dissabte, 12 d’octubre de 2013

Algunas consideraciones sobre la "massmediología" aplicada a la cibersociedad, compartidas en la presentación del libro de César Rendueles "Sociofobia" (Capitán Swing), en el CCCB de Barcelona, el 11/10/13

Intervención en la presentación del libro de César Rendueles, Sociofobia. El cambio político en la era de la utopía digital (Capitán Swing), en una mesa compartida con Isaac Monclús, Antoni Domènech y el autor, en el CCCB de Barcelona, la tarde del 11 de octubre de 2013.

ALGUNAS CONSIDERACIONES SOBRE MASSMEDIOLOGÍA Y CIBERSOCIEDAD
Manuel Delgado

Ante todo, mi felicitación por una obra importante, que nos brinda una visión valientemente escéptica ante la presunta "revolución tecnológica" que han supuesto las llamadas nuevas tecnologías, pero no lo suficientemente negativa como para formar parte de ese nuevo apocaliptismo que, desde una perspectiva a las antípodas de los anunciadores de una mutación civilizatoria y cognitiva, contemplan y dan a contemplar internet como lo que Virilio había definido como "una bomba". Así pues, digámoslo, esta Sociofobia nos advierte de un pensamiento y de un pensador —César Rendueles— capaz de poner en su sitio, por así decirlo lo que él mismo presenta como ciberfetichismo, reprochándole a las nuevas formas de sociabilidad en red su fracaso a la hora de propiciar cambios estructurales en la sociedad o al menos dotarnos de instrumentos eficaces para ello, y haber acabado por convertirse en un poco sin fondo de pura superficialidad. A destacar, si se me permite el énfasis, la información reflexiva a propósito del devenir de las nuevas industrias culturales, acaso el ámbito en que más cambios ha propiciado esa nueva sociedad metafísica en que una parte de nuestra vista se está viendo cada vez más involucrada. 

Por descontado, un saludo de agradecimiento a la tarea que ha asumido la editorial Capitán Swing a la hora de demostrar que es posible publicar cosas inteligentes en este país, aunque sea un misterio como le resulta posible en unos tiempos como los que corren. En cualquier caso, todo mi ánimo para continuar haciéndolo.

Este elogio a la obra, su autor y sus editores es compatible con un aspecto concreto en el que me gustaría detenerme y que atiende a un momento de la obra en que se alude al universo cibernético en términos de un último avatar de lo que se hace décadas se da en llamar cultura de masas, referencia incluida a Ortega y Gasset y su clásico sobre el triunfo final de las multitudes acríticas, adocenadas y sin criterio que ha supuesto el advenimiento de la sociedad urbano-industrial.

Me he fijado en este aspecto porque me ha recordado la lectura reciente de El desprecio de las masas de Peter Sloterdijk (Pre-Textos), para quien las viejas masas locas, irascibles, caprichosas, crueles o serviles que habían irrumpido en la historia en el XIX se mantenían hoy en es aquel mismo estado de somnolencia que las caracterizara, sólo que ahora ya no son, como fueron a cada uno de sus despertares, fuerza de arrastre, descarga de fuerza. Los miembros de la masa continúan siéndolo, pero ahora —aunque Ortega ya lo notó entonces y César Rendueles nos actualiza ahora— por separado, sin tocarse, sin verse, atomizados, en estado gaseoso, pero continuando cada uno de ellos siendo parte de esa criatura ciega de la que ahora andan desgajados y, por tanto, sin aquel vigor temible que su presencia física exhibía en las calles. En eso consiste el "individualismo de masas", un individualismo que no hace propias las virtudes del individuo consciente de la imaginación romántico-racionalista, porque no es más que masa descompuesta o en proceso de descomposición, sin potencia política alguna, toda ella hecho de vulgaridad y sumisión. Creo que algo o bastante de esta conclusión aparece compartida en esta Sociofobia de César. 

