dilluns, 14 de juliol de 2014

Algunos referentes bibliográficos sobre el movimiento vecinal durante el tardofranquismo y el postfranquismo inmediato

Protesta contra las expropiaciones en el Polígon Canyelles en noviembre de 1976
Como le dije en nuestra charla en el despacho, si quiere formular una cierta biografía de los movimientos vecinales en Barcelona es indispensable que demuestre que se ha documentado lo suficiente para justificar una perspectiva diacrónica comparativa como la que pretende, poniendo de manifiesto en qué son nuevas las nuevas lucha barriales. Por tanto es del todo innegociable que se ponga al corriente, consulte y cite la bibliografía correspondiente.

En primer lugar, debe establecer con claridad que su itinerario histórico se origina en el tardofranquismo, lo que no implica que deba referir la existencia de una gran tradición de luchas populares en los barrios antes de la guerra civil y el largo silencio que se impuso violentamente después. Hay sería suficiente con que le echara un vistazo a algunos trabajos de José Luis Oyón, como La quiebra de la diudad popular (Serbal, 2004). También la compilación Vida obrera en la Barcelona de entreguerras (CCCB, 1998). Pere López Sánchez es no menos indispensable. Debe tener cerca y mencionar como merece su libro reciente Rastros de rostros en una prado rojo (y negro), Virus, 2014. Pere le es igualmente indispensable por su El centro urbano como lugar para el conflicto Publicacions de la UB, 1986), no solo porque se refiere a las transformaciones en Ciutat Vella, en concreto en el barrio de la Ribera, sino porque le pone de manifiesto como los procesos de gentrificación en la zona se inician ya en los años 80, es decir en la época en la que según algunos Barcelona todavía era una ciudad entregada a los ideales democráticos y sociales que habían orientado —dicen­— la transición postfascista.

Y una cosa más. Es verdad que luego de la ocupación de Barcelona en 1939 por las tropas de Franco se produce un auténtico vacio en la lucha social, como consecuencia de la represión desencadenada contra la izquierda. Ahora bien, no descuide una más que notable excepción en lo que hace a conflictos de naturaleza específicamente urbana. Me refiero a la huelga de tranvías de 1951- Consulte el libro de Félix Fanés, La vaga de tramvies de 1951 (Laia, 1954). Sé que no puede profundizar en el asunto, pero créame que merece la pena para conocer el papel que en aquel episodio jugaron los sectores radicales de Falange Española.

Lo que vale la pena que note, a la hora de este recorrido bibligráfico y hemográfico que le propongo, es que vea como desazona y entristece regresar a los argumentos que se desplegaron en su momento contra el proyecto franquista de ciudad y reconocer hasta qué punto muchos de ellos podrían ser aplicables al momento actual. Le citaba como ejemplos los números monográficos que la revista del Colegio de Arquitectos Técnicos –CAU– dedica a Barcelona. Uno de ellos es el que apareció bajo el epígrafe Gran Barcelona, coordinado por Jordi Borja y al que contribuyeron firmas como la de Marsal Tarragó, Pau Verrié, Joaquim Lleixa o Manuel de Solà Morales, algunos de ellos teóricos y ejecutores de la Barcelona que vendria. Es el CAU, 10 (noviembre-diciembre 1970). Ese número aparecería luego como libro: Jordi Borja ed., Gran Barcelona, Alberto Corazón, 1972.

En aquel número se denunciaba —y eso le interesa— como “el Plan de la Ribera puede permitir las ventas de terrenos para uso privado –en lugar de expropiación pública– para utilizarlos como  fachadas al mar y convertirlo en una tradicioal operación especulativa de construcción de viviendas de standing medio con un índice de edificabilidad alta”. En esa misma dirección, vea el monográfico Barcelona que dirige en 1974 Manuel de Solà-Morales, que lleva el elocuente subtítulo de Remodelación urbana o desarrollo capitalista en el Plan de la Ribera (Gustavo Gili, 1974). En su introducción se advierte cómo aquel momento se caracterizaba por la creciente concentración financiera de los operadores interesados en la remodelación urbana cuya actuación se lleva a cabo “mezclando el capital privado con grandes inversiones públicas”. Ese material lo consulté en su día en la biblioteca de la Escola d'Aquitectura de la UPC, en la Diagonal.

