diumenge, 10 d’agost de 2014

Una sociedad indestructible. Más sobre la cibersociabilidad y otras sociedades metafísicas para el doctorando Carlos Figueroa

Cibercafé en Mosul (Irak). La foto procede prisonphotography.org/
La ventaja del dominio chat es que realiza una auténtica metafísica no sólo –como te decía– del espacio social, sino de las propias relaciones sociales en sí mismas. Bien podría afirmarse que la conversación en chat es en cierto modo sobrehumana, puesto que se produce no entre masas corpóreas, sino entre entidades místicas, almas translúcidas, no muy distintas de la que convoca el médium en una sesión espiritista. Cada interlocutor se hace presente en el encuentro a través de una invocación, a la que concurre no un ser carnal, sino un nombre, a lo sumo una imagen. De ahí todo el intríngulis de la película: que los seres que escriben los emails en "Tienes un email" -Tom Hanks y Meg Ryan- no son los mismos que se encuentran físicamente. Los que escriben mantienen una relación perfecta, hecha de comunicación pura; en cambio los seres reales que escriben esos correos están enfrentados por intereses y temperamentos incompatibles. Aprovecho para recordarte que esa película es un remake de una obra genial de Ernest Lubitsh. "The shop around de corner", del 1939, con James Steward y Margared Sullavan, en que los protagonistas lo que hacen es intercambiarse cartas, con lo que cabe insistir en lo que te dije el otro día sobre la relativa novedad de estas formas de comunicación sin cuerpo.

Por eso te decía que la comunicación electrónica genera es un territorio de convivialidad no corrosible y sin fronteras, una especie de zona franca de la comunicación. El «hilo de la conversación» es entonces infinito, interminable, y permite la ilusión de una organización social libre de entropía, incorruptible, inmortal. ¿Te imaginas? La conversación electrónica hace intuible la posibilidad imaginaria de una sociedad conversacional cósmica, sin limitación local o temporal, puesto que sería de dimensiones eternas y universales: abarcaría todo el planeta, a todos sus habitantes y durante todo el tiempo, puesto que los conversantes no tendríamos otra ocupación que la de conversar y no defenderiamos otros intereses que los posicionales inherentes a cada charla.

Toda una humanidad sin estructurar abandonada a un pacto basado en una intensa y a la vez vacía conversación acerca de nada en particular, charla por la charla que aseguraría una suerte de apoteosis de la globalización de una sociabilidad puramente autorreferencial y sin objeto. Esa sociedad universal de tertulianos desocupados estaría a salvo de cualquier cosa que pudiera parecerse al desgaste, puesto que los interactuantes no se verían, no se tocarían, no se olerían, no se escucharían.  Sería —es— una vida social sin erosiones.




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