dilluns, 11 d’agost de 2014

Algunos ejemplos de notas etnográficas en contextos urbanos. Consideraciones sobre la observación flotante para Pedro Maldonado, doctorando

La foto es de Jen Xi
Hablábamos de lo urbano como naturalmente fragmentario y de ahí a las dificultades que implica intentar su etnografía. Es verdad que frente a la dispersión de las actividades en el medio urbano, la observación participante permanente es raramente posible. Ahora bien, se han procurado algunos ensayos de esa etnografía de lo urbano. El tipo de actitud que el etnógrafo urbano debe mantener en relación a un objeto por definición inesperado ha sido denominado por Colette Pétonnet, adoptando un concepto tomado del psicoanálisis, del que te hablé el ultimo día que nos vimos «observación flotante», y consiste en mantenerse vacante y disponible, sin fijar la atención en un objeto preciso sino dejándola «flotar» para que las informaciones penetren sin filtro, sin aprioris, hasta que hagan su aparición puntos de referencia, convergencias, disyunciones significativas, elocuencias..., de las que el análisis antropológico pueda proceder luego a descubrir leyes subyacentes. El artículo es  «L´Observation flottante», L´Homme, París, XXII/4 (1982).

En el ejemplo que la propia Pétonnet presenta, la observación de campo se refleja en anotaciones de hechos aislados unos de otros, que suceden a lo largo de varios días y que tienen como protagonistas los visitantes asiduos o eventuales del cementerio parisino de Pére-Lachaise. Por brindar una muestra de cómo se concreta este método, veamos la anotación correspondiente a una de las jornadas de la observación de campo:

3 de marzo. – El tiempo frío y cubierto abrevia una nueva exploración en solitario. El viejo, bien cargado de ropa, está sentado en un banco en su lugar habitual. Tiene ochenta y siete años y viene haga el tiempo que haga. Incansable, cuenta el cementerio, «sus 44 hectáreas, sus doce mil árboles y sus doscientos gatos, los 25 000 compartimentos del colombario (el crematorio no se puede visitar, pero si les das una moneda a los enterradores). Cuesta más caro hacerse enterrar al borde del paseo que detrás». Puede uno evidentemente preguntarse sobre la relación que mantiene con su propia muerte. Pero ese no es nuestro propósito. ¿Es parisino? «¡Y cómo !». Nació en la calle Clignancourt. La mujer de la capa llega de arriba. Maldice a los guardas y cuenta los rumores que circulan a propósito de los espíritus. Empieza a llover pero se sienta en el banco y ambos se quedan charlando bajo sus paraguas que se tocan.
            Él es el verdadero vigilante, siempre allí, sabiéndolo todo, y vigilando el lugar sagrado.

Fórmulas parecidas, pero todavía más radicalizadas, han sido empleadas para describir lo que sucede en los espacios intersticiales de la ciudad, zonas-umbral marcadas por la fluidez ininterrumpida y la ambivalencia de lo que en ellas acontece. El resultado no puede dejar de ser un retrato de lo hipersegmentado, de lo fracturado, también de lo que brilla y atrae la atención ya sea del mirón desocupado, ya sea del etnógrafo trabajando en contextos urbanos. Así se describe lo que el antropólogo ve en una plaza de Sao Paulo. Esto lo tomo de un artículo de Antonio Arantes, a quien, por cierto, me cupo el honor de conocer hace no mucho en un congreso en Quito:
           
Una treintena de hombres de varias edades comparten el lecho improvisado en el suelo de una bomba de gasolina de luces apagadas, en una calle obscura cualquiera, próxima al centro. El hombre alimenta a su perro amarrado a un árbol en una esquina de la plaza. Dos hombres enrollados de pies a cabeza en viejas cobijas duermen y se calientan al sol del medio día en la misma acera. Un hombre llora. Otros hablan con él. La mujer peina los cabellos del niño bajo la marquesina de un local al amanecer del día, mientras tanto otros niños duermen abrigados en cajas de cartón. Basuras y ruinas delimitan domicilios donde la intimidad de los gestos y las acciones levantan paredes más presentes, y que al ser atravesadas por la mirada del investigador, lo hacen sentirse intruso, indiscreto, y percibir la fuerza de los límites simbólicos de esos capullos en el espacio. La niña empuja a la fotógrafa-investigadora haciéndose notar, defendiendo su privacidad o tal vez ambas cosas.


Aquí tienes por tanto dos ejemplos de lo que tantas veces hemos hablado: una etnografía de lo urbano. 


Canals de vídeo

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