El otro especial de CAU lleva por título La Barcelona de Porcioles, y en él se denunciaban las maquinaciones de promotores, gestores y ejecutores de lo que entonces ya se presentaba como la “reconstrucción” de la ciudad y en que se aludía a actuaciones recalificadoras –cinturones de ronda, túneles del Tibidabo, Plan de la Ribera...– que los ayuntamientos nacidos de las urnas llevarían a la práctica. Es el 21 (septiembre-octubre 1973), con artículos de Alibes, Manuel Campo Vidal, Josep Maria Huertas-Claveria, Eugeni Giral, Salvador Tarragó, Josep M. Alibes y Rafael Pradas. Esos materiales aparecerían luego en forma de libro: La Barcelona de Porcioles, Laia, Barcelona, 1974. Lo tengo; se lo puedo pasar. Treinta años después, la revista L’Avenç reunía en una mesa redonda a los coautores del libro para hacer balance de lo transcurrido desde entonces: “La Barcelona de Porcioles”, L’Avenç, 295 (octubre 2004), pp. 28-38.

La importancia de estos números especiales de CAU y la importancia de la revista como órgano de expresión crítica contra el porciolismo aparece resaltada en un libro de uno de sus colaboradores habituales de aquellos momentos: Manuel Vázquez Montalbán, en Barcelones, Empúries, 1987, pp. 211-212.

Otro libro indispensable es el de Francisco Martí y Eduardo Moreno, Barcelona, ¿a dónde vas? (Dirosa, 1974). Luego, hubo una especie de revisión de aquella obra que fue el Barcelona, cap on vas? (Empúries, 1991), que se prepara en el contexto de la preparación de las Olimpiadas y que es un diálogo entre Manuel Vázquez Montalbán y Eduard Moreno.

¿Sabe? Un día, paseando, me encontré con que alguien había dejado al lado del contenedor de basura, un montón de ejemplares de la revista Serra d’Or de los años 60 y primeros 70. Me los llevé todos y mereció la pena, porque fue desde las páginas de esa revista que cada mes Oriol Bohigas o Josep Maria Martorell señalaban la catástrofe urbanística que se estaba perpetrando en Barcelona y su perifería. Esa colección la tengo en el despacho a su disposición.

Hay un personaje del que no puede prescindir, si quiere acreditar el debido conocimiento de la época que aborda. Me refiero naturalmente a Josep Maria Huertas Clavería. Su persona y su trabajo son absolutamente claves para entender lo que fueron las luchas de la época y la importancia de los barrios en la conformación de la resistencia antifranquista en la última etapa de la dictadura. Le conocí en la cárcel, donde coincidimos en un momento terrible, en que se produjo la última oleada de fusilamientos del franquismo. A nosotros nos fusilaron a un compañero, Txiqui, que se lo llevaron una mañana a Collserola para ponerlo ante un piquete de ejecución. Me acuerdo que Huertas era responsable de la biblioteca. No estábamos en la misma galería, pero me lo encontraba cuando iba a retirar o devolver libros. Gran tipo. Toda la obra de este hombre es importante para usted, pero le recomiendo la colección de siete volúmenes que organiza con Jaume Fabre, Tots els barris de Barcelona. Edicions 62, 1976-1980. También de ellos dos,  Barcelona 1888-1998. La construcció d’una ciutat, Plaza y Janés, 1989.

Por supuesto que le corresponde seguir lo que escribe en y sobre ese momento Jordi Borja. Además del que usted menciona, permita que le recomiende Estado y ciudad (PPU, 1988), que recoge textos programáticos suyos escritos en la década de los 80, cuando era ya teniente de alcalde en Barcelona. El libro cuenta con unas letras de presentación de Pasqual Maragall. Lo tengo; si no lo encuentra, me lo pide.

