dimarts, 18 d’agost de 2009

Aniversari d'un Fòrum que no va tenir lloc


És ben curiós que s’hagi complert el cinqué aniversari del infaust Fòrum Universal de les Cultures i pràcticament ningú n’hagi fer el comentari o l’evocació. De fet no és gens curiós. Què s’hauria de commemorar? Doncs no val a enganyar-se, una estafa moral i un fracàs absolut. De fet és com si el Fòrum no hagués tingut lloc, parafrasejant el títol d’un conegut llibre de Baurdillard sobre la inexistent Guerra del Golf. El nivell d’impostura assolit per les autoritats, a l’hora de voler fer passar una colossal operació urbanística i immobiliària per una exaltació dels “valors de la diversitat i la pau” va ser tan gran i tan descarat i la cosa no va colar. La gent senzillament va ignorar l’esdeveniment i van amagar com van poder les dimensions del fiasco. Mai sabrem quan va costar el Fòrum, ni d’on van sortir i van anar a parar els milions d’euros mobilitzats. El que si va quedar clar és l’eficàcia d’un campanya de denúncia que, sense a penes recursos, però amb una gran imaginació, va aconseguir un ressò que les seves astronòmiques inversions en propaganda i publicitat.


Mereix especial record la invasió per terra, mar i aire de l’espai del Fòrum per les desenes de pasteres el 18 de juliol d'aquell 2004. Una demostració de valentia i creativitat que va posar de manifest fins quin punt els que manen no sempre tenen la partida guanyada. La fotografia de sobre correspon a aquell gran dia i la va fer la Pili Luna. Trobareu un vídeo de l'acció a http://www.youtube.com/watch?v=oEUqo6vkjAQ. Per cert, tot i que li posessin tot el morro del món I fossin capaços de rebre els “invasors” als que les patrulleres de la Guàrdia Civil havien estat empaitant al llarg d’hores de dura travessia, amb una veu que des del servei de megafonia del Fòrum repetia, amb tot la barra: “Benvinguts els nostres amics antifórum!”. Quins collons!


El que mereix la pena recordar també és que aquella infàmia es va produir gràcies al concert de totes les forces polítiques, econòmiques i mediàtiques del país. Tothom semblava estar d’acord i entusiasmadíssim. Ni una veu crítica, ni una pregunta. Un estrany i ben sospitós consens va acompanyar els preparatius del show. Ni un article, ni una declaració pública que no fos d’afalagament .


És per això que va sorprendre oficialment aquella reunió a l’Ateneu de Barcelona, el gener del 2004, en el que en Bernat Muniesa, en Santi López Petit i jo va exposar públicament què pensaven del que s’estava preparant. El que pensàvem nosaltres, però també els centenars de persones que no van poder entrar a la sala d’actes de l’Ateneu perquè es va quedar petit davant l’allau de persones que per fi havien trobar un espai en el que el que s’expressava una denúncia envers el Fòrum.


També és just recordar una de les poquíssimes excepcions que la unanimitat assolida a l’hora de recolzar una mamarratxada immensa com aquella, que portava als seus extrems més delirants la conversió de la retòrica de la tolerància, el multiculturalisme, la sostenibilitat, etc. Quan ningú obria la boca per dir el que tothom estava veient que es preparava, el IX Congrés d’Antropologia que es reunia a Barcelona a principis de setembre de 2002, emetia, el dia de la seva clausura, un document en el que, per aclamació, senyalava amb el dit les dimensions del frau que estava en marxa i la manera com estava distorsionant i banalitzant la noció de "cultura" per a legitimar-se. No crec que els importi als al.ludits que reveli que el document el vam redactar n’Isidoro Moreno, de la Universidad de Sevilla, la meva col·lega de Departament a la UB Susana Narotzsky i jo, com a secretari del Congrés.
Permeteu-me que el recuperi ara i aquí, encara que sigui perquè algú commemorí el cinquè aniversari del Fòrum de les Cultures 2004, o millor dit, de la seva immensa i avui escapolida batacada.
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La primera semana de septiembre de 2002, y organizado por el Institut Català d’Antropologia, se reunió en Barcelona el IX Congreso de Antropología de la Federación de Asociaciones de Antropología del Estado Español. Durante cuatro días, más de seiscientos profesionales procedentes de todo el Estado y de otros diecinueve países, estuvieron debatiendo en torno a las relaciones entre política y cultura. En el acto de clausura del Congreso, celebrado en el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona a última hora de la tarde del 7 de septiembre de 2002, los congresistas aprobaron la presente


