divendres, 1 d’agost de 2014

Lugares de cultura, especulación inmobiliaria y redención urbana en Barcelona. Algunas referencias para Alesya Sidorenko

Plaça dels Àngels, frente al MACBA. La foto es de Pablo Arrann
Continuando con lo que te explicaba en el anterior correo, contamos con una gran cantidad de ejemplos de cómo operan y obtienen resultados en forma de plusvalías este tipo de intervenciones urbanísticas asociadas a la ubicación de grandes centros de arte y de cultura y la generación de barrios de ambiente intelectual, bohemio y hasta "alternativo", pero ha sido David Harvey, en aquel texto que te mandé en el anterior correo, quien verás que se ha fijado en hasta qué punto Barcelona ha asumido el papel de modelo o referente de cómo lo que, matizando la noción acuñada por Bourdieu, llama "capital simbólico colectivo" desempeña un papel estratégico en los procesos de extracción de excedentes de los que depende hoy la circulación de flujos financieros.

En efecto, es como consecuencia de esa doble determinación –la inserción en las dinámicas de globalización neoliberal y sus inversiones en materia territorial y, al mismo tiempo, la revitalización de los ideales de ciudad ordenada y ordenadora– que Barcelona puede ser exhibida en todo el mundo como ejemplo de "planificacion cutural", con esa doble función de exaltación de los poderes políticos y de acompañamiento regenerador –tanto en el sentido morfológico como “moral”– de grandes dinámicas de reciclaje de porciones urbanas hasta el momento deterioradas, en decadencia o problemáticas. Por ejemplo, obras tan ambiciosas –y mostradas como emblemáticas en las guías y en los prospectos y libros de promoción municipal– como el Auditori, el Disseny Hub Barcelona, el Arxiu de la Corona d’Aragó y el Teatre Nacional existen como consecuencia de los planes de remodelación de la zona de Glòries y recalifican de manera absoluta lo que fueron terrenos ferroviarios.

Algo parecido se podría decir, en Barcelona, de la relación entre el conglomerado artístico-cultural de Can Ricart y la reconversión de edificios fabriles en talleres de artistas y diseñadores, por un lado, y la apertura del distrito 22@, consagrado a las nuevas industrias tecnológicas, y la transformación del antiguo barrio industrial del Poblenou, por el otro. El "factor cultural" en la transformación del Poblenou barcelonés ha merecido análisis interesantes. Por ejemplo, el de dos investigadores vinculados al OACU: Isaac Marrero, ("¿Del manchester catalán al soho barcelonés? la renovación del barrio del Poblenou en barcelona y la cuestión de la vivienda", Scripta Nova, VII/146(137), 1 de agosto de 2003; está en internet, y María Zarlenga y Juliana Marcus, "La cultura como estrategia de transformación urbana", en Mario Margulis et al., Intervenir en la cultura. Más allá de las políticas culturales, Biblos, Buenos Aires, 2014, pp. 33-5. Si te interesa el caso, dado que se trata al fin y al cabo de tu barrio, busca Sergi Varela, "El Poblenou barcelonés como barrio artístico", en Blanca Fernández y Juan Pedro Lorente, eds., Arte en el espacio público. Barrios artísticos y revitalización urbana, Prensas Universitarias de Zaragoza, Zaragoza, 2009, pp. 163-178.

En algunos casos, de lo que se trata es de actuar sobre zonas enteras para "ponerlos a la altura"— a atractores turístico-culturales preexistentes, como es el caso que acabamos de ver con el barrio de la Ribera en relación con el entorno de Santa Maria del Mar y del Museo Picasso. Toda la problemática en relación con El Forat de la Vergonya tiene que ver con ello. Imagino que ya estarás informada.​ Además de este conglomerado de instituciones culturales en esta zona del Raval, también cabe destacar, en el mismo barrio, el rol asignado a las nuevas instalaciones de la Filmoteca Nacional en el acoso y expulsión de prostitutas en el entorno de la calle de En Robador, en lo que había sido el Barrio Chino de Barcelona. Al respecto me remito a otro OACU, Miquel Fernández, "Revalorización urbanística, prostitución callejera y corrupción administrativa", Niterói, II/35 (segundo semestre 2013): 197–223. Te lo adjunto.

