dimecres, 27 d’abril de 2016

El diario de Patricia. La detención



 Hoy, 27 de abril de 2016, se cumplen cinco años de la muerte de Patricia Heras, la víctima más fatal del montaje del 4F, que tan bien supo reflejar el documental "Ciutat morta". Era vecina mía en Fort Pienc. En su diario fue anotando su terrible experiencia en la cárcel, condenada por un crimen que no habia cometido. Patricia publicaba su diario en su blog, pero ha desaparecido. En su día copie una de sus páginas, en que explicaba el alucinante episodio de su detención. Lo reproduzco aquí en su honor y memoria.

4F SUCESOS PARA NORMALES
Patricia Heras

Alf y yo llevamos dos días locos de talasoterapia y entre cañitas universitarias, paseítos por el barrio de Gracia y carajillos pasamos el día sonriendo.
Esta noche hemos quedado para ir a una megaloparty en la playa cuando salga de trabajar con sus compañeros de curro.
Yo, como hay que socializar y estoy totalmente recuperada del catarro post fin de semana cumpleaños de Mikela , voy locotrónica perdida este fin de semana, que ya salí ayer con mis compañeras de clase para celebrar el aprobado de catalán.
Cuando volvemos a casa nos encontramos a Diana, que acaba de volver de Atenas, y a Amie y Djuna que se van dentro de un rato a flamenquear al Taller del Musics. Y entre marujeos y sonrisillas cañiles se nos escapan un par de horas haciendo el cabra por el hogar.
Parece que en esta ciudad me crece más rápido el pelo, no sé si será la humedad o el despendole de noches sin dormir que llevo desde que llegué aquí, aunque es solo una broma, como lo de las uñas, porque lo tengo tan oscuro que en cuanto mide unos centímetros ya no se me ve la cabeza y parece que hubiera crecido hasta el infinito y más allá. Como está bastante largo le pido a Diana que me lo corte un poco, como al tres o así, porque hace mucho frío y se me congela el melón. Mi gorro se independizó una noche y aún no ha regresado… Pero el peine de la maquina no nos lo permite y al final me lo corto como siempre, al ras.
Últimamente no paro de pensar en cuadrados blancos y negros, de hecho en cuanto saque algo de voluntad de mi bolsillo pienso pintar así mi habitación, como si fuera un tablero de ajedrez. Y en mi parra feliz se me ocurre decirle a Diana que me corte así un lado de la cabeza.
Cuando termina me parece absolutamente maravilloso el homenaje bromista a la victoria de las blancas. Así que más feliz que una perdiz con mi nuevo corte de pelo a lo Cindy Lauper, me pongo unos piratillas negros con mis zapatos de hebillas y unas cuantas redes ceñiditas al cuerpo con mi nuevo sujetador de ejecutiva putón. Y hecha un pincelito me preparo para discurrir un poco por esta mágica ciudad…
Cenamos en Els Tres Tombs Djuna, su novia, Amie, Diana y yo un montón de tapitas que nos cuestan un pasturrón. Esto en Madrid no pasa. Y sobre la una y cuarto me voy para la Bata a tomarme una copita hasta las 2:30 a.m. hora en que tengo que ir a recoger a Alf al Salero, el restaurante del Borne donde trabaja.
Allí me encuentro a un montón de gente y charloteo un ratillo mientras me tomo un cubatilla, entonces aparece Diana con ganas de guerra, que acaba de terminar los exámenes y últimamente ha salido muy poco.
Le cuento a nuestra camarera favorita lo de la fiesta en la playa a ver si la lío un poco y se viene con nosotras al evento, y al final me lío yo y se me pasa la hora dando botes como una loca.
Alf me manda un mensaje a las 2:34 para preguntarme que donde ando, ya tenía que estar allí, y como no me entero porque mi abrigo esta dentro de la barra me llama a las tres, es Elena la que contesta pero hay mucho follón yo no oigo nada y quedamos en que me vuelve a llamar en diez minutos. Cuando conseguimos hablar me explica que ya no vamos a la fiesta de la playa porque hay una fiesta más apetecible en el piso de unos amigos también en el Borne.
Al final liamos a Elena y a José Mari así que no llegaremos a la fiesta hasta que no se cierre la Bata, y entre risas y chupitos, recogemos, fregamos, y limpiamos.
A las 4:00 me manda otro mensaje Alfredo con la dirección de la casa, calle Montcada, portal antiguo, tercer piso, en un palacete al lado del Museo Picasso y cinco minutillos después me manda otro para decirnos que preguntemos por un chico muy majo que se llama David.
Al final salimos del bar tardísimo y cuando llegamos por fin al lugar de la fiesta nos encontramos una finca antigua con un enorme patio interior rodeado de plantas y con unas escaleras de piedra que me dejan anonadada y claro está, me pierdo
Es un palacete espectacular, y todo el mundo lo conoce menos yo que voy descubriendo la ciudad muy despacito. Son las 5:20 de la madrugada y lo sé porque cuando llegamos a la puerta la música está muy alta y nadie nos oye tocar el timbre así que tengo que llamar a Alf para que nos abra mientras le vemos marujear por la enorme mirilla dorada que posee la robustísima puerta que nos impide la entrada…
El sarao resultó ser en un estudio diáfano bastante grande con suelos de madera y ventanales enormes pero al ratillo de llegar cuando aún no habíamos acabado si quiera la primera cerveza apareció la Guardia Urbana para imponer orden y paz y clausurar amigablemente la reunión, así que multa y a bajar la música, y nos da rabia porque últimamente sucede esto con bastante frecuencia y es una forma muy rápida y triste de acabar con la ciudad.
Nuestro espíritu folclórico sigue aún así latente durante un buen rato y acabamos bailando macarradas y mareándonos mientras giroteamos como posesos a ritmo de pasodobles. Como mañana hemos quedado pronto en casa para comer con Muriel, Laura y Eli y se vienen también Elena y Majo decidimos retirarnos prontito a nuestros aposentos porque si no va a cocinar dentro de un rato Rita la Cantaora.
Todos estamos convencidos de que eran las 6:30 a.m. pasadas y entre que buscamos los abrigos, salimos de la casa, quedamos con Elena, nos despedimos de José Mari y de la compi de trabajo de Alf, y fuimos a recoger nuestros respectivos vehículos pasaron al menos, mínimo, diez minutos. Nos dirigimos a la calle Princesa y cada uno toma una dirección nosotros hacia Arc del Triomf, deben ser como las siete menos diez.
Alf y yo volvemos para casa muy contentos, lo pasamos muy bien y nos reímos mucho, fue un día muy amable y tranquilín y entre risas me lleva el nene a casa en bici por las oscuras y tranquilas calles de la ciudad.
Volvemos cocidillos así que soltamos carcajadas y no paramos de hablar mientras saltan las marchas de la bici y nuestros pies empiezan a tropezar. Yo voy como flotando que me encanta desplazarme sobre ruedas por cualquier ciudad y tan divina de la vida, encima, me voy liando un cigarrito.
Es evidente que no vamos muy deprisa pero justo al girar la esquina de la calle Lluís Companys, enfrente de los Juzgados perdemos el equilibrio y, ploff!! , nos vamos los dos de cabeza al suelo.
No recuerdo claramente como caímos, de repente comenzamos a tambalearnos y un segundo después rodábamos por el suelo entre risas y dolor. No veo nada todo es muy confuso, Alf se tapa la cara con la bufanda y se sienta en el suelo, parece que sangra bastante y entonces aparecen dos chicos que nos ofrecen llamar a una ambulancia, a mi parece no dolerme nada y ni siquiera me doy cuenta de que también sangro.
Los chicos, que parece salen de un coche que estaba delante nuestro hacen la llamada y desaparecen y mientras esperamos a que llegue la ambulancia con bastante angustia intento encadenar la bici en alguna parte sin ningún éxito. Es la primera vez en mi vida que pongo barras de seguridad a un trasto de estos, en Madrid no se suele dejar la bici en la calle todo el mundo la sube a casa, y entre el estrés, la confusión y los nervios no hago más que dar vueltas a las diez mil llaves que Alf me ha dado.