En la conversación que tuvimos le mencioné la importancia que tuvo Bandera Roja en la constitución de las Comisiones de Barrio. De hecho, lo que mi memoria conserva de ellas era que BR las impulsó y era quien las animaba. Estuve muy presente en un episodio que creo que debe conocer, que es el de la campaña de Fernando Rodríguez Ocaña para las elecciones al tercio familiar en el Distrito IX —Nou Barris, Sant Andreu, etc.—, en 1974. Guardo un recuerdo hermoso de aquellos días. Toda la militancia de Bandera Roja nos volcamos en la campaña, que hicimos puerta por puerta. A mi célula le tocó la Vía Trajana, un barrio de los años 50. Me acuerdo que para ir y venir tenía que cruzar el Pont del Treball, cuando todavía existía un barrio de barracas mítico: La Perona. Fue toda una fiesta cuando nos llegó la noticia de que habíamos ganado, por mucho que luego el regimen se encargara de poner de manifiesto hasta qué punto era impostada su concesión al sufragio universal, a su vez relativo, porque solo podían votar los "cabezas de familia" y las mujeres... casadas. Tengo un libro precioso que firmó el mismo y que tituló Candidato de los trabajadores (Avance, 1975). Lo conservo como oro en paño, pero se lo presto encantado si me promete que no me lo manchara de aceite o cosas por el estilo. Es broma. Lo más interesante es que el PSUC criticó mucho aquella concesión al sistema pseudoelectoral franquista, auque Rodríguez Ocaña también se pasó al partido comunista al año siguiente. Esto se lo digo para que entienda el protagonismo de Bandera Roja en el movimiento vecinal, al menos de la mano de las Comisiones de Barrio. Finalmente -lo que son las cosas- acabó uniéndose a la escisión prosoviética del PSUC, el PCC, el partido en el que, como sabe, milito. Fernández Ocaña murió en 2000.

Le recuerdo que Jordi Borja y yo coincidimos en Bandera Roja en aquella época. Él trabajaba ya en el ayuntamiento como miembro del gabinete de ordenación urbana municipal, desde 1968, llamado por Albert Serratosa, en un equipo en que estaban Ernest Lluch, Manuel de Solà Morales, Jolpí, Ros Umbarella. Lo destituyó el último alcalde franquista de Barcelona, Andreu Viola, pero seguirá a las órdenes de sus sucesores, Xavier Subias y Antoni Carceller, todos actuando bajo el órgano que debía aprobar de forma definitiva el PGM, cuya dirección fue asumida directamente por el gobernador civil Salvador Sánchez Terán. Yo por aquel entonces era un adolescente que militaba en el frente de bachilleres.Un resumen de esta época lo tiene en el libro de Juli Esteban, El projecte urbanístic. Valorar la perifèria i recuperar el centre (Aula Barcelona, 1999). Este libro, y otros interesantes para entender tanto el "modelo" Barcelona en esta misma colección, tendrían que estar disponibles en la red, pero me sale que la página no existe. Pásese por el Palau de la Virreina y mire lo que tienen. Seguro que hay cosas de valor.

Hablando de Borja y de Bandera Roja. La importancia del PSUC en el movimiento vecinal fue, ni que decir tiene, ya había sido fundamental. El pase masivo de la militancia de BR al PSUC implicó, en 1974, la coincidencia en el PSUC de luchadores de base y de un sector de la intelectualidad de clase media y alta que era la que concedía la importancia politica a BR. De BR venía Borja, pero también Jordi Solé-Tura, que era sin duda su principal teórico. Luego llegaría a ministro de cultura con el PSOE, pero en 1983 se presentó como candidato a alcalde por el partido comunista, es decir por el PSUC. La lista la encabezarían él, Jordi Borja y Josep Cunill, este último buen amigo, que procedía del anarquismo —había estado condenado a muerte por un intento de asesinato de Franco— y que acabaría como presidente del consejo de administración del Zoo de Barcelona. Tengo una cosa que es ideal para conocer como los comunistas concebían el proyecto todavía entonces democrático de Barcelona. Se trata de un opúsculo electoral para aquella campaña del 83, titulado Jordi Solé-Tura. L'home, el país, la ciutat. Lo escribe Ignasi Riera y cuenta con un prólogo de Manuel Vázquez Montalbán. Le interesará; ya verá.

