diumenge, 26 de gener de 2014

El turista y el etnógrafo. Nuevas consideraciones para Ôscar Martorell, estudiante del Màster de Antropologia y Etnografía de vacaciones

La foto procede de http://bermaxofotos.wordpress.com/
Déjame que continúe con lo que te escribía ayer. Te hablaba del escritor o del filósofo "de vacaciones" y lo que estas le dan de sí. El cine también ha sabido hacernos pensar sobre la falsa intrascendencia del viaje vacacional y sobre su importancia para hacer reflexionar sobre las relaciones de cada uno consigo mismo, con los otros y con el mundo del que proviene y del que momentáneamente se ha alejado, sea en clave dramática -como en "Suddenly, Last Summer", de Joseph L. Mankiewicz (1959 ) , según la pieza de Tennesse Williams- o de la aparente comedia -"Roman Holiday", de Wyliam Wyller (1953) o "Summer Madness", de David Lean (1955 ). De todas, la mención especial la merece esta obra maestra que es " Viaggio in Italia" , de Roberto Rossellini (1953 ), el tema de la que no es otro que el balance vertiginoso de sí misma al que se abandona su protagonista - Ingrid Bergman- a través de sus desplazamientos por Nápoles.

Pero entre todas las comparaciones posibles entre el viaje de vacaciones y otras modalidades de extrañamiento en apariencia menos banales, imposible eludir la que permite colocar al vacacional al lado del etnólogo. Por encima de la distancia que se extiende entre la práctica de una forma "superficial " de ocio y el rigor que se le presume a una disciplina académica, el turista y el etnógrafo se parecen. Hay algo en el espíritu de ambos que se nutre de una idéntica sustancia: aquel "yo partí " del que tú mismo hablabas y que podemos encontrar en la atracción hacia lo extraordinario, lo insólito, lo distante, etc., y que está en la base de este abanico de experimentos humanos que va desde el viaje filosófico del siglo XVIII hasta la actividad de los modernos tour operators , con una gran modalidad de lugares intermedios, uno de los cuales podrían ser estos viajes que hemos señalado que se anuncian incluso como "etnográficos", que las agencias más selectos incorporan entre sus ofertas exclusivas, y en las que lo que se promete es una aproximación a culturas reputadas como exóticas. Tanto de la estancia turística como la etnográfica, con toda la enorme distancia que parece extenderse entre ambas —situados en las puntas de lo "trivial" y lo "serio"—, se podría decir lo que de todo viaje apuntaba James Clifford: "El viaje abarca una variedad de prácticas más o menos voluntaristas de abandonar 'hogar' para ir 'a otro lugar' . El desplazamiento ocurre con un propósito de ganancia: material, espiritual, científico. Comporta obtener conocimiento y / o tener una experiencia '(excitante, edificante, agradable, de extrañamiento y de ampliación de conocimientos..." . más adelante : "El viaje denota prácticas más o menos voluntarias de abandono del terreno familiar, a la búsqueda de la diferencia , la sabiduría , el poder , la aventura o una perspectiva modificada". Esto es de Dilemas de la cultura (Gedisa). Vacaciones y etnología: dos formas de peregrinación en busca del sentido perdido. En uno y en el otro lo que se trata es, como insiste Geertz en un libro del que te hablado un montón de veces —El antropólogo como autor (Paidós) —, en demostrarse a sí y demostrar a los demás que "se ha estado allí", y que allí se ha practicado un tipo de inmediatez particular y acaso irrepetible.