DECLARACIÓN


Fue desde la antropología que, hace ya varias décadas, se reclamó para la noción de cultura ­–el objeto central de nuestra disciplina- un papel protagonista en los debates sobre las causas de la diversidad y, por extensión, de la desigualdad humanas. Con ello quisimos contribuir, junto a los avances de la genética, a desautorizar científicamente la pretensión de que existía algún fundamento “racial” en la variedad de formas humanas de pensar, hacer y decir y mucho menos en su calificación como “superiores” o “inferiores”. El origen de la heterogeneidad humana quedaba instalado, de la mano de esa noción de cultura –como entidad cambiante, dinámica, determinante, pero también determinada por la historia– en la capacidad de los seres humanos no sólo de vivir en sociedad, sino de generar y transformar constantemente la sociedad en que vivían
Han pasado los años y este IX Congreso de Antropología se ha planteado como tarea central la de hacer un balance de los usos políticos que aquella noción de cultura ha acabado recibiendo. La idea de cultura se emplea hoy para fines muy distintos, por no decir antagónicos, a aquellos que la antropología deseó ver realizados cuando llamó la atención sobre su importancia en la explicación de la diversidad. Lejos de servir para impugnar la irrevocabilidad de las diferencias humanas, la cultura se ha convertido hoy en un mero sucedáneo de la desprestigiada idea de raza y sirve, mucho más sutilmente, para lo mismos fines, que no son otros que los de la naturalización de las asimetrías sociales y la justificación ideológica de la exclusión social.
La discriminación, la segregación y la marginación son, hoy, en esencia, “culturales”. Donde un día se habló de “razas inferiores” se habla ahora de culturas “incompatibles con nuestros valores”. Los partidos xenófobos ya no claman en favor de la pureza racial, sino que advierten de los peligros que sufre la “integridad cultural” de sus respectivas naciones. A su vez, las grandes instituciones políticas y los partidos mayoritarios emplean la idea de cultura para justificar la inferiorización de miles de seres humanos, promulgado leyes que les niegan el acceso a la justicia y la igualdad. Esas mismas instancias pueden, no obstante, proclamar públicamente su adhesión a valores de “tolerancia entre culturas”, convertidos en sus manos en una retórica hueca y demagógica. En ese mismo marco, “multiculturalismo” e “interculturalidad” sirven para designar con frecuencia políticas que no se basan en la pluralidad móvil de estilos de vida presentes en una misma sociedad, sino en la existencia de un supuesto mosaico de compartimentos herméticos que encierran a cada individuo en su “identidad” étnica y de los que se insinúa que no es posible escapar. Los medios de comunicación emplean una y otra vez la noción de cultura para trivializar y simplificar determinados conflictos sociales, insinuando que sus causas tienen que ver oscuramente con las adhesiones culturales de sus protagonistas. El antirracismo oficial asume como propio ese discurso, basado en una apropiación distorsionadora de la noción de cultura, y da a entender que es una mayor “comprensión entre las culturas” lo que permitirá superar las brutales injusticias de que son víctimas tantas personas. En ese orden de cosas, no se parece percibir hasta qué punto la exaltación del “mestizaje cultural” esconde una premisa racista: la de que es posible –aunque se proclame indeseable- que puedan existir en algún sitio culturas puras.
Un ejemplo de todo ello lo constituye lo que está sucediendo hoy en el Estado español en materia de inmigración. Aquí, ese empleo de la diferencia cultural para justificar todo tipo de atropellos aparece asociado con políticas llamadas “de extranjería” que vulneran de manera escandalosa derechos humanos básicos. La diversidad cultural es mostrada una y otra vez como aquello que imposibilita que un Estado que se supone “de derecho” lo sea de veras, como si la heterogeneidad humana fuera un obstáculo insalvable para que se realizaran los principios democráticos básicos de igualdad y libertad. Las conductas institucionales reales en relación con los trabajadores y trabajadoras venidos de otros países y sus familias –insistentemente mostrados como procedentes de culturas de difícil integración en nuestra sociedad– consisten en someterlos a condiciones de llegada y de estancia muchas veces atroces. Un vago discurso oficial acerca de la “integración de los inmigrantes” se combina con la condena a miles de seres humanos –culpables sencillamente de haber llegado hasta aquí y ser pobres– a formas inconcebibles de explotación laboral, a un trato legal que no les reconoce como personas y a un asedio policial que se traduce en detenciones arbitrarias, deportaciones sin garantías y, en ocasiones, –y si los informes de diferentes organismos internacionales al respecto son ciertos– a los malos tratos e incluso, en algunos casos, a la muerte. Esa es, en este momento, la realidad del “multiculturalismo” en el Estado español.
En ese contexto –marcado por leyes y prácticas institucionales que sistematizan y generalizan la injusticia, la brutalidad y la explotación contra los inmigrantes–, nos inquieta que Barcelona, la ciudad que acoge nuestro Congreso, esté preparando una exaltación al máximo nivel de “las culturas” como tema político y como espectáculo mediático. La perspectiva de un gran acontecimiento como el Fòrum Universal de les Cultures 2004 nos hace preguntarnos acerca de si servirá, como pretende, para hacer el elogio de la convivencia fértil entre distintos y de la necesidad y la posibilidad de generar marcos igualitarios que permitan superar las diferencias sin negarlas, ni si sabrá denunciar los abusos y las desigualdades que se producirán ante sus ojos. El proyecto aparece demasiado cargado de compromisos institucionales y de implicaciones inmobiliarias y urbanísticas como para noAlinea al centre contemplarlo como sometido a planes de promoción de la ciudad destinados a turistas y a inversores y a estrategias de autolegitimación política de cara a la propia ciudadanía.
Por todo ello, los antropólogos y las antropólogas reunidos en este IX Congreso en Barcelona, la primera semana de septiembre de 2002, queremos expresar nuestro rechazo a la utilización de las diferencias culturales como justificación de unas políticas de inmigración discriminatorias y negadoras de derechos humanos fundamentales, así como nuestra preocupación ante la posibilidad de que el Fòrum 2004 acabe deviniendo un espectáculo tan grandilocuente como vacío, al servicio de los intereses políticos y económicos de sus promotores.

Canals de vídeo

http://www.youtube.com/channel/UCwKJH7B5MeKWWG_6x_mBn_g?feature=watch