Subo y bajo la calle varias veces pero no quiero agobiar al niño, no se encuentra bien y como nos parece que la ambulancia tarda demasiado vuelve a llamar al 061 para informarse, según el parte de la ambulancia la llamada se hace a las 7:00 a.m, .
La ambulancia no tarda mucho en aparecer, mientras tanto consigo enganchar la barra de seguridad trasera, son otra vez dos chicos, Alfredo esta de suerte, y mientras le examinan yo a lo mío con la bici, cada vez más estresá.
En un momento dado se me acerca uno de los enfermeros y me dice que le deje curarme entonces me toco la frente y veo sangre, el chaval me limpia el golpe y me ayuda a buscar un sitio para aparcar pero no hay ni siquiera un árbol que sirva, así que con la barra de seguridad trasera enganchada hago rodar la bici como puedo levantándola por detrás y la desplazo a la altura de la ambulancia. Se me ocurre preguntar qué hago, si me quedo allí con la bici y se llevan solo a Alfredo o qué y es entonces cuando nos dejan subir el trasto a la ambulancia, pues tras el examen deciden llevarnos al hospital a coser la ceja de Alfredo y a radiografiar nuestros cráneos, y vamos así derechitos al infierno.
Según el parte de ingreso del Hospital del Mar ingresamos a las 7:38.
No sé si influiría el hecho de que de nuevo tuve que pelearme con la bici y la barra de seguridad, aunque esta vez encontré aparcamiento rápido, en la puerta de urgencias enganchada a la barra que separa el carril de subida y bajada de vehículos.
Mira que he pisado hospitales… pues este se lleva la palma del cutrerío.
Nada más entrar accedemos a una minisala de espera con 6 asientos donde nos colocan y nos dejan esperar.
Alf está sentado en una silla de ruedas y yo en una de plástico junto a la pared, solo se me ocurre cogerle de la mano para tratar de aliviarle un poco, esperamos durante lo que parece una eternidad y me da tiempo así a enterarme de que los dos chicos que esperan junto a mi han tenido un accidente de coche del que no son responsables aunque van bastante puestos, y el anciano de la otra silla de ruedas sufre algún trastorno mental serio porque no para de gritar que le lleven al Hospital del Mar.
Justo cuando empezamos a perder el conocimiento nos hacen por fin pasar, salimos de oniría con bastante buen humor y bacileamos un rato con los celadores sobre la cirugía estética y el macramé, a ver cómo le deja la cara al niño...
Cuando por fin deciden coserle me hacen salir fuera, la última imagen que tengo es la de Alf tumbado en la camilla con la cara hinchada y un reguero de sangre chorreándole desde la ceja hasta la sien. Deben de ser las 8:30, lo sé porque en algún momento mire el reloj y pensé en nuestra cita en la cocina de la una y media.
Ahora no se qué hacer, nadie me dice nada, así que me vuelvo a la sala de espera de freakie town y me doy cuenta de que tengo ganas de orinar, por suerte el baño esta justo al lado de la minisala y no me pierdo en infinitos pasillos verdes por los que jamás sabría regresar. Cuando entro me miro la cara en el espejo y no parece que este tan mal, lo que más destaca es un bulto verdoso en la frente con herida incluida, pero nada más. Salgo del baño rauda y distraída, no sea que me vayan a llamar, y me doy de bruces con tres o cuatro urbanos y tres chicos detenidos y esposados de cara a la pared.
Me siento allí a esperar y los miro a todos con cierta curiosidad, los detenidos son jóvenes, tienen pinta de punkis y están bastante desaliñados, sucios y ensangrentados, podrían haber hecho cualquier cosa. Y en los urbanos me fijo poco porque no me molestan para vivir, y perdida en estas tesituras ando cuando levanto la vista y veo al anciano senil hacerme señas para que me acerque.
Imagino que estaba algo incomoda porque me levante y me fui a mi antiguo asiento sin rechistar. Allí encuentro la enorme bufanda verde de Alf, que ahora está llena de sangre, y cuando la tengo bien agarrada entra un urbano y me ordena que salga fuera otra vez, me levanto con la bufanda en las manos y la dejo en un asiento junto a mí.
Hoy salí sin mi mini mochila, las navidades fueron muy duras y ha sufrido bastantes desperfectos, así que el urbano me chilla que me vacíe los enormes bolsillos de mi tres cuartos negro y le enseñe el contenido, y muy tranquilamente saco mi tabaco de liar, dos mecheros, los guantes, la cartera, mis llaves de casa, las dos mil llaves de Alf, su tabaco de liar, varios flayers, y el móvil…me hace gracia que me registren, me resulta curiosa la situación, me lo tomo con humor.
Cuando saco el móvil el madero más grande, el rubio de ojos claros con pinta de nazi me ordena de muy mala leche que le ponga el menú principal para ver mis mensajes. Comienzan a preguntarme qué me ha pasado, de dónde vengo, con quién, y me piden la documentación, les contesto y replico que pueden leer sin problemas los mensajes del móvil, no tengo nada que ocultar, pero me parece que no es legal, se cabrean.
Les comento lo de el accidente de bici, los testigos y la ambulancia, el rubio enorme me chilla que le enseñe los brazos, me levanto las mangas de la camiseta pero debajo llevo las medias de red, me chilla que me quite esa mierda y le explico que tendría que quitarme toda la ropa, más cólera y cuando quiero darme cuenta están esposándome gritando -¡es ella la de los cuadros en la cabeza¡- flipo y no sé cómo reaccionar, mi teléfono es requisado y pasa a disposición judicial.
Se me ocurre preguntar porque me detienen, me contestan que por un mensaje en el móvil, y de qué se me acusa y es entonces cuando realmente me empiezo a preocupar, estoy acusada de homicidio…todo se vuelve confuso, oigo gritos que me acusan de haber estado en la ocupa de Sant Pere y veo sus ojos desorbitados chillándome con la misma ira con la que me interrogan, alguien pregunta cómo puede haber tanta sangre en la bufanda de Alf, de quién es y cómo ha llegado hasta ella, mientras salivazos rabiosos salen disparados hacia mi rostro. De verdad que alucino y parece que nada de esto sea real, pero aún conservo la sangre fría y puedo contestar.
De repente me preguntan por mi compañero les digo que le están atendiendo en algún box y veo a uno de los urbanos desaparecer en su busca, ya no vuelvo a ver a Alfredo hasta que nos encontramos en el furgón, y se me ocurre pensar en el enorme susto que le van a dar.
Me llevan custodiada y esposada a otra box donde no se me permite sentarme ni mirar en otra dirección que no sea la pared de enfrente a la altura de mi cara, estoy muy asustada y no paro de decirles a todos que se trata de un error, nos hemos caído con la bici y lo pueden comprobar a través de la información que les doy pero nadie me hace caso y encima me hacen callar a gritos, putos gritos, se me llena la cabeza con cientos de gritos perdidos, me cago de miedo, me enfado y sin darme cuenta comienzan a resbalar lágrimas descontroladas por mis mejillas, pero solo agua apretada, ni un gesto más, y así estoy todo el día, sin poder parar de llorar.
Sigo esperando de pie durante lo que parecen de nuevo horas, al final aparece una enfermera que me limpia la herida de la frente y me pone en la ceja unos puntos de papel, me mira también la contusión de la rodilla y ya no me trata tan bien y con el mismo humor que cuando ingresamos, de hecho no dejan de desfilar celadores que me miran como si de verdad hubiera matado a alguien.
Tras la precaria revisión me dan el alta, los urbanos me bambolean y empujan para sacarme de allí y llevarme al furgón que nos conducirá junto a Alf y los tres chicos detenidos a otro hospital que tenga rayos X, en este no funcionan.
No sé qué hora es pero deben ser como las 10.30, aunque ya no tengo ninguna noción del tiempo, y mis manos están esposadas a mi espalda por lo que no puedo mirar el reloj.

