dimarts, 19 de maig de 2015

Elogio de las fronteras

Foto de Kyle Glass
Comentario para Julia Storchak, estudiante del Grado de Antropologia Social de la UB.

ELOGIO DE LAS FRONTERAS
Manuel Delgado

Toma la bibliografia del punto del programa sobre los ritos de paso, especialmente el texto de Victor Turner, "Entre lo uno y lo otro".  Luego escoge una película que te parezca indicada y analízara como si fuera un rito de paso. Te sugiero una película del oeste o cualquier otra que plantee el tema de la frontera y que pienses en ella en termino de limen u umbral.

Tu piensa como la frontera ha fascinado justamente por la condición indeterminada que la caracteriza. Nuestro sistema de representación nos ha deparado una abundante muestra de ejemplos literarios o cinematográficos que hablan de las cosas que tienen lugar en los espacios fronterizos y ha concedido un poderoso valor simbólico a sus personajes. Las diferentes disciplinas interesadas por la dimensión espacial de la condición humana han hecho también, de la frontera, un tema de reflexión. Huelga decir que una ciencia especializada en el conocimiento del espacio como la geografía ha hecho de la noción de frontera uno de los centros de su disciplina. Para los geógrafos, la frontera ha podido ser entendida como una parte fundamental de la codificación de los territorios, como marcas de inflexión o en disputa entre regiones mutuamente ajenas, a menudo incluso hostiles. Cuando el referente ha sido el de la etología animal, se ha enfatizado más todavía esta naturaleza inevitablemente conflictiva de la frontera, como el perímetro que debe ser defendido a toda costa de la intromisión de los extraños. 

Al mismo tiempo, los teóricos del espacio no han dejado de identificar la frontera o el límite con los borderlands o territorios no territorializados, fallas neutras o de sobreposición inestable entre territorios, zonas que son al mismo tiempo rigurosamente vigiladas, al tiempo que también escenario de un constante trasiego de intercambios y interpenetraciones, espacios escrutados, aunque continuamente vulnerados, violados, transgredidos. Hablamos de la frontera como zona de separación, es cierto, pero, también de la comunicación, pasillo en que lo compartimentado se transforma en compartido.

A partir de esta matriz topográfica, la analogía de la frontera ha servido para recordarnos que cualquier segmentación o segregación que pueda establecerse con relación a la ordenación de la realidad, cualquier clasificación o conceptualización, no digamos si es dualista -como en el caso de la que separa normal de anormal, pero también sagrado / profano, divino / humano, bien / mal, visible / invisible, conocido / desconocido ..., o cualquier otra que puedan imaginarse nosotros debe plantear como nodal el tema de la frontera que separa a la vez que une las casillas que la parrilla que propone. 

Allí donde queramos reconocer o implantar una diferencia deberemos imponer unos límites, y estos límites inevitablemente también deberán prever la existencia de espacios de intervalo o de indefinición, tierras de nadie que serán siempre vistas como esferas al mismo tiempo de ambivalencia moral, de peligros espirituales o físicos, pero también de creatividad y germinación de todo cambio. Este espacio intermedio es espacio puro, en el sentido de que es espacio no territorializado, no formalizado, espacio que sólo puede pensarse como deshabitado y inhabitable, en la medida en que nadie puede estar allí sino de paso, a menos que quiera convertirse un ser medio-medio, a la intemperie estructural, un ocupante fijado en un rango espacial que no está concebido más que en términos de travesía posible o imposible: o no se puede pasar en absoluto; o no se puede pasar si no es a costa de quedar expuesto a graves riesgos, a la manera de una frontera cerrada, una pared, un muro infranqueable; o bien que sólo existe para ser traspasado, como sucede con los modelos que Simmel reconocia en la puerta y el puente.

Te recomiendo,  además de la literatura específica del programa sobre los umbrales rituales, que leas el libro de Eugenio Trías Lógica del límite (Taurus, 1984), donde habla del liminateus, ser fronterizo por excelencia, nómada por entre todas las franjas, que tiene motivos para reclamarse de ninguna parte como el requisito que hace de él un personaje constitutivo de todos los lugares.

Para la etnología, la idea de frontera es importante. Es decir, toda división del universo social en comarcas pretendidamente claras sólo es posible a costa de generar territorios ambiguos, caracterizados por la indefinición de aquel y de lo que pasa. Busca al respecto Frontera i perill (Edicions 62), que es una obra conjunta de Eugenio Trías, Xavier Rubert de Ventós y Miguel Morey.

La condición ambigua de aquellos que se encuentran en una situación liminar, las dificultades o la imposibilidad de clasificarlos con claridad dado que los transeúntes rituales, como he explicado en clase, no son nada, pura posibilidad, seres a medio camino entre lugares sociales. Eso es lo que hace que se les perciba con mucha frecuencia como fuentes de inquietud y de peligro.  Entonces, resulta previsible que se le apliquen todos aquellos mecanismos sociales que protegen una comunidad estructurada contra la contradicción, ya que encarna a un personaje conceptual, la característica principal es su fronteritad, su naturaleza de lo que Alfred Schutz había llamado ser-frontera , un límite de carne y hueso.


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