Pero si algún ejemplo de todo lo expuesto despunta es, sin duda, el que resulta del Plan de Reforma Interior de Ciutat Vella, que implica el establecimiento a mediados de los años 90 de un gran clúster “cultural” en el vastísimo solar abierto en el noreste del Raval, un conjunto de grandes instalaciones culturales, entre las que destaca, además de diversas facultades universitarias, entre ellas la nuestra y ahora la tuya, la reutilización de la antigua Casa de la Caritat para el –CCCB y el Centre d’Estudis i Recursos Culturals –CERC–, pero sobre todo la construcción del MACBA, un edificio neoracionalista debido al arquitecto norteamericano Richard Meier, un ejemplo inmejorable de la política de asignar obras de gran singularidad a arquitectos-estrella, contribuyendo a dar imagen de distinción a ciudades que encuentran en su propia representación de excepcionalidad una fuente de recursos al servicio de sus propios sectores hegemónicos y, sobre todo, de los de un capital financiero internacional cada vez más interesado en invertir en territorio. Objetivo: generar zonas atractivas a partir de un determinado look vivificante, expresivo, abierto..., y que constituirán los “barrios residenciales bohemios” en los que Richard Florida reconoce una de las claves del éxito de sus “ciudades creativas”.

La imponente presencia del MACBA, al margen y de espaldas al entorno, se subraya, como sabes, con una gran plaza –la Plaça dels Àngels– que, frente a su entrada principal, garantiza al mismo tiempo una zona de seguridad y la debida contemplación de su arrogante grandiosidad, constituyendo un conjunto que contrasta con las duras condiciones sociales de un barrio al que de algún modo se suponía que debía rescatar –cabría decir a redimir– de su postración. Mira a ver si encuentra Agustín Cóloca, “El MACBA y su función en la marca Barcelona”, Estudios Territoriales, Madrid, 2009 (primavera), vol. XLI, núm. 159, pp. 87-101.

El MACBA se erigía así en símbolo de las dinámicas de tematización cultural de barrios a promocionar, que se convierten, de la mano de este tipo de intervenciones “purificadoras”, en polos de atracción de un público constituido por turistas, snobs y usuarios “de calidad”. Como sabes, al lado o alrededor del MACBA se empiezan a abrir librerías, talleres de artistas o arquitectos, bares y restaurantes “de diseño”, tiendas de moda... En su trabajo sobre las transformaciones que ha conocido el Raval, Subirats y Rius en Del Xino al Raval (CCCB, te lo adjunto aciertan al etiquetar ese tipo de establecimientos como “modernillos”, cuyo público estaría constituido sobre todo por jóvenes de clase media y “cosmopolitas”, con una capacidad adquisitiva muy por encima de la de la mayoría de habitantes del barrio. Lo que sigue es igual en todos sitios: como consecuencia de todo ello y de manera inevitable, el precio del suelo sube rápidamente y se prevé que ello acabe acarreando el paulatino exilio de los vecinos de rentas bajas, sobre todo personas mayores, al tiempo que se frena el asentamiento de inmigrantes. Esa vinculación simbólica y al tiempo material del MACBA con las políticas de reforma-redención de barrios que habían sido populares es lo que le ha valido una creciente antipatía por parte de los movimientos sociales contrarios a la especulación inmobiliaria, que lo han convertido en emblema de la perversidad de las instituciones-empresa y sus políticas de promoción “cultural” de sus actuaciones inmobiliarias.

En el próximo correo te hablaré de la relación del MACBA con el asunto que te interesaba al principio, que es el de constituirse en un ejemplo de “museología alternativa”, basada en lo que se presenta como molecularismo.

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