En el furgón nos sientan a los cinco en el suelo . No consigo ver a Alf. A él le sientan en la parte de delante y a mí me sientan detrás junto a un chico con rastas y barba bastante delgado que no debe de tener más de veinticinco.
Los urbanos nos ordenan no tocar los asientos; por lo visto los acaban de tapizar y como la mierda que somos en este momento no tenemos derecho ni ha rozarlos. El trayecto es bastante desagradable, no podemos agarrarnos a nada y con cada frenazo nos golpeamos con los asientos y las barras de metal que componen la estructura interior del vehículo.
Los urbanos nos insultan, se mofan, y nos van rebelando pequeños detalles de lo ocurrido a través de sus incriminaciones que nos dan una ligera idea de cómo hemos llegado a esta situación.
Parece que hubo una fiesta en la ocupa de Sant Pere mes baix y en un momento concreto se organizo una batalla campal, un policía resultó muerto y nosotros, sabe diosa como, estamos implicados en el follón.
Llegamos al Hospital de San Pau y tampoco funcionan los rayos X así que emprendemos de nuevo la veloz marcha en busca del Hospital de la Esperanza. Nosotros sabemos lo que tenemos pero los chavales detenidos presentan un cuadro de lesiones bastante serio, aunque están tan acojonados como nosotros y no se atreven ni a abrir la boca aunque sea para soltar un leve gemido de dolor. Los guardias se ríen, bromean, nos insultan y nos meten miedo llamándonos asesinos.
Por fin llegamos a la Esperanza. Los urbanos sacan a todos los chicos del furgón para radiografiarlos y a mí me dejan allí sola con dos guardias, sentada en el suelo sujetando con fuerza la bufanda de Alf y soltando lagrimones sin parar, sin hacer el menor ruido. Como me dieron el alta en el Hospital del Mar no hay radiografía para mí, a pesar de tener un buen chichón amoratado en la cabeza.
Y allí me quedo durante quizás dos horas sentada con las piernas cruzadas, los asientos no me permiten poderlas estirar. Y muerta de frío; llevo el abrigo abierto y no me lo puedo abrochar, aún así tiro del cuello con los dientes por si consigo cerrarlo un poco, los urbanos dejan la puerta abierta porque no paran de entrar y salir a por cafés y comida, al parecer tienen hambre y muchas ganas de irse a descansar. Todo el que pase por las inmediaciones de urgencias puede mirarme y juzgar; siento sobre mí el peso de varios ojos y las miradas de miedo al ver a una delincuente esposada y detenida, no puedo evitar pensar en mi primera reacción cuando vi a los detenidos en el hospital y lagrimones desconsolados siguen resbalando por mis mejillas.
Pasa el tiempo y al final me dejan sola con un urbano que se sienta a mi lado en la parte trasera del vehículo, cierra la puerta y me da la sensación de que trata de dormitar, noto que me clavo algo quizás su pistola o su porra aunque no lo tengo claro. No tengo derecho a levantar la cabeza y mucho menos a hablar, se me mezclan las lagrimas con los mocos y no me queda más remedio que limpiarme con la rodilla del pantalón y el cuello del abrigo, no quiero ahogarme ni molestar.
El tiempo pasa despacio; me duelen los brazos de estar tanto tiempo esposada. A veces siento las piernas entumecidas y trato de cambiar como puedo de posición para evitar un dolor mayor, solo faltaría que me diera un tirón, y no consigo parar de moquear.
Al fin oigo ruido y se abre de golpe el portón de la lechera, como las llamamos en Madrid, el sol entra a borbotones y por un segundo me quedo ciega. Cuando veo aparecer a Alf se me hiela la sangre, tiene media cara hinchada y un ojo amoratado, le han dado puntos en la ceja derecha y parece bastante asustado, esta vez le sientan o más bien le tiran a mi lado y puedo preguntarle bajito aún a riesgo de llevarme una hostia cómo está, aunque no necesita contestarme; puedo verlo en sus ojos.

