divendres, 26 de juliol de 2013

El Procés Constituent como superación de la desideologización y el movimientismo. Intervención en la Trobada d'activistes cap a un procés constituent, Sant Adrià del Besòs, 20/7/2013

Presentación del Procés Constituent en Cornellà de Llobregat en mayo de 2013
Foto tomada de racocatala.com
EL PROCÉS CONSTITUENT COMO SUPERACIÓN DE LA DESIDEOLOGIZACIÓN Y EL MOVIMIENTISMO
Intervención en la Trobada d'activistes cap a un procés constituent, Sant Adrià del Besòs, 20 de julio de 2013

Manuel Delgado

Compañeros/as:

Ciertamente, esta dinámica que hemos visto nacer y crecer en torno al Procés Constituent no puede sino llenarnos de ánimo en orden a encarar una situación que es a la vez de intensificación de las agresiones contra el bienestar y hasta la supervivencia de las clases populares, de resquebrajamiento por putrefacción del régimen juancarlista y, a nivel global, de los estragos producidos por un capitalismo enloquecido. A esto hay que añadirle la perspectiva de una emancipación nacional de Catalunya que podría suponer la extraordinaria posibilidad de, por así decirlo, volver a empezar, esto es de aprovechar la oportunidad para una reorganización profunda de nuestra sociedad. En ese marco, el Procés Constituent se plantea como una plataforma ilusionante en orden a estructurar una amplia movilización popular de vocación transformadora, ojalá que germen potencial para la emergencia de un nuevo sujeto político que combine las luchas a pie de calle con la acción institucional. Por supuesto que podemos fracasar en esa perspectiva, pero es nuestra obligación hacer lo posible para que no sea así. Repito: las coordenadas en que nos encontramos suponen una ocasión excepcional que tardará en repetirse, si es que se repite, y nos corresponde a todos/as estar a su altura.

Quiero expresar mi adhesión a lo dicho hasta ahora aquí por los y las activistas que han intervenido, pero me gustaría compartir mi inquietud ante una afirmación que se ha hecho a propósito de la necesidad de "superar la vieja compartimentación derecha/izquierda", considerada caduca e incluso contraproducente en orden a dar a entender y compartir el proyecto en que estamos dispuestos a implicarnos en cada uno de nuestros frentes de combate. Me permito advertir de los riesgos graves que implica asumir semejante premisa y mucho más contribuir a difundirla y no digamos a convertirla en eje de nuestra acción política.

En una primera instancia, ese tipo de premisas se corresponde con una especie de moda intelectual que algunos autores han calificado como postpolítica, una de las expresiones del posmodernismo cultural, que insiste en el desfondamiento de lo político, la desarticulación de las divisiones ideológicas clásicas y la abdicación de avanzar hacia modelos de sociedad alternativos. Conocemos bien los estragos que puede causar ese tipo de corrientes antipolíticas y desideologizadas gracias al ejemplo reciente que nos prestan Cinque Stelle y Beppe Brillo en Italia, vías que se han mostrado enseguida como del todo estériles y que han acabado sirviendo de cortafuegos para las luchas sociales reales.

Pero la renuncia a una definición política lo más clara que sea posible puede tener consecuencias mucho peores. Digámoslo claramente: los movimientos sociales sin ideas, movidos sólo por estados de ánimo, han sido, y pueden volver a ser en cualquier momento, un caldo de cultivo para la extrema derecha, que puede acabar capitalizándolos precisamente por su habilidad a la hora de aliviar las inquietudes colectivas ofreciendo explicaciones y soluciones simples, rápidas y casi siempre irracionales.

Al respecto, permítaseme hacer una anotación. Creo que todos/as coincidiremos en que el Procés Constituent nace de la necesidad de salvar la fragmentación y la discontinuidad que caracteriza el auge de los movimientos sociales, el más espectacular y significativo de los cuales fue sin duda el del 15M. El movimiento indignado nos impresionó por su potencia, por su capacidad de atraer a muchísimas personas hastiadas y escandalizadas ante la degeneración de las instituciones, al tiempo que maltratadas por los desmanes de la mal llamada "crisis económica", que no es sino desbocamiento del capitalismo. Ahora bien, ese movimiento fue, en efecto, un movimiento indignado, es decir un movimiento que se conformaba a la manera de una especie de comunidad emocional, sin apenas discurso, sin alternativas claras, sin dirección, en el doble sentido de sin metas y sin liderazgos. Si reconocemos la importancia del Procés Constituent es precisamente porque supone un ensayo de concreción política y de formalización ideológica de ese tipo de fuerzas sociales que se han desatado en los últimos años, rebajando sus niveles de ambigüedad, aportándoles la vertebración doctrinal y el proyecto de sociedad de que carecían.

