dijous, 10 de març de 2016

Maneras de ser

Reseña de Estilos de pensar. Ensayos críticos sobre el buen gusto, de Mary Douglas, traducción de Alcira Bixio, Gedisa, Barcelona, 1998, 220 páginas, publicada en el suplemento Babelia de El País, el 14 de junio de 1998

MANERAS DE SER
Manuel Delgado

La obra de Mary Douglas es una de las mejores muestras de hasta qué punto la antropología puede competir ventajosamente con otras ciencias sociales a la hora de explicar fenómenos actuales, y hacerlo a partir de presupuestos teóricos que la propia autora había ensayado en sociedades muy diferentes de la nuestra, tal y como reflejan sus dos obras más conocidas, Pureza y peligro (Siglo XXI) y Símbolos naturales (Alianza). 

Este Estilos de pensar nos permite contemplar «en panorámica», por así decirlo, esa versatilidad explicativa del antropólogo en su propia sociedad. Se reunen aquí una serie de artículos relativos a temáticas bien distintas, que quedan hilvanadas por la propia argumentación teórica que se nos propone. El libro se abre con un análisis sobre el cuento de Caperucita Roja, en que aparece complicado el debate feminista. Sigue otro capítulo sobre el sentido velado que tienen para un paciente la elección de médico y de terapia, así como la noción misma de enfermedad. A continuación, tres apartados atienden las dinámicas de adhesión y conflicto que se disimulan tras las conductas llamadas «consumistas», y que le devuelven al consumidor un papel activo que no siempre se le reconoce. Otros tres capítulos le permiten a Mary Douglas regresar a un asunto que conoce bien, cual es el de los sistemas de clasificación que organizan simbólicamente al reíno animal y determinan nuestra relación con sus miembros.

Todos estos temas parecen distintos y distantes entre sí. En cambio, Mary Douglas nos demuestra cómo responden positivamente a una perspectiva que los contempla como escenario de juicios y preferencias socialmente significativos, es decir pertinentes en orden a que una sociedad dada –la nuestra en este caso– se hable a sí misma de sí y, haciéndolo, se constituya. Se propone para todos estos fenómenos de aspecto tan dispar un mismo método de análisis que ella llama cultural, empleando la noción de cultura en el sentido durkheimniano de estilo, forma o manera de, un criterio de clasificación social que se manifestaría en las figuras del gusto y hallaría su fuente de jerarquización en los grados que separan el refinamiento de la vulgaridad. 

Este análisis reconoce en toda actividad social hoy –hasta en sus expresiones más aparentemente triviales, como ir de compras o hacerse vegetariano– las marcas del conflicto entre cuatro grandes tipos culturales, que responden a sendas formas ideales de vida comunitaria y a otras tantas formas de lucha por hacerlas realidad. Esa tipificación de las culturas o «estilos de pensar» en pugna, y por tanto interdependientes, reconocería una modalidad individualista, que opta por compromisos débiles, que es competitiva y que se inclina por la tecnología, la actividad de riesgo y la ostentación ; otra jerárquica, formal, adherida a las tradiciones y que sostiene una sólida red de parientes y amigos ; una igualitaria, contraria a las formalidades, espontánea, que prefiere la sinceridad y las relaciones basadas en valores espirituales, y una última, la ecléctica, tan introvertida como imprevisible, que opta por la desvinculación aunque sea pagando el precio del aislamiento.

Cada una de esas variables tiene su propia visión de lo que debe ser la vida en sociedad, así como su propio concepto de qué es ser justo o injusto, quién es culpable y quién inocente. Cada una posée y exhibe morales distintas, disputa zonas de influencia, recluta seguidores que, a su vez, se incorporarán con entusiasmo a los esfuerzos por neutralizar al contrario cultural. Nuestra sociedad, según Mary Douglas, se mantendría en una permanente situación de guerra fría entre esas formas culturales. Son incompatibles. Por ello –y no a pesar de ello– conviven. Se necesitan. Su hostilidad mutua garantiza que nunca llegarán a separarse, puesto que liberadas de su enemistad, morirían irremisiblemente.

[En la imagen Mary Douglas retratada por Mayotte Magnus]



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