Vuelven a ordenarnos callar y cuando han subido todos el furgón vuelve a emprender su frenética marcha. El chico que estaba sentado antes a mi lado lleva los dos brazos escayolados y sujetos con las esposas y a los otros dos chavales no los puedo recordar.
El urbano que conduce parece bastante alterado; se salta constantemente los semáforos y el que tiene pinta de jefe le recrimina entre risas. De repente el poli que va de pie junto a Alf y yo, el que parece Torrente, se tira un pedo que es acogido con un alegre jolgorio entre sus compañeros.
No tenemos idea de a dónde nos llevan pero puedo ver el Mercado de la Boqueria desde la ventana; en un par de minutos estamos en la comisaría de la Rambla, creo que son las 12:30 pero no estoy muy segura.
El furgón se detiene y nos hacen bajar a todos a empujones, tironean de nosotros hasta llevarnos dentro de la comisaría, ni por un solo momento se nos ha ocurrido resistirnos.
Allí nos ponen en fila y nos quitan todos nuestros objetos, cinturón, forro polar del cuello, pinchos de silicona verde, anillos, y por supuesto el abrigo; el resto de cosas aún están en mis bolsillos, me quedo pues en camiseta.

Proceden a cachearnos.
Me separan del resto y me meten en un cuarto con una urbana, por primera vez en al menos 4 horas me quitan las esposas. Allí, fuera camiseta y lío con las redes, una de ellas la llevo por debajo del sujetador, truquillos para que no se bajen los hombros, así que el streapteas fue de lo más erótico festivo en toda su brutalidad y surrealismo, no lo paso demasiado mal, al menos no me pega y no me grita mucho, evito mirarla a la cara no quiero leer lo que escribe su rostro.
Tras el cacheo me vuelven a esposar y por primera vez en mi vida me meten en una celda, sola.
Todo sigue siendo muy confuso la celda parece una habitación de manicomio, muy iluminada y muy blanca.
No me siento, me quedo en cuclillas sobre la grada que hace de asiento y cama. No sé muy bien que pensar, estoy furiosa y me siento secuestrada, estoy furiosa y me siento secuestrada; estoy muy asustada, no me lo puedo creer.
No parece que pase mucho tiempo, quince o veinte minutos, pero quién sabe, abren la puerta de la nevera que me custodia y otra vez me vuelven a esposar; soy la primera en salir y veo como sacan al chico de los brazos rotos, ni siquiera sé sus nombres, le golpean y le dan patadas; me quedo loca.
El siguiente es Alf; le ponen a mi lado, le insultan y le dan una patada, se me desencaja la cara y miro fijamente al policía agresor; me mira, no dice nada. Traen al siguiente, más de lo mismo… Estamos los cinco en fila nos chillan, nos insultan, nos llaman asesinos y nos amenazan.
Parece que ahora van a leernos nuestros derechos, que consisten en tener un abogado propio o de oficio, me chillan que lea un papel con la lista de mis pertenencias, pero no puedo leer y me gritan que lo firme.
El rubio gigante me dice que me quite el reloj; nunca más vuelvo a verlo, con la de cosas que habíamos hecho juntos y la de mares que nos acompañaron…
Lo más suave para referirse a mi persona es guarra y punki de mierda, de repente miro un cubo enorme de basura y veo allí algunas de mis cosas, los guantes, mi tabaco, el tabaco de Alf y la cajita de metal de los Freak Brothers que me regaló Diana hace un millón de años. El urbano que se tiró el pedo en nuestra cara, el mismo que pateo e insulto a Alf, me dice que ha encontrado hachís en mi tabaco, será una multa de trescientos euros o unos días más en la condena que por supuesto me va a caer, me explica muy amablemente mientras sonríe. No puedo callarme y le pregunto por qué están mis cosas en la basura, le pido por favor mi caja, es un regalo antiguo, por detrás me gritan que me calle, alguien me agarra y me arrastran de nuevo a un furgón.
Vuelven a trasladarnos, esta vez ya no es un furgón de la urbana, parece una puta película, nos meten en un furgón de detenidos como los que salen en el telediario, el monstruo es de metal por dentro, incluidos los bancos donde nos tenemos que sentar esposados, aquí no nos podemos agarrar a nada así que con cada curva y frenazo o acelerón nos bamboleamos como marionetas rotas, el silencio y los nervios se mastican y todos respiramos miedo.
En la parte alta del furgón hay una ventana pequeña veo tumbas en una colina, tiene que ser el cementerio de Montjuïc, nunca he estado pero paso en autobús por allí cada vez que vuelvo a Madrid...
Cuando termina el trayecto llegamos a otro lugar, no tenemos ni idea de a dónde nos llevan, se abre el portón del furgón y hacen bajar a tres de los detenidos entre ellos a Alfredo, de nuevo empujones, gritos y amenazas, se cierra el portón. Me quedo allí con el chaval más mayor, 25 años, y esperamos un rato sin hablar hasta que vienen a buscarnos, nos miramos, pero no decimos nada.
Ahora estamos en manos de los Mossos d'esquadra, nos meten en otro edificio, bajamos unas escaleras, nos separan, llegamos a una sala bastante iluminada con un montón de policías, me apoyan en una pared y todos me miran, uno de ellos me llama engendro de mujer, por dentro me cago en su madre.
De repente aparece un tipo con un pasamontañas tapándole la cara y cámara en mano me empieza a grabar, tarda unos minutos en robarme el alma y cuando termina de filmarme de arriba abajo con todo lujo de detalles me da por hablar.
De nuevo les explico que todo es un error que nosotros hemos tenido un accidente en bici y los urbanos nos han secuestrado en el Hospital del Mar, no somos okupas, tenemos casa, estudios, trabajos y además testigos del accidente, se ríen y me dicen que ya se verá de muy mala leche, al menos el urbano rubio que me tiene acojonada y me robo el reloj, ya no está.
Pregunto dónde estamos y alguien me dice que en la comisaría de Sants, permanezco un buen rato de pie apoyada contra la pared y hablando sin parar, de repente me muevo y aprieto un interruptor con la cabeza, es el interfono que comunica con la parte superior de la comisaría, me quedo blanca del susto pero por suerte mi error no genera violencia, solo algún insulto.
Tras un buen rato en la misma posición observada por muchos policías fumando me llevan a una sala anexa donde una Mossa procede de nuevo a cachearme, y de paso aprovecha para criticar mi aspecto preguntándome cómo tengo el valor de llevar por camiseta unas medias de rejilla..., esta vez me quita el sujetador, el pendiente de la oreja y lo poco que queda en los bolsillos de mi pantalón, un cigarro liado y dos flyers. Me dice que lo pondrá con el resto de mis pertenencias, pienso que hay cosas que seguro no volveré a ver.
Por lo demás el procedimiento no difiere al anterior, fuera zapatos, redes y camisetas, abajo pantalones, bragas y calcetines,…hace frío.
Cuando termina la inspección, de nuevo tengo suerte y nadie me mete el dedo en el culo, me visto, la chica me esposa y me saca de allí.