El Procés Constituent se configura así, en nuestro país, como al tiempo la confirmación y la superación hacia adelante de movimientos como el 15M y como terreno de coincidencia y cooperación articulada entre movimientos, algo así como un movimiento de movimientos cuya aportación fundamental es precisamente la de dejar atrás la fijación en el corto plazo, la vindicación sectorial, la renuncia a la organicidad y sobre todo el movimientismo. El movimientismo es algo así como un empirismo activista radical y consiste en generar o dejarse arrastrar por movilizaciones que responden a coyunturas muy concretas y que son un fin en sí mismas. El activismo movimientista está siempre presto a salir a la calle, pero no dedica apenas tiempo ni esfuerzo a estructurarse para durar y fijar posiciones, ni tampoco se entretiene demasiado en analizar a fondo esa realidad que tan poco le convence. Existe, por así decirlo, a golpe de movilización. Lucha, pero no piensa. He ahí otro mérito del Procés Constituent: afirmase como escenario de encuentro y de suma entre el desbordamiento de energía en buena medida espontánea que representan los movimientos sociales actuales y lo mejor de la experiencia de la izquierda histórica -tanto marxista como libertaria-, que, por encima de sus errores y deserciones, está en condiciones de recodarnos el papel fundamental que le corresponde al encuadramiento organizativo y a la lucha ideológica.

En cuanto al 15M –como paradigma y amplificación al máximo nivel del estilo postpolítico de movilización social– no se le puede negar su extraordinario valor en orden a concienciar a las masas no sólo de la situación que padecen, sino sobre todo de su volumen y de su fuerza. Esa adhesión decidida a las acampadas no puede traducirse en una mitificación que no las someta a escrutinio para detectar en ellas debilidades y riesgos. Nuestra participación entusiasta no tiene por qué ser acrítica y no reconocer que el 15M participa de la fragilidad de los movimientos de masas guiados por sentimientos y no por ideas, mucho más si en su seno hay quien proclama –como pudimos escuchar en las plazas–  no ser "ni de derechas, ni de izquierdas". Quien afirma que no es de izquierdas, ni de derechas –lo sabemos de sobras–, suele ser de derechas, cuando no de extrema derecha. La historia nos lo ha demostrado de la manera más atroz. En los años 30, en eso consistió el llamado "tercerismo", esa tercera vía –ni de izquierdas, ni de derechas– que reclamaron como signo de singularidad movimientos como el fascismo italiano, el nazismo alemán o el falangismo en España. Otro ejemplo ilustrativo sería el del peronismo argentino, que también conoció versiones ultrareaccionarias. Ese riesgo se volvió a confirmar aquí en el intento de infiltración de que fueron objeto las acampadas por parte de partidos como UPyD –una especie de ultraderecha light– o como Falange Española, o en los elogios que merecieron de personajes como Saéz de Ynestrillas.

Es ese peligro lo que hace fundamental remarcar el contenido político e ideológico del Procés Constituent. Y, atención, no se trata de conseguir que el Procés Constituent sea una alternativa de izquierda, sino de subrayar que, en efecto, ya lo es, al menos si tenemos en consideración sus diez puntos programáticos básicos (procesconstituent.cat).

¿Qué significa esa denominación de origen: izquierda? En primer lugar, significa que quien la reclama se reconoce como continuación y actualización de la larga lucha de los sectores subalternos por su emancipación en todos sitios y siempre. Pero no es sólo una cuestión de identidad y de vinculación con la delgada línea roja que concibe la historia como historia de las luchas sociales y de clase. Es también, y sobre todo, que el Procés Constituent asume un proyecto con una clara orientación anticapitalista, puesto que incorpora como básicas reclamaciones que apuntan a una redistribución de la riqueza y a imponer la propiedad social de las instancias económicas estratégicas. Es absurdo disimular que la expropiación de la banca privada, la reclamación de salario y vivienda dignos para todos/as o la socialización de las empresas energéticas son medidas de izquierda. Lo son, porque preparan una sociedad socialista, aunque sea esta de nuevo cuño.

Está claro en ese programa básico con el que nos estamos comprometiendo que no creemos que la democracia, por sí misma, sea la solución para las injusticias y desigualdades sociales, y que será insuficiente sino viene acompañada por cambios estructurales profundos en el orden social. Dicho de otro modo, una revolución democrática no es revolución si renuncia a ser al mismo tiempo revolución social o a dar pasos hacia ella.




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