Además de esto, y de la duración y la profundidad de la mirada que se dirige aquellos que no son culturalmente como uno, hay otro factor que insiste en el parentesco entre etnógrafo y vacacional. Mucho antes de que el desplazamiento de vacaciones generalizara la experiencia del "efecto túnel" - viaje de punto a punto, sin atención por los puestos intermedios o lejos de los centros de interés-  el antropólogo sobre el terreno, incluso sin querer y como el tipo de vacaciones, es fijarse en nudos, es decir en intersecciones extremadamente concretas que funcionan como sinécdoques, marcos privilegiados en los que reconocer la supuesta totalidad esencial de la sociedad visitada. De manera inevitable, la cultura anfitriona esfuerza precisamente a ofrecer lo que le es requerido, la dosis de exotismo que el extraño que llega búsqueda ver certificada. Pienso en vuestro guía, que te regala pendientes hechos con granos de café.

Ya sé que es francamente parodiable la figura del estudioso de una cultura diferente a la suya, que retiene lo que ha visto sólo ciertos rasgos que después reinterpretará en clave académica, pero sin posibilidad por parte de los observados de rebatir o matizar los análisis de que han sido objeto por parte del científico. La literatura y el cine han ofrecido un buen puñado de muestras de esta fragilidad del antropólogo enfrentado a lo exótico, convertido en una especie de turista supernumerario en que su erudición conduce constantemente a malinterpretar lo que contempla. Por poner un pares de ejemplos que igual conoces: La tesis de Nancy, la novela de Ramón J. Sender sobre las curiosas conclusiones a las que llega una socióloga norteamericana haciendo trabajo de campo en un pueblo de Andalucía, y, proveniente de la propia disciplina, la caricatura que de sí mismo y de su experiencia con los dobayo de Camerún hace Nigel Barley en El antropólogo inocente (Anagrama).

Todo viaje es comparable a aquel que a principios del siglo XX llevó a otro turista ilustre -Victor Segalen-en el extremo Oriente. Entre las cavilaciones a las que aquel desplazamiento al final de vacaciones le condujo , recogidas en Viaje al País de lo Real (Olañeta), una de ellas plantea por primera vez aquella elegida que tan central resultará después para el pensamiento de Claude Lévi- Strauss o Jacques Lacan: lo Real, lo Simbólico y lo Imaginario. Segalen se preguntaba a sí mismo: "¿Qué es el imaginario?". Su respuesta: "Lo que hay antes de la partida, lo que después se abandona al llegar en el momento de enfrentarse con el real- , pero que después se reencuentra y se imbrica con este mismo real" . Más adelante añade: "Peripecias: yo, partido en busca de lo Real, fui capturado de golpe y no siento otra cosa. Poco a poco, muy delicadamente, apuntar los muros de un imaginario anterior. Después de algún tiempo: juego alterno. Después triunfo del Imaginario por el recuerdo y la nostalgia de lo real."


En efecto, todo éxodo —también el que implican unas simples vacaciones, que nunca son simples— invita u obliga a una especulación que es a la vez social e intelectual, en el sentido de que funciona siempre a partir de un imaginario y de una memoria disponibles, la materia prima de los cuales son los elementos de los entornos por los que discurren. Las trayectorias producidas —cualesquiera que sean las motivaciones de la partida y las circunstancias de la llegada—  producen mapas, cartografías en las que figuran remarcados ciertos puntos considerados singulares y en las que se indican caminos , senderos y atajos que unen entre sí los lugares hasta generar una red hecha de resonancias emocionales, de elocuencias morales , de evocaciones ... , en una actividad balizadora que crea y deshace umbrales , que dialoga con aquellos mismos lugares que a través suyo dialogan entre ellos ; una gestualidad simultáneamente simbólica y práctica consistente , al mismo tiempo , en  reconocer los trazos de otros y a dejar los propios. He aquí que toda forma de nomadismo, por humilde o trivial que pueda parecer, supone la aplicación de un movimiento que convierte un lugar supuesto como sincrónico en una sucesión diacrónica de puntos recorridos. Una serie espacial de sitios es sustituida por una articulación temporal de lugares. Ahora, aquí, en un momento, allí, luego más lejos, allí.



Canals de vídeo

http://www.youtube.com/channel/UCwKJH7B5MeKWWG_6x_mBn_g?feature=watch