dimarts, 22 de juliol de 2014

Frederica Montseny, els anarquistes i la visió de la dona a la Barcelona revolucionària. El testimoni de Hans-Erich Kaminski. Missatge per l'amic i col.lega en Joan Manuel Cabezas

Fotografia de Gerda Taro. Miliciana en Barcelona, 1936
D'entrada una abraçada. Ja veig que t'interessa e​l que podrien dir, tot i que és una colossal ucronia, la misoginia d'esquerres. Pensa, per exemple, en el q ue opinaven els anarcosindicalistes sobre la dona. Fa anys vaig comprar-me ​un llibre de Hanns-Erich Kaminski, ​Los de Barcelona, que va publicar originalment el 1937 i que tinc d'una edició d'Edicions del Cotal del 1976. En ell narra les seves impressions ​ ​de quan portat per les seves simpaties llibertàries va venir a Barcelona per a assistir a revolució que s'havia produit el juliol del 36. Mira el que diu del que va veure i del que li digué la Frederica Montseny.

Pronto se observa que, aunque en teoría las españolas gozan de todas las libertades posibles, en la práctica no se apro­vechan de ello lo más mínimo. Ciertamente la antigua España ha desaparecido. En las Ramblas se ven parejas, aparentemen­te ilegítimas, cogidas del brazo y sin carabina. A veces, más raramente, en los cines se descubren cabezas que se sepa­ran precipitadamente cuando se ilumina la sala. Sin embargo son todavía excepciones. Una mujer formal jamás entra sola en un bar. Incluso evitan en lo posible ir sin compañía por la ca­lle, pues son abordadas y asaltadas conti­nuamente con piropos de toda índole. Un chico y una chica no pueden verse si no es con el propósito de prometerse, y solamente después de largas negociaciones en las que toman parte las dos fami­lias. Sólo en algunos ambientes se deja a los jóvenes sin vigilancia.

De todos modos la camarada Frederica Montseny tiene otra opinión: ‑¿El problema de la mujer en Cataluña? ‑contes­ta‑ ¡Si no existe! En nuestro país las mujeres ocupan pues­tos en el gobierno, en todas las administraciones, en todas las pro­fesiones, incluso en la milicia. Pueden llevar la vida que deseen; sólo depende de ellas.

Me pregunto si Federica es una persona competenete en estas cuestiones.

‑¿Se interesa por los problemas de la mujer? ‑le pre­gunto‑ ¡Ciertamente! Pero no acabo de entender donde pretende llegar. Me temo que parte de un punto de vista equivocado (...) Después de la guerra las mujeres han conquistado la igualdad en todo el mundo, sobre todo en la referente a las relaciones sexuales, en Cataluña igual que en los demás paí­ses.

‑¿Y el piropo? ‑la interrumpo. He observado que incluso en la sede del comité regional, los milicianos anarquistas apostrofan a todas las mujeres.

Federica estalla de risa; se divierte como una loca.

‑Me parece muy bien ‑me contesta‑ Como se nota que us­ted es un hombre. Parece creer que bajo el signo de la i­gual­dad las mujeres no aprecían los cumplidos. Le aseguro todo lo contrario y estoy convencida que en todos lados pasa lo mismo que en Cataluña.

Y cuando intento explicarle que hay países en los cuales la mayoría de las mujeres considerarían el piropo como una ofensa, sonríe incrédula.

Entonces le cuento que he visitado talleres colectiviza­dos en los cuales los hombres y las mujeres no comían en los mismos refectorios y que algunos miembros del comité anar­quista me habían explicado que ¡aquella separación era nece­saria a causa del sol de España!

La famosa revolucionaria no se sorprende mucho, y les da la razón a aquellos anarquistas puritanos.

‑Se trata de una cuestión que atañe más a los hombres que a las mujeres ‑dice. Los españoles tienen una cualidad que nosotros llamamos donjuanismo: pretenden conquistar y dominar, y las mujeres no siempre comprenden, sólo les empuja el deseo sensual.

Este anarquismo se me antoja un poco arcaico y la inte­rrogo sobre el matrimonio.

Federica Montseny, quede bien claro, está en contra del matrimonio y a favor de la libre unión. Lo que pasa es que lo que ella entiende por libre unión, no difiere mucho de la institución que los burgueses llaman matrimonio. Según ella, si dos personas quieren unir sus vidas no deben hacerlo sin ningún ceremonial. El acontecimiento debe ser registrado y comunicado a todos aquellos que puedan interesarse por ello. ¿Amonestaciones matrimoniales e inscripción en el registro civil? No, pero, de hecho acaba siendo lo mismo...

Los revolucionarios no son reformadores, o a menudo son malos reformadores. Además no debemos olvidar que Cataluña, a pesar de todo, forma parte de España.

‑¿Y la prostitución? ‑le pregunto.

‑No pensamos abolirla de inmediato. En algunas ciudades pequeñas se han cerrado las casas de tolerancia, pero hacerlo en Barcelona es prácticamente imposible. Hemos hecho una bue­na limpieza en todos los barrios de vicio y algunos proxene­tas y traficantes de drogas han sido ejecutados.

Lo dice sin levantar la voz, sin interrumpir el curso de sus palabras. Quizás Federica no esté muy informada sobre algunas cuestiones teóricas, pero en lo referente a los he­chos es realista y, por decirlo de algún modo, viril (...)

¿Casas para la readaptación de prostitutas, enseñanza de un oficio honrado, prostitución sin explotadores, burdeles sin abusos y sin trata de blancas? ¡Querida Federica Mont­seny, eres, sin duda alguna, una gran revolucionaria; siento un profundo respeto por tu valor, por tu voluntad ética, y por tu razón desprovista de prejuicios, pero no te ofendas si, a pesar de tu talento oratorio y tu revolver, sigo que te encuentro ingenua y un poquito burguesa!

Mientras hablamos ha llegado el padre de Federica. Son­ríe, orgulloso, cuando le felicito por la hija que tiene, y despidiéndome, pienso en aquellas descripciones que definen a los anarquistas como propagandistas de la inmoralidad y como destructores de todos los valores humanos.




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