Sin que ello suponga una crítica ni a Sloterdijk ni a nuestro amigo César, hay bastante en una perspectiva que es común a toda teoría sobre la sociedad o la cultura "de masas" y que suele escamotear la condición compleja y compuesta de esas "masas", pero también, más allá, algo del papel que se le atribuye como personaje colectivo de una mitología encargada de alimentar un esquema de percepción brutalmente simplificador y que funciona organizando la realidad en oposiciones binarias en la que las élites dominantes pueden mostrar al conjunto de los dominados como, en efecto, una masa, es decir como una multiplicidad contingente y desordenada, intercambiable e innumerable, débil y desarmada, sin otra existencia que la estadística. Una estrategia discursiva que emplearía la denuncia contra la nivelación, la homogeneización, la banalización..., es decir contra la "masificación", para disimular el objetivo de la burguesía de hacer pasar su propia crisis por crisis de la sociedad en su conjunto. 

Ese desenmascaramiento del fondo y la función ideologizante del concepto de "masas" tenía un precedente en un artículo de 1963 escrito por Pierre Bourdieu y de Jean Claude Passeron —"Sociología de la mitología y mitología de la sociología", incluido en su Mitosociología (Fontanella)—, en el que sometían a escrutinio a los "massamediólogos" y la nueva ciencia que entonces hacía aparición, la "massmediología", mostrando como no estaban haciendo sino generar y manipular fórmulas que permitían obliterar la complejidad de las relaciones sociales tal y como son, hacer como si las segmentaciones, las clases y todo lo que conforma el entramado del mundo social real quedara anulado por explicaciones fáciles para quien las necesitara y quisiera aceptarlas, un recurso perfecto que permite explicar lo que ocurre de un plumazo, imaginando una fantasmática reducción a la unidad de una mayoría de la sociedad, unidad en las que las relaciones de dominación y la división del trabajo no inciden y que estaría formada por individuos a los que se supone incapaces de pensar por sí mismos, y ello como resultado de una manipulación de la que se puede prescindir de nombrar a los manipuladores. Con otra ventaja añadida: que permitía hacer como que no se percibía que el pésimo gusto cultural de "las masas" —en este caso de las actuales masas reticulares que se concentran dispersas en internet— coincide de manera sorprendente con los de lo que otro registro clasificatorio rubricaría como pueblo, clases populares, clases subalternas, clase obrera, etc. 

Si se me permite la apostilla, siempre he pensado que toda construcción teórica acerca de la "manipulación" de las masas parece siempre intentar dar respuesta a lo que para ciertos intelectuales o con pretensiones de serlo es el angustioso enigma de por qué la "gente normal" no piensa como ellos

Corresponde hacer notar que esa percepción desconfiada a propósito de "las masas" como una noción grosera que escamotea un universo social altamente diferenciado en realidad ya había sido expuesta por la propia sociología norteamericana en cuyo seno había hecho aparición la "massmediología". Fue Daniel Bell quien, en un artículo publicado en 1959 —"Los Estados Unidos una sociedad de masas. Crítica", publicado luego en El fin de las ideologías (Tecnos), ya supo ver las ambigüedades e imprecisiones que invalidaban la "sociedad de masas" como noción operacional en ciencias sociales, abstracción útil para aludir a la desorganización, la decadencia, la anomia y el desorden que se presuponían propias de la sociedad urbano-industrial. 

Esta consideración amistosa al trabajo de César Rendueles sólo pretende recordar que estas masas de las que hablan los especialistas en cultura o comunicación "de masas" —y este libro que ahora presentamos también— son las destinatarias masificadas de lo que esa misma cultura de masas hace de ellas: un cajón de sastre, una explicación-atajo, una categoría inefable que sirve para designar la quimera de una unidad social que nadie ni ha visto y ni verá en realidad y de la que solo sabemos aquello de lo que, en términos exclusivamente numéricos —esto es masivos—, nos informen las estadísticas, los ranking de ventas o los medidores de audiencia, o, en nuestro caso, la acumulación de visitas, el cómputo de "me gusta" o el éxito de un hashtag. Con ese matiz, que llama a una comprensión más profunda y sistemática de la extraordinaria diversidad y complejidad del universo internáutico, no puedo insistir sino en animar a una lectura —la de esta Sociofobia de César Rendueles— de la que sólo puedo esperar que despertará en quien la haga el mismo interés que ha despertado en mí. 




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