diumenge, 10 de març de 2019

Gramsci y las masas




Un millón de personas en un mitín del Partido Comunista de la India en Calcula, 3  febrero 2019
Comentario en el marco de una discusión sobre Antonio Gramsci y las masas entre miembros del Observatori d'Antropologia del Conflicte Urbà (febrero-marzo 2019)

GRAMSCI Y LAS MASAS
Manuel Delgado

Lo que nos mandaba Jose Mansilla es un recorte, en efecto, del artículo “Los grupos comunistas”, que apareció en L’Ordine Nuovo en agosto de 1920. Os lo mando. Es la versión de Manuel Sacristán que aparece en la Antología que sacó Siglo XXI en 1974. Pero, atención, si os fijáis bien, aunque solo sea en el fragmento que nos mandó José –os mando el texto completo para que lo veáis mejor–, hay una notable anomalía, que no se os debe escapar. Cuando Gramsci se refiere a la “psicología de masas” lo hace para aplicarlo precisamente a quien menos se supone que debía aplicarlo, puesto que esa rama de la ciencia de las patologías sociales –Le Bon, Tarde, Park, Freud– dirige su presunto saber contra las turbas incontroladas que constituyen el gran pavor burgués del momento, justificado por la acción revolucionaria que ya había tomado el poder en Rusia tres años atrás y amenazaba con hacerlo en todos los países capitalistas.

En cambio, Gramsci hace una torsión extraña y genial, que es girar los argumentos burgueses y dirigirlos no contra las masas obreras, sino precisamente contra lo que se supuso que era su antídoto, la esfera hacia donde debía domesticarse y redimirse el furor proletario, que es al sistema basado en el parlamentarismo burgués. Recordad que toda la psicología de masas y sus continuadores, los masmediólogos, trabajan sobre la necesidad de elevar el hombre-masa a ese modelo que presta el librepensador burgués, dotado de consciencia, responsabilidad y ética y cuya concreción sería el ciudadano autónomo y responsable de la imaginación liberal.

¿No lo veis? Es diabólico el argumento. Es el parlamentarismo “democrático”, en que se expresa un Estado de base territorial como el burgués, el que está constituido por gentuza en condiciones de abandonarse a cualquier locura irracional. Son las "asambleas políticas que expresan la soberanía en régimen democrático” donde se puede contemplar el predominio “de los instintos animales y la irresponsabilidad anónima”. Su lado inverso: el Soviet, fundado no en una base territorial sino en formaciones orgánicas de producción: la fábrica, la mina, el astillero… Es el poder burgués el que recuerda la horda bárbara, no el Estado obrero, que representa para Gramsci el escalón civilizatorio superior.

No le deis vueltas. Gramsci nunca cuestiona la piedra fundacional del marxismo,  según la cual las ideas se convertían en fuerza material cuando las masas las hacían suyas. Lenin lo entendió bien y fue a él, en el capítulo II de su ¿Qué hacer?, a quien le correspondió reconocer el valor genial del despertar espontáneo de las masas a la conciencia y a la lucha, pero también la importancia de que la energía que desprendían fuera organizada y sistematizada por la vanguardia comunista. Es más, en la teoría leninista masa pasa a tener valor  como fracción de pueblo en condiciones de movilizarse y actuar encuadradamente. Sería abrumador repasar todos  los desarrollos que sobre la creatividad natural de las masas y la necesidad de formalizar organizativa e ideológicamente su ímpetu ha procurado la teoría marxista en todas sus variantes.

También para Antonio Gramsci las decisiones colectivas pueden ser superiores a la media individual, como la cantidad deviene calidad y como hasta "una asamblea 'bien ordenada' de individuos agitados e indisciplinados" puede desarrollar "un sentido de la responsabilidad social que se despierta lúcidamente por la percepción inmediata del peligro común, y el porvenir se presenta como más importante que el presente" (“El hombre individuo y el hombre masa”, 1930; está en la misma Antología).

Mirad lo que escribe en Contra el pesimismo, previsión y perspectiva (Era), que es del 24: En relación con ello se plantea una cuestión teórica fundamental: ¿Puede estar la teoría moderna en oposición con los sentimientos “espontáneos” de las masas? (“espontáneos” en el sentido de que no obedecen a una actividad educadora sistemática por parte de un grupo dirigente ya consciente, sino que se han formado a través de la experiencia cotidiana iluminada por el “sentido común”, es decir, por la concepción tradicional popular del mundo, eso que bastante pedestremente se denomina “instinto” y que no es más que una adquisición histórica primaria y elemental). No puede estar en oposición: entre ellas hay una diferencia “cuantitativa”, de grado, no de calidad; debe ser posible una reducción, por así decirlo, recíproca, un tránsito de unos a otra y viceversa… Descuidar y, aun peor, desdeñar los movimientos llamados ‘espontáneos’, esto es, renunciar a dotarles de una dirección consciente, a elevarles a un plano superior insertándolos en la política, puede tener con frecuencia consecuencias muy serias y graves.

Esa impresión nos advierte del sentido último de la relación entre vanguardia revolucionaria y masas populares según el marxismo-leninismo. El papel de la primera es renunciar a cualquier sueño de control o manipulación sobre las segundas, puesto que la clase obrera presente y en acción –las masas– es, como señala Gramsci, instintivamente consciente de sus intereses, aunque no lo formalice bajo sistemas de pensamiento o planes de acción estructurados. La tarea de la agitación revolucionaria es precisamente interpretar las ideas y sentimientos en bruto de las masas y dotarlos de consistencia teórica y una mayor claridad en cuanto a técnicas y metas de lucha, es decir una metodología y un programa. Es esa labor de síntesis la que la tradición leninista acuerda para los comunistas.



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