diumenge, 25 d’agost de 2019

El escrache como cencerrada

Portada de La cencerrada, de Vicente Blasco Ibáñez
Nota para Luis Manuel Sanmartin, doctorando

EL ESCRACHE COMO CENCERRADA
Manuel Delgado


Lo que te propongo es que aludas, aunque sea en una nota al pie, a la hora de analizar los escraches de la PAH, al tipo de análisis que hace E.P. Thompson sobre los usos protestararios de costumbres populares. Lo hace a Costumbres en común, que ha reediado hace poco Capitán Swing. De aquí a su referente mayor, en este caso Gramsci y su relectura de los elementos potencialmente subversivos de la cultura popular. Por un lado, reclamas una línea teórica fundamental en el campo del pensamiento político y la historia social. Por otro, te permites vindicar una serie de estudios sobre cultura popular y tradicional prácticamente olvidados.


Esto de un lado. Por otro sería la recuperación de un concepto muy arraigado en los estudios sobre folklore más clásicos. Sería genial que recupere el artículo de Pilar García de Diego, "Censura popular", Revista de Dialectología y Tradiciones Populares, XVI (1960). Te adjunto un artículo que te servirá como introducción al tema de las censuras populares, que es lo que te interesa. Fíjate en el apartado dedicado a las cencerrada. En el pdf no aparece la referencia. Es: María Elisa Sánchez Sanz, "La censura popular en Aragón", Temas de antropología aragonesa, Nº. 3, 1987, págs. 219-234. También deberías buscar Temas castizos, de Julio Caro Baroja (Istmo), que tiene un capítulo que se llama "El charivari en España". Te recuerdo que uno de los cuentos valencianos de Vicente Blasco Ibáñez se titula La cencerrada, y es sobre uno de estos rituales dedicado a la noticia de que una joven del pueblo se va a casar con un viudo.

Este es un tema del que hemos hablado. En efecto, el estudio de las fiestas corresponde, entre otras disciplinas, a la antropología de los ritos. Ahora bien, hay que distinguir las fiestas de los rituales de los que está rellena la vida cotidiana. Lo que caracteriza a los ritos festivos es que son ceremonias que instauran una puesta en excepción del tiempo y el espacio sociales, transforman los escenarios de la actividad ordinaria de la sociedad y lo hacen para expresar la misma sensación de comunidad que se han encargado de suscitar previamente. De lo que se trata es de, como hacíamos nosotros en Carrer, festa i revolta (Departament de Cultura), es poner de entrada de manifiesto como ciertas expresiones de esta apropiación festiva de la calle y la plaza pueden tener contenidos de indole "no tradicional", pero que copian un mismo esquema performativo, puesto ahora al servicio de teatralizaciones políticas o conflictos sociales. Ahí está la clave de lo fácil que resulta pasar de la fiesta en la revuelta, las pruebas de hasta qué punto toda fiesta aparece teñida de los enfrentamientos larvados que conforman toda sociedad, a la vez que toda lucha despliega energías, técnicas y argumentos que la fiesta ya insinuaba.

En el caso de las acciones de la PAH, yo lo que haría es convertirlas en una variante actualizada de una forma de cultura popular bien extendida en Europa y que, como te hacía notar, son las expresiones de "censura popular", es decir actividades en las que un colectivo determinado se hace presente ante una instancia considerada perniciosa o criticable y lo que ahora llamaríamos "le monta un pollo". Este sería el caso de todas las variantes de escrache, pero también de aquellas protestas que consisten en plantarse o entrar dentro de la sede de una empresa, una entidad bancaria o una instancia administrativa.

De estas modalidades de actuación tenemos un puñado de ejemplos de los que la tradición festiva popular ya estaba repleta bajo formas  como podían ser las enramadas, las coplas, etc ... En el caso de los escraches, el antecedente aquí lo tenemos en una bien extendida forma tradicional de censura popular: las cencerradas. Joan Amades dedica numerosas referencias al tema a lo largo de su obra con casos bien documentados desde el siglo XVIII. Pone varios ejemplos, como los que se dedicaban a las viudas que se volvían a casar y a la gente que se casaba en segundas o terceras nupcias en general o bodas de una chica del pueblo con un forastero. En el  Costumari català (Salvat) encontrarás un puñado de ejemplos.

De hecho se trata de un práctica bien extendida. como te digo, en toda Europa. En la península le decían y le dicen todavía cencerradas o también "dar la matraca". En Francia son las charivari, de donde, por cierto, proviene una palabra tan usada en nuestro idioma como es chivarri. Busca la compilación de Jacques Le Goff; Le Charivari (Mouton).   Las cencerrada no son exclusivas de entornos rurales. E.P. Thompson habla del rough music, una costumbre que ocurre en Estados Unidos como shivarees. De todas formas, las cencerradas políticas no nos son desconocidas, porque fueron una manera habitual de expresión de protesta de los movimientos populares de finales del XIX y principios del XX, tal y como nos cuenta en Gerard Horta a Cos i revolució (Edicions de 1984). Piensa en las esquellades catalanas y, de ellas, revistas satíricas de finales del XIX, com L'Esquella de la Torratxa, que se dedicava a "donar un esquellots cada setmana".

Piensa que las protestas de la PAH son incursiones que implican una especie de asalto o toma metafórica de la concreción espacial de instancias –en este caso personificadas– de poder político o económico que se consideran responsables de una determinada circunstancia vivida como injusta. Una vez licuados en forma de concentración, los viandantes que se identifican como expresión de un colectivo afectado por un contencioso u otro, se hacen literalmente presentes ante las puertas de la concreción física de los poderes ofensivos o del lugar donde se están produciendo determinados eventos en que el conglomerado humano cristalizado para la ocasión se considera involucrado en contra. Pero esto no es sino lo que Dorothy Noyes llama performances de fachada. Esto lo tienes en «Els performances de façana a la Catalunya moderna: ostentació, respecte, reinvidicació, rebuig», en J. Capdevila y A. García Larios, eds., La festa a Catalunya. La festa com a vehicle de sociabilitat i d´expressió política (Publicacions de l´Abadia de Montserrat).

En la forma básica de la performance de fachada encontramos, cito a Noyes, «un grupo de personas -se reúnen en frente de un edificio y se hace alguna actuación. A menudo van disfrazados; cuando menos, con el hecho de actuar como colectividad y de utilizar géneros tradicionales de expresión, invocamos la vox populi en vez de hablar de identidades sociales más concretas ... La actuación va dirigida a quienes se encuentran detrás de la fachada. Estos deben responder con un tipo u otro de concesión más o menos material: una puerta abierta, vino, víveres, dinero, atención, un cambio de política».

Bien, espero que estas consideraciones te sirvan.


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