los periódicos o del carácter reduccionista con que se integran en las estadísticas oficiales. Tanto este tratamiento propagandístico como el silencio impuesto y la impunidad de los perpetradores, son responsables de que muchas víctimas aún no puedan siquiera nombrar la violencia vivida y permanezcan aisladas y desconectadas de cualquier posibilidad de reencuentro social.

El tribunal de la tesis doctoral estuvo compuesto por mis colegas Francisco Ferrándiz, del CSIC de Madrid y Silvia Álvarez, de la Universitat Autònoma de Barcelona, y por el catedrático de filosofía, mi buen amigo Manuel Cruz, a todos los cuales agradezco sus críticas y consideraciones, de igual modo que agradezco a Vladimir que me haya concedido el privilegio de dirigir su investigación y gozar de su amistad.

[La imagen corresponde a uno de los resultados del trabajo en cartografía social en que está comprometido Vladimir Montoya en la actualidad. Está tomado de la entrevista que le hizo la publicación La Ciudad Viva en febrero de 2009, laciudadviva.org]


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