dissabte, 18 de juny de 2016

Más allá del género

La foto es de Vagn Hansen
Artículo publicado en el suplemento de libros de El País, el 19/5/12

MÁS ALLÁ DEL GÉNERO
 Manuel Delgado

Empieza a calar una revisión general de las nociones básicas que han venido orientando hasta ahora la crítica a las asimetrías sociales en clave de sexo y género. Se trata de un cuestionamiento frontal que se pregunta si lo que ha sido por el momento la lucha de feministas y gays no ha sabido romper de veras y del todo con aquellos mismos dogmas que les agraviaban. La crítica contra la razón sexológica tradicional y el despotismo de la lógica heteronormativa se empieza a dirigir ahora también contra quienes habían aparecido como sus oponentes y que, de pronto, son mostrados como sus inopinados cómplices, cuanto menos en el plano del discurso. Hablamos del giro categorial –pero con notables consecuencias políticas– propuesto desde una serie de corrientes que suelen presentarse como teoría queer, estudios de transgénero o postfeminismo.

Uno de los referentes de esta subversión de las identidades de género y de los proyectos por superarlas es sin duda Judith Butler, cuya influencia ha  merecido incluso reproches por parte de un sector del movimiento feminista que se ha visto desautorizado en unos postulados que no desmentían, sino que, según Butler, reforzaban la taxonomía dualista hombre-mujer en que se funda la subordinación femenina. Por esto es importante tener a mano guías que nos permitan seguir la pista del pensamiento butleriano y conocer qué materiales se trenzan en él. La editorial Bellaterra, en el marco de una línea consagrada a estas perspectivas, nos brinda una herramienta para ello: Judith Butler. Pensamiento en acción, donde la socióloga Vicki Kirby nos sitúa ante algunosde  los ingredientes con que la filósofa norteamericana conforma un precipitado teórico tan polémico como creativo. Ahí aparecen sus conexiones con el postestructuralismo y sus autores clave –Derrida, Lacan, Deleuze, Foucault…, incluyendo, aunque matizado, el feminismo de Kristeva e Irigaray. También raíces como las que conducen a la dialéctica hegeliana o, más cerca, a Freud y sobre todo a su discípula Joan Rivière. Otros ascendentes: la relación entre lenguaje y poder en Slavoj Žižek, y de ahí a la democracia radical teorizada por Chantal Mouffe y Ernesto Laclau; el marxismo althusseriano y su visión sobre cómo se encarna la ideología en sus propios rehenes, o la filosofía del lenguaje de J.L. Austin, con su énfasis en los actos ilocucionarios o performativos, aquellos que convierten en verdad lo que dicen por el mero hecho de decirlo.

Hace décadas –desde los trabajos clásicos de Margared Mead– que la antropología viene contribuyendo a ese desenmascaramiento de la tiranía de las clasificaciones basadas en el género, el sexo y la sexualidad. Es lógico que sea desde esa disciplina que nos sigan llegando desarrollos en ese mismo sentido. Dos ejemplos de ahora mismo: Sociodiversidad y sexualidad, en que José Antonio Nieto vuelve a subrayar el poder subversivo de la ambigüedad y la potencialidad de todo cuerpo para escapar de sus anclajes, y Crítica del pensamiento amoroso, de Mari Luz Ibáñez, acerca de cómo la retórica del amor ha podido contribuir, sin acaso quererlo, a la producción de hombres y mujeres y a presentar luego como irrevocable su desigualdad.




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