Permanezco unos minutos en el pasillo hasta que dos de los policías me teletransportan,
Yo ya no ando, floto, y al fondo de la sala, en una esquina descubro mi nueva vivienda de protección oficial. Abren la puerta, me quitan las esposas y me empujan dentro.

Tenemos derecho a dar un teléfono de contacto para que se avise de nuestro delito y paradero, me piden un número, joder, no recuerdo el número de casa, me quedo en blanco, me recomiendan que dé el de mis padres, es mejor,-me dicen-, que no se enteren por las noticias de que hemos matado a un policía, -ni loca- pienso, así que me viene un número a la cabeza lo suelto del tirón y que sea lo que diosa quiera.
Madre!!!!, me doy cuenta de que me volví un poco desastre, aunque la verdad, solo llevo 4 meses aquí y nunca me llamo y como lo llevo en el móvil apuntado pues no lo tengo que memorizar y pienso en los inconvenientes de la era de la telecomunicación y me viene como siempre a la cabeza esa canción de Alaska…la ciencia avanza pero yo no…pero estoy muy triste para recordar y se me escapan otra vez los lagrimones.

Lo primero que destaca en mi primera impresión es el espantoso color rosa de las paredes, a juego con el azul marino de los barrotes, y el fétido olor proveniente del agujero de metal que hace las veces de váter. Una grada de piedra y por suerte una colchoneta azul y unas mantas conforman el resto del mobiliario, todo está sucio y lleno de sangre, las paredes, las mantas, el suelo y hay bastantes bichos muertos.
Me siento en la grada sobre la piedra y me apoyo en la pared, no sé qué hacer estoy flipada y me quedo empanada mirando las paredes de mi celda de acusada de homicidio. No tengo idea de que hora será, no hemos comido ni dormido pero no noto cansancio, solo miedo.
El tiempo se me escapa sentada en la misma posición. Observo con toda la paciencia del mundo el interior de mi celda, no sé cuánto tiempo estaremos aquí, sigo sin parar de llorar.
Pasa un rato, dos horas, cuarenta minutos…, tengo frío, estoy cansada, venzo el asco que me dan las mantas que hay junto a mí y me enrollo en la que parece menos sucia, solo faltaría que pillara alguna enfermedad de la piel…
Me tumbo en la colchoneta y miro los bichos muertos que hay a mí alrededor, imagino que será el cansancio y el estrés pero parece que algunos se mueven, lo que faltaba.
Y así me quedo, tumbada durante horas en la misma posición con los ojos abiertos como platos y pensando, y entre delirio y delirio noto dolores de ovulación. Inocente de mi pienso que será el estómago vacío…, pero que va, me viene la regla, la madre que me parió y yo sin espidifen, joder que día!.
Me quedo esperando de pie y cuando pasa la policía chica le cuento la viñeta y le suplico un tampón o una compresa, me dice que se lo va a pedir a una compañera arriba, nunca más vuelve.
Me acuesto de lado y pienso que me voy a poner perdida, en fin como me tengan que volver a cachear… y me pierdo una vez más en atónitos desvaríos, creo que nunca fui tan consciente de la realidad, y duele.