Sobre la importancia de la FAVB en la "transición", permita que le recuerde que las primeras manifestaciones abiertas que se convocan en Barcelona contra el franquismo, y que se consideran hitos históricos fundamentales, puesto que implicaban la emergencia del movimiento clandestino, fueron convocadas por ella. Eso fue el 1 y el 8 de febrero de 1976. Hay un libro que habla de aquellos hechos: David Ballester y Manel Risques, Temps d'amnistia (Edicions 62, 2001)

Hace muy bien en remitirse a la tesis doctoral de Anna Alabart, que, por cierto, nos abandonó el año pasado. Lo que pasa es dice que está inédita. Creo que lo publicó la Universitat de Barcelona en 1982. Al menos así aparece en el catálogo de nuestra biblioteca. Compruébelo. Hay algunos investigadores e investigadoras que han trabajado ese asunto del papel de los movimientos barriales en las postrimerías del franquismo. Mire de encontrarlos. Pienso en Maria Rosa Bonet y Miquel Domingo, que tienen un trabajo titulado Barcelona i els moviments socials urbans (Fundació Jaume Bofill i Editorial Mediterrània, 1998). Le adjunto un artículo de esta pareja: "Urbanisme y participació", Revista catalana de sociologia, 7/98 pp. 73-89. Importante también la compilación que coordinan mi camarada Carme Molinero y Pere Ysàs, Construint la ciutat democràtica. El moviment veïnal durant el tardofranquisme i la transició. Barcelona: Icària, 2010. Bien que repase todo lo que ha publicado Iván Bordetas, además de su tesina. Le adjunto un texto suyo que tengo, sin referencia, que se titula "Conflicto social en tiempos de cambio político. el movimiento vecinal en (la) transición". En la línea de Iván le adjunto un artículo reciente de Ricard Martínez Muntada: “Movimiento vecinal, antifranquismo y anticapitalismo”, Historia, Trabajo y Sociedad, 2 (2011), p. 63-90. Es más general, pero remite de manera abundante al caso barcelonés. No puede descuidar tampoco el trabajo de nuestros compañeros y compañeras de Departamento y del ICA que llevaron a cabo aquel magnífico trabajo de investigación sobre barraquismo. Sabe que se publicó como Barraquisme, la ciutat imposible (IPEC, Departament de Cultura, 2011). Allí tiene una excelente crónica de lo que fueron los combates vecinales en el Carmel, Can Valero y La Perona. Hay contribuciones de Cristina Larrea, Xavi Camino y Mercè Tatjer, entre otros.

Y, por supuesto, debe rastrear los aporte de Marc Andreu Acebal, que, como le dije, hace no mucho leía su tesis doctoral, dirigida por Andreu Mayayo. No se puede acceder a ella en la red, pero creo que se podrá consultar el volumen depositado en la Facultat. La tesis se titula El moviment ciutadà i la transició a Barcelona: la FAVB (1972-1986). También ha de ser accesible su tesina, Les veus del carrer. Barcelona i els moviments socials a partir de la revista de la FAVB (1991-2007). Marc trabaja en Carrer, la revista de la FAVB, con lo que su conocimiento de la evolución de las asociaciones de vecinos en Barcelona es bien completa. Me hizo una entrevista para la revista hace años. Buen tipo. Sería ideal que lo conociera y hablara con él. Su perspectiva le debería interesar, puesto que, en efecto, representa el punto de vista de la FAVB. Marc publicó con Huertas Clavería un libro, no menos importante para usted,  titulado Barcelona en lluita (el moviment urbà 1965-1996) (FAVB, 1996). Le adjunto una cosa que presentó en el Congreso de Geocrítica de 2008, "Moviments socials i crítica al model Barcelona": Lo tiene aquí: http://www.ub.edu/geocrit/sn/sn-270/sn-270-119.htm



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