diumenge, 20 d’abril de 2014

Acerca de la presencia de lo negro en la cultura popular argentina, a partir del homenaje de Gardel a la Pompa Yira, avatar femenino de Exú. Comentario para una señora que llamaba desde Pontevedra.

Colaborar en un medio de comunicación tiene implicaciones positivas. Muchas. Entre ellas conseguir llegar a un público amplio para intentar una cierta divulgacións o, y sobre todo, expresar ideas y opiniones políticas que no suelen tener cabida en los medios mayoritarios. La contrapartida es que muchas veces te ves obligado a banalizar contenidos o tienes que opinar sobre asuntos sobre los que no te sientes competente o que no te interesan, lo que no deja de producirte una cierta sensación de impostura.

Pero, con todo, lo peor es tener que soportar a interlocutores menos documentados todavía que tú, incluso oyentes a los que se les concede la oportunidad de verter opiniones sin el menor soporte y con quienes tienes que dialogar de igual a igual, incluso en temas sobre los que te consideras con capacidad y legitimidad para pronunciarte.

El pasado jueves, en el espacio en el que intervengo uno o dos días a la semana en Onda Cero —"La Radio de Julia", con Julia Otero— me encontré con una de esas situaciones en las que no puedes dejar de sentirte un poco miserable viendo como alguien te descalifica, te desmiente y poco menos que te ridiculiza en un asunto del que estás completamente seguro, sin poder discutir una opinión del todo arbitraria que, en cambio, te deja en evidencia.

Aquella tarde el tema era la santería. Ofrecí mi punto de vista sobre un asunto en el que me siento competente y que me interesa muchisimo. Casi al final, para referirme a la expansión de los cultos afroamericanos en países en los que la presencia negra fue aparentemente menor. Me referí a Argentina, un país que en buena medida ha negado la influencia de una importante presencia negra, que se fue diluyendo poco a poco por diversas razones y de las que, a diferencia de Uruguay, puede dar la impresión de que no existió o que de ella no queda nada.

Uno de los rastros más importantes de esa presencia negra en Argentina es justamente el tango, que es una palabra de origen africano, tangó, que es el nombre de los espacios de fiesta y reunión. Hay más vocablos del mismo origen, como bochinche, quilombo, milonga, etc. Como uno de los ejemplos de esa presencia se me ocurrió citar a la Pompa Yiga, un avatar femenino de una de las divinidades afroamericanas extendidas por todo el continente, Exú, sobre todo Brásil, Uruguay y Argentina mismo. Yira o Gira aparece vinculada a la administración de las pasiones y los amoríos y suele ser representada atractiva, seductora y vestida lujosamente. Blande siempre un tridente, su ferramiento, y sus colores son el rojo y el negro. Las prostitutas suelen invocar su protección. Fue un comerciante de objetos de santería de la Avenidad Corrientes de Buenos Aires quien me explicó que es a ella a quien Enrique Santos Discépolo le dedicaba una canción que hiciera famosa Carlos Gardel: "Yira, Yira".  Ya sabes: "Verás que todo es mentira / Verás que nada es amor / Que al mundo nada le importa / Yira... yira..."

Pues bien, al final del programa llama una señora que decía ser argentina y vivir en Pontevedra y va y dice que ella y su marido se han quedado de piedra escuchándome decir semejante tontería, porque todo el mundo sabía que lo que Gardel decía era que la mujer a la que estaba dedicada la canción "giraba y giraba", es decir que iba de hombre en hombre. Lo que pasa es que lo decía en lunfardo, es decir en dialecto porteño. Para llorar. Es difícil no sentirse triste y miserable teniendo que soportar, sin poder defenderte, la autoridad incuestionable de una señora argentina que llamaba de Pontevedra. 

Pero, ya se sabe, los medios son así y el cliente..., perdón, quise decir el oyente, siempre tiene razón.


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