De nuevo se escapa el tiempo a su antojo hasta que se oyen voces que avisan que por fin nos traen algo de comer, me siento en la grada a esperar. Aparecen dos policías portando lo que llaman nuestra cena, deduzco pues que han pasado muchas horas y pienso que hoy no salgo de aquí. Descubro además que tengo vecinas de celda, dos chicas, pero no sé porque estarán aquí, parece que una de ellas está dormida, el poli dice a gritos que si no se levanta no hay comida, su compañera de celda la consigue despertar.
La cena, después de todo el día sin comer, consiste en un sándwich de máquina de indeterminado sabor que un urbano introduce sin carcasa entre los barrotes de las celdas, al menos se ha puesto un guante de plástico. Espero levantada a que llegue mi turno, se acercan y me ordenan que coja mi cena, cuando se van me tumbo de nuevo y me lo como despacio, no tengo hambre.
Cuando termino cierro los ojos pero no duermo, supongo que nadie esta noche, cada vez que pasa un policía haciendo la ronda no puedo evitar mirar y así toda la noche, con bichos muertos que se mueven, manchas que parecen cosas, gritos, lágrimas y pesadillas.
Al final en algún momento creo que me dormí pero me sobresalte tantas veces que dudo que fuera un sueño profundo, ahora sé que con miedo no sé puede dormir, el cuerpo está alerta.
La noche es larga y mi lado izquierdo está totalmente siniestrado.
Vuelvo a oír jaleo, un policía se acerca y pregunta si quiero desayunar, ya debe ser domingo.
El desayuno consiste en un café de máquina, solo y sin azúcar, y una valenciana, por fin también nos ofrecen un mini vaso de agua, del tamaño del café, tengo suerte mi agua no es del váter. Me ordenan a gritos que cuando acabe deje los vasos encajados en los barrotes tal y como ellos los colocan.
Me parece el mejor desayuno del mundo, me encantan las magdalenas pero me han despertado a gritos, así que se me atraganta el café.
Noto los ojos hinchados y se me ocurre que será de llorar, me toqueteo el ojo izquierdo y lo noto blandito, mis vecinas de celda están junto a los barrotes así que nos saludamos y presentamos y de paso les pregunto qué aspecto tiene mi cara, va a ser que no es de la llorera…
Al rato vienen dos guardias y me sacan de la celda, vuelven a esposarme y me colocan delante de una puerta, la misma sala donde me cachearon ayer. Esta vez van a tomarme las huellas, y digo las huellas porque fueron absolutamente todos los dedos, también necesitan las palmas así que de nuevo he de quitarme la camiseta; los polis se cabrean pero hay suerte y una chica entre ellos así que salen todos y procedo otra vez a desnudarme. Aprovecho para decirle a la chica que estoy con la regla desde ayer y que nadie me ha traído un tampón o una compresa, y me explica como si le sorprendiera que no estén permitidos los tampones en prisión, ya intentará conseguirme una compresa. Nunca más vuelvo a verla.
Paso un buen rato con el trajín de las huellas, el tipo que espachurra mis dedos contra las fichas no anda muy diestro y hemos de repetir algunos dedos, cuando finaliza su labor me dice que me lave las manos pero no hay jabón en el bote y el agua esta helada así que la tinta no desaparece.
Otra vez esposada y vuelta a mi acogedor hogar, me duelen las caderas del colchón piedra, no hay nada que hacer así que vuelvo a tumbarme a esperar mientras los Mossos cogen las huellas de todos los demás, yo no puedo verlo pero cada vez que sacan a alguno de los chicos vuelven las palizas.
Al rato vuelven a sacarme de la celda y vuelven a tomarme huellas, esta vez también me fotografían con un numerito debajo en todas las posiciones posibles, de frente, de lado y en ángulo de 45 grados, todo esto amenizado con gritos y tironeos corporales varios. Y vuelta al agujero.
En algún momento de lo que debe ser la mañana se acercan a mi celda dos policías, chico y chica, me preguntan si me han leído mis derechos, les respondo que no, solo me han dicho que tengo derecho a un abogado, les resulto graciosa, ese es nuestro derecho además de un teléfono de contacto. Aprovecho para decirle a la chica que no recuerdo bien mi número que lo contrasten con el que Alf ha dado a ver si coinciden, si no, les doy otro número para que avisen a alguien. Nunca más vuelvo a verla.
Al menos me dicen que me asignan un abogado de oficio y de paso me entero de que sólo pueden detenernos un máximo de 72 horas luego pasaremos a disposición judicial donde se determinara si salimos en libertad o vamos a la cárcel, no debemos olvidar que hemos asesinado a un policía. Insisto en contarles la historia de nuestro accidente, no es relevante.
Mis problemas con la regla aún no se han solucionado así que cuando veo al urbano que me llamo engendro le cuento de nuevo la historia, parece dispuesto a echarme una mano y al rato, una hora, dos o tres después aparece con varios fragmentos de papel de cocina, bueno, menos da una piedra…
El tiempo pasa despacio igual que la plantilla completa de Mossos d'esquadra de Barcelona que desfila constantemente por nuestras celdas para quedarse con nuestras caras de asesinos, insultarnos y amenazarnos.

Hoy estoy mejor que ayer y entablo conversación con mis vecinas de celda a ver si me entero de algo.
Resultan ser dos chicas muy simpáticas que estaban en la fiesta de Sant Pere y fueron detenidas aleatoriamente cuando salían de la casa, han tenido suerte y tampoco las han agredido en exceso, lo normal, porrazos y empujones.
Una de ellas es de Barcelona y era la primera vez que iba a una rave okupa, la otra nena es alemana, tiene 29 y esta algo más curtida en el tema, además es la novia de uno de los detenidos. Las niñas han dormido sin colchón y sin manta. Me cuentan que salían de la okupa sobre las seis da la mañana y que hubo algo de follón porque la gente se quería ir y la puerta estaba cerrada así que en un momento dado alguien la abrió y salieron todos en estampida para encontrarse de bruces con una agitada guardia urbana, y hala, a correr...resultado: paliza, detención y al calabozo de cabeza sin ninguna explicación.
Les cuento nuestra historia y no dan crédito, de paso me dicen que no me toque el ojo... esta muy hinchado, parece que me hayan dado un puñetazo de verdad.
Como parece que podemos comunicarnos sin problema ya no paramos de hablar en todo el día, es la mejor forma de matar el tiempo y tratar de olvidar un poco la situación que nos atrapa.
El madero que me llamó engendro se anima y se une a nuestras conversaciones varias veces, básicamente le tira los trastos a la chica alemana, el tipo flirtea y de paso aprovecha para criticar sin pudor nuestra supuesta forma de vida y nuestro aspecto, y en su infinita sabiduría nos da hasta algún consejo de belleza, léase consejos de peluquería.
En fin, mucho de peluquería y luego no saben distinguir entre una siniestra y una punky y eso que hace unos añitos el estado se gasto su dinerito en instruir a nuestra policía en tribus urbanas, o fue en secretos de belleza...

