dilluns, 6 de febrer del 2023

Deconstruyendo "Lost". VIII. Matrimonio del cielo y del infierno

Una de las ilustraciones de William Blake para "Paradise Lost", de Milton

De la conferencia pronunciada en las Jornadas sobre la vida y la muerte. Identidad, creencias y ritual, celebradas en el Museo de América de Madrid, en noviembre de 2010


DECONSTRUYENDO "LOST", VII
LAS BODAS DEL CIELO Y DEL INFIERNO
Manuel Delgado

No es este el lugar ni el momento de extenderse sobre la importancia y la influencia de William Blake (1757-1827), discípulo y continuador, pero también disidente, de la obra visionaria de Swedenborg. Está claro que su visión del Cielo y del Infierno no es la misma que la de su maestro y hasta cierto punto parece invertir, en un sentido revolucionario, sus simpatías por uno de los dos bandos en conflicto eterno. Lo que nos interesa ahora es que no es nada casual que los personajes antagónicos de la serie -el Humo Negro y Jacob– hayan sido el tema de sendas de sus pinturas más emblemáticas. El Humo Negro es el que vemos representado en una de las ilustraciones –la lámina LX– con que Blake acompaña la edición inglesa de la Divina Comedia, en que se representa la llegada de Dante al Segundo Círculo del Infierno. 

La obra está datada entre 1824 y 1826 y su título es "Whirlwind of Lovers", es decir "El remolino de los amantes". En ella se escenifica el momento, ya aludido, en el que Virgilio –de pie– y el propio Dante, que se nos muestra desplomado, tras haber sufrido un desmayo por la impresión de que le causa el relato que escucha de boca de Francesca de Rimini. Se trata de uno de los temas predilectos del sistema de representación romántico, que en pintura recogerán Ary Scheffer o Doré, siempre mostrando los amantes todavía abrazados, siento absorbidos por la turbulencia oscura que los arrastrará al infierno, aunque la propuesta formal de Blake es tanto formal como conceptualmente del todo esclarecedora de la fuente de la que los guionistas de “Lost” ha tomado la imagen del Humo Negro. Con respecto a la acuarela de “La escalera de Jacob”, es una obra que William Blake pinta al 1807 y acabó siendo la elegida para hacer la promoción de la exposición retrospectiva que la Tate Gallery dedicó al visionario inglés el año 2009, además, por cierto, de ser una de las más reiteradas en la estética New Age.

La presencia de todos estos referentes –Dante, Milton, Swedenborg, Blake– podría sugerir que el equipo de guionistas de “Lost” estaría conformado por eruditos en materia de corrientes mistéricas, expertos en historia de la literatura universal o miembros de la exquisita elite de los cinéfilos. En cambio no tendría por qué ser así. De hecho, es evidente que en la serie se van desgranando uno tras otro todo tipo de guiños “cultos” que advierten de unas ciertas pretensiones filosóficas, lo que resulta descarado si pensamos en los nombres de algunos de los personajes: Locke, Hume, Bakunin, Cooper, Rousseau, Burke, Faraday, Eko… Por otra parte, todos los elementos que la tentativa de deconstrucción aquí apuntada habría desvelado hasta ahora son parte del bagaje de cualquier conocedor de los elementos que componen la aleación místico-religiosa contracultural y New Age.

Por lo demás, casi imposible enumerar a todos los creadores contemporáneos de todos los campos que han sido sensibles a la herencia platónica y gnóstica en general y que se han fijado en el valor filosófico o poético de los visionarios mencionados, a veces de manera tan central y obsesiva como en el caso de Jorge Luis Borges. Otro caso sería el de Bioy Casares. ¿No se suele coincidir en que La invención de Morel es una de las obras más influyentes en el argumento de “Lost”? Pues recuérdese la “quinta hipótesis” del relato: “Los intrusos serían un grupo de muertos amigos; yo, un viajero, como Dante o Swedenborg, o si no otro muerto, de otra casta, en un momento diferente de su metamorfosis; esta isla, el purgatorio o cielo de aquellos muertos (queda enunciada la posibilidad de varios cielos; si hubiera uno y todos fueran allí y nos aguardasen un encantador matrimonio y todos sus miércoles literarios, muchos ya habríamos dejado de morir)”.