divendres, 18 de novembre de 2016

El niño y la batuta

La foto es de Yanidel
Billete publicado en El Pariódico de Catalunya, el 21 de septiembre de 1996

EL NIÑO Y LA BATUTA
Manuel Delgado

Una vez al año, las grandes orquestas organizan un concierto extraordinario dedicado a los niños. Como colofón, uno de los pequeños es invitado a subir al escenario, donde el director le entrega la batuta y le invita a dirigir la orquestra. El pequeño agita sus manitas dictando un compás imposible de obedecer, lo que no impide que los músicos interpreten a la perfección la partitura que tienen delante y que ya se saben de memoria. Por su parte, el público infantil participa, sin creérsela, de la ilusión óptica de uno de los suyos dirigiendo un conjunto sinfónico.

El gran espectáculo democrático de las elecciones viene a ser lo mismo. Cada tanto tiempo podemos excitarnos ante la visión de unos ciudadanos que, durante unas cuantas semanas, se entregan a todo tipo de contorsiones y piruetas con tal de motivar la atención y la simpatía del público. Éste tiene en el circo que se despliega ante sus ojos –mítines, debates, declaraciones, encuestas- una fuente de emoción y de incertidumbre, no muy distinta de la que suele respirarse antes de las grandes citas futbolísticas.

Al final, luego del clímax de la noche electoral, el melodrama se resolverá cuando la gran magia democrática repita su portento y unos papelitos introducidos en una especie de pecera se transformen milagrosamente en la voluntad popular hecha carne ente nosotros.

Entonces, una criatura será llamada a escena y, ante la mirada cómplice de un público infantil, dirigirá imaginariamente una orquesta sinfónica a la que, en realidad, le tiene del todo sin cuidado quén tenga en sus manos la batuta. Y así siempre, hasta ese día en que por error suba a la tarima un niño malo y le dé por cambiar la partitura.





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