dissabte, 21 de maig de 2016

Algunas dudas éticas surgidas durante el trabajo de campo


Mensaje para Cecilia Vergano en respuesta a algunas duras éticas surgida en el transcursod de su trabajo de campo en un campamento rom en Turín. Enviado en enero de 2012.

SOBRE ALGUNAS DUDAS ÉTICAS SURGIDAS DURANTE EL TRABAJO DE CAMPO
Manuel Delgado

Los problemas éticos en la ejecución del trabajo de campo “son” el trabajo de campo. No exagero. Una buena parte de todo informe etnográfico debe reflejar las cuestiones éticas que ha de dirimir consigo mismo todo investigador. No olvides que en eso consiste la característica fundamental de la labor etnográfica, lo que resulta de que seas tú misma quien constituye el artefacto con el que se obtienen las muestras a analizar, la que se enfrenta con eventualidades en las que lo que está en juego es una misma, quien literalmente se expone incluso físicamente en cada avatar en el que se ve comprometida. Eso es justamente la etnografía.

Por lo tanto no te prives de problematizar tu propio papel y, es más, no soslayes esa problematización en lo que luego escribas, porque es importante para conocer las condiciones subjetivas –que son objetivas también– que han determinado la propio observación.  Es curioso, pero el otro día les leía a los estudiantes de primero, los de la asignatura de Introducción a la Antropología Social el texto de Lévi-Strauss en homenaje a Jean-Jacob Rousseau (está en Antropologia estructural dos, Siglo XXI), en el que justamente explicaba que la antropología nació y se desarrollo sin que las cuestiones científicas se acabasen de separar de los cuestionamientos morales con las que había  nacido la propia disciplina, siempre por esa razón que te preocupa a ti: la de cuál en la naturaleza última de la naturaleza humana, esa naturaleza que compartimos con nuestro objeto de conocimiento, y11 en qué forma nuestra presencia donde sea siempre sugiere una superioridad de la expresamos al tiempo la evidencia y la voluntad de expiación.

O sea que me parece perfecto que no veas en lo que haces más que problemas. Recuerda lo que siempre te repito, evocando Deleuze: un problema nunca es un obstáculo; al contrario: un problema es la superación de un obstáculo.

Algún apunte suelto sobre una cosa que dices: hablas de cómo la “miseria material en este tipo de situaciones conlleva también miseria moral, maldades, envidias, cotilleos difamaciones, rivalidades”. ¡Como si la abundancia no trajera consigo esas mismas consecuencias!

Ni una palabra más sobre lo de tu beca de investigación. Faltaría más. Estás trabajando. Además, ya me encargaré de que te merezcas lo que te pagan. No te dejaré descansar. Al final conseguiré que llegues a la conclusión de que te pagan poco. 

Lo de hacer pública tu presencia y su objeto, innegociable. La investigación encubierta es del todo inaceptable desde nuestra deontología como antropólogos. No así lo de pagar informantes. Se hace y se puede hacer. A veces se debe hacer. 

Lo que me explicas sobre tu relación con quienes has establecido como tus informantes bien informados, como diría Harris, es del todo correcto. Entiendes que, en efecto, la relación con las personas que conforman un modelo etnográfico son siempre complejas, están llenas de paradojas y contradicciones, pero siempre se han de desarrollar negociada y dialogadamente, y, por supuesto, desde la más absoluta honestidad contigo misma y con ellos y ellas. Es en ese sentido que debo devolverte la pregunta que me haces a propósito de si estás haciendo bien lo que haces o no. La respuesta debes buscarla en ti, en lo que piensas, en quien eres…, sin dejar de pensar que existe un peaje en forma de malentendidos y contrasentidos que no vas a poder dejar de pagar…, ni es tu trabajo de campo ni en tu vida. O sea que ya sabes, no me queda más que contestarte una cursilada del tipo “escucha a tu propio corazón” o algo por el estilo.

Tú piensa que la relación que mantienes con tu modelo etnográfico conforma un ejemplo más de interacción y está sometida a las mismas ambigüedades y enredos que las que conforman tus relaciones con los demás, incluyendo las que mantienes conmigo, sin ir más lejos. 

Lo que te lo estás pasando un poco mal me parece lo más lógico. No has ido hasta allí para divertirte. Es curioso, pero te prometo que eso fue exactamente lo que me dijo Gerard Horta cuando lo fui a recoger al aeropuerto, a él y a Dani Malet, de vuelta de Cabo Verde. También a él le dolía la miseria que le rodeaba y también él se lo pasó mal en el terreno. En otras palabras que tus dudas son las dudas que corresponde tener. Las tienes porque eres una antropóloga sobre el terreno y sabes que eso significa que estás del lado de quienes te mandan –en el doble sentido de quienes te ordenan y quienes te envían–, que son, en última instancia, los mismos causantes de esa desgracia ajena que te aflige.

Pero esa cuestión no tiene solución posible. Nada nos puede consolar si lo pensamos detenidamente, había escrito Pascal. Vive con ese dilema y procura ser todo lo honrada que seas capaz, sabiendo que nunca podrás dejar de ser, en el mejor de los casos, un poco traidora. Mira de serlo lo menos posible.

Busca, como yo, la mejor manera de merecer tu propio perdón. Es todo lo que podemos hacer tanto tú como yo.






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