En algún momento del día, se nos comunica que los abogados de oficio que hemos solicitado están a punto de llegar, hemos de decidir si queremos o no declarar. Me contaras que sabré yo lo que es mejor, si declarar o no. Ahora pienso lo bien que me habría venido ver alguna de esas películas sobre juicios y menos ciencia ficción..., no, si ya me lo decía mi madre.
Vuelve a fluir el tiempo a su antojo hasta que dos Mossos me ordenan acercarme a la puerta de mi celda para esposarme, sacarme y llevarme ante mi abogado. Me llevan a una habitación muy cerca del mostrador donde se sientan entre otras cosas a fumar los Mossos que están de guardia, allí están mi abogado y dos policías más, uno de ellos sentado ante una máquina de escribir.
Me preguntan si quiero declarar, según los Mossos y los polis que vinieron a leernos nuestros derechos es mejor que no declare porque todo lo que diga aquí voy a tener que repetirlo ante el juez y lo único que va a hacer es alargar más el proceso, así que decido no hacerlo, me preguntan de nuevo algunos datos y me dejan sola con mi abogado.
Al fin veo un poco de lucidez en el asunto, procedo a explicarle con pelos y señales todo lo acontecido hasta el momento y aprovecho para pedirle un cigarro, llevo al menos dos días sin fumar, que por supuesto no tiene y que si tuviera tampoco me podría dar, aquí está prohibido fumar.
Parece que alguien me toma en serio por primera vez y además me entero con certeza de lo que ha pasado, me tranquiliza pero de momento parece que no nos llevaran a declarar hasta el lunes.
Tras el trajín matutino de huellas, fotos y declaraciones vuelven a darnos de comer, otro sándwich de sabor indeterminado y un vasito de agua, ah! y un poco de papel de cocina, no se me vaya a olvidar...
Las horas pasan despacio, los Mossos pasan despacio, la vida se detiene para nosotros.

El madero experto en trucos de belleza insiste en parlotear con nosotras y seguir vacilando con la chica alemana, de paso ha aprovechado para registrar entre sus pertenencias y quedarse con una foto que saco de su cartera, me muero de asco, me retiro de los barrotes de mi celda y me siento al fondo, donde no pueda verle ....pero me insta a acercarme y no me queda más remedio que tragar, con todo su valor me pregunta que opino de la policía...,esto, mejor no lo escribo.

Nos comentan que en el exterior de la comisaría se ha congregado un grupo de guarros como nosotros para apoyar nuestra causa. En algún momento se acerca un policía a mi celda y me dice que mi padre está en la comisaría, ha venido a traerme compresas, alucino en colores y no me lo puedo creer, el poli dice que se habrá enterado por las noticias y habrá cogido un avión...el alma se me cae a los pies...

Finalmente no es mi padre, es el de una de las compañeras, el hombre, que en algún momento de su vida también fue detenido injustamente, trae ropa limpia y compresas gracias a la información de los abogados.
Mi compi me cede honorablemente los productos de higiene femenina, que los urbanos proceden a racionar como si fuera comida, no vaya a ser que intente suicidarme tragándome una compresa con alas.
Y así pasa el día hasta el momento de la cena, otro sándwich plastificado.....

La noche tuvo su punto divertido, cuando se produce el cambio de turno viene a visitarnos un Mosso bastante enfadado, nos comenta amigablemente que le hemos jodido su día libre y que por tanto no piensa trabajar, textualmente dice que no piensa darnos ni agua. Y así fue, aunque en mitad de la noche debió invadirle un espíritu curri y se entretuvo en tirar de la cisterna de nuestros respectivos váteres, que se encuentran en el exterior de las celdas, así como en pasar revista para ver si estamos todos, cuando oímos nuestro nombre debemos contestar presente en voz alta, madre mía no quiero ni pensar las macabras historias que estas paredes esconden...
Al rato vienen a sacarnos de las celdas, nos ponen en fila y nos llevan a un furgón de metal como el que nos trajo hasta aquí, parece que nos trasladan, hoy no hay desayuno.
Esta vez me meten en el furgón con las chicas aunque no podemos hablar porque de nuevo se impone la ley del silencio, el viaje es incomodo, esposadas y sin poder agarrarnos a ningún lado, de nuevo humillaciones, gritos, insultos y mentiras, vuelven a decirnos que el policía agredido está muerto.
Por el camino vemos amanecer así que está claro que es lunes por la mañana. Nos trasladan hasta los juzgados de Arc del Triomf y una vez allí cuando todos los Mossos, urbanos, policías y demás protectores de la ley han visto bien nuestra cara nos encierran de nuevo en una celda. Cuando hacemos el paseíllo que nos conduce hasta nuestra celda volvemos a meternos en una película, se oyen silbidos y piropos brutales varios, me recuerda la primera vez que entre en el Medea....
Esta vez hay suerte y no me encierran sola, voy de cabeza al calabozo con mis dos compañeras y una prostituta rumana muy simpática y muy joven que nos alegra la mañana contándonos sus infortunios en estas tierras del señor.
Por suerte tenemos un lavabo en la celda así que lo primero es lavarnos manos y cara, porque sinceramente ahora sí que parecemos delincuentes, despeluchadas, sucias, malolientes y famélicas, y entre esto y que encima soy la más mayor de los detenidos, cabecilla punki de la rebelión y novia de Alfredo... por lo menos que me peine un poco antes de ir a declarar.
Ahora estamos encerradas con mucha gente en las celdas de alrededor. Hay mucho follón y gritos de unas celdas a otras, así que aprovechamos para hablar con los chicos de los que no sabemos nada desde que nos encerraron por primera vez. Nos tranquiliza bastante oír sus voces, parece que todos están bien.

Y de nuevo a esperar. Nuestra nueva compañera se distrae ligando con un chico de la celda de enfrente que lleva encerrado en la cárcel unos cuantos años y en unas horas volverá a terminar su condena en la prisión donde reside, nosotras mientras aprovechamos para parlotear.
Pasadas varias horas nos traen la comida. Esta vez es un bocadillo de jamón york y una manzana, se nos saltan hasta las lágrimas de la alegría, no necesitamos agua, tenemos toda la que queremos....
Ahora solo podemos esperar hasta que nos llamen para declarar. Como siguen trayendo detenidas trasladan a la chica rumana a otra celda y nos dejan a las tres solas. Nos sentamos en la grada y nos abrazamos un poco para darnos calor, ánimos y algo de tranquilidad.
Pasa algún tiempo, se acerca un policía a nuestra celda y me saca fuera. Pensamos que me llevan a declarar, las niñas me abrazan y me desean suerte, pero sólo viene a decirme que han encontrado hachís en mi abrigo. Otra vez alucino, el tabaco donde supuestamente estaba el hachís se quedo en la comisaría de las Ramblas en el cubo de basura con algunas de mis otras pertenencias. No puedo creer que esté de nuevo en mi bolsillo !!!!!!!
En fin, otra multa más. Al menos me devuelve el abrigo y lo podemos usar para taparnos.
Pasan muchas horas hasta que vamos a declarar. Por fin vienen a buscarme, me esposan y me conducen por unas escaleras hasta el piso superior que es un hervidero de abogados, fiscales, jueces y detenidos.
Cuando llega mi abogado me quitan las esposas y me meten en una sala donde está la jueza, el fiscal y algunos abogados más de los detenidos que están con nosotros. Les pido una bolsita de plástico o algo para no sentarme directamente sobre la tapicería impoluta de la silla que me ofrecen, no sé en qué condiciones están mis pantalones pero allí donde me siento dejo huella, la marca de la casa....
Me dispongo a declarar. Cuento mi historia y mi sorpresa es mayúscula cuando oigo a la jueza decir que soy una desarraigada, que estuve en Sant Pere con Alfredo agrediendo al policía herido y que después tuvimos el accidente de bici. Insisto en mi versión. No soy okupa, no soy punky y no soy una desarraigada. Hablo también de todos los testigos....la jueza está muy enfadada y no cree nada de lo que le digo.
Toma la palabra el fiscal que solicita prisión hasta el juicio y una pena mínima de dos años, no doy crédito. Mi abogado hace un par de preguntas y fin de la declaración, me dice que volverá para hablar conmigo cuando este otra vez en el calabozo. Nunca más vuelve.
Se me nubla la vista, comienzo a tener miedo de verdad y trato de asimilar de alguna manera que quizás no salga de aquí.
Cuando termino de declarar me preguntan si quiero ver al médico del juzgado. Me parece buena idea que alguien le eche un vistazo a mi ojo, así que me dejan esperando en un banco. Cuando paso a la sala lo primero que me dice la doctora es que si quiero metadona !!!?????, por supuesto le digo que no, aunque tal y como están las cosas me lo pienso... Vuelvo a explicarle mi caso, me mira el golpe y de paso le pido una compresa. Fin de la visita.
Cuando regreso a mi celda se me saltan las lágrimas de terror. Las chicas se portan genial, tratan de tranquilizarme y darme ánimos, nos abrazamos y gastamos bromas.
Pasan más horas y cuando me entero de que Alf a vuelto de declarar le pregunto cómo ha ido. Estamos jodidos, a él tampoco le creen...se nos quitan las ganas de hablar.

Poco a poco vamos declarando todos. Es un proceso lento. Y en el transcurso se vacían por completo los calabozos del juzgado. A medida que pasan las horas se nos escapa el optimismo.
Vuelven a sacarme de la celda una vez más. Esta vez me llevan con Alfredo a una sala con una rueda de reconocimiento, allí la policía judicial vuelve fotografiarnos en todas las posiciones posibles y desde todos los ángulos. A estas alturas nuestras fotos deben estar al alcance de cualquier protector de la ley de la ciudad.

Llega la hora de la cena. Los policías nos explican que no tienen comida en el juzgado a esta hora porque es muy tarde y nunca suele haber nadie, nosotros somos un caso especial. Al final encuentran algunos bocadillos que sobraron de la comida. Les pedimos que los repartan entre todos, no es justo que solo comamos nosotras.
Hacia las doce de la noche la jueza dicta sentencia. Un policía viene a buscarme. Las niñas me abrazan y me desean suerte, han memorizado un teléfono para avisar a una amiga sino salgo de aquí, ni siquiera sé si alguien sabe donde estamos.
Me llevan ante una mesa y el mismo fiscal que pidió prisión para mí hace unas horas me comunica que puedo recoger mis cosas y salir en libertad con cargos. Debo volver una vez a la semana a firmar al juzgado, sino lo hago se me pondrá en busca y captura...Ni siquiera le entiendo cuando me habla, solo quiero salir de aquí.
Dos policías me custodian hasta un portón de metal. Abren la puerta y me dejan libre. Cruzo un patio grande, atravieso otra puerta de metal y me encuentro en la calle. Miro al frente y os veo a todos esperando y achuchando a Alfredo que también acaba de salir.... Besos, abrazos y un montón de cariño. Suspiro de alivio y creo que es el fin de esta terrorífica pesadilla. Nada más lejos, esto acaba de empezar.

Solo una cosa más. Mi corte de pelo el más famoso de toda la ciudad. Parece increíble pero me acusaron de homicidio y posteriormente de atentado contra la autoridad por los pelos. Y que yo sepa, el hábito no hace al monje. Pero en fin, el refranero es una mierda.

Abuso de poder, agresiones físicas y mentales, mentiras, detenciones ilegales, malos tratos, estado policial… Me parece increíble que pueda formar parte de esta broma asesina porque mi aspecto en este planeta NO ES NORMAL!!!!!! .

El juicio se celebró dos años después. Era un juicio político que de antemano ya teníamos perdido. El resultado fueron tres años de cárcel.
Actualmente esperamos la apelación en el Tribunal Supremo de Madrid.
Seguimos yendo a firmar cada quince días.

Patricia Heras Méndez



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